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Archive for 30 mayo 2009

Completamente perdida…

Me pregunto dónde están…

 Y ser consciente de que las he perdido, anda cortándome la respiración.

 Me pregunto por dónde andan…

 Esa es una incógnita con la que viví, no hace mucho, durante demasiado tiempo. Y recordarlo casi me enloquece.

 Me pregunto dónde las he dejado…

 Cómo. Por qué. En quién. Dónde.

 ¿Dónde se han quedado mis ganas de vivir?

 Hoy ha sido un día duro… El día de después siempre es duro.

 Y lo fue anoche… Muy dura.

 Anoche que esperé una palabra de alivio…, y que acabó llegando de quien menos lo esperaba (gracias L.).

 Tu frase: Un abrazo a corazón abierto, toma de él lo que necesites, y déjame algo de vida, que tengo que seguir abrazándote.

 Es una de las cosas más bellas, no sólo que me han dicho, sino que he leído nunca.

 Me ofreció un poco de oxígeno cuando casi ya no podía respirar… Mil gracias. No voy a olvidarlo nunca.

 Pero la vida ha seguido su curso… He tenido un día muy solitario, a solas con la pequeñaja,  “Honey”, con un postoperatorio muy duro. Ha sido un día para olvidar…

 Pero como todo, tanto lo bueno como lo malo, acaba, acabó ya con un intento de reconciliarme con una de mis partes heridas. Sé que nada volverá a ser lo mismo, pero yo soy de las que mantienen que siempre se puede volver a empezar.

 Gracias a todos los que han estado ahí. A los que he podido echar cuenta y a los que no…, gracias.

 Y ojalá encuentre pronto esas ganas de vivir que necesito, obviamente, para seguir viviendo, porque no creo que a estas alturas fuera capaz de sobrevivir a una recaída. Eso me aterroriza. Me tiene paralizada… Y ya estuve paralizada demasiados años…

 Agotada, hoy es uno de esos días en los que yo…, ando respirando aprisionada entre el cielo y la tierra, por el ojo de una aguja…

 

 

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Hasta siempre, “Alde”…

Hoy el cielo tiene una estrella menos… Aldebarán ya no está.

 

Me pesa el corazón… De repente se ha convertido en un ladrillo que no siente, no padece. Bueno sí…, siente y padece…, pero me pesa como un ladrillo…

 

Aldebarán era un tigre disfrazado de gato… Un gato al uso…, muy suyo (bueno…, suyo y de Álvaro…, no sé por qué,  pero Aldebarán siempre fue de Álvaro…), esquivo con la gente que no conocía, comedido con los que convivía… Creo que ya he dicho que siempre, y sólo, fue de Álvaro.

 

Hoy se ha quedado plácidamente (y aunque adoro esa palabra, hoy la odio un poco…) dormido, sobre una fría mesa de metal… Bueno no, porque “el tito Javier” (nuestro querido “vete”) le ha puesto debajo un mullidito empapador, sólo para que no descansara sobre la aséptica y gélida mesa… Gracias, Javi.

 

Aldebarán se ha dormido arropado por nuestro llanto silencioso, por frases de cariño… Se ha llevado con él un capazo de caricias, muchos besos, y un trocito de nuestro corazón… Sí, ese que a pesar de tener ahora un pedacito menos, me pesa como un ladrillo…

 

La casa está esta noche un poco más silenciosa… Aldebarán no exhibe ya su andar elegante, ni sus saltos precisos. No maúlla exigiendo su comida. No te mira displicente desde su rincón favorito, ni te observa atentamente desplazarte por la estancia…

 

Aldebarán ya no está.

 

Y eso no hará que cambie el rumbo de la historia, ni que el universo deje de expandirse… Aldebarán sólo era un gato con vocación de tigre que un día llegó a nuestras vidas, pequeñito y asustado, y a nosotros que éramos “de perros”, nos enseñó a amar a los gatos.

 

Aldebarán se ha ido y no lo ha hecho sólo.

 

Aldebarán se ha ido y una parte nuestra se ha ido con él.

 

Aldebarán se ha ido, y esta noche, en nuestro cielo, hay una estrella menos.

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Tras “El perfume de bergamota” (muy bueno, con un par de capítulos brillantes) y “Bella y oscura” (demasiado cruel para mi gusto), he empezado, por fin, a releer “El cuarteto de Alejandría”.

 

“El cuarteto de Alejandría” (ya sabes…, en voz alta).

 

En el protector ambiente de mi refugio particular, rodeada de velas con vocación de corazón rojo, mi perfume favorito flotando a mi alrededor, una Coca cola zero bien fría (sé que quedaría mucho mejor decir una bella copa de vino, pero la verdad es la verdad…), y sumergida en agua calentita con sales de violeta…, Il Divo decorando a media voz el aire…, tomo “Justine” entre mis manos…, lo abro con manifiesta majestad y como siempre…, se produce el milagro…

 

La primera cita, del libro “Cartas”, de Freud, salta a mis brazos:

 

“Empiezo a creer que todo acto sexual es un proceso en el que participan cuatro personas. Tenemos que discutir en detalle este problema.”

 

Vale. No voy a pararme a discutir nada. No tengo tiempo. Durrell me espera y no quiero parecer descortés…

 

Leo:

 

PRIMERA PARTE

 

<<Otra vez hay mar gruesa, y el viento sopla en ráfagas excitantes: en pleno invierno se sienten ya los anticipos de la primavera. Un cielo nacarado, caliente y límpido hasta mediodía, grillos en los rincones umbrosos, y ahora el viento penetrando en los grandes plátanos, escudrinándolos…>>

 

Así empieza mi querido Cuarteto… Y aunque he de reconocer que no tiene un principio tan brillante como “Scaramuche” y sus primeras palabras: “Nació con el don de la risa, y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese era todo su patrimonio.”, que me parece un comienzo perfecto donde los haya…, no desmerece la descripción del paisaje con que comienza “Justine”…

 

A lo mejor no soy neutral ni objetiva, porque he de reconocer que le guardo un recuerdo y un cariño a estos libros…, que seguro que me resta imparcialidad a la hora de juzgar…

 

Entre ayer sábado por la tarde y hoy domingo, he alcanzado a leer hasta la página 153 de las 309 que tiene, y estoy feliz y encantada de estar feliz y encantada…

 

¿No se entiende?

 

Tenía pavor de sentirme decepcionada… De que el tiempo y los recuerdos me hubieran traicionado desvirtuando la realidad, y ahora, al zambullirme de nuevo entre sus páginas, me sintiera desilusionada o decepcionada…

 

¡Pero no!

 

Estoy volviendo a gozar…, si no es que estoy gozando más que entonces… Quizá estoy leyendo más despacio, más relajada, sin ansia por avanzar… Ya sé lo que va a contarme, más o menos… Quiero recrearme en cómo me lo cuenta…

 

Justine me fascina, Melissa me entristece, Clea me desconcierta, Nessim me enternece, de Balthazar quiero saber más… Y  Durley narrándolo todo sin poder evitar su doloroso protagonismo, mientras el viejo poeta…, mi admirado Cavafis, se mueve con habilidad innata entre todos, sobrevolando la ciudad y anclándose en sus corazones…

 

En fin… Un placer…

 

Dejó un0s “trocitos” más que he entresacado…

 

“Comprendí en ese momento la verdad del amor: un absoluto que lo toma o lo pierde todo.”

 

“Me pregunto quién inventó el corazón humano. Dímelo y muéstrame el lugar donde lo ahorcaron.”

 

“Mi libro quedaría en libertad de soñar.”

 

 “Me siento como si el cielo estuviera pegado a la tierra, y yo entre los dos, respirando por el ojo de una aguja.”

 

“Mientras la sostenía livianamente en el hueco del brazo, no pude dejar de pensar en lo poco que nos pertenecen nuestros cuerpos.”

 

“Imagino, luego estoy en la realidad, y soy libre.”

 

 

 

Pues eso…

 

A vivir, que son dos días, y uno nos lo pasamos respirando por el ojo de una aguja… :)

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El cuarteto de Alejandria

El cuarteto de Alejandría…

 Mi e-mail es BeadeAlejandria…, y no lo es por casualidad…

 No sé por qué, en los últimos días…, ha venido en varias ocasiones a mi recuerdo, esta maravillosa tetralogía que me enamoró, y además fue mi inspiración para construir mi nombre en el fascinante mundo de internet…

 Repito… El cuarteto de Alejandría…

 Atrévete. Haz como yo, dilo en voz alta… Mejor si estás solo, porque de lo contrario igual alguien te mira raro. Si esto te la trae al fresco, ¡mejor!, hazlo igualmente… Quizá descubras que es muy revelador pronunciar “con intención” algo en voz alta, aunque sea para ti solo. Sobre todo si es para ti solo…

 Insisto: Dilo en voz alta. Despacio. Saboreando cada palabra… Cerrando los ojos… Siente cómo te atrapa el embrujo de tierras lejanas que ya no existen como eran… Déjate invadir por una laxitud abstracta que te lleve como en sueños, despierto, hasta donde nunca imaginaste ir…

 Atrévete. Siente.  Vive.

 Si todavía no lo has leído y lo tienes por casa, no te demores más, salta sobre él e imprégnate de cada palabra… Si no lo tienes, corre a la calle, consíguelo, y disfruta hasta de cada silencio…

 “Justine”, el primero de los cuatro libros, en mi caso está suavemente subrayado a lápiz con frases que me impactaron, o con las que me identifiqué, o que siempre añoré vivir…

 Dejo aquí, para abrir boca…, alguna frase corta, suelta… Guardo para más adelante lo mejor…

 

 “Todos buscamos motivos racionales para creer en el absurdo”

 “…pero ahora veo que no era realmente una mujer sino la encarnación de la Mujer”

 “Una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes”

 “Con una mujer sólo se pueden hacer tres cosas: Quererla, sufrirla o hacer literatura”

 “El amor de Justine era como una piel en la que Nessim estaba cosido”

 “Todo exceso se convierte en pecado”

 “El mal es el bien pervertido”

 “No malgastes tu bondad”

 “-Lo sé, no es por glotonería ni por ceder a la tentación. Tenemos demasiada experiencia para eso; sencillamente tenemos algo que aprender el uno del otro. ¿Qué?

 ¿Qué?”

 “En este caso no podemos elegir. Hablas como si la elección fuera posible. No somos ni bastante fuertes ni bastante malos como para elegir. Todo esto forma parte de un experimento organizado por alguien, la ciudad quizás, o por una parte de nosotros mismos… ¿Qué se yo?”

 

Hermosa prosa poética… Diálogos enigmáticos. Descripciones vívidas como un óleo maravilloso…

 Un Lawrence Durrell que se desborda en cada página, en cada idea, en cada palabra…

 No sé por qué últimamente acude tanto a refrescar mis recuerdos, mis sensaciones…, pero me alegro. Me emociona. Me hace sentir viva.

 ¿Hay algo más importante?

 

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