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Archive for 31 marzo 2011

Muy muy mujer…

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Soy mujer. Lo he dicho aquí ya otras veces…

Soy mujer… No me voy a cansar de decirlo.

Ni de serlo.

No es bueno ni malo. Es.

Pero no renegaré de lo que soy.

Soy Mujer. Muy muy Mujer.

 

Con todos nuestros laberintos, nuestros vericuetos. Con nuestro bullicio interior que no duerme ni cuando dormimos. Y con nuestros callejones sin salida. Nuestra incapacidad para, según ellos (vosotros) (tú), andar directamente la línea recta entre dos puntos…

Y es que… Hace nada…, a una amiga mía…, alguien le dijo que era Mujer…

Muy muy Mujer…

La primera reacción fue alegrarse… No sé, si lo piensas bien, es lo normal.

Es como cuando alguien es…, por ejemplo relojero, y alguien le dice:

– Eres relojero. Eres muy muy relojero.

Pues, el relojero, con esa doble afirmación, obviamente, se siente satisfecho…

– ¡Caramba! Alguien no sólo reconoce mi trabajo…, sino que lo hace dos veces y con un adverbio que denota grado superlativo de significación… ¡Esto tiene que ser bueno!

Y ya estaba, mi amiga…, (algo cándida a veces) dispuesta a dar, agradecida, las gracias, cuando intuyó la trampa… La fina tela de araña sobre la que estaba a punto de quedar enredada… Y echó el freno.

Mi amiga… Muy Mujer, por cierto, ella…, y a mucha honra, se ha vuelto últimamente más prudente… (Que no en vano se aprende con el dolor…)

¿Es normal utilizar la condición natural de alguien, usándola en superlativo, para afearle la conducta de ser precisamente lo que es?

O sea, ¿puede ser malo ser “muy” lo que se es?

Pues mi amiga aprendió anoche que sí.

Por lo visto, y es extraño, porque a pesar de ser mujer yo no lo sabía, las mujeres no sabemos andar en línea recta…

Es más, alguien puede preguntarnos con tono jactancioso (vaya, “de sobrado”), que si sabemos qué es una línea recta (que tiene narices la gracia sin gracia), y quedarse tan complacido de sus palabras…

Mi amiga no daba crédito…

Por lo visto, las mujeres, andamos siempre pensando que en algún rincón…, hay un lindo gatito encerrado. (Que alguien lo libere ¡por todos los cielos!!!! Porque eso de retener a los animalitos encerrados es de tener el alma “mu” negra… Y además, está feo.)

Es más, y ante la perplejidad, sorpresa y desencantamiento (llámalo decepción…) de mi amiga…, aún le quedaba por escuchar algo más…

A saber: Para nosotras, siempre según el amigo de mi amiga, las mujeres, “nada puede ser sencillo”, y he citado, según mi amiga, palabras textuales…

¡Pues qué bien!, piensa mi amiga. Ya hemos entrado en el terreno de las generalizaciones. O generalidades. Que es tanto como decir… “¡Con la iglesia hemos topado, amigo Pancho!”

Es decir: Un asco.

Pero espera…, espera… Que no acaba ahí la cosa… ¡Ojalá!, piensa mi amiga.

Pero al pedir ser tratada como un individuo independiente y no ser juzgada como miembro de un grupo sin distinción de personalidad ni carisma…, la otra parte –sin ser parte contratante de ninguna parte- se disculpa reconociendo que sí…, que eso no está nada bien… Que él también está en contra de las generalidades.

Y mi amiga se dice: Bueno, está bien. ¡Éste sí es mi chico!

Y bueno, una disculpa a tiempo bien vale una sonrisa. Tantas guerras absurdas se hubieran evitado con una disculpa…

Todo parece ir bien… Todo parece haber vuelto, de hecho, al ritmo natural de las conversaciones bienhalladas…

Y mi amiga se complace de su interlocutor, con el que (siempre según ella…) las palabras suelen fluir diáfanas por cauces rápidos y divertidos, o lentos, sinuosos y hermosos, pero siempre sabrosos… Y piensa que todos, hasta el más pintado, hasta Vargas Llosa (o quien no es Vargas Llosa, ni tiene por qué serlo, por cierto…) puede errar una vez… Y lo disculpa. ¡Tantas veces erramos tod@!

Y es que, quizá sea verdad que no sabemos caminar por una línea recta… Quizá sea porque nuestra mente, que va a mil por hora, siempre está vislumbrando otros senderos, bifurcaciones… Calculando, sin querer, otras rutas… Parándose incluso, extasiadas, a recrearse en otros paisajes, otras trayectorias…

Sí, quizá sea cierto, amigo de mi amiga.

Pero tenemos también una gran capacidad de disculpa… Vamos, por lo menos yo, que soy quien me importa… Creo que ya dejé claro que odio las generalidades…

Pero, decía, tras la disculpa…, y con lo bien que podrían haber quedado ahí las cosas…

Aún restaba algo más por decir…

Y como excusa…, el amigo de mi amiga finaliza su particular juicio, impune y gratuito (como casi todos los juicios) esgrimiendo un argumento.

Éste:

“Sí…, tienes razón (esa es la parte buena, no porque le dé la razón, sino por lo que lleva implícito de disculpa…), pero…, es que me has hecho recordar tanto a otras mujeres…”

Uuuuufffffff….

Que…, no es por nada… Pero a los que me podáis estar leyendo… (vosotros) (tú), un consejo. Desde la humildad y el cariño… Un consejo:

Cuando andéis intentando disculparos, tened cuidado de no añadir recochineo (palabra fea donde las haya, por fondo y por forma) al agravio. Porque como otra cosa, no sé…, pero como disculpa…, va a ser que no.

Piensa mi amiga: ¡Caramba! Vale, gracias. O sea que te disculpas por generalizar, y una línea después reafirmas con creces lo supuestamente negado…

“Me has hecho recordar tanto a otras mujeres…”

Uf! Es que la frase no tiene desperdicio, ¿eh?

Vamos a ver… ¡Es que no sirve ni en positivo!

A nadie nos gusta que nos comparen con nadie… No sé si será por eso que dicen que las comparaciones son odiosas.

Pero a todos (y todas) nos gusta sentirnos individuos soberanos, personas independientes, seres casi únicos. Eso nos otorga la complacencia de sentir que merecemos la pena…

Por eso, entre otras cosas, son odiosas las generalidades (y las comparaciones…)…

Aunque te estén comparando con, y por algo bueno… Aunque te estén diciendo que eres la más maravillosa…, no entre todas las mujeres…, no… Sino igual de maravillosa que “otras muchas mujeres”…

Mmm… No. ¿A que no suena bien?

¿No intuyes el tono “displicente” del asunto?

Pues calcula, querido, si la comparación, si la generalidad, encima, es por algo negativo… Vamos…, por algo así como no saber que es una línea recta… “Como tantas otras mujeres que me he encontrado en mi vida y que tampoco sabían que era una línea recta…”

“Y que así les iba…”, podíamos suponer que acaba la frase dejándonos llevar por el devenir de la idea que trata de comunicarse,… ¿no?

O, “y que tanto daño me hicieron”… O “que tan ridículas resultaron”… (Y claro, no me extraña, porque no saber qué es una línea recta…, tiene cojones!)

En fin. Lo dicho, que fue como añadir la burla al agravio. Y ya digo…, desde el respeto y el cariño, pues…, no es ése buen camino… Se dijo mi amiga.

Y es que…, no es por nada, pero mi amiga… Que sí, que probablemente no sepa andar sin caerse sobre una estricta línea recta, es una tía inteligente, comprensiva y bienpensante. O sea, buena gente.

Acusada también, en alguna ocasión, de vivir en un mundo maravilloso que sólo es así porque ella así quiere verlo…

Pero oye…, vivimos en un mundo libre… Cada cual opina lo que quiere. Aunque siempre he pensado que en lo que uno piensa de los demás, está diciendo, sobre todo, mucho de sí mismo…

Y mi amiga. Como yo. Como Otra. Es verdad… Quizá no sepamos lo que es una línea recta… Quizá nos perdamos en laberintos absurdos y sin sentido que bien podríamos ahorrarnos (y, es cierto, ahorraros…) Pero no voy a justificarme echándoos la culpa a vosotros (“sí, tienes razón, pero es que me has recordado tanto a otros hombres que pasaron por mi vida…”) ¿?

¡Pues sí! Quizá sea una tarita que tenemos de fábrica. ¿Qué pasa? ¿Vosotros sois perfectos? Pues os advierto que el brillante más valioso es el que tiene una tara… Porque la perfección es cosa de las rosas… Y yo…, pues ya sabes, prefiero las amapolas.

(Y en lo del gato encerrado, te columpiaste. No desconfió nunca mi amiga de ti…, sólo no podía creer lo que le estabas proponiendo…, -de estupendísimo que le pareció-. Por desconfianza, sí, pero en ella misma… ¡Listo!)

De modo que sí…, todo eso somos.

Listas, guapas, feas… Tontas… Sí, pero no tanto como para no saber que ser mujer… Muy muy muy muy mujer… No puede ser algo malo.

Y… A las líneas rectas… Pues eso… ¡Que les vayan dando!

Palabra de Amiga.

(Por cierto. A mi amiga: De nada, querida.)

(Y al amigo de mi amiga…, como nunca entrará por aquí y por lo tanto nada sabrá… Pues nada… Sólo que…, se lo tome con humor, que sin rencores, y que el viento y el frío…, siempre son una buena idea, pero tampoco son para tanto… Feliz café!)

 (Y ahora. Me voy a escribir…)

 

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La curiosa historia que hay detrás de esta graciosa foto en…

http://instantaneasypalabras.wordpress.com/

A ver qué te parece… ; )

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“Carne y quimera”

Lo que me cuenta esta foto, en Instantáneas y palabras…

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Publicada en “Instantáneas y palabras”

Para leerla…, como siempre…, pincha aquí:

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Publicado en “Instantáneas y palabras”
Para leer la historia que cuenta esta foto, pincha aquí:
A ver qué te parece…

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Día de Ofrenda…

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Hoy ha sido un día duro… Maravilloso y duro. Como casi todo lo que merece la pena.

Hoy ha hecho una semana que Rafa no está. Y lo cierto es que aún no acertamos a creerlo. La forma de nuestra vida todavía no se ha hecho a su ausencia.

Hay vacíos difíciles de acomodar.

Pero hoy era también el día de la Ofrenda.

No soy amiga de pachangas y folklores. No lo critico. Sencillamente no me siento cómoda. No va conmigo.

Y creo que quien me conoce bastante (porque sin ser algo que esconda, tampoco voy pregonándolo…) sabe que no soy amiga de religiones, y mucho menos de ritos y liturgias.

Pero con la Ofrenda me pasa algo hartamente curioso…

Me emociona la Ofrenda. No podría explicarlo mejor, ni creo que nadie que no lo sienta, pudiera entenderme. Pero tampoco me quita el sueño.

Es una de esas contradicciones absurdas, pero menores (sólo me afecta un día al año), con las que he aprendido a convivir.

Además hay algo que desde hace unos años hace ese acto, tan emotivo para mí, más especial.

Mi sobrino Armand (el niño de mis ojos) acude a la Ofrenda con su otra tía, Pilar, la hermana de Montse. La otra hija de Rafa.

Pilar vive la Ofrenda como yo. Me siento a gusto con su emoción, porque es la mía. Cuando la veo emocionarse, los ojos brillantes, tan hermosa, tan atávicamente hermosa esa tarde…, sé lo que siente. Me identifico con su emoción, y me siento más cerca de ella… Aunque es difícil quererla más de lo que ya la quiero…, durante unos instantes me siento tan cerca de su esencia…, que la quiero aún más.

Y en su forma de abrazarme, con las dificultades que entraña hacerlo vestida con el traje de valenciana, intuyo su orgullo y su turbación. Siento sus brazos entorno a mí, el calor de sus siempre sinceros y entregados besos, y me siento feliz por ella. Por la pequeña parte que de su felicidad me toca.

Hoy era un día de Ofrenda especial. Difícil. Más emocionado si cabe que todos los días de Ofrenda hasta hoy.

Hoy Rafa no estaría entre el público para hacer sentir a Pilar, la más guapa entre las guapas. La más afortunada hija entre las hijas.

Que sí. Que todos hemos llevado un poquito de Rafa con nosotros…, pero, ¿para qué nos vamos a engañar? Estar, lo que se dice estar, obviamente Rafa no estaba.

Y ese vacío latía en nosotros, triste y furioso, y se intuía en la mirada de Pilar. Igual de hermosa y emocionada que siempre, pero más triste.

Montse, Álvaro y yo, como siempre, acompañamos a la comisión de la Falla, haciendo fotos, como paparazzis furiosos, tanto a Armand como a Pilar, gritándoles guapos y toda suerte de piropos… Provocando la agradecida sonrisa de ella, y la vergüenza tímida de él.

Lo hacemos a carreras y parones, como marcha la Ofrenda…, entre las alegres músicas de una banda y otra, hasta que es posible hacerlo… Llega un momento en que la comisión de la Falla sigue sola. Y sola llega a la plaza de la Virgen.

La Virgen. Ésa en la que yo no creo, pero que me eriza la piel… ¡Qué complicada soy y qué maravillosamente absurda me siento!

Y ese momento… Ese momento en que la mujer valenciana o no, afortunada, bellamente vestida para la ocasión, con la emoción latiéndole en las mejillas, humedeciéndole los ojos, llega hasta los pies de la enorme e imponente figura, con el modesto ramo de claveles entre sus brazos… Ese momento le pertenece sólo a ella. Por entero en la soledad de sus propios sentimientos, aún rodeada por cientos de personas que gritan, aplauden o callan.

Siempre he sabido, y compartido con Pilar, la intransferible magia que se siente en ese instante, cuando casi, como desorientada, entregas el ramo a alguien que casi te lo arrebata, mientras tú, ajena a todo, elevas al cielo tu mirada…

Hoy ha sido un duro día de Ofrenda.

Hoy también he compartido, en silencio, en la distancia, el sentimiento de triste emoción de Pilar al entregar su ramo en la plaza… Y la he querido. Sí. Como siempre. Más que nunca…

Y sin palabras nos lo hemos dicho luego, al acabar la Ofrenda… En silencio. Abrazadas.

Eres una mujer maravillosa. Pilar. Digna hija de Rafa.

Pilar. Montse. Armand. Alva. Hemos compartido un difícil día de Ofrenda. Emocionado y difícil, como casi todo lo que merece la pena…

Os puedo querer quizá más alto. Pero no más. Gracias.

 

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“En tierra nueva”

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Publicado en Instantáneas y palabras.
Pincha aquí para leerlo, en:

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Publicada donde toca…

En: 

  https://instantaneasypalabras.wordpress.com/

Espero que os guste…  :)

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Llorando alegría…

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Duele.

Es como si hubieran cogido arena de playa, de cualquier playa, y la hubieran triturado fina y concienzudamente con un molinillo de desintegrar esperanzas.

Ese polvo, depurado y puntiagudo, abrasivo como diminutas estrellas de infinitas aristas…, es lo que siento ahora circular acelerada y libremente entre mis ojos y mis párpados.

Me quema. Me araña y me escuece como si de repente el azul de mis iris fuera a romperse en mil mares nuevos. A inflamarse y arder mis globos oculares… Necesito cerrar los ojos.

Duele. Duele como la soledad no elegida, el amor falsamente correspondido. El odio sincero. Las mentiras viejas. Las nuevas mentiras.

Duele. Y es casi un consuelo. Un dolor físico. Real. Un dolor que casi puedes cortar, medir o pesar. Algo, que por tangible, puedes entender. Contar.

Así. Exactamente así es como duelen los ojos cuando has llorado durante horas, ajena al llanto, y una vez extintas las lágrimas…, has continuado llorando.

Es un dolor tan concreto, tan latente y tan intenso, que se expande en agitadas oleadas, réplicas de más dolor.

Así duele. Así he llorado hoy. Indiferente a mi propio llanto. Cautivada por el llanto ajeno. Inasequible al desaliento. Con motivos. Con razón.

He llorado como lloran los valientes, de frente. De cara. Como aquellos que no tienen nada que ocultar. O que perder. Feliz de cada lágrima vertida. Siendo en cada llanto, risa y boca, ojo y lágrima. Principio de mí misma. Final.

He llorado tinta de palabras, racimos de risas. De alegría. De tristeza. Por culpa, por omisión. Por placer, por gula.

He llorado por ley. Por la no escrita. Aquella que dice que llorarás lo que extrañas, extrañarás lo que amas… Y amarás… Por ende…, amarás lo que lloras.

Cuántas lágrimas, hoy en tu nombre, Rafa. Tantas como risas tú pusiste en nuestras bocas. Cientos de ojos destilando impúdicos, sin vergüenza ni recato…, agua de cariño, regueros de admiración… Lluvia, porque además ha llovido…, de respeto, de añoranza, de emocionado adiós.

Desde el cielo, si cielo hubiere, has tenido que sorprendente, humilde y sencillo como eras, por todo cuanto tu marcha ha dejado tras de ti… Nunca un tanatorio estuvo tan lleno de risas… De llanto egoísta. Por perderte, por las risas que ya no inventarás.

Y yo, que hoy no soy más que la sombra apagada de tu encendido recuerdo, quiero dar las gracias a las tres mujeres de tu vida, por dejarme sentir, sincera y entregada, una más entre tus mujeres. Tus hijas.

Verdaderamente… Hoy estoy acabada. No doy para más.

O quizá sí… Aún vertería una última lágrima. Una. Pero no por ti, querido Rafa, que fuiste todo risas. Por mí. Por mi dolor. Por el vacío que ahora siento. Por el triste silencio en el que, al fin, dejas sumidas nuestras vidas.

 

Con amor. Llorando.

Llorando alegría.

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Rafa

Rafa-Batman, Robin-nieto y Batgirl-hija

Dormida… Habitualmente está dormida.

Bueno no. Lo que pasa es que está en otro sitio… Lacerando otras carnes.

Pero yo, la percepción que tengo es que está habitualmente dormida… Me lo parece así. Que duerme, y su sueño inquieto es nuestra paz. Nuestro descanso.

Y de repente, como agitada por unos brazos invisibles, se despierta rabiosa…, hambrienta.

Y ávida de llantos, demanda vida.

Silenciosa y sibilina se mueve entre nosotros grotescamente divertida. Rozándonos a penas. Sólo por jugar. Como el gato con el ratón antes de comérselo… Y a veces, muerde y arranca. Y es irreversible. Se acabó todo. No hay más.

Otras, después de reírse a nuestra costa un rato, pliega velas y se aleja. Esbozando una sonrisa. Condescendiente. Hacia otros mares… Hasta pronto, parece querer decir.

Siempre es hasta pronto.

Glotona y voraz, nunca satisfecha, es irremediable que vuelva a por más. Una y otra vez. Una y otra más.

A dentelladas se abre paso entre la vida, sembrando displicente a su alrededor el caos… Dejando tras de sí plantaciones extensas de rabia… Campos enteros de tristeza… Llanuras de desesperación… Lucha  imposible y eterna contra el olvido. La frustración. La añoranza…

Hoy, jueves, 10 de marzo de 2011, inclemente, Ella, le ha dado un buen zarpazo a nuestras vidas.

Ha sido algo repentino. Audaz. Me ha golpeado con dureza. Me ha desajustado. Durante unos segundos he perdido el rumbo.

Al principio, como casi siempre, no sabía cómo reaccionar… Bueno, sí. Llorando.

Nos curamos de la muerte llorando.

Y Rafa se merece todas las lágrimas que podamos llorar… Por lo que lo queremos. Por lo estupendo que era. Por lo que vamos a echarlo de menos…

Todas. Sí. Pero ni una más!!!

El Rafa de la foto, es el Rafa que vamos a recordar… El que siempre va a vivir en nosotros.

El de arriba es el montaje que le regalé para su último cumpleaños… ¡Y qué bien nos lo pasamos en aquella comida de helados imposibles! Y bengalas. Y risas. Teníais que haberlo visto reír cuando se vio así mismo de Batman, con su Robin-nieto y su Batgirl-hija…

Ella, la muerte, nos arrebata de vez en cuando pedacitos de nuestra esencia, de nuestra alegría, de nuestro cómodo y querido día a día, obligándonos desde ese momento a vivir otra vida… Una vida distinta, una vida que ya nunca será la misma. Porque la muerte, sí, nos arrebata al que se lleva, pero también cambia con su gesto definitivo el curso de la vida de los que quedan…

Hoy, han modificado el curso de mi historia.

Rafa ya no está y nuestro presente no volverá a ser el mismo. No sin él.

Pero, como gracias al cielo, además del cuerpo está la sustancia… Seguiremos aprendiendo y sonriendo en su honor. Porque Rafa era, sobre todo…, sustancia.

Rafa era, y porque siempre vivirá en los que lo quisimos, es, y seguirá siendo, la sal en la sopa, la chispa, la gracia, la energía, la alegría. La vida.

Así es. No hay más.

Ella seguirá implacable, eternamente, dándonos zarpazos. Y nosotros seguiremos, llorando primero porque es preceptivo llorar la tristeza, para luego sacarle con descaro la lengua. Sí. Valientes. Desafiantes. Lamentamos en el alma lo que te llevas… Sí, pero mira… No te lo llevas del todo. ¡Mira, aún después de tu paso, todo lo que nos deja…!

Gracias, Rafa, por todo cuanto nos diste. Por todo cuanto de ti aprendimos…

Un hombre es, sobre todo, lo que deja tras él, y tú dejas sólo personas felices de haber compartido contigo la vida.

Y, como yo, mejoradas. Honradas de haberte conocido.

 

Te quiero, Montse.

Beatriz.

 

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El día de… las Celebraciones Absurdas!!!

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No quisiera ni hablar de ello… Pensé en no hacerlo…

Pero, como siempre, es la piel la que acaba obligándome…

La piel que grita, que protesta, que hoy se desgañita…

Y es que hoy el mundo entero se viste de gala…

Sí…, bien, vale… Gracias…

A ver…

Yo festejo desde la caída de la hoja en Otoño (y no bromeo…, me parece algo hermosísimo…) Pasando por el fantástico día que hicimos por primera vez el amor (sí, sí…, no el día que nos conocimos, que también, sino el primer día que nuestras pieles se encontraron de la forma más rotunda y hermosa…) Hasta el día en que comenzamos a pagar la hipoteca (sí, suena patético…, lo sé, lo sé… jajaja, pero quizá sea una forma de recordarnos dónde vivimos y por qué…)

O sea, que no me van a dar a mí lecciones de celebraciones absurdas. ¡¡¡Yo soy una experta, convencida además, en Celebraciones Absurdas!!!

¡Soy la Reina de las Celebraciones Absurdas!!!

¡Claro que sí! ¡¡¡Por supuesto!!! ¡Celebremos el Día del Árbol! Y el día del Niño, y el día En Que El Niño Da Sus Primeros (y vacilantes, inciertos y hermosos) Pasos Por El Mundo… Hay pocas cosas más hermosas y dignas de celebrar. En cambio, no creo recordar que ésa se celebre… En fin. Es igual. No importa.

Celebremos el Día del Agua (porque sin su Día, el Agua, se olvida de mojar…) Y celebremos el Día del Viento (que sin su Día, se enfada y engendra huracanes…) Y el Día de las Calabazas… De los Huevos Fritos. De los Cuentos de Hadas…

Pero… ¿El día de la mujer trabajadora? (Deliberadamente en minúsculas, por hacerle a mi modo de menos…)

¡Ay, espera que me quite el puñal que llevo en la espalda!

Venga, vaaa…

¿A quién tengo que darle las gracias por “poder” trabajar? ¿A quién? Dímelo tú. ¿Es un regalo? ¡Sí, hombre, del cielo!!! Con lo bien que estaríamos todos tocándonos las narices…

¿O acaso van a darme un premio por trabajar? ¡¿Por ser capaz de trabajar?! ¿Tendrá forma de galletita para perro y sólo tendré que sentarme y dar educadamente mi patita? O cuando me lo manden, ¿dejar de ladrar…?

Que no…, que no…

Que ni sexo débil. Ni faltaría menos. Ni gracias.

Pero, ¿y el Día del Hombre Trabajador?

¿O es que él, (tú que me lees) no trabaja(s)?

Mira… Seamos sinceros. Seámoslo hasta ser dolientes. Rotundos.

Yo no creo en la igualdad de sexos (aaggg…, iconito de asco). Me produce escalofríos, y no precisamente de los buenos, hasta escribirlo…

Y creo que es incluso vergonzoso que tengamos que estar a estas alturas, hablando de ello…

Hombres y mujeres no somos iguales… (Ni ganas!!!!)

Primero, porque genéticamente no lo somos. Es distinto nuestro cerebro. La forma de nuestro cuerpo. Nuestra forma de pensar… De Sentir. Nuestro sexo. Y nuestra forma de Amar.

Y como dicen que suelen decir los franceses (y es que yo no lo sé, porque jamás se lo escuché decir a ningún francés…) ¡Viva la différence!

Que nuestras diferencias nos proporcionan los ratos más sustanciosos de la existencia… ;)

Segundo, porque en eso no nos diferenciamos del resto de animales. No es lo mismo el león que la leona; la mantis religiosa hembra que la mantis religiosa macho (y si no, que se lo digan a la mantis religiosa macho); la hembra del pingüino Emperador, que su abnegado compañero de vida…

No. No somos iguales. Y pretenderlo es tanto como ejercer de mosca cojonera (macho o hembra), lerda y obcecada, que se da golpes una y otra vez contra el cristal de la ventana, como si pensara que, cual neutrino, en una de esas va a poder traspasarlo… Ridículo.

Yo no quiero ser como ningún hombre que conozca. Y no quiero que se me compare a ninguno. Y no quiero carreras de forma ni concursos de fondo.

Ni necesito un maldito día para celebrar que soy capaz de trabajar!!!

Pero tampoco quiero ser como ninguna otra mujer. No creas. Adoro la individualidad de las personas. Mi condición especial de Ser único. Como tú. Tú también eres Único…  :)

A ver…

La igualdad es necesaria entre seres de la misma especie que se mueven en una sociedad organizada, porque de lo contrario mal acabará la cosa… ¡¡¡Claro que lo es!!! Pero la igualdad en los Derechos. En las Oportunidades. En las dádivas y en los débitos.

Sólo se me ocurre una sola cosa por la que este día inventado tenga algún sentido. Y es que cuando nuestros hijos nos pregunten qué celebramos, por qué… Todos conociéramos la historia y tuviéramos claro qué responder.

Que celebramos la muerte de aquellas que en un momento de la historia (y no hace tanto…), en que la mujer no tenía derecho a estudiar, a trabajar, a votar la estupidez que se propusiera a voto…, lucharon hasta el límite de entregar sus vidas, porque la mujer pudiera ejercer, sencillamente, su derecho como ser humano. Independientemente de si se sienta o no para miccionar.

Es más… Que celebramos, (por decirlo de alguna forma, porque tiene narices…), que cientos de miles de mujeres en todo el mundo siguen teniendo que luchar porque en sus países…, por ejemplo…

No se les case a los doce años y luego se les anule como seres humanos, recluyéndolas hasta la muerte cuando se quedan viudas a los catorce. Cosa harto fácil, claro, si las has casado con un viejo de ochenta.

Que tengan derecho a estudiar.

Si ya lo hacen, que tengan derecho luego a trabajar.

Si ya lo hacen, que cobren por su trabajo lo justo y necesario. No más.

Que no las censuren, castiguen, o anulen por ser diferentes. ¿Diferentes a quién? ¿Menos que quién?

Pero por desgracia no creo que sean muchas personas las que andan pensando en eso cuando se habla de “la mujer trabajadora”… Es sólo el nombre de un día. Algo vacío y superfluo que alguien pensó que quedaría bien. (Y que para mi humilde parecer…, metió increíblemente la pata!)

Por cierto: A los/las que siguen trabajando dura y concienzudamente por cambiar el mundo, no sólo en este aspecto, sino en cualquiera de los muchos que necesita cambiar. Mi más sincero respeto. Y mi agradecimiento.

Y a vosotros, queridos todos, hombres de nuestro tiempo, un mensaje de paz… Sí, como en Navidades pero sin turrón ni villancicos… :)

No os sintáis amenazados… Nadie os ataca ni pone en duda vuestra calidad humana. Hasta que individualmente, claro, se demuestre lo contrario. Pero como a cualquier mujer.  Dádivas y débitos.

Nadie os juzga por vuestra condición sexual (de hecho, yo os adoro precisamente por vuestra condición sexual… :) Ni se os juzga ni se os acusa por lo que hace cientos de años, u hoy mismo, pero en otros lugares, siguen cometiendo especímenes de vuestro mismo género.

Es como si yo, por ser española, tuviera que estar penando aún el patético papel que interpretamos los españoles en el pérfido descubrimiento de América. Que lo peno, sí. Que me avergüenza, sí. Y que si tengo que pedir perdón, sincera y humildemente vuelvo a pedirlo… Cuantas veces haga falta. Pero sin censuras ni humillaciones a mi persona, que yo sólo soy responsable de lo que yo he hecho, y no puedo enmendar, aunque quisiera, siglos de estupidez y barbarie humana…

Y si se os juzga, os considero capaces, inteligentes, y lo suficientemente sensibles, como para saber responder, con vuestros actos en este caso más que con vuestras palabras (aunque yo ame las Palabras…), que cada cual es sólo garante de sus propios actos.

De modo que…, y para ir acabando.

Que celebren lo que quieran… Que sí. Que vale.

Al fin y al cabo no son más que políticos los que lo decidieron, y eso habla por sí solo.

Pero en el fondo, cada uno es responsable de lo que está en su mano. Que no es tanto como algunos quisiéramos, ni tan poco como otros desearían.

Y es que -de verdad- en el fondo, no es tan complicado. Mi madre, que nunca estudió, que se comió enterita una dura posguerra, que empezó a trabajar a los doce años por un mendrugo de pan, que tuvo que casarse para salir de su casa y nunca leyó a Nietzsche, Marx, Kant ni Sagan, (la Biblia tampoco, siempre ha sido muy rebelde… :), lo tuvo siempre muy claro. Me educó en esa creencia, y aún hoy, a veces, sigue repitiéndomelo…

Nena…, (a veces me llama nena), no hagas a nadie nada que no quieras que te hagan a ti. Intenta ser sólo rabiosamente feliz, pero sin que eso perjudique a nadie. Tu libertad, que es mucha, hija, recuérdalo siempre, termina donde empieza la de los demás.

Ay, qué fácil sería, mami…

Mientras tanto… Hoy se celebra el día de la mujer tra… Eso. Ya lo sabes. (Es que me revuelve las tripas escribirlo de nuevo…)

Y yo quisiera que se celebrara sólo “El Día de la Mujer que Ama”.

Y que por supuesto existiera también “El Día del Hombre que Ama”.

¿Por qué no?

Será porque yo siempre he preferido Amar… ;)

A los que puedan tener dudas sobre eso, los remito a la entrada anterior a ésta… Jajaja…

Hala! Feliz día a todos…

A trabajar lo justo (y necesario)

Y a Amar en exceso… :)

 

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La consecución del Placer

 

Soy una mujer.

Y como cada mujer soy… La Mujer.

Pero no es gratuito o circunstancial. No.

Es fruto de la voluntad y el arduo trabajo constante.

Es atávico y consciente.

Vocacional y a un tiempo, irremediable.

Un desafío.

Ser todas las Mujeres, cada Mujer… Una. Ninguna. Otra. Es la labor de las labores… Quizá eso querían decir cuando antaño, impúdicos y condescendientes, definían nuestro quehacer diario con un lacónico y falso tono complaciente: “Sus labores.”

Y nosotras nos lo creímos. Sí. Gracias. Muy amables. ¡Qué ilusión! ¡Mis labores!

Y nos lanzamos como locas, y locas de alegría, felices como almejas felices en nuestro papel de mártires benditas, a confeccionar, con  nuestras hábiles y resueltas manitas, cálidos sueters para el inclemente invierno; noches suaves y consentidas para sus urgentes calentones.

Les dimos hijos, y cuidamos de sus hijos. Y fuimos sus hijos. Y muchas, nunca volvimos a ser nada más que sus hijos. Y morimos, apacibles, satisfechas de morir siendo hijos. Perpetuas en nuestro papel de madre abnegada y prescindible. Como mueren los olvidados del mundo.

Madres. Ellas. Nosotras. Las que conciben y las que ya jamás llegaremos a hacerlo. Las que nunca dejan de estar. Las que no levantan la voz por no molestar. Las que perdonan, asienten, disculpan y aman, porque eso llevan haciendo desde que el mundo es mundo. Porque una nunca se encuentra tan a gusto en su piel, como cuando interpreta el papel que le late en las entrañas.

Pero poder serlo, ser todo eso, serlo y disfrutar además siéndolo, no significa tener que perecer subyugada por ello. El abuso termina siempre en asfixia.

O en revolución.

Madres, sí. Porque podemos concebir incluso cuando es lo último que quisiéramos hacer. Porque estar diseñadas para ello nos convierte en esclavas de nuestro propio diseño. Porque el síndrome de Estocolmo no se inventó en balde.

Hermanas. Que son como madres pequeñas. En pruebas. Practicando. Sufriendo ya usos y abusos.

Amantes. Putas más que amantes. Desesperadas  siempre en nuestra propia carne por satisfacer. Por colmar, gustar, complacer, contentar… Obedecer. Haciendo de las laderas, montañas e íntimas grutas de nuestro cuerpo su acomodo. Su paraíso. Algo más difícil… Su hogar. Allí donde siempre volver.

Amigas. Porque en cada amiga vive escondida una madre, una hermana, una amante. Sí, una puta también.

Mujeres. Mujeres esbozadas como reinas, economistas de ir por casa, atrevidas meretrices, princesas hermosas. Concebidas, aún no se sabe bien por quién,  para encontrar, a su lado, satisfacción, acomodo, cobijo y placer.

Y es que estoy convencida de que fuimos dibujadas para el placer…

Mmmmm… El Placer.

Pero no sólo para proporcionarlo. Que también.

Cada mujer… Al menos aquella que se precia de serlo. Que siente la satisfacción en cada uno de los poros de su piel, en todas las sensaciones con las que a diario convive… Cada mujer orgullosa de serlo, convencida de su magia, complacida, debería ser consciente de que ella…, en sí misma…, es el Placer.

Por ejemplo, nuestras manos…

Nuestras manos comen y dan de comer. Son fuertes y suaves. Capaces de las más delicadas acciones y las misiones más aguerridas. Lo mismo consuelan, que cosen, que excitan… Confeccionan con cada gesto el mundo y dibujan el edén. Son manos que no se cansan nunca. Que no se asustan. Que no se venden ni se acaban. Manos llenas. Inagotables. Amantes. Amadas.

Pero están  pensadas, sobre todo, para el Placer. Para acariciar… Para hacerlo de mil formas distintas. ¡Tan ricas! Para sujetar, arañar, susurrar, conmover… Manos gráciles como alas de mariposa, como para pasar de puntillas de tu carne hasta tu tuétano… Manos osadas…, atrevidas, capaces de tener, contener y mover todo lo que eres cuando sólo eres lo que, al borde del paroxismo, eres.

Mujeres. Nuestra piel…

Somos toda piel. Ella es nuestra carta de presentación. Nuestra voz. Nuestro secreto. Nuestro estandarte.

La piel nos circunda, nos recrea y nos consuela. Nos hace más nosotras mismas cada vez que somos acariciadas.

Y como tiene memoria, la piel, tras cada nueva caricia somos más sabias, más hábiles, más hermosas.

Y como ancestrales magas de lo ajeno, con nuestra piel redimimos, curamos, reconstruimos.

La regalamos. La prestamos, la sometemos y la ofrendamos. La apostamos a jugada perdida. La perdemos. Cicatrizamos. Lo hacemos habitualmente lamiendo en soledad nuestras heridas…, y la volvemos a inventar. La consumimos. La consumamos. La hacemos arder. La sacrificamos. La abrimos. La vendemos. Sí, también la vendemos. Pero no es culpa de nadie. Es ese feo asunto de la oferta y la demanda.

Por cada beso que recibe nuestra piel, besamos cien veces. Y por cada nalgada, extasiadas, gritamos pidiendo más.

Nuestros orgasmos, y no es un plural en vano, se gestan en los rincones más oscuros y en cada ventana abierta que nuestra piel conjura a lo largo y ancho de nuestros dominios…

La solícita piel de la nuca, los hombros, axilas, estómago, pubis, espalda, rodillas… Pechos. La cambiante piel de la aureola de los pezones, tan viva que sorprende primero por suave y luego por rugosa. Que muta bajo tus labios porque tu tibia saliva le da la vida.

Y la cálida piel del interior de los muslos… Y los sonrosados y palpitantes labios…, y no me refiero ahora a la boca… Y la ardiente y húmeda piel, delicada, jugosa, dúctil y mojada, blanda y membranosa, donde revienta el placer. Donde llegado el caso se engendra la vida.

Albergamos en nuestra piel la piel de todas las mujeres que fueron antes… De las que aún tienen que ser. De las que siéndolo no lo fueron nunca. Por omisión, tortura  o incapacidad…, de otros.

Y nuestra boca…

Nuestra boca, fértil como cien vaginas… Capaz de chupar, morder y lamer…, excitar, concretar y tragar…, beber. Investigar curiosa aquí y allá. Y volver aquí y entretenerse allá. Solícita y servil. Dueña y señora. Ama y esclava.

Boca. Boca que todo lo que come, lo besa, lo ama. Porque ama todo cuanto come y besa…, aunque desconozca el nombre, aunque después no vaya a verlo nunca jamás…

La mujer nace cada vez que ama porque ama nueva cada vez.

Porque cada vez se entrega como si fuera la primera. O la última. Y ama incluso lo que desconoce. Incluso lo que odia puede llegar a amar… Porque en cada encuentro sexual se entrega como si fuera la última, la primera. La única. Como si ese único acto inconsciente, desatado y salvaje pudiera salvarla de ella misma, de la muerte, de la soledad.

Porque follar es para La Mujer realizarse. Perderse y encontrarse. Ultimarse y concretarse.

Reflexiva y resolutiva sabe que fue concebida para el Placer y a él se entrega como quien se entrega a la Fe. A ciegas. Desnuda. Intrínsecamente desnuda. Por fuera y por dentro…

Por la consecución del Placer.

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El Poder de las Palabras…

de "ojodigital.com"

...

 

Se vislumbra el faro en mitad de la bruna noche. A lo lejos. En la distancia… A la otra parte de mi mundo… Y ansiosa y confiada, (y desconcertada), esquivando el estremecido reflejo de las estrellas sobre el agua en calma…, navego hacia Ti…

Tú. El faro.

Hecho por entero de piel y palabras.

Piel para sentir…  Palabras para contarlo… Para gritarlo o susurrarlo con el dorado matiz personal e intransferible con que concretas cada una de ellas… Tejiendo arduamente una red, delicada como una exquisita filigrana de bolillos. O resistente, como la que lanzan al mar en días de tormenta los curtidos marineros que rezan impíos al Dios de las Olas Imposibles… Belinda y Siklab. Hijos desiguales de la misma red.

Palabras…

Palabras enredadas en la calidez de tus manos… Tu voz. Tu sangre. Apretándose en el sudor que baña tu frente… En tus risas. Tus íntimos temores. En tus temores de dominio público también.

Palabras que juegan al escondite en un recoveco olvidado de tu mente, que planean sobre tus conceptos más elevados. Que pugnan por rozar, con fervor impenitente, tus labios.

Palabras que te destruyen con la rabia de los años. Que te matizan. Te definen. Que te elevan a rango de Dios. Y un punto y seguido después te vuelven más humano.

Palabras que te conquistan. Que antes de incautarse de tu esencia te seducen caprichosas y consentidas. Que luego te poseen y dominan tu carne como sólo la carne puede ser sometida…, con la mirada resabiada de una mujer perdida… Perdida en ti. Ella. Todas. Ninguna.

Otra.

Y sientes allí, donde sólo la carne puede ser sometida…, que es complejo de entender…., pero poco importa, porque mujeres como ella crean el mundo a su alrededor…

Palabras.

Pequeñas. Diminutas. Alegres y saltarinas. Confeccionadas con polvos mágicos de ala de hada.

Palabras.

Enormes. Soberbias. Displicentes y perdonavidas. Extraídas arduamente del caldo de cultivo de tu sueño insomne. De tus atávicas. Tus peores pesadillas.

Palabras… Sólo palabras. Impregnadas hasta la médula de una toxicidad euforizante… Toxicidad, enigmática e hipnótica, que refulge en un haz de luz oscilante que alcanza a bañarlo todo. A iluminar con ideas desatadas desde tu centro inconexo, foco del faro, la desconcertada oscuridad de una noche escurridiza.

Palabras traviesas y revoltosas. Y salpicadas de risas en una conversación imposible… El rayo de luz no entiende cómo de su faro salen con el sol encendido en todo lo alto, y llegan, miles de kilómetros después, en un coma cero segundos, a la rotunda oscuridad de una madrugada divertida. Y a su Luna. A su maldita y divertida luna. A la Luna de Valencia.

Sé que estás ahí… Lo sé.

Te siento. Te presiento… Siento tus Palabras.

Tus palabras son la prueba de tu existencia. ¡No! Son más… Son la prueba de Mi existencia.

Es curioso el poder de las palabras…

A través de ellas fluimos…, porque por ellas nos deslizamos.

Y nacemos…, porque entre palabras entrecortadas, susurradas o gemidas, nos engendran nuestros padres…

Y con ellas crecemos…, porque son nuestra orilla y nuestro cauce. Con ellas confesamos pecados inconfesables. Amamos lo que ni siquiera entendemos. Dibujamos, a ciegas, el complejo plano de nuestra existencia.

De palabras venimos…, en ellas nos columpiamos. Por ellas vivimos. También por ellas matamos.

Mí día comienza. Tu mañana expira.

Tú eres tus palabras. El Poder de las Palabras.

Y yo, Otra, esclava de mis silencios. El Poder del Silencio.

Tú eres, como cada uno, el Fin y el Principio. Y yo soy yo, porque me amasé de eternidades. Y en la eternidad, como en el principio, dicen, fue el verbo… Y el verbo, dueño de la acción en las Palabras, es Ley por encima de todo. De ti. De mí. De Otra. Por encima…, alzando el vuelo o reptando. Te pongas como te pongas… Tú arriba. Yo abajo…

Y en el Verbo, desde el Derbo, por el Verbo… Y para ti…: Dos palabras más.

Sólo dos más…

Como una súplica íntima. Un secreto insalvable. Insalvable y desvelado. Una confesión maldita. Maldita y atrevida. Por favor…

-de verdad-

 

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Cerrando historias…

 
 

...

 

La noche, fuera, se llena de tormenta… Las nubes se inflaman. Se derrama el cielo. Sólo las piedras no se mueren de frío…

Desde este lado del cristal, con la reconfortante calidez que otorga la ropa seca, observo las calles, los árboles, los coches y algunas personas…, someterse al caprichoso antojo de la displicente naturaleza.

Y desde ahí…, la dulce novela ajena a todo, descansando plácida sobre el regazo, sabe que el tiempo, y el papel, y las letritas vertidas con tanta pasión y verdad y desesperación…, expiran, mueren… Agonizan.

¿Sabes cuando has estado mucho tiempo leyendo un buen libro, y de pronto se acaba?

Eso le pasó a Otra… Cuando ya se había encariñado tanto con los personajes que tenía la sensación de conocerlos y amarlos…, llegó de repente a la última página.

Bueno, de repente no… Que no es tonta. Se dio cuenta de que se acababa… Las últimas hojas fueron consumiéndose entre temores y lágrimas… Se acaba, se decía. Lo sé. Se acaba…

¿A quién quieres engañar? Se acaba. Demasiado lo has hecho durar…

Todo se acaba. Nada permanece… Todo se transforma. Muta.

Y así fue… Una noche volvió la última página y allí, con letras desgarradas, marcadas como a fuego en su piel, se hallaba la palabra maldita: FIN.

Fin. Finito. Se acabó. Adiós.

Buscó incansablemente lo de “Este libro terminó de imprimirse en…, el…”, pero no lo halló. Hay libros que acaban abruptamente. Sin otorgar un respiro. Sin un ápice de conmiseración… Para siempre.

Y es que cuando un buen libro se acaba, lo hace indefectiblemente por siempre jamás. Porque nunca, nunca más…, en ningún otro momento ni lugar, por más veces que lo leas…, volverás a sentirlo igual…

Será otra cosa. Te abrirá otros caminos. Te proporcionará otras enseñanzas. Te hará vibrar, quizá otra vez, pero sin duda alguna lo hará de otra forma. Desde otro sitio… Porque lo cierto es que cuando uno  termina por primera vez un libro y lo cierra…, nunca nada en su mundo de dos dimensiones vuelve a ser lo mismo…

Cada palabra…, cada espacio entre palabras. Todos los signos de puntuación…, ¡e incluso las erratas!, quedan suspendidas de un espacio imposible. Limbo leído. Todo queda irremediablemente atrás.

Ya no más capítulos incendiados…, pasión desatada y notas prohibidas a pie de página. No más índice. Ni anular, ni corazón…, no más manos. No piel en la contraportada. No citas cifradas ni a media noche ni a media mañana. No dedicatorias cariñosas… Ni juguetonas. Ni perversas. Ni ácidas.

Y los derechos no sólo quedan reservados, sino rescindidos. Derogados. Traumaticamente proscritos.

Y, libre de derechos adquiridos y compromisos magullados, eres dueño de acomodar el tan, hasta ese mismo instante, amado ejemplar, en su hueco esperado de la librería de tu vida. Allí, junto a “La historia Interminable” y “El cuarteto de Alejandría”. Para que no le falte de nada. Y, en un momento de dolorosa lucidez, eres consciente de que lo recordarás siempre. Ni el tiempo ni el polvo, por más que con sus miserias lo sepulten, lo harán caer en el olvido…

Pero nunca… ¡Nunca! Volverá a saberte igual… Ni se repetirá exacta la historia… Ni te volverá a enganchar. Habrá otras, ¡claro! Mejores. Peores. Distintas. Que no en vano todo muta. Pero ésa. ¡Ésa! Llegó, con la última vuelta de tuerca, a su final.

Gracias…, te resta sólo por susurrar. Sonriendo. Quizá los ojos anegados en lágrimas, pero la boca repleta de risas, que el libro que te ha hecho tan feliz no puede acabar de otra forma…

Y un último deseo… Que te gocen otros ojos, otras manos, otras soledades… Que repartas sin medida a otras mentes ansiosas, todo cuanto yo disfruté… Que te disfruten. Mucho. A manos llenas. Todo. A muerte. Más. Hasta el mismísimo final.

Y ahora… De momento… Quizá por rabia…, inercia, por luto o por necesidad…

Ahora…, de momento… No. No quiero leer más.

 

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Mi trocito de cielo…

 

...

 

Llego de noche…

 

No importa cuándo me leas… Ni siquiera si estás leyéndome…

Llego Otra, como no podía ser de otra forma…

Y llego de noche…

Atravesando como un rayo el firmamento, vocación frustrada de estrella fugaz, y me cuelo, como un elefante en una cacharrería, junto a donde te palpitan las cosas… Allí donde te duelen, donde te emocionan, donde te excitan, donde te matan dulcemente…

Y llego bandera en alto, aunque las odie, enarbolando un derecho inalienable…, inherente a mi existencia… Mi propia Fe. Mis Ganas.

¿Dónde está escrito lo que debo hacer?

¿Que no me puedo atrever?

Espera…

Pincha aquí… Usa auriculares… Míralo entero… Dale volumen!!! Lee…

(Voy a acabar cogiéndole el gustillo a esto…)

(Pero… ¡¡¡No hagas trampas!!! Vuelve atrás. Dale al click y escúchalo. Hasta el final. Gózalo. No hace falta que aplaudas… :)

Cuando acabes, si aún no has salido corriendo a comerte la Vida, a Vivir que hace ya un tiempo que es tarde…, vuelve, y te cuento…

Ahora, te repito…

¿Dónde está escrito lo que debo hacer?

¿Que no me puedo atrever?

¡Adoro el desafío!!!

Puedo ver la Vida, plantada de pie, arrogante, frente a mí… Y yo delante, altivo el gesto, limpia la mirada, piernas ligeramente separadas, brazos en jarras… La sonrisa llenándome la cara…

Sí. ¡Aquí estoy!

Estoy y no Estoy. Y soy Nadie. Todas. Otra…

¿Sientes toda la rabia, las ganas, la vida, palpitándote en las entrañas?

¿No sientes unos irreprimibles deseos de saltarte todas las prohibiciones? De pisar el césped, saltar la vaya, cruzar la puerta, comerte la tarta y ¡¡¡bañarte desnuda en la fuente donde dice claramente “No bañarse en la fuente”(“Y menos desnuda”)!!!

Si pudiera sentirme un poco más viva de lo que me siento ahora… ¡¡¡Me moriría!!!!

“Todo empezó el día que descubrí que desde mi ventana sólo se veía un trozo de cielo…”

Y ahí fuera hay todo un firmamento para disfrutar!!!!

Yo quiero verlo… Quiero verlo todo!!!!

Quiero sol y quiero luna… Piel morena allí donde de buenas a primeras no se ve si está morena… Piel argéntea, bañada de plata, para que como plata me lustres hasta hacerme brillar…

Quiero luz y quiero oscuridad… Luz para iluminar radiantes todos los rincones que me asustan y doblegan… Y oscuridad para… Bueno…, para las cosas que normalmente se hacen en la oscuridad… E incluso para ésas quiero Luz!!!

Quiero hambre. Sueño. Risas. Lágrimas también.

Quiero las montañas de Egipto y Florencia y Orión.

Quiero wasabi, luces de Navidad, botas con tacón. Gimnasio el domingo, cursillo de cocina (para no ir). Minifalda.

Quiero monos que le ladren a la luna… Y viajes imposibles. Y pan. Y sal. Aunque sea en las heridas… ¡Porque también quiero heridas! Porque cada herida viene a gritarme cómo estoy de Viva…

Aunque sea más seguro quedarse en tierra

A veces donde está el peligro

Es donde se encuentran los placeres más dulces.

No quiero más sopa caliente, ni camas confortables, ni senderos rectos. Ni rosas sin espinas… Ni agua tibia. Ni paz…

Quiero tormentas de rayos y truenos. De ésas que te hacen temblar. Y quiero amapolas atrevidas salpicando el camino. Promesas incumplidas. Duelos al amanecer. Y lluvia que me cale entera. Y discusiones rabiosas. Y celos. Y prisas… ¡Quiero que se me rompa la piel!

¡¡¡Quiero amarlo todo como se aman los amantes que arderán en el infierno!!! Y quiero ser llamas. Y amante. Infierno.

No quiero salidas concertadas. Ni más cinturón de seguridad.

Quiero perderme. Y que me encuentres. Y seguir corriendo hasta que me cojas… Y entonces cerrar los ojos y dejarme llevar.

Quiero andar descalza. Danzar de madrugada. Cruzar la frontera. Volver a empezar.

Porque…

Cada kilómetro que recorro significa que aún me quedan más…

¿Qué tiene de malo querer más?

Si puedes volar, vuela alto.

Con lo grande que es, ¿por qué conformarse sólo con un trozo de cielo?

Odio “conformarse”. Y “deber”. Y “callar”.

¡Ahora mismo odio hasta el silencio! Aunque huela a rocío temprano sobre almendros en flor… (Que sí… Que decididamente suena cursi…)

Quiero gritos. Música bien alta. Embestidas ciegas. Pasión desatada. Instantáneas atrevidas. Montañas Mágicas. Playas desiertas. Ir de acampada…

Quiero pimienta en la sopa. Y pasar frío. Y volar sin alas. Disfrazarme de pirata. Y plantas… Plantas que alargan las ramas buscando un abrazo… Y abrazan.

Y no importa que no sea Yo. Que sea nadie. Que sea Todas. Otra.

La vida SIEMPRE se abre camino…

Y sólo eso quiero… Vida.

Vale… Y mi trocito de cielo.

 

 

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