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Archive for 31 marzo 2011

Muy muy mujer…

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Soy mujer. Lo he dicho aquí ya otras veces…

Soy mujer… No me voy a cansar de decirlo.

Ni de serlo.

No es bueno ni malo. Es.

Pero no renegaré de lo que soy.

Soy Mujer. Muy muy Mujer.

 

Con todos nuestros laberintos, nuestros vericuetos. Con nuestro bullicio interior que no duerme ni cuando dormimos. Y con nuestros callejones sin salida. Nuestra incapacidad para, según ellos (vosotros) (tú), andar directamente la línea recta entre dos puntos…

Y es que… Hace nada…, a una amiga mía…, alguien le dijo que era Mujer…

Muy muy Mujer…

La primera reacción fue alegrarse… No sé, si lo piensas bien, es lo normal.

Es como cuando alguien es…, por ejemplo relojero, y alguien le dice:

– Eres relojero. Eres muy muy relojero.

Pues, el relojero, con esa doble afirmación, obviamente, se siente satisfecho…

– ¡Caramba! Alguien no sólo reconoce mi trabajo…, sino que lo hace dos veces y con un adverbio que denota grado superlativo de significación… ¡Esto tiene que ser bueno!

Y ya estaba, mi amiga…, (algo cándida a veces) dispuesta a dar, agradecida, las gracias, cuando intuyó la trampa… La fina tela de araña sobre la que estaba a punto de quedar enredada… Y echó el freno.

Mi amiga… Muy Mujer, por cierto, ella…, y a mucha honra, se ha vuelto últimamente más prudente… (Que no en vano se aprende con el dolor…)

¿Es normal utilizar la condición natural de alguien, usándola en superlativo, para afearle la conducta de ser precisamente lo que es?

O sea, ¿puede ser malo ser “muy” lo que se es?

Pues mi amiga aprendió anoche que sí.

Por lo visto, y es extraño, porque a pesar de ser mujer yo no lo sabía, las mujeres no sabemos andar en línea recta…

Es más, alguien puede preguntarnos con tono jactancioso (vaya, “de sobrado”), que si sabemos qué es una línea recta (que tiene narices la gracia sin gracia), y quedarse tan complacido de sus palabras…

Mi amiga no daba crédito…

Por lo visto, las mujeres, andamos siempre pensando que en algún rincón…, hay un lindo gatito encerrado. (Que alguien lo libere ¡por todos los cielos!!!! Porque eso de retener a los animalitos encerrados es de tener el alma “mu” negra… Y además, está feo.)

Es más, y ante la perplejidad, sorpresa y desencantamiento (llámalo decepción…) de mi amiga…, aún le quedaba por escuchar algo más…

A saber: Para nosotras, siempre según el amigo de mi amiga, las mujeres, “nada puede ser sencillo”, y he citado, según mi amiga, palabras textuales…

¡Pues qué bien!, piensa mi amiga. Ya hemos entrado en el terreno de las generalizaciones. O generalidades. Que es tanto como decir… “¡Con la iglesia hemos topado, amigo Pancho!”

Es decir: Un asco.

Pero espera…, espera… Que no acaba ahí la cosa… ¡Ojalá!, piensa mi amiga.

Pero al pedir ser tratada como un individuo independiente y no ser juzgada como miembro de un grupo sin distinción de personalidad ni carisma…, la otra parte –sin ser parte contratante de ninguna parte- se disculpa reconociendo que sí…, que eso no está nada bien… Que él también está en contra de las generalidades.

Y mi amiga se dice: Bueno, está bien. ¡Éste sí es mi chico!

Y bueno, una disculpa a tiempo bien vale una sonrisa. Tantas guerras absurdas se hubieran evitado con una disculpa…

Todo parece ir bien… Todo parece haber vuelto, de hecho, al ritmo natural de las conversaciones bienhalladas…

Y mi amiga se complace de su interlocutor, con el que (siempre según ella…) las palabras suelen fluir diáfanas por cauces rápidos y divertidos, o lentos, sinuosos y hermosos, pero siempre sabrosos… Y piensa que todos, hasta el más pintado, hasta Vargas Llosa (o quien no es Vargas Llosa, ni tiene por qué serlo, por cierto…) puede errar una vez… Y lo disculpa. ¡Tantas veces erramos tod@!

Y es que, quizá sea verdad que no sabemos caminar por una línea recta… Quizá sea porque nuestra mente, que va a mil por hora, siempre está vislumbrando otros senderos, bifurcaciones… Calculando, sin querer, otras rutas… Parándose incluso, extasiadas, a recrearse en otros paisajes, otras trayectorias…

Sí, quizá sea cierto, amigo de mi amiga.

Pero tenemos también una gran capacidad de disculpa… Vamos, por lo menos yo, que soy quien me importa… Creo que ya dejé claro que odio las generalidades…

Pero, decía, tras la disculpa…, y con lo bien que podrían haber quedado ahí las cosas…

Aún restaba algo más por decir…

Y como excusa…, el amigo de mi amiga finaliza su particular juicio, impune y gratuito (como casi todos los juicios) esgrimiendo un argumento.

Éste:

“Sí…, tienes razón (esa es la parte buena, no porque le dé la razón, sino por lo que lleva implícito de disculpa…), pero…, es que me has hecho recordar tanto a otras mujeres…”

Uuuuufffffff….

Que…, no es por nada… Pero a los que me podáis estar leyendo… (vosotros) (tú), un consejo. Desde la humildad y el cariño… Un consejo:

Cuando andéis intentando disculparos, tened cuidado de no añadir recochineo (palabra fea donde las haya, por fondo y por forma) al agravio. Porque como otra cosa, no sé…, pero como disculpa…, va a ser que no.

Piensa mi amiga: ¡Caramba! Vale, gracias. O sea que te disculpas por generalizar, y una línea después reafirmas con creces lo supuestamente negado…

“Me has hecho recordar tanto a otras mujeres…”

Uf! Es que la frase no tiene desperdicio, ¿eh?

Vamos a ver… ¡Es que no sirve ni en positivo!

A nadie nos gusta que nos comparen con nadie… No sé si será por eso que dicen que las comparaciones son odiosas.

Pero a todos (y todas) nos gusta sentirnos individuos soberanos, personas independientes, seres casi únicos. Eso nos otorga la complacencia de sentir que merecemos la pena…

Por eso, entre otras cosas, son odiosas las generalidades (y las comparaciones…)…

Aunque te estén comparando con, y por algo bueno… Aunque te estén diciendo que eres la más maravillosa…, no entre todas las mujeres…, no… Sino igual de maravillosa que “otras muchas mujeres”…

Mmm… No. ¿A que no suena bien?

¿No intuyes el tono “displicente” del asunto?

Pues calcula, querido, si la comparación, si la generalidad, encima, es por algo negativo… Vamos…, por algo así como no saber que es una línea recta… “Como tantas otras mujeres que me he encontrado en mi vida y que tampoco sabían que era una línea recta…”

“Y que así les iba…”, podíamos suponer que acaba la frase dejándonos llevar por el devenir de la idea que trata de comunicarse,… ¿no?

O, “y que tanto daño me hicieron”… O “que tan ridículas resultaron”… (Y claro, no me extraña, porque no saber qué es una línea recta…, tiene cojones!)

En fin. Lo dicho, que fue como añadir la burla al agravio. Y ya digo…, desde el respeto y el cariño, pues…, no es ése buen camino… Se dijo mi amiga.

Y es que…, no es por nada, pero mi amiga… Que sí, que probablemente no sepa andar sin caerse sobre una estricta línea recta, es una tía inteligente, comprensiva y bienpensante. O sea, buena gente.

Acusada también, en alguna ocasión, de vivir en un mundo maravilloso que sólo es así porque ella así quiere verlo…

Pero oye…, vivimos en un mundo libre… Cada cual opina lo que quiere. Aunque siempre he pensado que en lo que uno piensa de los demás, está diciendo, sobre todo, mucho de sí mismo…

Y mi amiga. Como yo. Como Otra. Es verdad… Quizá no sepamos lo que es una línea recta… Quizá nos perdamos en laberintos absurdos y sin sentido que bien podríamos ahorrarnos (y, es cierto, ahorraros…) Pero no voy a justificarme echándoos la culpa a vosotros (“sí, tienes razón, pero es que me has recordado tanto a otros hombres que pasaron por mi vida…”) ¿?

¡Pues sí! Quizá sea una tarita que tenemos de fábrica. ¿Qué pasa? ¿Vosotros sois perfectos? Pues os advierto que el brillante más valioso es el que tiene una tara… Porque la perfección es cosa de las rosas… Y yo…, pues ya sabes, prefiero las amapolas.

(Y en lo del gato encerrado, te columpiaste. No desconfió nunca mi amiga de ti…, sólo no podía creer lo que le estabas proponiendo…, -de estupendísimo que le pareció-. Por desconfianza, sí, pero en ella misma… ¡Listo!)

De modo que sí…, todo eso somos.

Listas, guapas, feas… Tontas… Sí, pero no tanto como para no saber que ser mujer… Muy muy muy muy mujer… No puede ser algo malo.

Y… A las líneas rectas… Pues eso… ¡Que les vayan dando!

Palabra de Amiga.

(Por cierto. A mi amiga: De nada, querida.)

(Y al amigo de mi amiga…, como nunca entrará por aquí y por lo tanto nada sabrá… Pues nada… Sólo que…, se lo tome con humor, que sin rencores, y que el viento y el frío…, siempre son una buena idea, pero tampoco son para tanto… Feliz café!)

 (Y ahora. Me voy a escribir…)

 

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La curiosa historia que hay detrás de esta graciosa foto en…

http://instantaneasypalabras.wordpress.com/

A ver qué te parece… ; )

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“Carne y quimera”

Lo que me cuenta esta foto, en Instantáneas y palabras…

http://instantaneasypalabras.wordpress.com/

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Publicada en “Instantáneas y palabras”

Para leerla…, como siempre…, pincha aquí:

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Publicado en “Instantáneas y palabras”
Para leer la historia que cuenta esta foto, pincha aquí:
A ver qué te parece…

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Día de Ofrenda…

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Hoy ha sido un día duro… Maravilloso y duro. Como casi todo lo que merece la pena.

Hoy ha hecho una semana que Rafa no está. Y lo cierto es que aún no acertamos a creerlo. La forma de nuestra vida todavía no se ha hecho a su ausencia.

Hay vacíos difíciles de acomodar.

Pero hoy era también el día de la Ofrenda.

No soy amiga de pachangas y folklores. No lo critico. Sencillamente no me siento cómoda. No va conmigo.

Y creo que quien me conoce bastante (porque sin ser algo que esconda, tampoco voy pregonándolo…) sabe que no soy amiga de religiones, y mucho menos de ritos y liturgias.

Pero con la Ofrenda me pasa algo hartamente curioso…

Me emociona la Ofrenda. No podría explicarlo mejor, ni creo que nadie que no lo sienta, pudiera entenderme. Pero tampoco me quita el sueño.

Es una de esas contradicciones absurdas, pero menores (sólo me afecta un día al año), con las que he aprendido a convivir.

Además hay algo que desde hace unos años hace ese acto, tan emotivo para mí, más especial.

Mi sobrino Armand (el niño de mis ojos) acude a la Ofrenda con su otra tía, Pilar, la hermana de Montse. La otra hija de Rafa.

Pilar vive la Ofrenda como yo. Me siento a gusto con su emoción, porque es la mía. Cuando la veo emocionarse, los ojos brillantes, tan hermosa, tan atávicamente hermosa esa tarde…, sé lo que siente. Me identifico con su emoción, y me siento más cerca de ella… Aunque es difícil quererla más de lo que ya la quiero…, durante unos instantes me siento tan cerca de su esencia…, que la quiero aún más.

Y en su forma de abrazarme, con las dificultades que entraña hacerlo vestida con el traje de valenciana, intuyo su orgullo y su turbación. Siento sus brazos entorno a mí, el calor de sus siempre sinceros y entregados besos, y me siento feliz por ella. Por la pequeña parte que de su felicidad me toca.

Hoy era un día de Ofrenda especial. Difícil. Más emocionado si cabe que todos los días de Ofrenda hasta hoy.

Hoy Rafa no estaría entre el público para hacer sentir a Pilar, la más guapa entre las guapas. La más afortunada hija entre las hijas.

Que sí. Que todos hemos llevado un poquito de Rafa con nosotros…, pero, ¿para qué nos vamos a engañar? Estar, lo que se dice estar, obviamente Rafa no estaba.

Y ese vacío latía en nosotros, triste y furioso, y se intuía en la mirada de Pilar. Igual de hermosa y emocionada que siempre, pero más triste.

Montse, Álvaro y yo, como siempre, acompañamos a la comisión de la Falla, haciendo fotos, como paparazzis furiosos, tanto a Armand como a Pilar, gritándoles guapos y toda suerte de piropos… Provocando la agradecida sonrisa de ella, y la vergüenza tímida de él.

Lo hacemos a carreras y parones, como marcha la Ofrenda…, entre las alegres músicas de una banda y otra, hasta que es posible hacerlo… Llega un momento en que la comisión de la Falla sigue sola. Y sola llega a la plaza de la Virgen.

La Virgen. Ésa en la que yo no creo, pero que me eriza la piel… ¡Qué complicada soy y qué maravillosamente absurda me siento!

Y ese momento… Ese momento en que la mujer valenciana o no, afortunada, bellamente vestida para la ocasión, con la emoción latiéndole en las mejillas, humedeciéndole los ojos, llega hasta los pies de la enorme e imponente figura, con el modesto ramo de claveles entre sus brazos… Ese momento le pertenece sólo a ella. Por entero en la soledad de sus propios sentimientos, aún rodeada por cientos de personas que gritan, aplauden o callan.

Siempre he sabido, y compartido con Pilar, la intransferible magia que se siente en ese instante, cuando casi, como desorientada, entregas el ramo a alguien que casi te lo arrebata, mientras tú, ajena a todo, elevas al cielo tu mirada…

Hoy ha sido un duro día de Ofrenda.

Hoy también he compartido, en silencio, en la distancia, el sentimiento de triste emoción de Pilar al entregar su ramo en la plaza… Y la he querido. Sí. Como siempre. Más que nunca…

Y sin palabras nos lo hemos dicho luego, al acabar la Ofrenda… En silencio. Abrazadas.

Eres una mujer maravillosa. Pilar. Digna hija de Rafa.

Pilar. Montse. Armand. Alva. Hemos compartido un difícil día de Ofrenda. Emocionado y difícil, como casi todo lo que merece la pena…

Os puedo querer quizá más alto. Pero no más. Gracias.

 

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“En tierra nueva”

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Publicado en Instantáneas y palabras.
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