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Archive for 5 abril 2011

Dueña de nada

...

 

El silencio copula con la carencia…

y nace tu falta.

Tu ausencia me confunde

e interrumpe el dolor mi sueño silente.

Ya sé de qué soy dueña…

Escucha. Lo sé.

 

Soy dueña de nada.

 

         Son las seis y media. El día está a punto de inventarse. Me encuentra en la terraza, con un café con leche caliente entre las manos y ganas de vivir. No fuerzas. Pero sí ganas. No muchas. Pero muy tozudas.

El cielo va, poco a poco, imperceptible pero indefectiblemente, mutando su color. Cambia al ritmo de la aguja minutera de un reloj cansado. Invisible al ojo. Lenta pero eficaz. Distante. Indolente.

Y ocurre… ¡en un momento! Con esa fluidez imparable fuera del todo de nuestro reducido alcance. Al margen de nuestro control. 

Y es que en realidad no controlamos nada. Ni de lo que nos rodea. Ni de lo que nos navega. Ni tan siquiera de lo que nos atraviesa…

No controlamos nada porque nada nos pertenece. Empezando por el tiempo que transcurre ajeno a nuestro ritmo, pasando por el sueño cadencioso de quien duerme a nuestro lado, y acabando por nuestros propios sentimientos. Instintos. Deseos.

La sensación de control es una Quimera. Una necesidad imperiosa de sentirse a salvo. De ostentar cuanto menos un, aunque sea, ínfimo poder sobre algo. Buscamos, en el poder, la seguridad. Y es absurdo. Porque la seguridad es otra Quimera.

Dueños de nada.

Eso somos. Ni de lo que nos regalan, ni de lo que robamos, ni siquiera de aquello que, fiel y obstinadamente, pagamos. Como si pagar nos hiciera más dueños…

Pero, que se lo pregunten a quien por un giro impredecible de las cosas, -negocios, fracaso, caprichos de la naturaleza, mala cabeza o fortuna quebrada-, pierde casa, familia y fe. O a quien la muerte, -o la vida misma-, arrebata aquél a quien más amaba. A quien -en una guerra, en un conflicto, en un suspiro-, extravía el hogar y con él las cuatro paredes que lo protegían. Y la dignidad -cosa dura de perder donde las haya-. O la intimidad de tu propio cuerpo, que cualquiera más fuerte que tú puede robarte…, hasta el extremo de que no quieras volver, en lo que te resta de vida, a escucharte gemir por nadie.

Y no invento. Ni invento ni exagero.

Ahora mismo, en este exacto momento en que empieza mi día, -e intento con todas mis fuerzas prometérmelas felices-, a alguien acaban de sacarle de su casa a empujones, o le han reventado con un misil, o una bomba, o un papel sellado esa misma casa. Y alguien llora la pérdida de su amada, porque falleció o porque, quizá con todo el dolor de su alma, se fue a amar a otro. O a otra. Y sí. En este mismo instante una mujer está siendo violentada. Forzada contra su voluntad. Violada. Y algún hombre también.

Y créeme si te digo que ellos se levantaron viendo el mismo sol que yo. ¡El mismo! Y con las mismas ilusiones. Y con la misma sensación de poder o control sobre las cosas. Con el mismo derecho, sobre todo.

Y ya ves. Dueños de nada.

Ni de lo que tenemos. Ni de lo que soñamos. Ni de lo que pedimos. Ni de lo que damos. Ni de lo que alguien nos dice. O nos promete. Ni si quiera somos dueños de lo que decimos. O prometemos. O escribimos. Mucho menos de lo que amamos.

Por no ser no somos dueños ni de lo que creemos. Porque lo que creemos también muere. Muta. Se reinventa.

Como el día. Mientras yo me vaciaba aquí, en estas letras, completamente ajeno a mí, se ha hecho ley. Ya es un hecho. Demos por inaugurado un nuevo día.

Me enfrento a este día con el firme propósito de fluir con él, de estar de su lado, de remar en la misma dirección. Tratando de agarrar con manos y uñas, con esperanza y ansia, cada instante. De no perderme ni el trino de un pájaro, que ahora son la banda sonora que me acompaña…

Quiero vivir cada momento como si fuera a morir hoy. Que podría ser. ¿Por qué no? No deberíamos olvidar tan a menudo que todos vivimos en trance de morir.

Quiero vivir como cuando era inocente y aún creía que cualquier cosa era posible con sólo desearlo con todas mis fuerzas. Y que todo el mundo era bueno. Que merecía una oportunidad…

Quiero vivir con las ganas en el cielo y los pies bien enraizados en la tierra. Como si todo fuera posible y nada pecado. Como si vivir fuera ley, un derecho. Un regalo.

Quiero vivir recordando que hay quien no puede, a quien no le dejan. Incluso quien no sabe. Y quiero vivir también por él. Para él. Con la rabia con que él lo haría si pudiera.

Quiero vivir olvidando todo lo que aprendí. Aquello que hoy sé y sin lo que, seguro, sería menos sabia. Menos vieja también. Menos triste y gastada. Quiero volver a ser más ignorante. Más tonta. Más libre. Más feliz. Aunque sea durante un minuto… Para dar descanso a mis cansadas ganas…

Quiero, y hoy, voy a vivir… Como si mi sueño no tuviera noticia de tu ausencia. Como si aún nadie hubiera inventado la palabra dolor, carencia, falta… Como si fuera dueña de todo…, sabiendo que soy dueña de nada.

 

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Para leer “el desagravio” a la anterior instantánea…

Pincha aquí… (si quieres, claro…  :)

http://instantaneasypalabras.wordpress.com/

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