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Archive for 21 junio 2011

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Decididamente el sol se abrió paso, y hoy –por ayer, aunque también por hoy, y por mañana, y por el otro…- es un DÍA MARAVILLOSO, soleado.

Aunque bien sabe quien bien me conoce, que no me hubiese importado que a la salida del hospital, -donde al final hemos estado poco más de cinco horas-, nos hubiera recibido una impresionante tormenta… Con cántaros de agua, truenos, relámpagos, ¡y hasta centellas!

¿Qué hicimos? Me pregunto a veces…

¿Cómo?, para que, cada vez que volvemos al hospital y nos impregna su olor viciado, nos rodean sus paredes anodinas y fatalistas, y todo cuanto ves, oyes y sientes, recuerda a enfermedad y dolor…, nosotros no podamos sino sonreír. De alguna forma nos sentimos felices, tranquilos, a gusto. A salvo.

Reencontrarnos con algunos rincones y rostros de aquella época es un placer que nos devuelve a la realidad más maravillosa. ¡Estamos vivos!

Aunque no puedo sino enviar un recuerdo emocionado a nuestras dos ángeles de batas blancas, Tina y Encarna, y nuestra queridísima doctora Albert, a las que ya no vemos -porque están en otros quehaceres-, pero que adoramos y jamás olvidaremos.

Las personas que, cuando estás asustado, fuera de tu ambiente, en un entorno que te parece incluso hostil, que amenaza tu felicidad y tu vida, se cruzan en tu camino, y ponen todo su esfuerzo, su voluntad y su cariño en hacerte sentir cómodo…, tranquilo, querido… Se merecen una estatua al valor. Al amor. Si existiera el cielo, estoy convencida de que ellas entrarían de cabeza y tendrían asegurado el mejor de los sitios…  :)  Pero como no creo que exista, espero que lo hallen aquí en la tierra…

Ya lo comenté anoche… Creo que fue la conjunción (casi estelar, jeje…) de la suerte que tuvimos, lo afortunados que fuimos, y todo lo que pusimos de nosotros mismos…, de esperanza, de trabajo, de coraje, de amor…

Hoy, diez años después, aún me sobrecoge a veces la emoción…

Soy una persona afortunada… Mi cerebro, él solo, tiende a olvidar lo malo y recordar sólo bueno. ¡En serio! ¡Lo hace solo! Y lo hace con casi todo…

Recuerdo de aquella época…, muchas cosas… Casi todas buenas.

(Y claro también que pasamos malos ratos… Sufrimos. Lloramos. Os lo podéis imaginar… Pero no creo que leer eso ayude a nadie… De modo que hablaré de lo bueno. Que fue MUY bueno, y es lo que acaba, al fin y al cabo, generando DÍAS MARAVILLOSOS…)

Recuerdo por ejemplo la entereza y la determinación de Álvaro cuando recibió la noticia. ¡Tan valiente! Y recuerdo la mía también…, mientras estuve a su lado. En cambio, recuerdo perfectamente cómo me derrumbé cuando él desapareció…

Tuve muy claro, desde un principio, que no podía verme llorar. No podía verme asustada, triste ni preocupada. ¡Y lo cumplí durante meses! Sin embargo, sé que es la época que más he llorado en mi vida…, litros y litros de lágrimas… En el periódico…, (por cierto, un recuerdo emocionado también a mis jefes de entonces, María Consuelo, David y Salvador, y a todos y todas mis compañero/as, que se portaron conmigo de una forma excepcional… Tod@s, pero sobre todo Lola Bétera, Leo, Lola Diego, Lola Harvard, Paqui, Julia, Pablo, Puri y sobre todo Pilar.) En casa, cuando él no estaba. Cuando Montse me sacaba por ahí a despejarme un poco… (mil gracias también, mi amor, por todo tu apoyo…).

No lo parecía, pero… ¡Claro que estaba asustada! ¡Claro que tenía miedo! De hecho, no creo que se pudiera tener más… Pero el protagonista era Álvaro. Él era el que tenía que ser cuidado, amado, protegido, animado, querido, mimado…

Así que decidí coger todo mi miedo y ponerlo a trabajar…

Esa actitud me ayudó mucho…

Llené la casa de notitas y cartelitos ”infundidores” de ánimo, de coraje, de esperanza… Muñequitos y peluches amorosos con frases cariñosas. Libros. Música. Sorpresas…

Me hice la dueña del mando de la tele… ¡No sabéis la de películas que hicieron en aquella época de personas que morían de cáncer!!! Noticias tristes, desesperanzadoras… Y ahí estaba yo, rápida como la más rápida a este lado del Mississippi, con el mando a distancia presta a que a Álvaro no le llegara ninguna noticia que pudiera ensombrecer mínimamente su ánimo.

Me hice cargo de la alimentación también -hasta entonces “el cocinillas” había sido Alva-, y el pobre no ha comido más tomates de ensalada -¡cientos de vitaminas!- y ajo crudo -el mejor antibiótico natural- en toda su vida!!! Jeje. Qué bueno mi chico. Soportó, siempre con una sonrisa, lo pesada y cargante que me pude llegar a poner… Que fue mucho…

Leí en algún sitio -busqué información de todo lo que pude sobre el tema-, que las células cancerígenas se alimentaban del colesterol malo… Y no sé si era verdad o no, pero como de cualquier forma el colesterol malo, como su nombre bien indica es malo de por sí, me propuse bajarle el colesterol malo hasta límites alarmantes, para por si acaso… :)

Cociné para él carnes que odiaba y toda clase de pescados -que detestaba-… Nunca he vuelto a cocinar tanto en toda mi vida. Salsas sanas para enmascarar el sabor, cremas y batidos para disimular las texturas… ¡¡¡Todo lo que se me ocurría y algo más!!! Y todo se lo comió mi chico, dócilmente…

Y el agua… ¡Jajaja…, el agua!!! Me convertí en su aguadora particular. Su insufrible aguadora…

La doctora Albert nos dijo que la quimio -por lo menos aquella en concreto-, se eliminaba por el riñón, y que era muy fuerte, que había que beber mucha agua porque de lo contrario podíamos acabar perjudicando el riñón… ¿Qué has dicho? ¡Pobrecito!!! Allí estaba yo, vasito de agua en mano, a la vuelta del cole, de la esquina, cuando salía del baño, cuando hacia más de media hora que no había bebido, antes de acostarse, nada más levantarse… Siempre con una sonrisa junto al vaso de agua, una cancioncilla tonta o uno de los muchos chistes que iba recopilando para soltar en momentos como aquellos… Porque reconozco que me puse muy cansina… Pero yo amaba también sus riñones, y no iba a permitir que por curar una cosa se fastidiara otra… Y… bebió tanto… Se portó…, ¡tan bien!

Pasé miedo… Es verdad. Mucho. Pero…, ¡estaba tan ocupada! ¡Tenía tantas cosas que hacer!!!

Siempre he estado convencida de que el amor cura. ¡Siempre! Mucho antes de que Álvaro enfermera. E incluso mucho antes de conocer a Álvaro.

Durante aquellos meses, yo me organicé el trabajo (yendo a trabajar a horas intempestivas, gracias a que los jefes que tenía en ese momento, tan generosos, me dieron todas las facilidades que pudieron…) para poder estar con Álvaro durante las sesiones de quimio. Durante las más de cinco horas que duraban los goteros… Allí, en aquella sala de medicinas tóxicas, de alquimia de vida, es donde estaban Tina y Encarna, los ángeles de bata blanca que se encargaban de administrar pura vida en vena. Qué habilidosas. Qué profesionales. Qué tiernas. Qué increíbles personas!!!!

Le escribía cartas-cuento a Álvaro para que las leyera mientras estaba allí, medio tumbado, enchufado a las bombas, donde le explicaba con una mezcla de amor, bromas y palabras técnicas “entendibles”, qué es lo que hacían los líquidos que estaban destilándole gota a gota. Le instigaba a sentir como cada gota que entraba lo sanaba… Lo iba sanando poco a poco.

Jajaja… Recuerdo que me inventé también una batalla medieval en la que los aguerridos soldados de la Quimioterapia arrasaban por allí donde pasaban para acabar con los soldados del Mal, y que claro, también había bajas no deseadas…. Los tan temidos daños colaterales. Le hacía visualizar la batalla y forzar a que las bajas de Células Buenas, -que pasaban por allí y no tenían nada que ver con aquella guerra,- fueran las menos posibles…, y que ayudara mentalmente al ejército de la Quimio a combatir y vencer a las Células Cancerígenas del Ejército del Mal…

No sé. Ahora lo pienso, y quizá puedan parecer chorradas… Pero, yo veía a Álvaro sonreír, desde un rincón…, y emocionarse incluso… Y eso, cuanto menos, no podía hacerle ningún daño…

Le subía a él y a otros pacientes de la sala, zumos de naranja recién exprimidos de la cafetería del hospital, y les contaba historias sobre que las vitaminas de la naranja, recién exprimida -venga, a sorbitos, toda para dentro…-, contrarrestaban los duros efectos de la quimio… Por supuesto antes les consultaba a Tina y Encarna, que me daban el visto bueno, y sonreían con aquel aire siempre resuelto y tan cariñoso.

Y hasta les canté y les bailé!!!! Lo juro!!! Tenían puesto un hilo musical, muy flojito, de fondo… Jajaja.

Los tratamientos de quimioterapia, en el mejor de los casos, duran meses, y llegas a conocer a algunos otros pacientes con los que vas coincidiendo, y obviamente te enteras de historias de dolor increíbles…

Mujeres a las que sus maridos no querían ver calvas, sin el pañuelo o una peluca… ¿Os lo podéis imaginar?!!!! Si no es suficientemente duro saber que puedes estar al borde de la muerte, abatida por la quimioterapia, cansada, dolorida, terriblemente asustada… Tener que bregar con que la persona que más te tiene que querer y cuidar, no quiere si quiera verte calva… ¡Menuda pandilla de hijos de puta!!! Y disculpadme, pero lo cierto es que me da igual. Lloré abrazada a alguna de aquellas chicas y mujeres (recuerdo en concreto dos, una jovencita y una mayor…), y en aquel momento, si hubiese tenido delante al marido de turno, os juro que hubiese hecho algo más que llorar…

Había días duros…, porque sí, porque la vida es así. O porque te enterabas de que alguien que habías conocido no vendría ya nunca más. O porque entraba alguien muy jovencito…, o sencillamente porque sí…

Esos días eran en los que aparecía la Beatriz bufón. Sin complejos. Con un par.

Normalmente no están los acompañantes sentados todo el rato dentro, podría llegar a ser molesto para los enfermos… Pero a ratos, y dependiendo de la cantidad de personas que hubiera, sí podías estar… Y siempre se me ha dado bien hacer el tonto… Arrancar una sonrisa… Y cuando lo hacía, Alva sonreía por partida doble, por lo que le hacía sonreír a él y por ver a otros sonreír…

Fueron unos meses estupendos!!!!

¡Ah! Y luego la gracia de salir del hospital… Jajaja!!!!  El tratamiento de Alva era fotosensible, o como se diga… El caso es que no le podía dar la luz del sol. Y para salir…, jajaja!!!, yo iba  a por el coche y lo recogía en la puerta como si fuera un personaje importante, un príncipe de cuento por ejemplo, y fingíamos divertidos protocolos tontos… O si el coche no estaba muy lejos y Alva prefería que no nos separáramos, salíamos del hospital corriendo de sombra en sombra como si fuéramos espías que perseguíamos a alguien sin que nos pudiera ver…

A veces la gente nos miraba… No nos importaba. La verdad es que nunca nos ha importado. Y nos reíamos un montón… No importaba el motivo. Todo valía para arrancarle una sonrisa al momento y que no pareciera tan duro. O tan peligroso. Una enfermedad.

Por cierto… Después de aquello a Alva le ha quedado una querencia al sol increíble… Creo que, como aquel verano no pudo exponerse nada al sol, luego ha querido vengarse… Ya sabéis el secreto de su siempre estupendo y saludable tono bronceado… :)

No sé…

Disculpad. Creo que se me ha ido un poco la cabeza, y he estado escribiendo, sin orden ni concierto, sobre algunas de las cosas de aquella época que recuerdo… Y ciento y una más… La verdad. Tantas…

Sobre todo recuerdo lo valiente y buen paciente que fue Alva. Eso es lo más importante. Lo que nunca podré olvidar. Lo fuerte que fue. Lo positivo. Lo alegre. Lo generoso. Lo fácil que lo hizo todo… Lo orgullosa que me sentí de él…

Este año, ahora justo, hace diez años de todo aquello. Desde entonces han pasado muchas cosas buenas, y algunas, como es normal, malas. Alguna en concreto, muy, muy mala. De hecho, no sabíamos Alva y yo lo que aún nos quedaba, después de aquel año de 2001, todavía por luchar… Y por sufrir. Aunque en ese caso los papeles cambiaron, y fue por mí. Alva tuvo que convertirse entonces en el paciente y fuerte ángel de mi guarda… Gracias.

Pero todo está bien…, ¿no? Bien está lo que bien acaba, suelen decir. Y esto no ha acabado, obviamente… ¿Quién sabe lo que todavía nos queda por vivir y por experimentar?

Yo personalmente espero que sea mucho todavía… Y nuevo. Y fascinante. Y que me siga haciendo sentir rabiosamente viva…

Y quizá no cure en verdad el amor, como yo creo…, pero definitivamente…, ¡¡¡cómo ayuda!!!

Ya lo dijo aquél -que no sé quién era, y además me da igual-… Cuando haya un hueco en tu vida…, llénalo de amor.

Nosotros lo hicimos. Es lo que hicimos. Y junto al hada de la fortuna hemos llegado hasta aquí hoy, para mirarnos a los ojos con ternura, llenarnos la boca de risas, el alma de esperanza… Para luchar por un día más… Sólo por uno más. Y que ese día llegue y poder decir otra vez… Una vez más…

Hoy -y mañana, y pasado, y el otro…- está siendo, definitivamente,…

UN DÍA MARAVILLOSO.

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Por cierto. Sobre la foto.

Es de un verano que volvíamos de conocer Salamanca, la tierra natal de Alva, y al volver por Madrid nos perdimos en la M-30, o 40, no recuerdo… Jajaja! Cuando conseguimos ¡por fin! salir de “aquella trampa del infierno”, mientras yo conducía, Alva hizo esta foto.

No me gusta subir fotos personales… Pero creo que ésta, aunque no tenga que ver con el tema, ilustra perfectamente el texto, y resume a la perfección, también, otro DÍA MARAVILLOSO… :)

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Son las 00.10 del lunes, 20 de junio de 2011.

Apenas llevamos diez minutos de este día… Es noche cerrada, obviamente. No he visto -escuchado ni leído- hoy, las noticias -en realidad, nunca lo hago-… Tampoco la información meteorológica. No sé si el día de mañana será un día luminoso y soleado, o por el contrario tendremos un día gris y nublado. No lo sé.

Y la verdad es que me importa poco… Tanto si el astro rey luce radiante o las nubes se empeñan en ocultárnoslo, e incluso en descargar chuzos de punta…, el día de mañana, -o mejor dicho de hoy-, va a ser un día maravilloso.

Mañana es día de revisión en el hospital.

Este año hace 10, -por estas fechas más o menos fue- que nos dieron la noticia de la enfermedad de Alva.

Cáncer.

Bien…, no voy a ponerme a hablar del efecto que esa palabra produce cuando entra en casa, porque, por desgracia, la mayoría de personas han sufrido de una forma u otra el efecto del miedo. Y quien no lo haya hecho aún…, bueno, que dé las gracias, y disfrute.

Es irremediable el miedo. En su justa medida, incluso útil y necesario. Te ayuda a calibrar la situación, a intentar obrar con toda la inteligencia y buena voluntad de que dispones, a luchar con todas las ganas. A valorar la vida. A mirar la muerte de cara. A decidirte desesperadamente por vivir.

Gracias al cielo, bueno, eso es sólo una expresión… Gracias a la ciencia -mejor dicho-, cada día más, esa palabra, va perdiendo su definitivo sabor a muerte. Son muchas personas las que cada vez más, salvan sus vidas y /o mejoran su calidad de vida.

De hecho, si eres listo, llegas a aprender mucho. Hasta el extremo de que tu concepción de las cosas, del verdadero, del intrínseco valor de las cosas, -por lo menos de todas las que te rodean-, cambia definitivamente para siempre.

Pasar por eso, salir triunfante -es decir, vivo-, y no aprender nada, es una verdadera pérdida de tiempo. Y de muchas más cosas.

Pero no voy a ponerme ni triste ni moralista… ¡Ni mucho menos! Nada más lejos de mi intención…

De hecho, entro aquí sólo para, como los dos años anteriores, concretamente el pasado 22 de junio de 2010, en “Escrito en las estrellas”, y el 22 de junio de 2009 en “Hoy ha sido UN DÍA MARAVILLOSO” comentar nuestra visita al hospital para confirmar que las cosas van bien…

Quiero, desde aquí, con toda mi fuerza y mi cariño, desear buenas noticias a todos aquellos que estén pendientes de una valoración parecida…

Sí, sí, ya sé… El trabajo es muy importante. Y el dinero…, -que más que importante es necesario…-. Y el amor… Sí. Lo sé. Lo sé. Pero…, la salud. La salud cuando se trata de vida o muerte…, no tiene comparación con nada. Creedme. No importa el trabajo que tengas, la cantidad de dinero que hayas amasado, ni tan siquiera el amor que sientas…, cuando lo que está en juego es la salud…, la vida, todo cobra una dimensión distinta.

Y el caso es que siempre volvemos a lo mismo… Lo que verdaderamente importa… Vivir.

Disfrutar. Ser honesto con uno mismo. Intentar mejorar. Amar. No pasar por la vida como el que ni siquiera escucha llover, ni hacerlo tampoco como una apisonadora…

Vivir.

Es difícil. Lo sé. Lo sé bien. Pero también sé que es fascinante. Que cada nuevo día es una nueva oportunidad. Que las malas rachas acaban como lo hacen las buenas, y que lo importante es plantar cara a las primeras y saber disfrutar las segundas. Y que siempre se puede aprender. Y que siempre tenemos la oportunidad de volver a empezar. Que mientras hay vida hay esperanza, no deberíamos olvidarlo nunca, ni tomarlo a la ligera.

Esto pretende ser un canto a la vida, -humilde y discreto-, porque estoy convencida de que no hay nada más hermoso. Siempre, ¡siempre!, podemos elegir, si no qué vivir, sí cómo vivirlo. Y eso ya es mucho.

Dar las gracias, una vez más y nunca la última, a la diosa fortuna -o a quien narices sea- que puso la suerte de nuestro lado. Y a la ciencia -los médicos y enfermeras-, que tan bien lo hicieron. Y también a Alva, que fue un paciente maravilloso…, obediente, disciplinado, fuerte, valiente… Nos dio una lección, una vez más, a todos los que tuvimos la suerte de estarle cerca…

Y yo, sólo agradecer a la vida la oportunidad de haber podido amar, -durante todos aquellos duros e intensos meses-, más de lo que hasta entonces había amado nunca… Y poder demostrarlo. Poder usarlo. Poder poner todo ese amor al servicio de la vida… Y que, después de todo, todo saliera bien.

Por eso decía que no me importa qué día vaya a hacer mañana –bueno, hoy-…. A las ocho estaremos en el hospital y nos pasaremos allí toda la mañana…, siempre ocurre igual… Hay que ir con ganas, con alegría y con mucha paciencia…

Y luzca el sol o llueva torrencialmente…, espero que éste sea, otra vez, una más…, para todos… UN DÍA MARAVILLOSO.

 

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Bueno…, pues hay un nuevo relato en el blog “Instantáneas y palabras”.
Ya sabes, como siempre, pincha en el link para ir allí directamente y leerlo.
Y, claro, gracias.

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Agotada…

Extenuada más bien…

Con esa dulce lasitud que inunda el cuerpo tras un buen rato de duro ejercicio. O tras una larga noche de sexo sin complejos. O tras un día perfecto. Lo que viene siendo un día ámbar.

Se alinearon las estrellas. Se conjuraron los hados. Y los dioses, los del Olimpo y los de los pies de barro. Los brujos. Los alquimistas, nigromantes y el genio de la lámpara. Y las meigas, incluso las que sin haberlas, “haylas”. Los magos. Los geniecillos verdes. Los hechiceros más osados. Y las musas. Las nueve acudieron. Inspiradas. Y nos inspiraron.

No andaba yo errada a primera hora de la mañana. Entre todos construimos…, y nosotros disfrutamos… Un día ámbar.

Predispuestos, es cierto. Decididos. Convencidos. Casi predestinados. Así nos encontramos, y de esos barros vinieron el resto de lodos en los que nos zambullimos, retozamos. Nos complacimos, nos cautivamos. Corrimos, reímos, comimos, paseamos, ¡nos mojamos! Disfrutamos incluso aquello que suele estar prohibido… Lo que llamamos Pecado. Vicio, de apellido.

Y nos tocamos… ¡Dios, cuánto nos tocamos! Es cierto que dentro del decoro (¿decente? Jajaja)…, sí, ¡pero tanto! Con esa cómoda y suave cadencia con la que hemos aprendido a hacerlo a lo largo de los años. Con delicadeza y ganas. Como apuesto a que se tocan los poetas. Desde el mismo centro de cada una de nuestras esencias. Mientras andábamos, cuando nos parábamos a observar un escaparate de otro tiempo (que te cautivaba como a un niño chico, jajaja). Mientras comíamos… Mientras nos mojábamos.

Habría que inventar otro nombre para definir el tiempo (eterno, por cierto) que invertimos en saciar nuestros apetitos más terrenales…

Mmm… Nunca olvidaré esa comida… Jajaja…

En la calle Bordadores, casi a los pies del Miguelete, -cerca de la Basílica y la plaza de la Reina-, en el centro más antiguo y hermoso de la ciudad, detuvimos nuestros pasos a saciar el hambre en un sitio excepcional…

Carpaccio de verduras… Mmmm…

Ensalada de canónigos, rúcula, piñoncitos, bacon tostado, tomates cherrys y una suave y aromática vinagreta de acceto balsámico… Riquísima.

Para ti los raviolis rellenos de queso y espinacas con un pesto tan curioso como sabroso… Extraordinario. Que compartiste, claro, dándome de comer…

Para mí los macarrones con una salsa impresionante, punto picante, y servidos en una sorprendente cesta crujiente de queso parmesano… Indescriptible. Y que, claro, también compartí, dándote de comer…

Todo eso…, más el vino, las risas, Eduardo (gracias, guapo!!!), los comentarios atrevidos, los calores, la brisa…

Y el postre… Mmmmm… Ese excelso tiramisú… Delicioso. Sublime. Además, hacía…, como mil años, que no me daban de comer… Jajaja… Ni una vez tuve que coger la cuchara (recuerdo a buen recaudo…) para tener que comer… De una forma mimosa, cálida, cuidada, ¡cariñosa!, llevaste cada vez la cuchara hasta mi boca… Y yo me rendí con una docilidad voluptuosa al juego… Conseguiste, durante un rato, trasladarme a ese lugar donde uno es libre, despreocupado, pequeño. Digno de cada mirada, caricia, golosina… Dueño de todos los placeres y merecedor de todos los cuidados…

Fue, en torno a ese momento de nuestro día, cuando rompiendo todas mis costumbres, arruinando mis tendencias…, fui presa del rubor… ¡Y cómo te reías, malandrín! Jajaja!!! Ya… Ya sé que son muchos años de no verme la turbación en las mejillas, el candor en la mirada… Pero mira…, fue un día especial incluso para eso. Era nuestro día Ámbar. Y conseguiste ruborizarme…

Satisfechos, incluso intuyendo el pecado en nuestra pletórica satisfacción, nos incorporamos de nuevo al flujo de las antiquísimas y bellas calles (Cadirers por aquí, Cadirers por allá, Cadirers otra vez y Cadirers otra más… jajaja!). Y fue entonces, cuando abandonábamos la Pappardella y todas las satisfacciones y deleites que allí disfrutamos, cuando comenzó a llover… ¡Cuando nos llovió encima! ¡¡¡Estaba tan sorprendida de que todo fuera tan deliciosamente perfecto!!!!

Y caminamos un rato bajo la suave lluvia, -como niños pequeños cometiendo una travesura-, hasta que al llegar a aquella estrecha calle… Tocaron a magia y se inventó el milagro…

El sol se abrió paso y se derramó sobre nosotros como un regalo del cielo… Y completamente desbordados de sensaciones que no hubiésemos sabido explicar, pero disfrutándolas, nos detuvimos. Respetuosos, le hicimos su sitio al silencio… Tomamos aire… Lo exhalamos. Nos dejamos bañar por la cálida luz de nuestro día ámbar (más ámbar si cabe en aquel instante…). Y nos abrazamos. Y ceñimos más nuestro abrazo. Y nos besamos. En medio del mundo. En una calle, en cualquier calle del mundo… Ajenos a cualquier cosa que no fuéramos nosotros mismos, a la gente que pasaba, a lo que pudieran pensar… En ese instante nos pertenecía el tiempo. Éramos dueños del espacio que ocupábamos. Como si sólo fuera nuestro. Como si estuviéramos solos. Y éramos tres…, tú, el sol y yo, unidos por lazos inexplicables que sin embargo nos explicaban… A nosotros. A lo que (y que me perdonen las Palabras…) es imposible verbalizar.

Y seguimos paseando… Y hablando. De todo. De nada. De cosas profundas como las simas más abisales del océano, y cosas banales… ¡Fruslerías! (Más risas.)

Así fuimos consumiendo el día. Devorándolo más bien. Deteniéndonos a observar las magnolias, casi oliéndolas. Tan hermosas. Y admirando rincones de calles perdidas con vocación de óleo. Tan pictóricas. Como extranjeros despreocupados, con esa innata capacidad para sorprendernos por las cosas más triviales, las que te relajan el alma… Tan preciosas. Y parando a tomar algo en una terracita bajo un olivo… ¡tan fuera y dentro de lugar! Y escuchando a los artistas, amos y señores de la calle, tocar el acordeón, las guitarras, cantar… Contribuir, con su forma de entender el arte, a embellecer la vida… Nuestro día. Tan ámbar…

Y tú fardando de pulseras nuevas (jeje). Yo de foulard naranja (que no me conseguiste “secuestrar”, jajaja). Ajenos al tiempo. Al teléfono. Al ritmo implacable del día a día… Jugando a que sólo nosotros éramos nuestros amos. Creyendo, durante unas horas, que eso es posible. Deleitándonos en esa falsa pero dulce creencia.

Y más paseos arriba y abajo. Una visita a una galería de arte… ¿Arte? Jajaja… Y el mercadillo donde encontramos a la simpática checoslovaca. La tienda de antigüedades. La tónica, el poleo del tiempo. Tú echando de menos tu cámara… Admirando la luz. La que me iluminaba… Y haciéndome, por segunda vez (y conste que nunca más!!!) sonrojar… Sonreír avergonzada. Bajar la mirada… (¡Mamón!) (Jajajajaja!!!)

Bueno…, poco (o quizá mucho) más…

Lo que viene siendo un regalo de día. Un día de cuento. Un día ámbar.

Y cuando las luces del día ya se extinguían, cuando tocaban retirada, vuelta a casa, a descansar… Me devolviste sana y salva a tu amigo… Más sana y salva de lo que es preceptivo estar…

Día perfecto. Y aún le quedaban bellos momentos a mi día…, la verdad. Fue un día Ámbar hasta sus últimas consecuencias… Hasta su final.

Ah! Y lo del action-man-beethoven… Jajajaja!!!! Eso no sé si te lo podré perdonar… Jajaja… Gracias.

Gracias. Gracias por todo, tete. Gracias una vez más.

Ahora sólo resta esperar la próxima cita… Pronto, ¡por favor!!!

Ah! Por cierto…, mientras nosotros nos dedicábamos a nosotros mismos y nuestro día Ámbar… Nadal ganaba a Murray, y…, ¡¡¡alucina!!! Federer a Djockovic. Menos mal que existen los discos duros…  (¿Por qué voy a perderme algo, pudiendo tenerlo todo?   ;)

Y es que… Esto es la Vida, chic@s. ¡¡¡No hay más!!! Y una de nuestras pocas prerrogativas…, gozar.

Fue un día Ámbar. Uno de tantos. Y hay que espabilar… Que luego están los Marrones. Todos sabemos lo que es tener un día Marrón. Que también los hay… Demasiados.

Así que…, te deseo tantos días Ámbar, como tú…, seas capaz de proporcionar…  :)

Besos a discreción… A tod@s!!!! Me siento tan dichosa, tan llena de besos…, que si no los mando…, creo que podría explotar!!!!

 

 

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Hay días en que una se levanta de buen humor…

La vida tiene esa patina -un poco mágica- que hace que todo aparezca iluminado por un suave resplandor ámbar que embellece cada cosa que te rodea. Incluso aquellas que sólo ves en tu imaginación.

Hace tiempo que descubrí que para mí, -cuando me siento tan de buen humor-, el mundo no aparece teñido de rosa… No. Sino de un cálido y confortable color ámbar… Como si el mundo estuviera recibiendo una ración extra de sol… Pero no de este sol real -que a veces nos castiga-, sino del que imbuye de magia los cuentos de los niños…

Hoy es un día ámbar.

Y no tiene nada que ver con la climatología… Porque aunque de momento es un día brillante y soleado, han informado los expertos en “el tiempo”, que la cosa cambiará… Probablemente se ponga negro el cielo y caigan chuzos de punta… Pero eso no importa, -incluso me apetece-… Seguirá siendo un día ámbar. Un día muy especial.

Y no sé si es puritita casualidad…, o tiene que ver con mil cosas que me pasan, me pasaron o me pueden llegar a pasar.

No sé si es ámbar porque es ámbar de verdad… O sólo porque yo lo veo así… Y también importa poco!!! Me conformo con tener la capacidad de sentirlo como ahora lo siento…

De modo…, que voy a tomarme un día de vacaciones!!!

Vacaciones de cualquier cosa que no sea disfrutar…

Voy, -muy educada-, a dar las gracias. A poner en práctica eso -tan complicado a veces- de dar las gracias y aceptar. ¡Y no le voy a mirar los dientes al caballo!

Es un día ámbar. Y lo voy a aprovechar.

Me recogerás -como mandan los cánones, jajaja-, me dejaré arrastrar por ti hacia donde nos lleve el camino de ladrillos rojos, o hacia donde me quieras llevar… Y pararemos a dejarnos acariciar por ese sol que vive dentro de nosotros… Y comeremos y charlaremos, pasearemos y charlaremos, nos pararemos en una deliciosa terracita y charlaremos… Volveremos a pasear… Y a charlar.

¡Sin mirar los relojes! Sin echar cuentas a más tiempo que el marque nuestros pasos…, nuestras querencias, nuestros deseos, nuestras anárquicas apetencias… Libres. Con esa extraña sensación de libertad que por más que busquemos fuera sólo hallaremos dentro… Y que hoy compartiremos. Y que hoy disfrutaremos… ¡Todo el día!

Porque hoy es un día ámbar. ¡Y que me partan mil rayos si no pienso disfrutarlo hasta que me duelan las ganas y se me acaben las intenciones!

¡Viva!

Me siento rotundamente viva. Y es mucho más de lo que hace no mucho tiempo parecía posible…

Y la vida sigue dibujando para mí, -atrevida y generosa-, días mágicos de eterno cariño y sencillo solaz… Sería la maldita bruja -amargada, estúpida y “emberrugada”- del cuento, si no abriera mis brazos y mi alma dispuesta a vivirlo intensamente…, a disfrutarlo…, como el regalo de los cielos que es…

De modo que hoy abrazaré la vida y me dejaré querer… Y querré. Y lo haré con rabia… La de todos los años que no pude vivir… Con conciencia, sin ella. Con todas las ganas intactas. Intactas y renovadas.

Sí… Empieza a nublarse y sigue siendo un día Ámbar. ¡Es fantástico!

Te deseo, a ti que me lees, estés donde estés, seas quien seas…, que encuentres tu día Ámbar… Quizá sólo que lo reconozcas cuando se presente desnudo ante ti… Y si no llega, ¡te insto a que lo dibujes! Lo inventes. Lo busques. Lo sueñes…

Cualquier día puede ser tu día Ámbar si tú así lo decides.

Yo hoy he encontrado el mío… Y créeme. Voy a fundirme con él, y a absorberle hasta la esencia del segundo más corto, el instante más breve… Haré un bello paquete de regalo -con lazo de raso incluido- y se lo ofreceré a la vida. Para que pueda devolverlo en otro momento… Quizá a ti, que ahora me estás leyendo…, y así, gracias a mi placentero día Ámbar, hoy, tú puedas tener tu día Ámbar mañana…

¡¡¡Que corra la Coca Zero!!! Jajaja!!! Las risas, los secretos a volumen de piel. La música, Beethoven (y Bach, vaaaale). La luz de las estrellas, los abrazos intensos, los besos fugaces. Que corra el cariño. Y el amor, claro. Y también el miedo, la incertidumbre y los fantasmas de media noche… De hecho, que estos corran tanto que se pierdan en la noche de los tiempos y no los volvamos a ver… Que corra la poesía. Prado, Marzal, y que nos envuelvan todos sus versos. Nos saturen. Nos maticen. Nos enamoren.

Que corran tus sonrisas -tan bellas-, y mis lágrimas las persigan hasta darles alcance, y que caigan enredadas en el suelo, ¡y que rueden! Que se contagien y se acompañen. Que se acaricien. Que se consuelen. Y que renazcan nuevas de la alianza. Más fuertes. Más convencidas. Más tuyas y más mías de lo que lo fueron nunca. Que sean más conscientes de su magia. De su alcance. Que se multipliquen y se desordenen. Que engendren más risas que curen lágrimas, y lágrimas que muten en risas…

Así va a ser hoy mi día Ámbar. Porque ya lo tuve antes y lo conozco bien.

Anda…, se hoy bueno contigo… Disfruta.

¡Feliz día Ámbar!

 (Merde! Me voy… Que al final llegaré tarde!!! Jajaja…)

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“El bicho”

He “subido” un nuevo relato a mi otro blog “Instantáneas y palabras”.

Se titula “El bicho”. Para leerlo pincha, como siempre, el siguiente enlace…
 
Ojalá te guste…  :)
 
 

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