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Archive for 29 octubre 2011

 

 

 

La harina parece tamizado de verdades…, tan blanca, tan inmaculada. Es un placer hundir los dedos en ella y sentir su amable esponjosidad… La mantequilla aporta la suavidad, el huevo transparencia, el azúcar -ese polvo dulce de brillantes- la ternura…

Cocinar es una labor diaria, que para algunos se convierte en solaz ocasional, y para mí…, en placer imprevisto. Lo mismo me paso meses cocinando nada más que lo justito, -socorrido, tradicional y aburrido-, que me enfundo el mandil de hada y convierto mi bonita cocina -lamento la “fantasmada”, pero mi cocina me parece preciosa…- en taller mágico de alquimia alimentaria…

Y es que cocinar es un arte, un juego, un lujo. Un vicio. Es, además, una exaltación de los sentidos.

Y hablando de tocar, escuchar, ver, saborear… El olfato siempre ha sido un sentido muy importante para mí…

Es cierto que una canción me transporta rápidamente -quizá más intensamente que cualquier otra cosa- a un recuerdo preciso y vívido. El color de un atardecer puede enviarme a tiempos muy lejanos pero nunca olvidados. Acariciar siempre me devuelve a mí misma. Y ciertos sabores son capaces de transmutar tiempo y espacio a mi alrededor hasta reubicarme en otro remoto momento de mi vida…

Pero el olfato… El olfato tiene la facultad de alterar mi estado de ánimo, -de feliz a enfadada, por ejemplo, y todo lo contrario-, en una décima de segundo… Los olores poseen la capacidad innata de tomar mi talante anímico y transformarlo a su voluntad, anulando la mía…

Destapar un perfume puede convertirme en una fiera indomable, o despertar la niñita que todas llevamos dentro… Y no me resulta difícil identificar a las personas por su olor personal, -quizá porque me gustan los abrazos muy ceñidos- y eso que el abanico es muy amplio. Está el que siempre huele a limpio, el que huele a trabajo, el que huele a vida, el que huele a colonia, el que huele raro. El que huele a…, nada.

Y en la cocina -que es donde estaba- el mundo de las especias me parece un universo de sensaciones…, una forma de viajar a recónditos rincones del mundo sin dar un solo paso… Una fiesta para el olfato, y un juguete con el que disfrutar entre ollas, sartenes y cazos.

Dulce. Salado. Amargo. Ácido. Y umami, vocablo japonés que significa “gustoso”, y que se une a los otros cuatro, para completar la estrella de cinco puntas de los gustos básicos -esto me lo enseñó un gran amigo y magnífico cocinero: “el colmador de sentidos”. Gracias, Manuel. Beso-. Tendríamos que intentar que todo en la vida, o el mayor número de cosas que nos pasan, -o hacemos que pasen-, sea, si no siempre dulce…, por lo menos sí…, umami. Sabroso… Suculento… :)

Y las especias, -al menos en la cocina, en la vida es más complicado…-, nos ayudan. Nos aportan su toque gracioso, interesante, divertido, diferente, atrevido o sencillamente misterioso… Seductor.

Mmmm… La refrescante Menta. Los audaces Cominos. La cálida Canela. El arriesgado Eneldo para sopas lituanas, -beso, Solveiga-. La suave Cúrcuma. El mágico Cardamomo. La acomodaticia vainilla, del ancestral y querido Méjico. La atrevida Cayena. El humilde Tomillo. La indescriptible Pimienta de Sichuan…

Todas me saben a Calcuta, me huelen a Antioquia. Me transportan a Constantinopla, las Indias, el lejano Oriente… Alejandría… :)

Y de entre todo lo que uno puede hacer en una cocina -preparando alimentos me refiero…, apartad la tórrida escena de “El cartero siempre llama dos veces” de vuestra mente…, o no, como queráis…-, una de las cosas que más me seduce y asusta a la vez, son las masas… Tanto si son para preparar cualquier tipo de pan, galletas, o una de las cientos, por no decir miles, de especialidades reposteras que existen…

Amasar…

Pringarte hasta los codos en harinas nobles… Sentir la untuosidad de la mantequilla…, la viscosidad del huevo crudo, los susurros del azúcar…

Amasar con las manos…, darle forma a lo que te vas a comer.

Pero siempre, ¡siempre!, me han dado un poco de miedo las recetas que llevan levadura natural. La que hay que dejar fermentar, y la masa crece y crece como algo que está vivo… Imagino que es porque siempre me da el pronto de que de repente va a salir por sus propios medios del recipiente donde está mimosamente tapada con un paño bien limpio, de algodón -a poder ser blanco, manías-, y va a decirme adiós con la manita mientras abandona la cocina y se dirige, audaz, hacía otros hornos…

No. En serio. Ver levar la masa -aumentando dos y hasta tres veces su volumen-  me produce una impresión increíble. No puedo evitar pensar en “la vida” latiendo en el corazón de esa materia informe.

Y no sé por qué, siempre las he considerado recetas más complicadas.

No soy una gran cocinera. Imagino que tampoco podría calificarme de “desastre”. Tengo pocas recetas en mi repertorio. Pero eso sí, ésas, intento que salgan tan bien que los que las prueban siempre quieran más, y en grandes cantidades. La de cientos de galletas con chocolate y nueces que habré hecho en mi vida. Que probablemente sean ya miles…

No soy habitual de los blogs o páginas de recetas, salvo cuando -desesperada- busco alguna receta en concreto, con la que intento sorprender y agasajar -normalmente a Alva- a alguien.

Hace unos días me encontré por casualidad con el blog, -aquí en WordPress-, de Goizalde, que se llama “Cocinando con Goizalde”. Me llamó la atención, sobre todo, la cálida y simpática sonrisa de la que a todas luces -pensé- debía ser su artífice: Goizalde.

Entré, y he de confesar que me pasé un par de horas paseando por su agradable y muy trabajado espacio, apenas sin darme cuenta.

Tengo que avisaros de que su página se originó pensando en recetas para ese artefacto increíble que es la (o el, no estoy segura) Thermomix. Pero luego, muy amable, ha ido añadiendo recetas para los pobres mortales que seguimos cocinando al uso tradicional… Ollas, cazos, molinillos, batidoras, sartenes y demás utensilios que -todavía no entiendo muy bien cómo, porque he de confesar que nunca he visto uno en vivo y en directo- viven dentro del susodicho robot de cocina, y al parecer cada uno interpreta estupendamente su papel…

Bueno. El caso es que descubrí una receta que me puso los pelos de punta… “Donuts caseros. Idénticos a los comprados”, rezaba la entrada. No podía creerlo!!! ¿En serio? ¿De veras se pueden hacer en casa donuts que se parezcan en sabor y forma a los “de verdad”? La imagen de Álvaro deleitándose con un bocado de Donut (tanto blanco, como de chocolate, relleno o bañado) acudió a nublar mi razón… ¡¡¡Esos Donuts tenían que ser míos!!! Jajaja…

Pero… Ya lo he dicho… Yo no tengo Thermomix (que ya quisiera…)

Me puse en contacto con Goizalde pidiéndole ayuda, y entre sus amables explicaciones, y la cantidad de comentarios con dudas, recomendaciones  y apuntes, que sus seguidores dejan en su página, el lunes por fin me armé de valor y me puse ¡manos a los Donuts!

Mmmm… Qué bien me lo paso cocinando. Cómo disfruto. Sufro bastante, eso también es verdad… Jajaja!!! Pero imagino que, en mí, va de serie… Las inseguridades, la desconfianza, la falta de fe…, -en mí-, es terrible. Soy un desastre. Sólo hay un punto a mi favor en tan deleznable rasgo de mi carácter, y es que a pesar de todo eso…, yo lo intento. Bien motivada (con la imagen de Alva chupándose los dedos fija en mi mente) y con un poco de fe (no en mí, en la Vida), sigo adelante y lo intento. Y pongo todo de mí, -como en todo lo que decido emprender-, para que el resultado sea lo más cercano a lo que yo considero perfecto.

Bueno… A lo que iba. Los Donuts.

Alva les hizo fotos, porque cuando llegó del “insti” alucinó al verme “metida en harina” (aunque en realidad el paso de la harina había quedado, hacía ya rato, atrás… :) y rodeada de unas “roscas” que bien podían parecerse a…

– ¡¡¡¿Esto son donuts?!!! –preguntó con la mirada iluminada y esa bonita sonrisa que no me canso de mirar.

– Bueno…, lo intentan –respondí emocionada porque hubiera hecho ¡justo! esa pregunta.

Yo apenas probé un bocado de uno de ellos, y aunque no soy una experta en donuts, y la verdad es que la confección de la receta fue bastante desastre porque muchas cosas no estaban como debían, he de confesar que estaban ricos, y que en el fondo sí tenían un sabor similar a los donuts comprados. (Que obviamente mejorará cuando yo haga las cosas como dios, -en este caso, Goizalde- manda!!!)

Pero Álvaro y Montse, -que llegó del trabajo desfallecida, eso lo dice todo…, jajaja- quedaron encantados. Armand -mi sobri- sólo les dio un bocadito pequeño, como yo. Y lo hizo sólo por amor. El que me tiene. Porque hace años tuvo una experiencia desagradable con los donuts, comió, se puso malito, devolvió, y ya no soporta nada que se parezca a ese sabor. Pero tan amable y cumplido, -por no hacerme un feo-, y con un gran esfuerzo, los probó, y dijo que estaban buenííísimos… Pero no dio ni un bocado más. Jajaja… (Mi chico, más zalamero…)

Podría poneros aquí la receta, pero en lugar de eso os invito a que entréis en la página de Goizalde, (recordad: “Cocinandocongoizalde”), porque además de ésta, -bien explicada y con estupendas fotos-, vais a encontrar otras recetas maravillosas que seguro que os apetece probar.

Yo quiero insistir en mi gratitud a esta amable y estupenda cocinera -que además se mete un trabajo increíble para compartir su sabiduría y experiencia con los demás-, gracias a quien Alva disfrutará más veces de esa receta, y yo gozaré muchas veces intentando que cada vez me salga mejor… :)   Y llegar a ser digna alumna de tan ilustre maestra. (Gracias, guapa! Un beso.)

Mmmm… (De pensar.) Creo que cocinar es otra forma de amar.

Quizá por eso es un placer. No sólo por lo agradable que resulta buscar y seleccionar los ingredientes, medirlos, pesarlos, combinarlos y mezclarlos, probar, experimentar… O por lo orgulloso y satisfecho que puedes llegar a sentirte cuando, una vez acabada la receta, el resultado final se parece -en aspecto y sabor- al que esperabas… Sino por el gozo que supone ver disfrutar a los que quieres, de todo el tiempo, el esfuerzo y el amor que tú has invertido en prepararles eso que durante un rato los va a rescatar de otras realidades, quizá no tan suculentas… Vas a hacerles un poquito más felices… Tú les regalas tu amor en forma de alimento, y ellos te devuelven sonrisas y “qué rico”, “qué bueno”, “mmm…” (El mmm… en este caso de gusto, claro, no de pensar :)

Y es que, en realidad…, si bien lo miras, cualquier cosa que hacemos es un acto de amor. Al menos, así lo siento yo. Desde hacer las camas o pilotar un Boeing 777, pasando por limpiar los cristales o atender a los clientes en un comercio, cambiar una bombilla o investigar el ADN, hasta preparar unos ricos huevos fritos, unos donuts (Idénticos a los comprados) o escribir un libro…, todo lo hacemos por amor a alguien. A algo.

Bajo ese prisma, entonces…

Feliz día. Y que tú lo ames bien!!!!  :)

 

 

Esta entrada la acabé de escribir el viernes 28 de octubre, y cuando el día 29, sábado, me conecto dispuesta a publicarla, me encuentro con la sorpresa de que Goizalde…, ¡¡¡se me ha adelantado!!! Jajaja… Y ha publicado en su blog un post con las fotos de mis donuts, en honor a todos los que “contra viento y marea”, mucho esfuerzo, mucho cariño y pocos medios, logramos sacar adelante una receta…

Dios!!! Qué sorpresa me he llevado. No podía creer que “esos” fueran mis donuts y estuvieran en tu magnífica página!!! Qué bonito detalle por tu parte, Goizalde. Mil gracias, de verdad.  :)

Esta entrada, humildemente -pero con todo mi cariño-, está dedicada a ti, guapa!, por el maravilloso trabajo que haces en tu blog, por lo rápida y amable que eres respondiendo los mensajes que te dejamos, por tu bonita sonrisa que intuyo refrenda un carácter amable y cálido, y porque admiro a las personas que ponen su sabiduría y experiencia al servicio de los demás, como tú, y además lo hacen con modestia, sencillez y reconfortante alegría. Vamos! Un diez!

Estos días de fiesta volveré a hacer la receta, a ver si tengo tanta suerte como la primera vez… Jajaja. Ya os contaré.

 

Y lo dicho… Os deseo que disfrutéis siempre de todo lo que hacéis…

Y…, ¡que lo améis bien!!!

 

 

 

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Yo soy una ignorante.

No lo niego.

No me avergüenza reconocerlo.

Sé muy poquito de política. Apenas nada.

De hecho, con la política me pasa algo parecido a lo que me ocurre con la poesía. Salvando las distancias, claro. No entiendo de poesía, sólo de lo que me emociona. De lo que me conmueve.

Y no entiendo de política, sólo de lo que me duele. De lo que no alcanzo a comprender.

Soy una personita sin repercusión social. Sin importancia -salvo para aquellos que bien me conocen y me quieren-. Pero soy una persona más, una anónima ciudadana del mundo. Un puntito sin relevancia. Una voz sin voz.

Pero hay algo de lo que me siento orgullosa.

Soy una persona bien educada.

Habrá a quien no le parezca importante. Sin embargo, yo sé que mis padres están orgullosos de mí. Quizá el secreto sea que me pusieron las cosas fáciles. No hubo dolor en mi infancia. Mis padres no creyeron nunca en lo de “la letra con sangre entra”, y no me asfixiaron con cientos de normas y reglas… De hecho, mi educación se basó en un par de preceptos muy sencillitos.

1.º  El amor a la vida.

2.º  El respeto por la vida.

Punto. Ya está.

Mis padres, que también son personas sencillas, debieron creer que no era -seguro- lo único que había que aprender, pero sí obviamente, lo más importante.

Pero cuando hablo de respeto por la vida, me refiero a No Concebir la Falta de Respeto a la Vida.

Recuerdo, como si fuera ahora, la primera vez que fui consciente de que una persona, varias en realidad, habían muerto en un atentado terrorista.

Recuerdo perfectamente que aquella noche apenas dormí. Estaba aterrorizada. No podía creerlo. ¡¡¡No podía entenderlo!!! Yo debía tener como 13 años. No lo sé exactamente. Pero “los 13” fueron muy importantes para mí. Fui consciente de muchas cosas a esa edad. Compleja, sin duda, pero divina etapa de la vida…

Seguro que para entonces ya sabía que existían personas que mataban a otras… Aunque he de confesar que sigue siendo algo que, -aún hoy en día-, me resulta muy difícil de entender y digerir.

Quitarle la vida a alguien.

Me sobrecoge…, sólo escribirlo.

Ya. Ya sé que parezco una mojigata. Muchos pensarán si está escribiendo esto una niñita de 10 años que se sorprende o asusta por todo. Pues no. Tengo 45. Pero hay cosas que me siguen horrorizando…

Quitarle la vida a alguien…

Me paraliza incluso pensar en los mecanismos de una mente –humana!-, capaz de aceptar sobre su conciencia la responsabilidad de segar la vida de un semejante, sin pensar en todo lo que hacer desaparecer una vida, puede llegar a significar para el colectivo de esa misma especie.

Cuando esto mismo se hace preso del miedo, por desequilibrio mental, y aún en un ataque de furia momentánea, descontrolada…, sigue sin tener perdón, pero probablemente sea irremediable.

De hecho, casi ninguno podemos estar seguro de que nunca llegaremos a hacerlo. Guiado de mil circunstancias que se aúnen y confabulen creando un momento muy concreto, -y por lo mismo, posiblemente irrepetible…-, quizá nadie pueda levantar el dedo y decir: Yo no lo haré.

Es triste, pero es así… Yo no quiero imaginar qué sería capaz de hacer si la vida de Álvaro, o de Armand, por ejemplo, llegara a estar en peligro, y yo tuviera que enfrentarme a mi instinto de supervivencia. Y la de aquellos a los que amo. Probablemente sería capaz de despedazar con mis propias manos. No. No me resulta fácil ni grato admitirlo, pero tengo que ser sincera conmigo misma. Sí. Quizá podría llegar a convertirme, -en un momento muy concreto, tirando de instinto, de adrenalina, y motivada por el terror- en una máquina de matar.

Pero, ¿matar sistemática, fría y repetidamente en nombre de una idea que además reivindica la libertad y el derecho a una determinada forma de vida? Eso…, eso no tiene nombre.

Bueno. Sí. Sí lo tiene. Se llama terrorismo.

Ningún ser humano que se precie y que luche por algo digno, sería capaz, -cuerda y conscientemente-, de matar a otro por una idea… Porque una idea es algo que cambia…, que transmuta en el tiempo. Que hoy nos parece vital, y un segundo después puede llegar a caerse por su propio peso.

Las ideas se pueden transformar, rebatir, echar abajo y volver a inventar. Pero un ser humano debería estar por encima de cualquier idea. No hay que olvidar que son las ideas las que pertenecen a los hombres, y no los hombres a las ideas. Porque es entonces cuando uno pasa de artífice, a esclavo de su propio destino.

Por una idea se puede luchar con todo lo que uno tiene a su alcance en esos momentos: Argumentos, estatutos, ordenanzas, leyes…

De hecho, el hombre civilizado ha inventado normas para poder luchar sin tener que recurrir al asesinato. Que es un pecado. Y no porque ofenda a Dios, sino porque denigra a quien lo comete, y con él, al conjunto de seres al que pertenece.

Sólo, -en última instancia-, los que están dispuestos a morir real y físicamente por una idea, parece que podrían llegar a estar capacitados para matar por ella… Que obviamente, tampoco. Pero mucho menos aún los encapuchados, los que disparan y corren, los que ponen bombas a distancia, los que apuntan a la nuca desde lo alto, los que piden protección especial, los que después de apretar el gatillo huyen como alma que lleva el diablo…, en cualquier rincón del mundo… Esos no están evidentemente dispuestos a morir. Aunque no parecen tener remordimientos ni conciencia a la hora de matar.

Y sobre todo, porque un ser que ame tanto una idea como para morir por ella, preferirá mil veces morir, antes que matar.

Lo siento. Quisiera entenderlo. De verdad. Pero valoro demasiado la vida. Cualquier vida. Toda la vida. Como para admitir algo así.

Sé que vivo en un mundo que se rige por normas que no entiendo. Y también sé que no creer en ellas, ni me excluye ni me salva de sus actos y consecuencias.

Pero igualmente, no creo, por ejemplo, en el Ejército por sistema. Entiendo que uno tiene que defenderse… Pero palabras como patria y bandera tienen un huero significado para mí, si están vacías de lo verdaderamente importante: Las personas que están detrás. Y mucho más si esos conceptos se utilizan para exaltar instintos que llevamos anclados en nuestra atávica mente, y se ponen al servicio de cuatro listos ávidos de poder, que desconocen el verdadero sentido de la Vida.

La guerra es un invento muy antiguo. La legalización del asesinato en masa. El todo vale.

Y el terrorismo es el hermano pequeño y traidor de la guerra. Donde un bando azota y ejecuta, y el otro, brazos caídos -manos pintadas de blanco- se limita a poner la otra mejilla y decir “No lo lograrán”.

No lograrán, ¿qué?

Sí lo logran. Sí. Amparados por el anonimato, las sombras, los pasamontañas, las bombas que se detonan a distancia…, lo logran.

Demasiadas víctimas refrendan que lo han logrado una y otra vez.

Pero es cobarde porque es una lucha desigual.

Ellos dirán que no es así porque la Policía y demás fuerzas de seguridad los siguen y los persiguen. ¡¡¡Van a por ellos!!! Pero ellos no atacan de frente. Y no lo hacen, normalmente, a aquellos a los que supuestamente se enfrentan.

El terrorismo es cobarde porque es indiscriminado e injusto.

Y yo puedo entender, compartir, e incluso defender una idea -o no, no importa- abanderada por un grupo terrorista, pero nunca, NUNCA, aceptaré que nada, por más honrado que pudiera llegar a ser, se defienda abusando de los demás, y pasando por encima del derecho más básico y elemental de cualquier ser humano. El derecho a la vida.

Hoy ha sido un día muy importante en este país.

El primer día de una sociedad que se ha levantado, por fin, sin la espada de Damocles del terrorismo sobre su cabeza.

Ya dije que soy una ignorante.

No sé nada de política. Y aunque suene mal: Ni me importa.

No me meteré en si lo logró un partido político u otro… No me importa.

Para mí todos los políticos son aves de carroña con distintos plumajes. Y lo lamento por los pobres políticos honrados que haya, que quiero creer que alguno habrá. Pero esos ni están arriba del todo. Ni lo estarán nunca.

Pero no puedo hablar de las supuestas concesiones, de los intereses creados, de las tendencias políticas, de a quién le viene mejor, quién obtendrá mayores beneficios… E insisto: Todo eso me importa un bledo!!!

El caso es que enciendo la televisión o entro en Internet, y la noticia es que Eta ha cesado definitivamente su lucha armada.

Ésa es la noticia.

Con eso me voy a quedar.

Con eso, y con el recuerdo a todas las víctimas inocentes de cualquier acto de terrorismo en cualquier parte del mundo. Emocionado recuerdo.

Pero no por nada en especial… Sólo porque la Vida es lo único que tenemos. Y nadie, en nombre, ¡¡¡ni del concepto más sagrado!!!, debería arrebatar la vida a nadie.

Encontramos, ya hace mucho, el camino de las palabras para entendernos. Y ellas, las palabras, deberían ser nuestra única arma. Qué triste y pobre aquel que tiene que recurrir a la fuerza, el abuso o el asesinato, para hacerse entender, seguir o respetar.

Y sí. Ya sé. Soy una ignorante. Lo dije primero que nadie. Pero no me importa. No sabré de leyes ni de los intrincados vericuetos del innoble arte de la política. Pero sé que, -como muchos otros ciudadanos del mundo-, bastante tengo con bregar con los problemas del día a día, como para encima tener que enfrentarme y vivir aterrorizada por el abuso de los actos terroristas de aquellos que sin contemplar otros métodos, se dedican a arrebatar vidas inocentes en nombre de sus ideas.

Por lo tanto. Sí. Me alegro mucho. MUCHO.

Y voy a creer en ello. Voy a hacerlo mientras no se demuestre lo contrario.

Sí. Voy a creer en ello.

Y voy a creer, básicamente, porque necesito hacerlo.

 

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Hace más de cuatro meses que tenía abandonado “Instantáneas y palabras”… Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo.

La suma de una conversación muy interesante y esta fotografía, ha dado como resultado un nuevo relato. Pincha aquí para leerlo…

http://instantaneasypalabras.wordpress.com/

Y gracias…  ;)

 

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Un hermoso cuadro es siempre la suma de un número finito, pero prácticamente incontable, de pequeñas pinceladas. Cada una incorporada al lienzo con todo el cariño y la intención… Y todas tan importantes en sí mismas como el cuadro que componen, porque cada una de ellas, independiente, humilde y solitaria, es imprescindible para que el resultado final sea considerado una incalculable obra de arte.

Y van aquí algunas de las pinceladas sueltas del hermoso lienzo que fue aquel fin de semana del 16 al 19 de septiembre.

Primero, y ya que estamos hablando de una analogía pictórica, tengo que empezar diciendo que no podré olvidar nunca la luz que había aquella tarde en la costa de Cádiz. Una luz…, ¡tan hermosa! Lamento mucho que no se aprecie en las fotos…, porque confirió a la ceremonia la pátina perfecta para que hoy pueda recordarlo con una sensación sobrenatural del momento.

No voy a olvidar nunca esa luz… Ni cómo se veía el cielo…, las encendidas buganvillas, el mar, los elegantísimos invitados, los árboles, la playa… Los novios.

Está bien que existan momentos tan mágicos, porque es mucho más fácil retenerlos en la memoria…  Y volver a recuperarlos tiempo después para poder vivirlos de una forma intensa, y sentirte de nuevo tan afortunado.

Otra pincelada importante fue la amabilidad y diligencia de todos los profesionales de los que nos vimos rodeados ese finde… Todo el personal, -incluidas las dueñas-, del Hotel Varadero, y del catering de la boda…, sencillamente impecables. Geniales. Gracias.

Nunca olvidaremos los maravillosos días y noches que pasamos en el Hotel Varadero. Precioso. Gracias de verdad… :)

Aquí, nada más llegar al hotel. Un poco cansados…, sí. Pero… ¡¡¡¡superfelices!!!!

Gracias también a Paco, el responsable de la música y el sonido, que como ya he rectificado en “El gran día”, a pesar de haberme explicado -paciente y amablemente- cómo funcionaba el micrófono, tuvo que salir y darle él mismo al botoncito para encenderlo, porque yo estaba tan histérica que en esos momentos, si me preguntan, a pesar de tenerlo ante mis narices, no hubiese sabido contestar qué es y para qué sirve un micro… Jajaja!!! Qué desastre. Gracias Paco. Por eso y por la música y las luces de la fiesta… :)

Otro trazo conseguidísimo fue la cena del viernes. Un buen número de familiares y amigos nos reunimos -vía Facebook-, en el estupendísimo restaurante “El Pradillo”, en el que degustamos, hasta pasada la una de la madrugada, un número abundante de exquisitos platos, preparados con mucho arte y servidos con mucha gracia y donaire. Todo buenísimo. En serio. Impresionante. Y los novios además nos hicieron el sorprendente regalo de invitarnos a parte del cubierto. Un detalle inesperado que demuestra, una vez más, su generosidad, y que nos sorprendió a todos por lo inusual y gentil… Pero, claro, viniendo de Mario y Javier…, podíamos esperarlo casi todo…  :)

Por si no les dimos -Alva y yo- las suficientes veces las gracias…, vaya una vez más…

Gracias… :)

Por cierto!!! Alva me grita desde detrás de una pila de papeles (estirando la manita… jajaja!), que por favor agradezca a los novios el detallazo que tuvieron al recordar que es herbívoro (que dice mi “sobri” Armand), y pedir que le prepararan menú vegetariano, tanto en la cena del viernes como en el banquete. Muchas gracias, chicos. Cenó estupendamente, como todos, pero sus hierbecitas… Jajaja!

Y hablando de dar las gracias… Como tengo fama de pesada dando las gracias -porque sí, lo reconozco, la tengo-, pues voy a dar fe de ello…  :)

Aunque…, como también tengo memoria de pez… :(   Quiero pedir disculpas, por adelantado, de las omisiones involuntarias que se me deslicen de esta floja retentiva mía… :(

Allá va…

Gracias a Alberto, el papá de Javier, por su emocionado abrazo. Muchas gracias, Alberto. Estaba usted guapísimo, se le veía bien feliz y orgulloso de su hijo, -de los tres, en realidad-, y fue un placer verlo disfrutar en la pista de baile.

Gracias también a Concha, la mamá, por el cariño que, tras tantos años sin vernos, me demostró, y por su sonrisa cariñosa durante toda la ceremonia. Me infundía ánimos, aunque tengo que reconocer que también me emocionaba demasiado mirarla, por lo que traté de no hacerlo muy a menudo. E igualmente fue un gustazo verla bailar en la pista de baile. Ya vamos entendiendo, al ver a sus padres bailar, de donde les vienen a los “hermanos Sanchis” ese arte que les corre por las venas y que los ha hecho famosos…  ;)

Gracias a Catalina, la mamá de Mario, y una tía (lo siento, no sé el nombre), que vinieron a hablar conmigo tras la ceremonia, y me felicitaron por haber hecho soltar la lágrima a un hermano o cuñado de ellas, -tampoco lo recuerdo exactamente, lo siento una vez más-, que al parecer es de llanto difícil… Estuvieron muy amables y cariñosas.

Gracias a Amparo, -la tía más marchosa y alegre de Javi-, que me trató con tanto cariño y confianza, que al filo de la madrugada, en mitad de la fiesta -en la que la bailó y disfrutó como si le fuera la vida en ello, ¡qué gusto verla, por Dios!-, estábamos hablando como si nos conociéramos y quisiéramos de toda la vida. Qué placer haberla conocido, Amparo. Mil besos!

Gracias a Elena y Gloria, dos primas de Javi que fueron el alma del banquete -¿recordáis la mesa de la cena que hizo los coros a las canciones, poniendo un punto divertido y cinematográfico a la noche?, pues ellas estaban allí!!!- y también el alma de la fiesta posterior. Alegres, divertidas, marchosas… Y muchas gracias sobre todo a Elena, que en varias ocasiones vino a sacarme de mi rincón -yo soy más de bailar en rincones que en la pura pista de baile-, y me llevó con ella al fragor de la batalla musical… He de reconocer que me da un poco de apuro cuando lo hacen, pero he de confesar que su cariño y su generosidad al preocuparse de mí, me hizo vivir momentos muy divertidos y especiales. Gracias, guapa. Un beso, muy, muy grande.

Gracias también a Chelo -la mujer de rojo-, otra amable prima de Javi,  por sus comentarios también, y por su entereza frente a Google. Pues es muy alérgica a los perros, y allí estuvo, dándolo todo…  :)

Y hablando de Google… Gracias a la guapísima Carol, su “cuidadora” oficial en la boda, y por lo que supe también en otras muchas ocasiones, que estuvo encantadora… Y por extensión…,

gracias a Fernando (nunca Alberto!!! Jajaja…), gran amigo de Javi, que hizo, muy amable y profesional, las fotografías de la boda. Y que me encantó conocerlo…

En esta foto en la que se ve a Javi, y Alberto y Concha -sus guapísimos padres-, justo el que está de espaldas, vestido con una camiseta azul turquesa, -luego en la ceremonia también se puso su elegante traje-, es Fernando en la versión fotográfica del cazador cazado, es decir, el fotógrafo fotografiado… Lamento que no le podáis ver la cara… :(  Pero es la única que tenemos. La sacó Alva mientras Fernando preparaba y hacía las fotos de Javi con sus papis en nuestra terraza…  :)

Gracias a Ángel por estar tan amable y cariñoso después de tantos años sin vernos. Y gracias, aunque ya lo dije en su momento, por su brillante y elocuente discurso sobre la amistad en la ceremonia… Fue un gusto volver a verte, Ángel!!!  :) Besos, guapo!!!

Y de un discurso me paso al otro para poder hablar de Ivana. Que ya tenía ganas… :)

Ya comenté también en “El gran día” que Ivana es la amiga de Mario que leyó en la ceremonia hablando de su larga y bonita amistad. Lo que no dije es que la noche antes, la del viernes, en el Restaurante El Pradillo, tuve la suerte de que se me sentara al lado…

Apareció una jovencita desenvuelta y vivaracha que llegó y se presentó alegremente, ella misma, y a su pareja, Jordi, un chico encantador y algo tímido, pero de sonrisa amable y gesto siempre conciliador.

Pronto descubrí que ella era la que iba a leer, y entonces le confesé entre susurros que yo era la que iba a “oficiar” la ceremonia… Lo hice entre susurros y con la mirada inquisitiva de Álvaro vigilándome, porque Javi me había pedido por favor que intentara no desvelarlo… Pero Ivana también iba a participar en la ceremonia!!! Y me pareció tan linda!!!

Pasamos una noche muy agradable y divertida, brindando por los novios, sintiéndonos felices por ellos, y riéndonos de todo…

            Esta foto es de nada más acabar la ceremonia… Fijaos sobre todo, -además de en la bonita sonrisa de Ivana-, en el cielo que tenemos detrás… ¿Veis esa luz? El sol acababa de ponerse, -lo hizo justo a la vez que se casaban los novios, que es justo lo que querían…- y durante unos minutos… Esos minutos sagrados en los que el ocaso se adueña de todo, en que el día anda como entre dos mundos, el de la luz y el de las sombras, la magia flotó a nuestro alrededor impregnándonos de ella… Todos estábamos terriblemente felices, casi eufóricos me atrevería a decir… Y un poco sobrecogidos.

Tras acabar la ceremonia, Ivana llegó, y aunque no soy mucho de fotos (en realidad, las odio… :(, Alva quiso inmortalizar ese momento… Y yo me alegro hoy (si consigo no mirarme mucho… :(, porque además de un recuerdo para siempre de la simpática y dulce Ivana, tengo también inmortalizado el cielo que nos cobijó durante unos fantásticos minutos, hasta que la noche se instaló implacable entre nosotros…, y hermosa, nos condujo a través de otros tantos momentos imborrables… :)

Un beso Ivana, ¡guapa! La verdad es que estaría muy bien volver a vernos los seis un día, -en Madrid, Barcelona o Valencia-, para compartir una cena y otro ratito agradable… :)

Quiero también dar una pincelada de agradecimiento a los hermanos de Javi, Alberto y Arancha, y a sus respectivos… El simpático Óscar y la encantadora Rosa. Con ellos compartimos también larga mesa en El Pradillo la noche del viernes, y nos encontramos varias veces durante el catering posterior a la ceremonia, y en la fiesta. Son unas personas encantadoras y amables, que nos hicieron sentir, en todo momento, como parte de la familia… :)  Gracias de verdad a los cuatro. Fue espectacular el momento en que los cinco, Concha, Alberto, y los tres hermanos, os enlazasteis por la cintura y bailasteis juntos formando una imagen preciosa. Sois un encanto de familia.

Y hablando de encantos, y para añadir al lienzo un trazo de alegría y de glamour, haré mención especial a la cena del banquete…

Por si el aire de la noche, la música, toda la belleza de la que estábamos rodeados, los ricos y elaborados platos, y estar completamente envueltos de felicidad…, no fuera suficiente, Javi tuvo la brillante idea de colocarnos en la mesa con dos parejas que no conocíamos y…, ¡que no olvidaremos!!!… :)

Dos jóvenes matrimonios que, como nosotros, fueron desde Valencia. Vicky y Jesús, y Majo y Borja, y su pequeña “Calabacita” llamada Adela, que se portó de maravilla; es decir, como sus pocos meses de vida requieren, estuvo dulce y plácidamente dormidita toda la noche… :)

Fue un lujo. Pero un lujo de verdad, compartir mesa con estos cuatro “jovensanos” tan lindos! Tan interesantes! Tan buenos conversadores! Tan divertidos! Personas de noble fondo y encantadoras formas!!!

 

No nos conocíamos hasta ese momento, y tal fue nuestra conexión, que la conversación fue tan suculenta como la cena… Hablamos de temas tan diversos y variados como la vida de las hormigas; el juego de Nadal; la maternidad; la pareja, la fidelidad y sus quebrantos; la defensa de los derechos de los animales; internet y la gran habilidad de Majo para mandar y recibir e-mails muy especiales… ;)

Jesús (Chu para los amigos), el marido de Vicky, aportó su gracia de “quillo” del Sur (creo que de Málaga, si no es así, por favor!, discúlpame). Muy alegre, divertido e ingenioso. Serio cuando había que ponerse serio. Muy lúcido. Un placer haber compartido mesa contigo, Chu (si es que puedo llamarte así…  :)   Besos.

Borja, el marido de Majo, demostró una mundología y una gracia natural, un “savoir fair” desenvuelto y elegante, que otorgó el sobrio y a la vez licencioso toque de distinción a la noche. También muy risueño. Igualmente, Borja, un placer, de verdad. Más besos.

Vicky resultó ser una cajita de sorpresas para mí. Aparentemente una joven discreta y comedida, se reveló como una mujer inteligente con un hábil dominio de la ironía y una intuición brillante. Sus oportunos y resueltos comentarios me fueron descubriendo una persona francamente interesante. Una de esas mujeres con las que te quedas con ganas de hablar más y más, y de muchos más temas… Por cierto, siento tu jaqueca a la hora de la fiesta, preciosa. Una verdadera lástima no poder disfrutar de ti más tiempo… Pero fue un placer. Abracito y besos.

Y Majo… Bueno… ¿Qué decir de Majo? Es un ciclón de mujer! Qué arrojo, qué energía, qué vitalidad! Jajaja… Lo mismo le escribe un e-mail al presidente de un país a la otra parte del mundo para denunciar la indiscriminada y cruel matanza de las focas (y le contestan, y entra casi en una discusión que casi la lleva a un conflicto intercontinental… Esto es broma. Lo de que le contestaron y entró en diálogo no)… Que manda una nota vía internet para felicitar a una marca de yogures por su acierto en un producto, y le llenan la casa de lácteos!!! Jajaja… En serio. Me fascinó con su capacidad de lucha, su amor por los animales, su forma de vivir la maternidad también… Un encanto de chiquita. En serio. No sabes lo que disfruté escuchándote, Majo. Fuiste un descubrimiento incalculable. Besos y abracito también para ti.

Nuestra noche fue si cabe mucho mejor, gracias a compartir mesa con estas cuatro -casi cinco, jeje- personas maravillosas. De paso reiterar las gracias a Majo, que tan amablemente me cedió las fotos de su Facebook para que yo las utilizara en mi blog… :)

Y para ir acabando…

La falta de Helen.

La pincelada triste del perfecto acontecimiento la puso una ausencia.

Y es que sólo hubo algo que para mí (nosotros, Alva y yo), ensombreció tan magnífico fin de semana, y fue la ausencia de Elena (para mí, Helen) y su pareja, Rafa.

De hecho sus sillas permanecieron vacías justo en nuestra mesa, entre Vicky y yo… Y estoy convencida de que de haber estado, todos hubiésemos disfrutado aún más de lo que disfrutamos.

Javier, Helen, Alva y yo somos amigos desde hace veinte años, pero yo conocí a Helen hace más de veinticinco. Antes incluso que a Alva. Helen era en realidad tan solo una niña y yo poco más que una adolescente. Fue alumna mía cuando yo -más de treinta kilos atrás (jajaja)- era profesora de Danza Moderna. Entonces se forjó nuestra amistad y ha continuado fuerte e indestructible durante todos estos años. Ya entonces era una niña encantadora y una alumna estupenda, que se ha convertido en una mujer maravillosa y una trabajadora -veterinaria- incansable.

Un maldito manguito del coche frustró su viaje cuando llevaban tan solo una hora en carretera de camino desde Valencia a Zahara, y su ausencia me partió el corazón. Sé que para ella era importante estar en la boda, y reencontrarnos los cuatro de nuevo, tras muchos años sin estar los cuatro juntos…

Vaya para ella todo mi amor. El finde no fue lo mismo sin ti, Helen, y seguro que la fiesta tras el convite, que estuvo maravillosa, hubiera sido mucho mejor aún contigo… ¡Volver a bailar juntas! Pero bueno, ya nos reuniremos, y será mejor porque seremos seis, y nos vengaremos de lo chungo que es a veces el destino. Pero quiero que sepas que a través de mi amor, estuviste allí…  :)

Te quiero mucho, preciosa. Y estoy tremendamente orgullosa de ti.

Pues… Esto se acaba.

Yo espero haber aportado, -con estas cuatro entradas tituladas “Crónica de una boda encantada”-, la humilde pero dichosa pincelada de una mujer agradecida y feliz, dejando constancia de mi visión de las cosas… Y es que hay momentos en nuestra vida, tan especiales y felices, que merecen formar parte para siempre de nuestra memoria. Y éste será uno de esos entrañables recuerdos con el que yo cargaré encantada para siempre en mi mochila… :)

Gracias a todos.

También a Alva, ¡cómo no!, que hizo que un viaje de ochocientos y pico de kilómetros fuera una fiesta continua… Me reí tanto, mi amor, y me lo pasé tan bien, que se me hizo cortito, cortito, cortito, -salvo por el dolor de culo, jajaja-…

Y gracias por tu apoyo constante. Tu ciega confianza en mí. Todos tus mimos y cuidados, que siguen teniendo la intensidad y la magia de los que se profesan las parejas cuando apenas llevan dos meses… Gracias sobre todo por eso.

Y gracias por mirarme con esos ojos con los que tú sólo me miras, que me devuelven siempre una imagen mejorada de mí misma, y consigues que cada vez quiera ser mejor persona.

Y gracias por conducir del tirón a la vuelta, -¡mi chico!- sin dejarme tocar el volante, para que yo descansara y disfrutara más del viaje… :)

Y gracias por correr a por una botella de agua a escasos minutos de empezar la ceremonia, porque estaba tan nerviosa que se me había pegado la lengua al paladar y no encontraba la forma de despegarla y articular palabra… Mi fiel caballero… Siempre tan amable y encantador.

Gracias por comerte siempre lo que no me gusta de mi plato, y cambiármelo por lo que tú pediste. Gracias por creer que soy hermosa y repetírmelo todos los días. Hasta la saciedad. Gracias por satisfacer todos mis deseos y caprichos…, algunos, incluso antes de que yo los descubra!!! Gracias por creer en mí cuando yo ya no sé cómo hacerlo. Gracias por hacer que cualquier cosa, hasta ir a comprar a Mercadona juntos, parezca una fiesta. Gracias por tu paciencia y tu respeto para mis parcelas de independencia que has sabido comprender que necesito para poder ser yo de verdad. Te enamoraste de mí porque te parecí una persona con un “fascinante espíritu libre”, pero una cosa es enamorarse de una persona así, y otra muy distinta convivir con ella. Lo sé. Gracias por tu respeto, mi amor.

Gracias, en una palabra, por estar a mi lado siempre. Por decirme cada día lo feliz que te sientes y lo afortunado que eres… Que es, exactamente, lo mismo que yo pienso cada día cuando me despierto, y lo primero que veo son tus ojos sonriéndome…

Gracias, mi amor.

Gracias a todos.

También, y sobre todo, a los novios.

Chicos: Sois muy especiales. No cambiéis nunca. Cuidaos el uno al otro siempre y…

¡¡¡Nos vemos en Zahara otra vez, en veinticinco años!!!

¿Sí?  :)

Os quiero.

 

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 El sol se ponía…

Se dejaba caer en el Atlántico con la serena entrega del que nada debe. Del que nada espera porque ya todo lo tiene.

El día consumía despacio sus últimos instantes…

El momento, por fin, había llegado…

Y todos conteníamos emocionados la respiración…

Bueno. Todos menos yo, que ni pillaba el ritmo ni me encontraba el pulso…

Pero, -gracias al cielo-, cuando veía en la mirada de Alva, extrañamente, el temor por lo nerviosa que yo estaba… O sea, cuando estaba a punto de perder del todo la conciencia, comenzó a sonar la música…

Dire Straits atacaba el hermoso tema “Brothers in Arms”, y dos bellezones aparecieron por el camino que venía directamente de la playa. Como dos príncipes salidos directamente de Las Mil y una Noches…

No había más que mirar a los rostros de todos los que se hallaban allí, para saber que aquello no era una boda a la que se había acudido por compromiso. No. Todos los que estábamos allí lo estábamos porque queríamos estar. No es ninguna tontería, aunque lo parezca, lo que estoy diciendo. TODOS QUERÍAMOS ESTAR allí, y verlos, y sentirlos, y compartir la emoción y la felicidad que ellos exudaban por todos los poros de su piel, e incluso por los cientos de delicados abalorios de sus muy originales y bellos trajes… Javi en blanco impoluto, -como no podía ser de otra forma, jeje-. Y Mario en un teja precioso.

Verlos entrar andando desde la playa, tan guapos, sonrientes y felices, como si andaran sobre una nube, -como si nada terrenal pudiera mancillar su divina felicidad-, fue un regalo de los dioses para los sentidos. Todos estábamos sobrecogidos.

Fue, por cierto, la primera sacudida de emoción que arruinó la poca templanza que para entonces tenía. Y me robó ya un poco de voz.

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Junto a ellos, los padrinos.

Sonia, la elegante y guapísima hermana de Mario.

Y Alberto, el “mítico” y apuesto hermano de Javi.

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Y luego…

Tatatachán, tachán… Momento linterna tailandesa.

Uno de los momentos más originales y bellos de la ceremonia. Aunque… 

Vivimos algunos segundos… Quizá minutos de tensión. No sé. Me puse tan histérica, que casi salgo volando yo, antes que la condenada lámpara…

 

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El caso es que prendió perfectamente…

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Estaba a punto…

Ardía bien…

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Pero…

No terminaba de subir…

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Y aunque no hay foto, el caso es que por fin, -porque al parecer Javi se percató de que quedaba un pequeño pliegue, que hábilmente deshizo-, la lámpara por fin remontó el vuelo, en una analogía perfecta de cómo se elevaban al cielo nuestras más sinceras plegarias de felicidad para los novios… Y todos proferimos el tan socorrido y tierno “ooohhh”, y prorrumpimos en aplausos…

Ahí es donde entraba yo… Y por lo que ya he contado, sabéis que las piernas me temblaban tanto, que menos mal que al final opté por ser fiel a mí misma y no ponerme tacones, porque de lo contrario, ¡seguro que me mato!!!

Sin apenas voz comencé a leer…

“La vida es casi siempre, y fundamentalmente…, un cruce de caminos…”

Y no me di cuenta de que -al parecer- no se me oía bien… Y de repente unas manos me sujetaron con delicadeza pero con autoridad por los brazos y me llevaron -yo caminando hacia atrás con cara cómica de ¿qué está pasando?, lo sé porque comenzasteis a reíros todos…-, hasta colocarme frente al micrófono.

Pero ahí no acabó mi brillante comienzo… Puesto que a pesar de que había hablado con Paco, el amable encargado del sonido, y me había explicado paciente y lentamente que había que darle al botoncito del micro, en ese momento -como estaba claro que pasaría…- lo olvidé!!!    :(   Y fue él mismo el que tuvo que salir de su puesto y encender el micrófono, rápido y diligente -apenas vi pasar una sombra un segundo delante de mí- para sacarme del aprieto. Aprieto en el que ni tan siquiera me había dado cuenta de que andaba metida, porque yo seguía con mi perorata… Bueno…, el caso es que al fin parece que se me escuchaba…

Hablé del agradecimiento de Mario y Javier a sus madres… Entrañable momento en que les habían entregado unas flores…

Y a continuación fue Ivana, la simpática y risueña amiga de Mario, la que habló de los comienzos de su amistad con éste, y de lo largo y hermoso de su relación… Y tan emocionada (y guapa) estaba, que al final no pudo reprimir el llanto… Llanto que por empatía me contagió a mí!!! La quería matar!!!! Jajaja… No, en serio. Estuvo brillante Ivana. Sincera, tierna y cercana. (Un beso, preciosa.)

Y después le tocó el turno a Ángel, que leería en nombre de la amistad que le une a Javi…, si estaba!!!

Jajaja… Fue un momento kafkiano del todo. Los novios, cada uno a un lado del micro, el micro vacío, y Ángel… ¿?

De repente todos empezamos a preguntarnos dónde estaba Ángel, si alguien lo había visto…

Una vez más, Javi hizo gala de su don natural para resolver situaciones “pelín” peliagudas, y con destreza, gracia y templanza, se acercó hasta el micro, y con una voz clara y hermosa, dijo:

– Ángel, por favor, acuda al micrófono…

Todos rompimos en risas de nuevo, e inmediatamente, -todo se resolvió en apenas un minuto-, justo en ese instante, Ángel hizo su aparición de entre el hermoso jardín que nos rodeaba, y después de pedir graciosas disculpas, hizo un alegato, ocurrente y entrañable, sobre la trayectoria de su amistad con Javi.

Estuvo ingenioso y divertido, y se hizo patente su dominio de las palabras -y de los nervios- en cualquier situación, momento y terreno.

Y desde aquí, por cierto, le doy las gracias por no emocionarse hasta el llanto y llevarme a mí a él. Con sus palabras livianas y divertidas me obsequió unos minutos preciosos con los que recuperarme, porque a renglón seguido, iba de nuevo yo. (Besazo también, guapo!)

Y a continuación comenzó la ceremonia…

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Hay que ver qué guapos!!! Y qué entrañables las miradas entre Javi y Mario.

Como ya sabéis más o menos cómo fue todo…, hablaré de dos grandes momentos que aún no he comentado…, adrede, guardándolos con celo para este divino instante…

Momento Google.

Google, para quien aún no lo sepa (imposible si estuvo allí, pero bueno…), es el monísimo West Highland White Terrier, -también conocido como Westy-, de Javi.

Y a Mario y a Javi les hacía ilusión que Google llevara los anillos. De modo que ahí estaba Carol, impresionantemente guapa, para “acompañar” a Google y que éste no pudiera despistarse en un terreno que no controlaba y rodeado de tantísima gente.

No obstante, nada más Google distinguió a Javi entre el gentío, anduvo alegre hasta él, -siempre de la correa que llevaba Carol, porque al final renunciaron a la idea de dejarlo suelto- y Javi se acuclilló para soltar del cuello del apuesto Westy (que la verdad, casi me sorprendió que no le hubieran hecho un traje a juego con el de los novios…  :), el collar con bolsillo incorporado donde se supone que iban los anillos.

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Porque a todo esto, no sé si al final los anillos iban ahí de verdad, o los tenía a buen recaudo el novio… No importa. Lo verdaderamente importante es que Google -y Carol- estuvieron impresionantes en su paseo por el pasillo bajo el bello olivo engalanado de tul blanco, y los anillos estuvieron a punto.

Y seguidito a éste, llega el segundo momentazo de la ceremonia:

Momento anillos.

Fue para mí muy emocionante ver como mi querido Javi, -después de tantísimos años de amistad compartida y sincera, tantos momentos juntos compartiendo lo bueno y lo malo de nuestras vidas- contestaba alto y fuerte a la pregunta de si quería compartir su vida junto a Mario mientras, con un poco de dificultades -después de todo sí debía andar algo nervioso…., aunque no se le notara por fuera…-, colocaba la alianza en la mano del apuesto Mario.

E igualmente emotivo resultó cuando Mario, con la voz un poco más rota -tanto que yo tuve que repetir por el micro su respuesta, que entonces el volvió a repetir mucho más alto al darse cuenta de que no debía habérsele escuchado- le ponía a Javi el anillo en su dedo.

Sí. Fue un hermosísimo y conmovedor instante…, ¡que nos llevó al final de la ceremonia!!!!

Dios!!! Tantos nervios de tantos días, y de repente todo había acabado.

 

Bueno. Falta el momento beso. Del que por cierto no tengo fotos. Lo sorry!!!  :(  

(Alva, que andaba en las sombras, pero tan nervioso como yo, no estaba para hacer muchas fotos. Sólo las que veis aquí, menos las que he sacado de internet y que llevan el nombre de la página, y las que Majo Gimeno tan amablemente me ha dejado, y que en cada una de ellas, lo pone… El resto, son nuestras…  :)

Pero puedo deciros que fue un Beso de Verdad.

Uno de esos besos que te hacen sentir que tienes el mundo en tus manos…

Un beso emocionado, explosivo. Idéntico a los miles que se habrían dado antes de ese momento, y exacto a los cientos de miles que se darán después. Un beso enamorado. Y yo sólo puedo desearles que no se les acaben nunca los besos… Que siempre sientan la necesidad, el deseo, las ganas, de darse un beso más…

A continuación tuve la inmensa suerte -ya que era la que más cerca estaba de ellos- de ser la primera en felicitarlos con un emotivo y cariñoso abrazo. En algo me tenía que beneficiar por todos los nervios que había pasado, y que en ese mismo instante, -debo confesar-, se fundieron con la arena…, se esfumaron por el aire…, y me relajé por completo…

Mientras una nube de mujeres guapísimas y elegantes hombres de todas las edades, se cernía sobre los recién casados, yo me hice a un lado, todo lo discretamente que pude, y empecé a buscar entre la gente, desesperada y ansiosa, la sonrisa satisfecha de Alva, que viniera a confirmarme que, desde su punto de vista, todo había ido bien.

Casi en ese mismo instante, un montón de guapas, correctísimas y simpáticas, y algún que otro mozo de las mismas características, pero sobre todo chicas, inundaron la zona Beach del Hotel Varadero, y comenzó uno de los catering, -que a decir de todo el mundo-, fue uno de los más completos, riquísimos, bien servidos y exquisitos, que nunca hubiéramos disfrutado…

Y antes de que hasta mí llegara Alva, he de reconocer que llegaron otras muchas personas, muchas, más de las que jamás se me ocurrió que llegarían, a felicitarme…

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Felicitarme… ¡¡¡¿a mí?!!!

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Pues sí. Así fue. Y tengo que confesar que jamás se me habría ocurrido pensar que eso sucedería…, pero pasó Y aunque un poco abrumada, muy sorprendida y algo cohibida al principio, fue para mí un placer y un orgullo -pero no por mí, sino por los novios- saber que tantas personas se tomaban la molestia de venir a decirme cuánto les había gustado la ceremonia. De nuevo, en la última y cuarta parte de “Crónica de una boda encantada: Pinceladas”, aprovecharé para los agradecimientos personales… :)

Pero quería destacar este momento, porque fue de dicha infinita para mí.

No sólo no había cagado la ceremonia de mi queridísimo amigo Javi, y mi queridísimo amigo Mario, sino que parecía, a juzgar por todo lo que escuché, que la gente había quedado gratamente sorprendida y satisfecha.

Gracias!!!

Y entonces, por fin, llegó Alva… Y me tiré a sus brazos para fundirme en ellos, con una necesidad urgente. Apasionada… Necesitaba que me abrazara… Necesitaba sentir su complicidad, su cariño, la confirmación de que él estaba orgulloso de mí… Oh! Con que placer me vi en sus ojos que me devoraban con esa sonrisa que tan bien conozco y que venía a gritarme: ¿Lo ves? Te lo dije… Todo ha ido bien. No tenías por qué preocuparte… Te quiero.

Y con esa inmensa felicidad nos fundimos con todos los invitados en una fiesta de sublimación de los sentidos…, sobre todo el del gusto… Y disfrutamos de todas las pequeñas cosas, ¡decenas de apetitosos platos!, que pasaban una y otra vez frente a nosotros, ofrecidos siempre con una correctísima y bella sonrisa detrás. Desde un jamón serrano -que cortaba constantemente allí mismo un erudito en la materia-, y que como se suele decir “quitaba el sentío” de rico que estaba, hasta las famosas ortiguillas de mar que un buen amigo nos había recomendado que no dejáramos de probar en Cádiz…  :)

Y corrieron generosas toda clases de bebidas, frías y servidas en copas heladas. Desde la humilde y recurrente coca-cola, con la que yo casi acabo -jajaja, ahí me falla el glamour!!! Jajaja-, pasando por casi todo lo que te imagines, hasta un jerez de la tierra, escanciado con arte y servido con gracia por una bella joven ataviada al uso, que -lo siento- yo no probé, (me refiero al vino, claro… :), pero según comentaron algunos invitados, estaba riquísimo.

Sonaba la música, imagino, pero sinceramente no recuerdo qué… Y todos hablábamos, nos abrazábamos, comíamos, bebíamos, reíamos… Así no sé durante cuánto tiempo, pero sí puedo asegurar que se nos hizo del todo de noche…

Sin que nos diéramos cuenta el hermosísimo jardín se plagó de cientos de discretas luces, lámparas colgantes de los árboles, velas en quinqués preciosos, antorchas de fuego… Confiriendo más si cabe, al lugar, un halo de magia y ensueño que cuadraba perfectamente con el ánimo y el tono del alma de la celebración…

Y así, de forma natural, cuando ya estábamos bien llenos y satisfechos, -nosotros y nuestros estómagos-, recibimos la amable y encarecida indicación de que “ya” podíamos pasar… a la cena!!!!!!!!!!!!!

Pero… ¿Ahora hay que cenar????!!!!

Jajaja…

Bueno… Pues allí que fuimos…

El sitio destinado a la cena, en otra sorprendente zona del jardín del Varadero, era como de noche de leyenda…

Las mesas, todas redondas, menos la de los novios, -bajo un bello parasol de tela y borlas colgantes en la que cenaron ellos solos-, estaban distribuidas en torno a una preciosa fuente, circular también, adornada con flores flotantes y veleros que presidía en su centro una imponente y enorme cabeza de piedra, de algún dios indio, o azteca… No sé. Impresionante.

Sobre el césped, rodeados nuevamente de luces indirectas llegadas de farolillos, veleros, antorchas y originales lámparas, en un ambiente elegante, tranquilo, un poco mágico, -todo glamour, como no podía ser de otra forma, viniendo de los seductores, excelsos, y encantadores anfitriones de la fiesta-, comenzamos a degustar la deliciosa cena…

A pesar de lo esmerada y riquísima y apetitosa que era la comida, tengo que decir que entre tanto regalo para los sentidos…, la comida en sí, (ya lo dije antes, bogavante relleno y tiernísimo solomillo, ambos delicada y primorosamente guarnecidos), fue lo de menos.

Lo fascinante de la cena fue una suma de todo lo que nos rodeaba, ingeríamos, veíamos, escuchábamos (una original selección de versiones de famosísimas canciones), olíamos, sentíamos y disfrutamos… Un regalo para los sentidos.

Nadie gritó vivan los novios, ni -gracias a Dios!!!- estos se cortaron la liga, ni la corbata, ni ninguna otra cosa… Jajaja!!! Nada de bromas de mal gusto. Nada de estridencias ni escándalos… Que podía haberlos habido, no digo yo que no… Pero todo estuvo en consonancia con la plácida noche y las sonrisas risueñas de los recién casados… El talante, hasta que llegó la fiesta discotequera un rato después, fue de lo más elegante y refinado…

Felicitación a parte merece la mesa de las alegres y encantadoras primas (tía encantadora y demás familiares) de Javi, que amenizó el final de la cena haciendo los coros -bastante bien interpretados hay que señalar- a alguna de las canciones que sonaba, y que puso un punto divertido e incluso cinematográfico a la cena… ¿Quién no recuerda la escena del restaurante con toda la peña cantando el ‘I Say a Little Prayer’ en “La boda de mi mejor amigo”????   :)

De repente nos sirvieron el postre y la tarta… Todo riquísimo una vez más.

Los novios se pasaron entonces por las mesas a preguntarnos cómo estábamos y así pudimos agradecerles tanto placer…

Nuestra cena especialmente -la de Alva y la mía- fue más estupenda aún si cabe, porque tuvimos el honor de compartir mesa con dos parejas maravillosas y la niñita -que estuvo educada y correctamente dormidita en su cómodo carrito de bebés toda la noche- de una de ellas, y que fueron un grato descubrimiento y un auténtico placer. Ya sabéis, más, en “Pinceladas”…  :)

Fue en ese momento, -cuando Mario y Javier se acercaron hasta nosotros-, cuando nos entregaron un regalo como agradecimiento por haber ido. Y es que no tuve la sensación de estar recibiendo el típico “regalito” que se hace siempre en las bodas… No. De veras tuve la impresión de que los novios, de verdad agradecidos y felices, nos hacían “un regalo”… Fue, como todo, muy especial.

Y claro… Como no podía ser de otra forma, también fue especial el regalo… (Jajaja…)

Si todos los invitados nos habíamos quedado boquiabiertos ante lo original y por otra parte divertido y entrañable del momento “lámpara tailandesa” del comienzo de la ceremonia…, poco podíamos imaginar entonces, que cada uno tendría la increíble posibilidad de lanzar a volar al cielo sus propios deseos… ¡¡¡Pero ese fue precisamente el obsequio que Javier y Mario nos hicieron!!!

¡¡¡Una lámpara tailandesa para lanzar al cielo!!!

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¿Qué me decís? ¿Mola o no mola? ¿Son o no especiales y originales estos chicos?

En el sobre, grande, -para que quepa la lámpara, claro- se podía leer, porque ellos mismos habían escrito de su puño y letra: “Piensa un deseo”. La fecha, y sus firmas…  :)

De modo que…, acabando la cena, volvimos a la zona donde se había celebrado la ceremonia, que estaba ya recogida, acondicionada y convertida en la zona de fiesta-baile-discoteca, lista para ser el liberador y divertido lugar donde rematar un día perfecto!!!

Las luces de colores que se movían y cambiaban, como en una discoteca, pero al revitalizador aire libre, y la música, hábilmente seleccionada y lanzada a la templada noche…, nos esperaba…

 

Pero antes llegó el momento…

Lámparas al cielo.

Y es que fueron muchos los invitados que no pudieron resistirse al impulso de encender y lanzar a la suave noche gaditana, sus lámparas tailandesas, inundando el cielo de hermosas luces y mágicos -y privados- deseos…

Fue un momento impresionante… De verdad.

Resumía la esencia de un día maravilloso.

Era emocionante ver cómo las lámparas subían prendidas, alto, muy alto…, hasta confundirse con las luces de las estrellas… Fascinante. Mágico.

Y aún nos quedaba por delante una fiesta increíble, en la que los novios se quitaron sus originales y preciosas chaquetas largas o casacas, y se quedaron con unas favorecedoras especie de camisas largas, sin mangas, con las que estaban terriblemente atractivos… ;)

Lo primero que escuché fue “Color esperanza” de Diego Torres… ¡No podía creerlo!!!!   :)  Y a continuación -pensé en aquel instante- como no podía ser de otra forma estando por ahí Javier Sanchis Roger…, jeje, inundó el aire Michael Jackson…

Recuerdo que me paré un momento. Conscientemente detuve mis pasos y me paré un instante aspirando el aire de la noche… Quería anclar ese momento a mis recuerdos. Quería perpetuarlo para no olvidarlo nunca. Lo feliz, lo cómoda, lo emocionada que me sentía… Observé durante unos segundos las lámparas uniéndose al firmamento sobre mi cabeza, y la querida música de nuestro querido Michael pegándose a mi piel, mientras Alva me estrechaba entre sus brazos, y la presencia latente y dichosa de Javi y Mario nos rodeaba… Sí. Cerré los ojos y me dejé querer. Sí. Como una niña caprichosa y consentida, me dejé mimar por la vida. La vida, que ese fin de semana, tan generosa fue conmigo…

Y luego…, -barra libre de todo lo que desearas tomar…-, Alva y yo nos fundimos con el alma de la fiesta…

Una fiesta impresionante donde todo el mundo bailó y disfrutó todo lo que quiso… Fue un verdadero placer ver a los familiares menos jóvenes, tanto de la familia de Mario como de Javi, entregarse a ese noble arte que es dejarse invadir por la música y moverse al ritmo mientras uno se lo pasa bomba!!! Qué gusto!!!

(Ya sé que esta foto no es de la fiesta, -que no tengo fotos… :( -, ¿pero a que están guapos?)

La pista se mantuvo llena todo el tiempo, -con la buena selección de canciones era imposible estarse quieto…- albergando a un tiempo a varias generaciones en una comunión total, donde todos éramos uno con la música y con el espíritu de felicidad y alegría que flotaba a nuestro alrededor…

Mario y Javier estaban… ¡tan guapos! De veras lamento no tener fotos de ese momento, pero, ¿quién se preocupaba entonces de fotografiar? Todos estábamos muy ocupados en disfrutar!!! Pero os aseguro que se les veía, en la forma de moverse entre sus invitados, en el plácido gesto de la cara, en cómo bailaban, que estaban tan satisfechos y felices como sólo unos recién casados disfrutando de su día, pueden estar…

Fue un placer estar allí…, y compartir esos momentos con ellos.

Alva y yo nos retiramos como un poco antes de las cinco de la madrugada, y la fiesta aún seguía…, de hecho aún quedaba por sacar el “resopón”, que según creo constaba de pastelitos y “un caldito”. Me dejó intrigada y me hizo mucha gracia lo del “caldito”… Pero nosotros teníamos que levantarnos pronto para regresar a casa, en el que fue un viaje maravilloso… Nos sentíamos plenos, felices, alegres, ilusionados, ¡radiantes!… La sonrisa, señal inequívoca de satisfacción, no se nos borró de la cara en todo el día…

Una vez más, chicos, mil gracias por un fin de semana ¡perfecto!

 

Besos -de verdad- “encantados”  :)

 

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