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Queridas Palabras:

 

Desde el silencio os escribo…

Os suplico.

Os invoco.

Con pasión. Con esperanza. Con…

 

Palabras…

Vosotras que sois yo misma. Las que odio. Las que pierdo. Las que amo. Con las que me reencuentro.

Palabras sencillas, complejas. Viejas y nuevas. Tantas. ¡Y tantas veces usadas! Que a veces pienso que hasta mi piel…, está de palabras trenzada…

¿Qué sería de mí sin vosotras las Palabras?

Palabras mías. Sólo mías. Como creadas para mí, para mi cobijo, para mi sosiego. Para mi solaz y tu desespero.

Palabras de amor. De guerra. De rabia. De perdón.

Palabras para jugar. Para ganar. Incluso para perder. Para acabar con casi todo y para volver a empezar.

Palabras de verdad. De ánimo. De consuelo. De ley.

Palabras al rescate. En fuga. Parecidas. De mentiras.

Palabras curiosas. Aburridas. Malsonantes. Cadenciosas.

Palabras escritas a fuego para no olvidar. Sobre hielo para ser olvidadas. Disueltas en agua. Negadas. Distraídas. Oxidadas.

Palabras valientes en las que apostar la vida. Osadas. Bizarras. O cobardes. Ruines y pusilánimes como, -a tiempo-, lo es una huida.

Palabras pequeñas. Nimias. Inapreciables. Chiquititas como chispas crepitantes que escapan de la madera ardiendo. Imposibles como el hueco de una aguja. Insignificantes o inútiles como una disculpa a destiempo.

O grandes. Inmensas. Descomunales. Palabras inconmensurables como un viaje sin retorno. Como el insondable vacío tras la indefectible muerte. Como la amarga nostalgia de aquello que nunca se vivió. Que ya jamás podrá vivirse.

Palabras ruines. Groseras. Insolentes. Incorrectas. Hijas del malintencionado cinismo y la estoica sinrazón.

Palabras dulces como un beso largo y lento. Melaza. Y miel. Y te quiero.

O saladas…, como un beso lento y largo. Mar. Arena. Y espuma. Y te deseo.

A vosotras.

A vosotras, mis queridas Palabras.

Esta carta está dirigida a vosotras. A todas. Las que domino. Las que adoro. Las que temo. Incluso las que aún ignoro.

A vosotras que tan esquivas venís mostrándoos de un tiempo a esta parte. A vosotras que sois todo cuanto soy. Aún más.

A vosotras que andáis escondiéndoos como si temierais encontraros con el filo de mi pluma, o la punta de mis dedos.

¿Por qué, queridas Palabras? ¡¿Por qué?!

¿No hemos combatido juntas en cien mil batallas? ¿No recorrimos, inseparables, senderos de gloria y desdén? ¿No bordeamos unidas los límites de la locura? ¿No hicimos el amor por escrito y piel con piel?

Entonces pues, ¿por qué?

Os escribo para confesaros que, sin Vosotras, me siento indefensa, vulnerable, atrapada. Disminuida.

Sin el hilo conductor que os enlaza… Sin el rayo de cálida luz que os guía… Sin la cadena de plata bruñida que os engarza… Yo, estoy perdida.

Y os busco… ¡Juro que os he buscado a conciencia!

Y sin ella también.

Lo he hecho al alba. Cuando el día aún no era día y la noche, perezosa, andaba apenas despidiéndose. En ese interludio mágico de una promesa inventada. A lo largo y ancho de la insaciable mañana. A la hora de comer. Durante la plácida quietud vespertina. Al anochecer, cuando todo huele a ocaso. Cuando las estrellas comienzan a adornar el cielo, y ya puestos, por contagio, cualquier milagro es posible… Y a la hora bruja…, conjurando ángeles caídos y damas oscuras… Dispuesta, en un arrebato de desesperación, a vender por vuestro favor mi alma…

Mi alma…, que a duras penas puede entenderse sin palabras. Ni entenderse ni explicarse. Que sin vosotras…, es sólo un simulacro de alma.

Mi alma… Que siente, ¡sí! Que vive, que late, que se llena, rebosa y a veces casi estalla…, pero que en cambio se intuye incompleta si no es capaz de expresarlo con palabras…

Vosotras… Palabras.

Mi paz. Mi única religión. Mi fe.

La luz de mi faro. Mi destino. Mi camino. La guía de mis pasos.

Lo que nadie jamás podrá arrebatarme. Mi fuerza. Mi coraje. Mi patria.

El salvoconducto a mi cordura.

Mi voz. Mis Palabras.

Las mías. Todas. Las de Otra. Ninguna.

A vosotras me encomiendo. Y haciéndolo, ¿veis? Os hallo…

¡Os tengo! Soy vuestra…

Estoy aquí. He vuelto.

Yo, y conmigo… Mis palabras.

 

Palabra. De mujer. Resucitada.

 

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