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mía, claro  ;) 

 

 

 

 

Hoy es 28 de enero.

El día del Amor.

El Corte Inglés no tiene ni idea, y la publicidad no se hace eco en los anuncios de televisión… Pero, claro, es que ellos no se enteran de nada…

Hoy. Hoy 28 de enero, es el verdadero día del Amor.

Hoy hace 24 años, yo, con mis 23 añitos recién cumplidos, estaba ingresada en el Centro de Rehabilitación de Levante, recién operada de hallux valgus…

Esta soy yo en la terraza del hospital, uno de los siete días que estuve hospitalizada. Con el camisón, y encima la cazadora vaquera de mi hermano, que me dejó para salir a respirar un poco de aire. Quizá fue exactamente ese día el que conocí a Alva… :)

Era sábado. Alrededor de las seis de la tarde. Mi mami y yo veíamos “Espartaco” de Kirk Douglas y Jeanne Simmons, en la tele, cuando se abrió la puerta de la habitación… Hubo una perturbación en la Fuerza, -¡lo juro!-, y entró Él.

Completamente vestido de negro, pantalones de cuero, suéter de cuello cisne. Una melena larguísima de rizos negros, y unas gafitas de montura dorada y redonda… Impresionante.

Álvaro acababa de entrar en mi vida. Nos enamoramos al instante. Con la primera mirada…

Mi madre me dijo, en voz bajita, mientras me apretaba la mano:

– Nena…, ¿has visto el chico que acaba de entrar?

Asentí con una sonrisita nerviosa. Un poco tonta. Traviesa.

Podría haberle dicho:

Sí, mamá. Lo he visto. Y voy a cuidarlo y amarlo siempre. Y sé que él va a hacer lo mismo conmigo. Vamos a reírnos juntos, ¡mucho!, toda la vida… Yo lo cuidaré amorosamente cuando él tenga cáncer, y él hará lo mismo cuando lo tenga yo. Querremos casarnos a los tres meses de conocernos, pero por problemas “técnicos” no podrá ser…, aunque eso no evitará que antes del año ya estemos viviendo juntos…, porque realmente sé que no podremos sobrevivir separados demasiado tiempo…

Podría haberle dicho todo eso, que aunque no lo sabía, estoy convencida de que -de alguna forma-, algo intuí… Pero sólo sonreí. El milagro acababa de inventarse…

Estuvimos juntos desde las seis de la tarde, a las seis y pico de la mañana. Él venía para ver a su futura cuñadita -mi querida compañera de habitación, María, que más tarde se casó con Carlos, el hermano de Álvaro- un par de horas, pero al final avisó a los amigos con los que había quedado para cenar, y no fue. Se quedó conmigo. A mi lado. Muy a mi lado. Sin poder dejar de mirarnos.

Después de cenar nos subimos a la sexta planta, la sala de recreo del hospital, que poco a poco se quedó vacía… Ahí charlamos durante horas, mientras nos conocíamos y nos fascinábamos el uno al otro… Más tarde, ya de madrugada, y a pesar de hacer un frío increíble, salimos a la terraza, -en el sexto piso, en medio de la nada-, y mientras contemplábamos abrazados la hermosa Luna de Terciopelo Rojo…, nos juramos Amor Eterno.

Fue así de sencillo. De alucinante. De fácil.

Amor Eterno.

Qué osados! Jajaja…

Y sólo han pasado 24 años desde aquel sábado 28 de enero de 1989.

mía también :)A veces tengo la sensación de que ha sido un suspiro… Cuando lo miro atentamente mientras está entretenido haciendo algo…, corregir exámenes, leer… Me meto en los poros de su piel y ruego por poder quedarme allí a vivir…, en su piel. Y parece que acabamos de conocernos. ¡Tan intensa es la sensación!

Como en esta imagen, unos meses después de conocernos…

Pero si echo la vista atrás no puedo dejar de reconocer que son muchas, ¡muchas!, las cosas que hemos vivido… ¡MUCHAS! Una vida entera. Fascinante. Tranquila a veces y caótica otras. Hemos disfrutado mucho. Hemos sufrido también…, ¡claro! Pero siempre poniendo lo mejor de nosotros… La mejor de nuestras intenciones. Nuestra mejor sonrisa.

Y sé que, sobre todo a Alva, no siempre le ha resultado fácil. Quizá por eso tenga más mérito.

Quizá por eso…, aún lo amo más.

Amar no se elige.

Estaría bien que fuera así, que se pudiera elegir. Pero qué va. No se elige.

Uno puede elegir qué estudiará de mayor. La ropa que se pone para ir a trabajar. Incluso a algún amigo se puede elegir… Aunque lo cierto es que la vida, las circunstancias, y el ir y devenir de los acontecimientos van llevándonos de aquí para allá…

Pero con mucho trabajo y una férrea voluntad, uno puede elegir muchas cosas en su vida… El trabajo, si tendrá hijos o no, incluso con quién se casará y formará una familia… Pero eso puede no tener que ver con a quién se ama…

Porque de si algo estoy convencida en esta vida, es de que no podemos elegir de quién nos enamoramos. Insisto, con quién compartimos nuestra vida, e incluso a quién la atamos para siempre a través de un papel, sí. Pero el amor es otra cosa.

Amar es irremediable. Uno no puede borrarse, “desapuntarse” o echarse atrás.

Ni todo lo contrario. Uno no puede elegir amar a ese entrañable amigo al que queremos con todas nuestras fuerzas, que acaba de confesarnos que nos ama profundamente y con quien sabemos que probablemente seríamos felices -y que además es guapo y riquísimo-… No. No se puede inventar el amor. No puede sacarse de donde no lo hay. Se puede fingir que sí, pero siempre será una verdad a medias, una postura…

Amar es otra cosa.

Amar es más fuerte que nosotros mismos.

Amar es la quintaesencia de la generosidad, el respeto y la felicidad.

Y amar no siempre es fácil. Muchas veces duele. Y estoy hablando en el mejor de los casos… Un caso rarísimo… Que te enamores justo de quien se ha enamorado de ti… Uuuuaaaauuuuuuu…. Eso es el rizo de los rizos, el colmo de los colmos, la gota que colma el vaso… El único milagro que existe y “es” de verdad, sin ninguna prueba empírica.

de "freehqimage.com"La música del amor.

Y aunque amar, por definición, nos hace felices todos los días de nuestra vida, porque sólo estar cerca del ser amado es suficiente para que tengamos un motivo de dicha…, no siempre uno es feliz con aquel a quien ama… No todos los momentos de todos los días, me refiero.

Porque somos personas independientes con una fuerza personal e instransferible, increíble, y un bagaje detrás de nosotros…

Y, ¡piénsalo! Si ni con nosotros mismos, que se supone que es a quien más conocemos -por lo tanto con quien más comprensivos y condescendientes deberíamos llegar a poder ser- estamos siempre de acuerdo ni nos sentimos a gusto… ¿Cómo podría ser así con otra persona?

No. Amar no te da la seguridad de que todo irá sobre ruedas… Habrá desencuentros, enfados, dolor… Porque también herimos -en el mejor de los casos, sin querer- a quien mucho amamos…

Además… Por desgracia… Amar no siempre es suficiente. ¿No has tenido nunca que dejar a alguien, a pesar de amarlo/a apasionadamente, esgrimiendo precisamente ese argumento? Amar no es suficiente… ¿Alguien a quien amabas ciegamente, pero que te hacía daño? ¿Alguien que sacaba lo peor de ti, que te convertía en alguien que no te gustaba? ¿Alguien que estabas seguro que, por desgracia, no te convenía porque a pesar de amarlo locamente no te gustaba, o había algo en su forma de ser, su carácter o su historia, con lo que tu esencia no podría estar de acuerdo nunca?

No. Amar, a veces, no es suficiente. Y en muchas ocasiones no es fácil.

No es mi caso. Gracias al cielo.

Y eso que yo he amado mucho.

Es cierto.

Mucho. Y a varias personas, me refiero.

Eso va en el carácter, en la forma de ser de las personas.

Imagino que existen personas que sólo se enamoran una vez en la vida. Y que incluso existen también las que no lo hacen nunca. Aunque sinceramente…, espero que sean las menos… Qué triste. No puedo imaginarme vivir sin amar…

Yo sí he amado mucho. Mucho y a varias personas a lo largo de mi vida. Y a dos personas a la vez también. Mucho. Y me alegro. Cada día me alegro más de mi capacidad de amar. De enamorarme también.

Doy las gracias a la Vida por todas las personas que ha puesto en mi camino, y que me han ido conformando hasta convertirme en quien soy. Soy un poco de cada una de ellas…, y me siento feliz y orgullosa.

¡Oh, sí! He sido rematadamente feliz…

de autor desconocidoCuando conocí a Álvaro, -¡quizá no lo creas!- pero supe que era Él. Y después de sentirme increíblemente feliz…, me enfadé un poco. Jajaja… ¡Caramba! Sólo tenía 23 añitos… Aún me quedaban muchas flores por las que revolotear… Y fui pertinazmente consciente de que Álvaro era Él. Ese príncipe azul del que todo el mundo hablaba… Mi príncipe. Mi querido Geofrey de Peyrac.

Pero para que hoy haga 24 años del día que nos juramos amor eterno, han tenido que ocurrir otras muchas cosas, además del hecho de enamorarme locamente de él. Y él locamente de mí. ¡Ah! El milagro… :)

Alva y yo nunca nos hemos insultado. Nunca. Bueno, en broma sí… Y…, en otras circunstancias…, también ;) Pero siempre porque era divertido. Nunca en serio, nunca en una discusión. Yo necesito, por encima de todo, respetar. Y que me respeten. Creo que perderse el respeto es un mal sendero que nunca lleva a nada bueno en el amor… Y mucho menos en una relación. En la convivencia.

Yo respeto a Álvaro. Y me siento respetada por él. Para mí es algo primordial en una relación.

Y lo admiro… ¡Dios! ¡Cómo lo admiro! Admiro su buen corazón. Es una buena persona. Una gran persona… Yo no creo que pudiera vivir con alguien a quien no considerara una gran persona.

Sí. Para mí es imprescindible respetar y admirar a quien amo. Así creo que hemos llegado hasta hoy…

Y era difícil, no creas. Que se diera todo, me refiero. Y que a la vez se diera exactamente por parte del otro también… Que Alva me respete, me admire y me ame… Uf! Cuanto más lo pienso, más me sorprende. Sí era difícil, sí. Muy difícil.

Pero ocurrió…

Y sigue ocurriendo hoy, 24 años después.

24 alucinantes años después.

Y yo sigo enamorándome…, todos los días. De Alva.

De su magia. De su fuerza. De su gracia. De su coraje. De su capacidad de lucha. De su capacidad para hacerme reír. Para hacerme Feliz.

Pero no sólo me enamoro de él… Me enamoro de casi todo lo que me ocurre. De todo lo que me rodea y me roza…

De la visión de Orión, entrada la madrugada. De un poema. De un gesto de alguien que acabo de conocer. De un desconocido que en el autobús me subyuga con la sonrisa que le dedica a alguien cercano…, que tal vez es su pareja…, que tal vez no conoce… Me enamoro de la música. De una canción. Del estribillo de una canción. De la nota con que acaba -o empieza- una canción. Me enamoro de cómo el viento agita el eucalipto que veo a través de mi ventana, mientras escribo, y que me hace sentir fuerte y segura, y frágil y vulnerable a la vez. Y me enamoro de cómo un amigo me abraza. De cómo una amiga me dice que me quiere. Me enamoro del sol, de la luna y las estrellas. ¡Da igual que suene cursi! ¡Es cierto!!! Y soy una enamorada de la lluvia… ¡Ojalá lloviera siempre!!!

Nunca se ama lo suficiente.

Me enamoro de lo que leo. Y amo apasionadamente lo que escribo mientras lo escribo… Luego ya…, no tanto.

Me enamoro de la risa de mi madre cada vez que la oigo reír. E incluso cuando no está, y recuerdo cómo es su risa…

Y me enamoro de la sonrisa de mi padre que sabe decirme como nadie -con ella- que todo va bien…, que está satisfecho de mí. Que me quiere.

Me enamoro de todos aquellos que una vez amé. Y también de todos aquellos que una vez me amaron.

Estoy enamorándome constantemente porque no sé vivir si no es enamorada…

Y a veces sufro. A veces lloro. A veces me asusto.

Pero nunca tanto como cuando dejé de amarlo todo. Y anduve muerta en vida…

Ya pasó.

No. Yo he nacido para amar. Lo sé. Lo siento. No sé vivir si no es amando… ¡Y siempre hay tantas cosas y tantas personas que amar!

Y la vida tuvo a bien ponerme en el camino el más maravilloso de los seres…  Ése que es tan fácil amar…, que a veces ni me doy cuenta…, Y va pasando el tiempo…, y ya son 24 añitos…

Esta noche cenaremos juntitos… Nos daremos dos tonterías de regalitos… Y nos reiremos mucho. Lo sé.

Y la vida volverá a concederme el regalo de la paz… Esa paz que para mí es conciliar el sueño a tu lado. Porque así, además, tengo asegurado el dormirme con la sonrisa en los labios… Lo que hará sin duda, que al día siguiente, me despierte sonriendo… Y no hay nada con más poder en el mundo… :)

Como este beso, en mayo de 1989, cuatro meses después de conocernos… 

nosotros!!!  :)GRACIAS POR TODO, amor.

Gracias por la Vida.

Gracias por intentarlo siempre una vez más, sólo por mí. Gracias por comerte lo que no me gusta. Gracias por aficionarte a “las basurillas”, también sólo por mí. Gracias por perfumarte con la colonia que me gusta a mí. Gracias por ser mi “manager”, por todo el trabajo que haces cuando no tienes ni tiempo; gracias por el esfuerzo, por los madrugones… Gracias por la risa. Por no cerrar la puerta de la cocina mientras cocinas… Gracias por todo el amor que pones en cada una de tus ricas comiditas… Gracias también por beberte el vino que a mí no me gusta… Gracias por curarme, ¡mi valiente enfermero! Gracias por no confundir –ni una vez más!- el alcohol con el agua oxigenada… Jajaja… Gracias por el chiste de Mariano. Gracias por el “cebollita”, “ibuprofeno”, “señorita nuez moscada”, “bicho”, “bichito”, “sargento Reapley”, “luciérnaga encendida” y los millones de apelativos cariñosos que sólo tú podrías inventar para mí…, y que me hacen sentir única en el Universo. Gracias porque tus besos son nuevos cada vez y siempre apasionados. Además de los dulces. Gracias por los baños. Por el agua caliente. Por la sal. Por la espuma. Gracias por las explicaciones sobre límites, funciones y derivadas. Gracias por el reiki. Por la Navidad. Por las caricias de algodón de azúcar. Por la cayena en los macarrones. Por la mantita. Por la risa otra vez. Gracias por creer en mí cuando a mí se me olvida. Por cuidarme siempre. Por quererme. Siempre.

Y por el silencio. Gracias por el Eterno Silencio.

Y por todo lo que aún nos queda por Vivir…

Feliz “niversario”!!!!

Te amo.

….

…..

Y a ti que has aguantado paciente y estoicamente, este “pastelón” de entrada, también te doy las gracias… :)

Y te deseo… el amor.

 

Con amor, pues.

 

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Ayer fue jueves 22 de marzo, -obviamente la publico hoy, pero la escribí hace días-. Día de goteros.

El tercer gotero.

Hoy estoy “mueta”.

La verdad es que no sé cómo estoy aquí sentada…

Se me cierran los ojos. ¡Solos!

Pero estoy tan contenta que podría explotar ahora mismo, y llenaros la pantalla de serrín… Jajaja… Y me cuesta mucho dejar pasar la oportunidad de gozar lo que voy a gozar escribiendo…, por un quítame que no pueda ver lo que escribo porque se me cierran los ojos y se me cae la cabeza encima del teclado… Jajaja…

La analítica previa al gotero, otra vez: PERFECTA!!!

Al doctor Carañana, mi oncólogo, que es un hombre eficiente y muy correcto pero nada…, lisonjero o adulador, por decirlo de alguna forma, se le notaba ayer más cómodo, distendido y contento…

Cuando entramos a la consulta, levantó la vista del ordenador, me miró, y exclamó: ¡Qué guapa estás! Jajaja… Es como si se sorprendiera!!! Jajaja… ¡Pues qué me iba a decir! Claro, que esto le dio alas a Alva… Ves como no sólo lo digo yo, ves que como se te muy bien, ves como… Bla, bla, bla… Jajaja… ¡Tan lindo!

Y toda la consulta fue como… ¡Una fiesta! Adoro esa sensación de que situaciones “normales” se conviertan en una celebración de…, de… VIDA!!!!

El doctor Carañana, que es un hombre atractivo, pero ayer nos pareció a Alva y a mí, que estaba aún más guapo, y su encantadora enfermera… ¡Merde! Que ahora no recuerdo si es Julia o Luisa… Cómo lo siento… Pero he conocido y sigo conociendo tanto personal sanitario nuevo, y de todos trato de quedarme con el nombre para poder dirigirme a ellos por él…, que estoy un poco confusa. Además Julia se llama una de mis compañeras de “gotero” una señora encantadora, ¡más linda!… Y creo que ayer llamé Julia a la enfermera, que por cierto no me dijo nada, pero creo que es Luisa… o_O

En fin, que el doctor Carañana y Luisa (?) estuvieron magníficos, y siento que nos quedamos los cuatro con una sensación…, muy agradable ellos, y MARAVILLOSA nosotros… Les agradezco tanto ese trato tan humano, tan cordial, tan distendido y en confianza… Nos da mucha seguridad. Estoy convencida, de que “eso” me ayuda a sanar también…

Alva y yo levitamos en esos casos… En serio que tengo esa sensación… ¡Es genial! Fuimos a tomar algo a una terracita mientras preparaban los tratamientos, y fue un lujo de ratito… Qué cara de tonta felicidad teníamos!!! Qué gustazo… Qué afortunados… Qué asco!!! Jajajaja….

Y luego, ya en la sala de goteros…

Dios!!! Cómo querría transmitiros lo que es para mí… Lo que siento. Cómo me siento… Cuando estoy allí.

Imagino que no todo el mundo me entiende, porque por desgracia no todo el mundo se lo toma -puede tomárselo- así… Yo lo entiendo. Y lo respeto. Pero lo lamento tanto… Quisiera poder contagiarles mi alegría…

Yo entro en la sala, y nada más estar dentro… ¡Ya me siento mejor!

No veo enfermeras… Veo ángeles que se mueven en torno a nosotros, -los que estamos allí para curarnos- con “bolsitas de Vida” que nos ponen con toda su profesionalidad y amor… Es un sitio mágico.

A mí se me pone la sonrisa y ya no se me quita en todo el rato.

Algunas personas me miran raro, como si estuviera un poco “p’allá”… Jajaja… Pero a mí no me importa, ¡en serio! Al rato veo como esas mismas personas, acaban sonriéndome cuando nuestras miradas se cruzan… Es muy reconfortante…

Alva fuera, -y siguiendo la costumbre que yo instaurara cuando sus goteros-, me escribe y luego, cuando entra a verme, como cada media hora o tres cuartos, que me trae zumito de naranja recién exprimido, me entra “las cartitas” y cuando se va, yo sufro un ataque de risas y llanto a la vez, que acaba por mosquear a todo el que anda cerca, pero… ¿qué más da?

¿Cómo no disfrutar a pleno pulmón del placer de que alguien te haga reír y llorar, -de risa, de emoción, de amor- mientras por la vena te entra algo que está ahí sólo para luchar por tu vida? De verdad, ¿no os parece digno de celebrarse con todas las risas y lágrimas del mundo?!!!!

Pero aún pasó algo más especial… Casi se podría decir que tuve un momento… ¿“místico”? Uf! No sé cómo llamarlo…

A ratos me pongo la música a todo volumen con los auriculares… Y creo alcanzar la gloria… ¡Dios! La música me vuelve loca… De hecho, en una de las ocasiones que entró Alva, me tuvo que tocar una pierna, porque estaba yo recostada, los ojos cerrados, vocalizando “I was born to love you” de Queen, a susurro en grito, y tocando un solo de guitarra, mientras movía rítmicamente la cabeza como si aún tuviera mi melena hevilona… Jajaja!!!

– Pero no estaba cantando en voz alta, ¿no? –le pregunté aterrorizada.

No. No. Parece que no… Pero claro, un poquito sí tiene que llamar la atención. Pues mira, para el que se alegra de verme así, me alegro por él. Para el que se sorprende y no termina de comprender, para que tenga algo con lo que distraerse. E incluso para el que me critique la actitud, pues…, mientras piensa en eso, más rápido que se le pasa el tiempo de gotero. ¿No? Yo no falto a nadie, ni molesto. Es otra forma de vivirlo. Y de todo tiene que haber. Creo que yo doy una nota de color distinta… :) Y sinceramente, creo que no le viene mal a la situación…

Bien. Pues desde Queen, a Michael Jackson, pasando por la Streisand o Whitney Houston, Deacon Blue o Prince, ahí estoy yo gozando como una loca, parándome de vez en cuando a contemplar cómo el bendito líquido destila gotita a gotita hasta el fondo de mi alma, pasando por mi cuerpo… :)

Es una sensación casi frenética. Arrolladora. En ese momento de comunión entre la música y yo, nada más existe. Es como cuando bailaba de jovencita. Solas la música y yo. Como en una burbuja aislada de todo… Del entorno, del cáncer, del aire que respiramos, del suelo que pisamos, del bien, del mal… Del ayer, el mañana…

Es una sensación…, casi irreal. Es como si me saliera un poquito fuera de mí, y pudiera verlo todo con otra perspectiva. Estoy allí y en todas partes. Desde fuera y arriba. Más objetiva, más lejana…, y a la vez, completamente desde dentro. Desde mi esencia. Desde lo que de verdad soy si quitamos muchas cosas que son meros adornos…

Y en esas estaba… Tan absurdamente feliz… Cuando acabó mi carpeta de música y entró una canción que Alva tiene en el Mp4… Es Amaury Vassili, cantante lírico jovencito, que representó la pasada edición en el concurso musical de Eurovisión, a Francia, con una canción que se titula “Sognu”, cantada en corso. Yo no entiendo mucho de “lírico”… Y no me importa, no quiero ganar ningún concurso. Lo bien cierto es que…, esta canción no me pone los pelos de punta porque…, ¡¡¡ya no me queda ni un sólo pelo en todo el cuerpo que ponerme de punta…, jajajaja!!!, menos en la cara y la cabeza… Pero…, fue…, escalofriante…

Si tenéis un minuto que perder, escuchadla. Pero yo os recomendaría humildemente que lo hicierais con auriculares, a todo volumen, y con los ojos cerrados. El vídeo no es que esté mal, pero creo que “entra” mejor con los ojos cerrados…

 

Dejaos penetrar por la música… Dejad que os colme por dentro hasta que se os salga por la piel… Dejad que acaricie vuestros recuerdos, que se dé una vuelta por vuestro presente, que haga un boceto sobre vuestro más inmediato futuro… Paladeadla… Retenedla… Acomodadla en el centro de vuestra esencia e intentad sentirla desde ahí… Que fluya por vuestra sangre… Que os pasee a su ritmo. Que os bañe, que os excite, que os confunda, que os relaje…

(No es heavy, mi preciosa Sonia… Pero tengo curiosidad por saber qué te parece… :)

Yo no sé exactamente qué ocurrió… Imagino que fue la conjunción de muchas cosas… La alegría que llevaba por las buenas noticias que nos había dado Carañana. La paz y el buen rollo que siempre me da la sala de quimioterapia. La esperanza de vida que voy hallando día a día. Todo el amor que cada día recibo…, sí, ¡el vuestro! :)  Las maravillosas cartitas de Alva. La sonrisa de Julia. Todo el subidón que llevaba acumulado ya con tanta música que había ido calentándome el alma…

Y de repente llegó esta canción…, y fue…, como si de alguna forma entrara en trance. Las lágrimas se me caían en gruesos regueros mejilla abajo…, silenciosamente… Entonces sí me quedé muy quieta… Me sentía invadida por una sensación indescriptible, pero de la que fui obstinadamente consciente…

Pude verme desde fuera y desde dentro a la vez… La Beatriz que soy. Con todos mis defectos y virtudes. La que me gusta, la que no soporto. La sabia, la imbécil. La madura, la que sigue siendo sólo una niña. La que puede ganarlo todo, la que lo pierde. La que siempre quiere echar para adelante, la que no puede evitar dar un paso atrás. La que ama intensamente, la que se niega a aprender a odiar. La cobarde, la valiente. La que siempre lo quiere todo, la que es feliz con lo que hay. La que vive con los pies en la tierra, la que no puede dejar de soñar. La hija. La hermana. La amiga. La amante.

Una persona más. Una persona normal. Una persona fascinante. Como todas y cada una de las vidas que me rodean. Ya sabéis, un maravilloso puntito, universo entre universos…

Fueron tres minutos… Tres escasos y larguísimos minutos en los que me sentí… Terriblemente grande y especialmente pequeña. Perennemente viva. O no. Y como dice el poema: “¡Y entonces comprendí por qué se llora! ¡Y entonces comprendí por qué se mata!” Y en un arrebato comprendí también por qué se muere… Aunque lo más importante es que entendí, -por encima de todo-, por qué se vive… Y me sentí más viva que nunca…

Aunque no podría explicarlo ni que lo intentara durante cientos y cientos de palabras… Pero fue un momento sublime que todavía no me ha abandonado del todo.

Quería, aunque os resulte extraño, aunque no haya conseguido apenas esbozarlo…, compartirlo con vosotros…

Porque todos deberíamos poder sentirnos así… Por encima de lo que somos. O de lo que creemos que somos. O de lo que pensamos que creen los demás que somos… Sólo nosotros, desnudos ante nosotros mismos. Sin maquillaje. Sin perfume. Sin… ¡pelo! Jajaja…

Con lo mejor que tenemos. Con lo peor. Pero con la capacidad de sentir…, ¡intacta! Con la facultad de amar en todo lo alto…, como único estandarte.

Amar. Sentir. Emocionarse. Vibrar… VIVIR.

Mantener despierta la cualidad de sorprenderse. De conmoverse. De trastornarse… Turbarse con una mano que nos recorre, como distraídamente, -¡tan, cómoda!- la espalda, la cintura, la cadera… Anhelar más. Más calor. Estremecerse. Excitarse. Agitarse y temblar.

Intuirse… Reconocerse… Saberse Viva.

¡Viva! A pesar de la mucha muerte…

Porque como dice Matthieu Ricard, un excepcional budista occidental -gracias Primi y Maika-:

“Vivir las experiencias que nos ofrece la vida,

Es obligatorio.

Sufrirlas o gozarlas,

Es opcional.”

Y ésa ha sido una de las consignas de mi vida…, intentar siempre disfrutar…, y hacer disfrutar a los demás. Creo que eso me ha salvado muchas veces. Pero…, no creáis, no tiene mérito. Yo venía con esa prestación de fábrica…

Es cierto que a veces la vida aprieta y por momentos tienes ganas de tirar la toalla. De mirar hacia otra parte. De abandonar la carrera. De relajarte hasta perder el rumbo. De enfadarte, decepcionarte. Claudicar.

Y en esos momentos siempre ocurre algo fascinante… Alguien aparece, como de la nada, a recordarte que eres fuerte, digna, capaz. O tú misma, de repente, te encuentras con algo que te devuelve a ti… Algo que escribiste. Algo que pensaste. Algo que viste. Algo que sentiste, y que quedó registrado en tu alma…, y viene a rescatarte de ti, recolocándote de nuevo en el mundo…

Así me siento muchas veces. Salvada por cuanto me rodea. Y así me quiero. Sí. Aunque suene mal. Aunque sea políticamente incorrecto confesarlo…

Pero hoy…

Hoy me siento nueva…

Con un cuerpo terriblemente cansado. Pero nueva. A mitad de un camino largo, tedioso y a veces cruel. Pero nueva. En manos de un destino que no controlo y que tiene en realidad el poder. Pero nueva.

Nueva. Libre. Entera. Capaz. ¡Incluso hermosa!!!! Jajaja…

Nueva para empezar desde cero.

Libre para seguir siendo yo.

Entera para poder con todo.

Capaz para no cejar en el intento…, cada vez.

Y hermosa. Por seguir teniendo la capacidad de ver la belleza en todo lo que me rodea… Incluso…, y eso era lo más difícil…, en mí.

Sí. Estoy aprendiendo mucho gracias al cáncer. Mucho. MUCHO.

Hace tiempo que no me quería tanto. Ni tan bien. En realidad, creo que nunca me había mirado de forma tan objetiva, y aceptado lo que veo con tanta serenidad.

Serenidad. Para mí, eso, es un gran paso.

Sin olvidar que eso me hace ver más y mejor a mi alrededor…

Ayer, sin ir más lejos… Vi, a la vera del camino, mientras Montse me llevaba al médico, para una revisión ocular por el azúcar -gracias, mi amor-, las primeras amapolas de la primavera…

Y menos mal que iba con Montse, y pude reaccionar igual que si fuera sola, y expresar todo lo que eso me hizo sentir… Qué placer poder emocionarse con algo tan pequeño. Tan trivial. Viva lo pequeñito. Lo humilde. La belleza de lo efímero. De lo perdido…. El síndrome Stendhal al poder!!!

Estar. Y sentirse Viva… ¡Bendito!!! No hay nada igual.

Porque amar lo más insignificante…, lo que es casi nada… Me lleva a amar también lo más grande… Todo.

¡¡¡Lo quiero todo!!!

Y se me desatan todas las apetencias!!! Las más sencillas y las más complejas. Las dulces, las saladas. Las legales. Las prohibidas.

Y quiero más de todo, ¡y en grandes cantidades! Quiero perversas tormentas y plácidos atardeceres. Quiero luna y sol y estrellas, ¡todo a la vez! Jajaja…. Quiero noches oscuras y amaneceres que pinten de ámbar el cielo. Quiero sonrisas que me saturen la boca y lágrimas que me pillen por sorpresa. Quiero rojo vino en copas hermosas y mucho té de aloe en tazas humeantes. Quiero paz. Y quiero lucha. Gritos de alegría, palabras de amor, susurros al oído… Quiero no poder parar de escribir. Y bailar. Y salir a andar. Y nadar este verano. Quiero cenas eternas y desayunos con mermelada de fresa.

Quiero poder tomar el sol hasta que mis pechos parezcan dos panes redondos recién horneados… Quiero no tener que pensar en la muerte. Quiero telegramas con buenas noticias. Y que la vida tenga banda sonora. Tu propia banda sonora. Y que puedas oírla sin aparatito alguno allá por donde vayas… Y bailar!!!! Y que nadie se sorprenda si me ve bailar, porque soy sólo una más…

¡Quiero besar! ¡Que me besen! Deleitarme, rendida en cada beso, y ver besos allá donde mire… Y que me abraces… ¡Abrazar! Abrazos lentos, cálidos. Muy estrechos. Muy largos. ¡Y quiero sexo! Gozar. Sentir que todo mi cuerpo está vivo. Excitarme. Agotarme. Disfrutar. Que me toquen. Tocar. ¡Que todo el mundo se toque! Que disfrute. Que sonría estúpidamente por las mañanas cuando va al trabajo. Quiero, también, que todo el mundo pueda ir por las mañanas a trabajar…

Quiero que se acaben las guerras y se mueran los que las engendran. Quiero telediarios sin malas noticias. Cárceles convertidas en invernaderos. Invernaderos reconvertidos en hospitales de flores heridas. Quiero niños felices. Adultos felices. Ancianos felices. Quiero, por lo menos, que todos lo intenten. Quiero borrar del diccionario un montón de palabras que sobran, y dar pábulo a palabras preciosas que están por inventar… Y quiero beberme el zumo de naranjas prohibidas… Sobre todo esas dulces gotas que corren cuello abajo cuando muerdes la vida de un solo bocado.  ;)  Y no quiero nunca perder ese apetito por cada naranja que me encuentre en el camino…

Y quiero caminos. Y perderme. Y encontrarte. Y volver a empezar.

Quiero un poco más de vida antes de la mucha muerte…

Quiero lo que ya tengo. ¡Ganas! Inagotables ganas de vivir.

Y que tú también las tengas. Eso quiero.

No es tanto, ¿no?

Pues, hale! A vivir!

MIL GRACIAS A TODOS.

Con amor.

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...

 
 
 
 
 
 
 
 

Agotada…

Extenuada más bien…

Con esa dulce lasitud que inunda el cuerpo tras un buen rato de duro ejercicio. O tras una larga noche de sexo sin complejos. O tras un día perfecto. Lo que viene siendo un día ámbar.

Se alinearon las estrellas. Se conjuraron los hados. Y los dioses, los del Olimpo y los de los pies de barro. Los brujos. Los alquimistas, nigromantes y el genio de la lámpara. Y las meigas, incluso las que sin haberlas, “haylas”. Los magos. Los geniecillos verdes. Los hechiceros más osados. Y las musas. Las nueve acudieron. Inspiradas. Y nos inspiraron.

No andaba yo errada a primera hora de la mañana. Entre todos construimos…, y nosotros disfrutamos… Un día ámbar.

Predispuestos, es cierto. Decididos. Convencidos. Casi predestinados. Así nos encontramos, y de esos barros vinieron el resto de lodos en los que nos zambullimos, retozamos. Nos complacimos, nos cautivamos. Corrimos, reímos, comimos, paseamos, ¡nos mojamos! Disfrutamos incluso aquello que suele estar prohibido… Lo que llamamos Pecado. Vicio, de apellido.

Y nos tocamos… ¡Dios, cuánto nos tocamos! Es cierto que dentro del decoro (¿decente? Jajaja)…, sí, ¡pero tanto! Con esa cómoda y suave cadencia con la que hemos aprendido a hacerlo a lo largo de los años. Con delicadeza y ganas. Como apuesto a que se tocan los poetas. Desde el mismo centro de cada una de nuestras esencias. Mientras andábamos, cuando nos parábamos a observar un escaparate de otro tiempo (que te cautivaba como a un niño chico, jajaja). Mientras comíamos… Mientras nos mojábamos.

Habría que inventar otro nombre para definir el tiempo (eterno, por cierto) que invertimos en saciar nuestros apetitos más terrenales…

Mmm… Nunca olvidaré esa comida… Jajaja…

En la calle Bordadores, casi a los pies del Miguelete, -cerca de la Basílica y la plaza de la Reina-, en el centro más antiguo y hermoso de la ciudad, detuvimos nuestros pasos a saciar el hambre en un sitio excepcional…

Carpaccio de verduras… Mmmm…

Ensalada de canónigos, rúcula, piñoncitos, bacon tostado, tomates cherrys y una suave y aromática vinagreta de acceto balsámico… Riquísima.

Para ti los raviolis rellenos de queso y espinacas con un pesto tan curioso como sabroso… Extraordinario. Que compartiste, claro, dándome de comer…

Para mí los macarrones con una salsa impresionante, punto picante, y servidos en una sorprendente cesta crujiente de queso parmesano… Indescriptible. Y que, claro, también compartí, dándote de comer…

Todo eso…, más el vino, las risas, Eduardo (gracias, guapo!!!), los comentarios atrevidos, los calores, la brisa…

Y el postre… Mmmmm… Ese excelso tiramisú… Delicioso. Sublime. Además, hacía…, como mil años, que no me daban de comer… Jajaja… Ni una vez tuve que coger la cuchara (recuerdo a buen recaudo…) para tener que comer… De una forma mimosa, cálida, cuidada, ¡cariñosa!, llevaste cada vez la cuchara hasta mi boca… Y yo me rendí con una docilidad voluptuosa al juego… Conseguiste, durante un rato, trasladarme a ese lugar donde uno es libre, despreocupado, pequeño. Digno de cada mirada, caricia, golosina… Dueño de todos los placeres y merecedor de todos los cuidados…

Fue, en torno a ese momento de nuestro día, cuando rompiendo todas mis costumbres, arruinando mis tendencias…, fui presa del rubor… ¡Y cómo te reías, malandrín! Jajaja!!! Ya… Ya sé que son muchos años de no verme la turbación en las mejillas, el candor en la mirada… Pero mira…, fue un día especial incluso para eso. Era nuestro día Ámbar. Y conseguiste ruborizarme…

Satisfechos, incluso intuyendo el pecado en nuestra pletórica satisfacción, nos incorporamos de nuevo al flujo de las antiquísimas y bellas calles (Cadirers por aquí, Cadirers por allá, Cadirers otra vez y Cadirers otra más… jajaja!). Y fue entonces, cuando abandonábamos la Pappardella y todas las satisfacciones y deleites que allí disfrutamos, cuando comenzó a llover… ¡Cuando nos llovió encima! ¡¡¡Estaba tan sorprendida de que todo fuera tan deliciosamente perfecto!!!!

Y caminamos un rato bajo la suave lluvia, -como niños pequeños cometiendo una travesura-, hasta que al llegar a aquella estrecha calle… Tocaron a magia y se inventó el milagro…

El sol se abrió paso y se derramó sobre nosotros como un regalo del cielo… Y completamente desbordados de sensaciones que no hubiésemos sabido explicar, pero disfrutándolas, nos detuvimos. Respetuosos, le hicimos su sitio al silencio… Tomamos aire… Lo exhalamos. Nos dejamos bañar por la cálida luz de nuestro día ámbar (más ámbar si cabe en aquel instante…). Y nos abrazamos. Y ceñimos más nuestro abrazo. Y nos besamos. En medio del mundo. En una calle, en cualquier calle del mundo… Ajenos a cualquier cosa que no fuéramos nosotros mismos, a la gente que pasaba, a lo que pudieran pensar… En ese instante nos pertenecía el tiempo. Éramos dueños del espacio que ocupábamos. Como si sólo fuera nuestro. Como si estuviéramos solos. Y éramos tres…, tú, el sol y yo, unidos por lazos inexplicables que sin embargo nos explicaban… A nosotros. A lo que (y que me perdonen las Palabras…) es imposible verbalizar.

Y seguimos paseando… Y hablando. De todo. De nada. De cosas profundas como las simas más abisales del océano, y cosas banales… ¡Fruslerías! (Más risas.)

Así fuimos consumiendo el día. Devorándolo más bien. Deteniéndonos a observar las magnolias, casi oliéndolas. Tan hermosas. Y admirando rincones de calles perdidas con vocación de óleo. Tan pictóricas. Como extranjeros despreocupados, con esa innata capacidad para sorprendernos por las cosas más triviales, las que te relajan el alma… Tan preciosas. Y parando a tomar algo en una terracita bajo un olivo… ¡tan fuera y dentro de lugar! Y escuchando a los artistas, amos y señores de la calle, tocar el acordeón, las guitarras, cantar… Contribuir, con su forma de entender el arte, a embellecer la vida… Nuestro día. Tan ámbar…

Y tú fardando de pulseras nuevas (jeje). Yo de foulard naranja (que no me conseguiste “secuestrar”, jajaja). Ajenos al tiempo. Al teléfono. Al ritmo implacable del día a día… Jugando a que sólo nosotros éramos nuestros amos. Creyendo, durante unas horas, que eso es posible. Deleitándonos en esa falsa pero dulce creencia.

Y más paseos arriba y abajo. Una visita a una galería de arte… ¿Arte? Jajaja… Y el mercadillo donde encontramos a la simpática checoslovaca. La tienda de antigüedades. La tónica, el poleo del tiempo. Tú echando de menos tu cámara… Admirando la luz. La que me iluminaba… Y haciéndome, por segunda vez (y conste que nunca más!!!) sonrojar… Sonreír avergonzada. Bajar la mirada… (¡Mamón!) (Jajajajaja!!!)

Bueno…, poco (o quizá mucho) más…

Lo que viene siendo un regalo de día. Un día de cuento. Un día ámbar.

Y cuando las luces del día ya se extinguían, cuando tocaban retirada, vuelta a casa, a descansar… Me devolviste sana y salva a tu amigo… Más sana y salva de lo que es preceptivo estar…

Día perfecto. Y aún le quedaban bellos momentos a mi día…, la verdad. Fue un día Ámbar hasta sus últimas consecuencias… Hasta su final.

Ah! Y lo del action-man-beethoven… Jajajaja!!!! Eso no sé si te lo podré perdonar… Jajaja… Gracias.

Gracias. Gracias por todo, tete. Gracias una vez más.

Ahora sólo resta esperar la próxima cita… Pronto, ¡por favor!!!

Ah! Por cierto…, mientras nosotros nos dedicábamos a nosotros mismos y nuestro día Ámbar… Nadal ganaba a Murray, y…, ¡¡¡alucina!!! Federer a Djockovic. Menos mal que existen los discos duros…  (¿Por qué voy a perderme algo, pudiendo tenerlo todo?   ;)

Y es que… Esto es la Vida, chic@s. ¡¡¡No hay más!!! Y una de nuestras pocas prerrogativas…, gozar.

Fue un día Ámbar. Uno de tantos. Y hay que espabilar… Que luego están los Marrones. Todos sabemos lo que es tener un día Marrón. Que también los hay… Demasiados.

Así que…, te deseo tantos días Ámbar, como tú…, seas capaz de proporcionar…  :)

Besos a discreción… A tod@s!!!! Me siento tan dichosa, tan llena de besos…, que si no los mando…, creo que podría explotar!!!!

 

 

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