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Un hermoso cuadro es siempre la suma de un número finito, pero prácticamente incontable, de pequeñas pinceladas. Cada una incorporada al lienzo con todo el cariño y la intención… Y todas tan importantes en sí mismas como el cuadro que componen, porque cada una de ellas, independiente, humilde y solitaria, es imprescindible para que el resultado final sea considerado una incalculable obra de arte.

Y van aquí algunas de las pinceladas sueltas del hermoso lienzo que fue aquel fin de semana del 16 al 19 de septiembre.

Primero, y ya que estamos hablando de una analogía pictórica, tengo que empezar diciendo que no podré olvidar nunca la luz que había aquella tarde en la costa de Cádiz. Una luz…, ¡tan hermosa! Lamento mucho que no se aprecie en las fotos…, porque confirió a la ceremonia la pátina perfecta para que hoy pueda recordarlo con una sensación sobrenatural del momento.

No voy a olvidar nunca esa luz… Ni cómo se veía el cielo…, las encendidas buganvillas, el mar, los elegantísimos invitados, los árboles, la playa… Los novios.

Está bien que existan momentos tan mágicos, porque es mucho más fácil retenerlos en la memoria…  Y volver a recuperarlos tiempo después para poder vivirlos de una forma intensa, y sentirte de nuevo tan afortunado.

Otra pincelada importante fue la amabilidad y diligencia de todos los profesionales de los que nos vimos rodeados ese finde… Todo el personal, -incluidas las dueñas-, del Hotel Varadero, y del catering de la boda…, sencillamente impecables. Geniales. Gracias.

Nunca olvidaremos los maravillosos días y noches que pasamos en el Hotel Varadero. Precioso. Gracias de verdad… :)

Aquí, nada más llegar al hotel. Un poco cansados…, sí. Pero… ¡¡¡¡superfelices!!!!

Gracias también a Paco, el responsable de la música y el sonido, que como ya he rectificado en “El gran día”, a pesar de haberme explicado -paciente y amablemente- cómo funcionaba el micrófono, tuvo que salir y darle él mismo al botoncito para encenderlo, porque yo estaba tan histérica que en esos momentos, si me preguntan, a pesar de tenerlo ante mis narices, no hubiese sabido contestar qué es y para qué sirve un micro… Jajaja!!! Qué desastre. Gracias Paco. Por eso y por la música y las luces de la fiesta… :)

Otro trazo conseguidísimo fue la cena del viernes. Un buen número de familiares y amigos nos reunimos -vía Facebook-, en el estupendísimo restaurante “El Pradillo”, en el que degustamos, hasta pasada la una de la madrugada, un número abundante de exquisitos platos, preparados con mucho arte y servidos con mucha gracia y donaire. Todo buenísimo. En serio. Impresionante. Y los novios además nos hicieron el sorprendente regalo de invitarnos a parte del cubierto. Un detalle inesperado que demuestra, una vez más, su generosidad, y que nos sorprendió a todos por lo inusual y gentil… Pero, claro, viniendo de Mario y Javier…, podíamos esperarlo casi todo…  :)

Por si no les dimos -Alva y yo- las suficientes veces las gracias…, vaya una vez más…

Gracias… :)

Por cierto!!! Alva me grita desde detrás de una pila de papeles (estirando la manita… jajaja!), que por favor agradezca a los novios el detallazo que tuvieron al recordar que es herbívoro (que dice mi “sobri” Armand), y pedir que le prepararan menú vegetariano, tanto en la cena del viernes como en el banquete. Muchas gracias, chicos. Cenó estupendamente, como todos, pero sus hierbecitas… Jajaja!

Y hablando de dar las gracias… Como tengo fama de pesada dando las gracias -porque sí, lo reconozco, la tengo-, pues voy a dar fe de ello…  :)

Aunque…, como también tengo memoria de pez… :(   Quiero pedir disculpas, por adelantado, de las omisiones involuntarias que se me deslicen de esta floja retentiva mía… :(

Allá va…

Gracias a Alberto, el papá de Javier, por su emocionado abrazo. Muchas gracias, Alberto. Estaba usted guapísimo, se le veía bien feliz y orgulloso de su hijo, -de los tres, en realidad-, y fue un placer verlo disfrutar en la pista de baile.

Gracias también a Concha, la mamá, por el cariño que, tras tantos años sin vernos, me demostró, y por su sonrisa cariñosa durante toda la ceremonia. Me infundía ánimos, aunque tengo que reconocer que también me emocionaba demasiado mirarla, por lo que traté de no hacerlo muy a menudo. E igualmente fue un gustazo verla bailar en la pista de baile. Ya vamos entendiendo, al ver a sus padres bailar, de donde les vienen a los “hermanos Sanchis” ese arte que les corre por las venas y que los ha hecho famosos…  ;)

Gracias a Catalina, la mamá de Mario, y una tía (lo siento, no sé el nombre), que vinieron a hablar conmigo tras la ceremonia, y me felicitaron por haber hecho soltar la lágrima a un hermano o cuñado de ellas, -tampoco lo recuerdo exactamente, lo siento una vez más-, que al parecer es de llanto difícil… Estuvieron muy amables y cariñosas.

Gracias a Amparo, -la tía más marchosa y alegre de Javi-, que me trató con tanto cariño y confianza, que al filo de la madrugada, en mitad de la fiesta -en la que la bailó y disfrutó como si le fuera la vida en ello, ¡qué gusto verla, por Dios!-, estábamos hablando como si nos conociéramos y quisiéramos de toda la vida. Qué placer haberla conocido, Amparo. Mil besos!

Gracias a Elena y Gloria, dos primas de Javi que fueron el alma del banquete -¿recordáis la mesa de la cena que hizo los coros a las canciones, poniendo un punto divertido y cinematográfico a la noche?, pues ellas estaban allí!!!- y también el alma de la fiesta posterior. Alegres, divertidas, marchosas… Y muchas gracias sobre todo a Elena, que en varias ocasiones vino a sacarme de mi rincón -yo soy más de bailar en rincones que en la pura pista de baile-, y me llevó con ella al fragor de la batalla musical… He de reconocer que me da un poco de apuro cuando lo hacen, pero he de confesar que su cariño y su generosidad al preocuparse de mí, me hizo vivir momentos muy divertidos y especiales. Gracias, guapa. Un beso, muy, muy grande.

Gracias también a Chelo -la mujer de rojo-, otra amable prima de Javi,  por sus comentarios también, y por su entereza frente a Google. Pues es muy alérgica a los perros, y allí estuvo, dándolo todo…  :)

Y hablando de Google… Gracias a la guapísima Carol, su “cuidadora” oficial en la boda, y por lo que supe también en otras muchas ocasiones, que estuvo encantadora… Y por extensión…,

gracias a Fernando (nunca Alberto!!! Jajaja…), gran amigo de Javi, que hizo, muy amable y profesional, las fotografías de la boda. Y que me encantó conocerlo…

En esta foto en la que se ve a Javi, y Alberto y Concha -sus guapísimos padres-, justo el que está de espaldas, vestido con una camiseta azul turquesa, -luego en la ceremonia también se puso su elegante traje-, es Fernando en la versión fotográfica del cazador cazado, es decir, el fotógrafo fotografiado… Lamento que no le podáis ver la cara… :(  Pero es la única que tenemos. La sacó Alva mientras Fernando preparaba y hacía las fotos de Javi con sus papis en nuestra terraza…  :)

Gracias a Ángel por estar tan amable y cariñoso después de tantos años sin vernos. Y gracias, aunque ya lo dije en su momento, por su brillante y elocuente discurso sobre la amistad en la ceremonia… Fue un gusto volver a verte, Ángel!!!  :) Besos, guapo!!!

Y de un discurso me paso al otro para poder hablar de Ivana. Que ya tenía ganas… :)

Ya comenté también en “El gran día” que Ivana es la amiga de Mario que leyó en la ceremonia hablando de su larga y bonita amistad. Lo que no dije es que la noche antes, la del viernes, en el Restaurante El Pradillo, tuve la suerte de que se me sentara al lado…

Apareció una jovencita desenvuelta y vivaracha que llegó y se presentó alegremente, ella misma, y a su pareja, Jordi, un chico encantador y algo tímido, pero de sonrisa amable y gesto siempre conciliador.

Pronto descubrí que ella era la que iba a leer, y entonces le confesé entre susurros que yo era la que iba a “oficiar” la ceremonia… Lo hice entre susurros y con la mirada inquisitiva de Álvaro vigilándome, porque Javi me había pedido por favor que intentara no desvelarlo… Pero Ivana también iba a participar en la ceremonia!!! Y me pareció tan linda!!!

Pasamos una noche muy agradable y divertida, brindando por los novios, sintiéndonos felices por ellos, y riéndonos de todo…

            Esta foto es de nada más acabar la ceremonia… Fijaos sobre todo, -además de en la bonita sonrisa de Ivana-, en el cielo que tenemos detrás… ¿Veis esa luz? El sol acababa de ponerse, -lo hizo justo a la vez que se casaban los novios, que es justo lo que querían…- y durante unos minutos… Esos minutos sagrados en los que el ocaso se adueña de todo, en que el día anda como entre dos mundos, el de la luz y el de las sombras, la magia flotó a nuestro alrededor impregnándonos de ella… Todos estábamos terriblemente felices, casi eufóricos me atrevería a decir… Y un poco sobrecogidos.

Tras acabar la ceremonia, Ivana llegó, y aunque no soy mucho de fotos (en realidad, las odio… :(, Alva quiso inmortalizar ese momento… Y yo me alegro hoy (si consigo no mirarme mucho… :(, porque además de un recuerdo para siempre de la simpática y dulce Ivana, tengo también inmortalizado el cielo que nos cobijó durante unos fantásticos minutos, hasta que la noche se instaló implacable entre nosotros…, y hermosa, nos condujo a través de otros tantos momentos imborrables… :)

Un beso Ivana, ¡guapa! La verdad es que estaría muy bien volver a vernos los seis un día, -en Madrid, Barcelona o Valencia-, para compartir una cena y otro ratito agradable… :)

Quiero también dar una pincelada de agradecimiento a los hermanos de Javi, Alberto y Arancha, y a sus respectivos… El simpático Óscar y la encantadora Rosa. Con ellos compartimos también larga mesa en El Pradillo la noche del viernes, y nos encontramos varias veces durante el catering posterior a la ceremonia, y en la fiesta. Son unas personas encantadoras y amables, que nos hicieron sentir, en todo momento, como parte de la familia… :)  Gracias de verdad a los cuatro. Fue espectacular el momento en que los cinco, Concha, Alberto, y los tres hermanos, os enlazasteis por la cintura y bailasteis juntos formando una imagen preciosa. Sois un encanto de familia.

Y hablando de encantos, y para añadir al lienzo un trazo de alegría y de glamour, haré mención especial a la cena del banquete…

Por si el aire de la noche, la música, toda la belleza de la que estábamos rodeados, los ricos y elaborados platos, y estar completamente envueltos de felicidad…, no fuera suficiente, Javi tuvo la brillante idea de colocarnos en la mesa con dos parejas que no conocíamos y…, ¡que no olvidaremos!!!… :)

Dos jóvenes matrimonios que, como nosotros, fueron desde Valencia. Vicky y Jesús, y Majo y Borja, y su pequeña “Calabacita” llamada Adela, que se portó de maravilla; es decir, como sus pocos meses de vida requieren, estuvo dulce y plácidamente dormidita toda la noche… :)

Fue un lujo. Pero un lujo de verdad, compartir mesa con estos cuatro “jovensanos” tan lindos! Tan interesantes! Tan buenos conversadores! Tan divertidos! Personas de noble fondo y encantadoras formas!!!

 

No nos conocíamos hasta ese momento, y tal fue nuestra conexión, que la conversación fue tan suculenta como la cena… Hablamos de temas tan diversos y variados como la vida de las hormigas; el juego de Nadal; la maternidad; la pareja, la fidelidad y sus quebrantos; la defensa de los derechos de los animales; internet y la gran habilidad de Majo para mandar y recibir e-mails muy especiales… ;)

Jesús (Chu para los amigos), el marido de Vicky, aportó su gracia de “quillo” del Sur (creo que de Málaga, si no es así, por favor!, discúlpame). Muy alegre, divertido e ingenioso. Serio cuando había que ponerse serio. Muy lúcido. Un placer haber compartido mesa contigo, Chu (si es que puedo llamarte así…  :)   Besos.

Borja, el marido de Majo, demostró una mundología y una gracia natural, un “savoir fair” desenvuelto y elegante, que otorgó el sobrio y a la vez licencioso toque de distinción a la noche. También muy risueño. Igualmente, Borja, un placer, de verdad. Más besos.

Vicky resultó ser una cajita de sorpresas para mí. Aparentemente una joven discreta y comedida, se reveló como una mujer inteligente con un hábil dominio de la ironía y una intuición brillante. Sus oportunos y resueltos comentarios me fueron descubriendo una persona francamente interesante. Una de esas mujeres con las que te quedas con ganas de hablar más y más, y de muchos más temas… Por cierto, siento tu jaqueca a la hora de la fiesta, preciosa. Una verdadera lástima no poder disfrutar de ti más tiempo… Pero fue un placer. Abracito y besos.

Y Majo… Bueno… ¿Qué decir de Majo? Es un ciclón de mujer! Qué arrojo, qué energía, qué vitalidad! Jajaja… Lo mismo le escribe un e-mail al presidente de un país a la otra parte del mundo para denunciar la indiscriminada y cruel matanza de las focas (y le contestan, y entra casi en una discusión que casi la lleva a un conflicto intercontinental… Esto es broma. Lo de que le contestaron y entró en diálogo no)… Que manda una nota vía internet para felicitar a una marca de yogures por su acierto en un producto, y le llenan la casa de lácteos!!! Jajaja… En serio. Me fascinó con su capacidad de lucha, su amor por los animales, su forma de vivir la maternidad también… Un encanto de chiquita. En serio. No sabes lo que disfruté escuchándote, Majo. Fuiste un descubrimiento incalculable. Besos y abracito también para ti.

Nuestra noche fue si cabe mucho mejor, gracias a compartir mesa con estas cuatro -casi cinco, jeje- personas maravillosas. De paso reiterar las gracias a Majo, que tan amablemente me cedió las fotos de su Facebook para que yo las utilizara en mi blog… :)

Y para ir acabando…

La falta de Helen.

La pincelada triste del perfecto acontecimiento la puso una ausencia.

Y es que sólo hubo algo que para mí (nosotros, Alva y yo), ensombreció tan magnífico fin de semana, y fue la ausencia de Elena (para mí, Helen) y su pareja, Rafa.

De hecho sus sillas permanecieron vacías justo en nuestra mesa, entre Vicky y yo… Y estoy convencida de que de haber estado, todos hubiésemos disfrutado aún más de lo que disfrutamos.

Javier, Helen, Alva y yo somos amigos desde hace veinte años, pero yo conocí a Helen hace más de veinticinco. Antes incluso que a Alva. Helen era en realidad tan solo una niña y yo poco más que una adolescente. Fue alumna mía cuando yo -más de treinta kilos atrás (jajaja)- era profesora de Danza Moderna. Entonces se forjó nuestra amistad y ha continuado fuerte e indestructible durante todos estos años. Ya entonces era una niña encantadora y una alumna estupenda, que se ha convertido en una mujer maravillosa y una trabajadora -veterinaria- incansable.

Un maldito manguito del coche frustró su viaje cuando llevaban tan solo una hora en carretera de camino desde Valencia a Zahara, y su ausencia me partió el corazón. Sé que para ella era importante estar en la boda, y reencontrarnos los cuatro de nuevo, tras muchos años sin estar los cuatro juntos…

Vaya para ella todo mi amor. El finde no fue lo mismo sin ti, Helen, y seguro que la fiesta tras el convite, que estuvo maravillosa, hubiera sido mucho mejor aún contigo… ¡Volver a bailar juntas! Pero bueno, ya nos reuniremos, y será mejor porque seremos seis, y nos vengaremos de lo chungo que es a veces el destino. Pero quiero que sepas que a través de mi amor, estuviste allí…  :)

Te quiero mucho, preciosa. Y estoy tremendamente orgullosa de ti.

Pues… Esto se acaba.

Yo espero haber aportado, -con estas cuatro entradas tituladas “Crónica de una boda encantada”-, la humilde pero dichosa pincelada de una mujer agradecida y feliz, dejando constancia de mi visión de las cosas… Y es que hay momentos en nuestra vida, tan especiales y felices, que merecen formar parte para siempre de nuestra memoria. Y éste será uno de esos entrañables recuerdos con el que yo cargaré encantada para siempre en mi mochila… :)

Gracias a todos.

También a Alva, ¡cómo no!, que hizo que un viaje de ochocientos y pico de kilómetros fuera una fiesta continua… Me reí tanto, mi amor, y me lo pasé tan bien, que se me hizo cortito, cortito, cortito, -salvo por el dolor de culo, jajaja-…

Y gracias por tu apoyo constante. Tu ciega confianza en mí. Todos tus mimos y cuidados, que siguen teniendo la intensidad y la magia de los que se profesan las parejas cuando apenas llevan dos meses… Gracias sobre todo por eso.

Y gracias por mirarme con esos ojos con los que tú sólo me miras, que me devuelven siempre una imagen mejorada de mí misma, y consigues que cada vez quiera ser mejor persona.

Y gracias por conducir del tirón a la vuelta, -¡mi chico!- sin dejarme tocar el volante, para que yo descansara y disfrutara más del viaje… :)

Y gracias por correr a por una botella de agua a escasos minutos de empezar la ceremonia, porque estaba tan nerviosa que se me había pegado la lengua al paladar y no encontraba la forma de despegarla y articular palabra… Mi fiel caballero… Siempre tan amable y encantador.

Gracias por comerte siempre lo que no me gusta de mi plato, y cambiármelo por lo que tú pediste. Gracias por creer que soy hermosa y repetírmelo todos los días. Hasta la saciedad. Gracias por satisfacer todos mis deseos y caprichos…, algunos, incluso antes de que yo los descubra!!! Gracias por creer en mí cuando yo ya no sé cómo hacerlo. Gracias por hacer que cualquier cosa, hasta ir a comprar a Mercadona juntos, parezca una fiesta. Gracias por tu paciencia y tu respeto para mis parcelas de independencia que has sabido comprender que necesito para poder ser yo de verdad. Te enamoraste de mí porque te parecí una persona con un “fascinante espíritu libre”, pero una cosa es enamorarse de una persona así, y otra muy distinta convivir con ella. Lo sé. Gracias por tu respeto, mi amor.

Gracias, en una palabra, por estar a mi lado siempre. Por decirme cada día lo feliz que te sientes y lo afortunado que eres… Que es, exactamente, lo mismo que yo pienso cada día cuando me despierto, y lo primero que veo son tus ojos sonriéndome…

Gracias, mi amor.

Gracias a todos.

También, y sobre todo, a los novios.

Chicos: Sois muy especiales. No cambiéis nunca. Cuidaos el uno al otro siempre y…

¡¡¡Nos vemos en Zahara otra vez, en veinticinco años!!!

¿Sí?  :)

Os quiero.

 

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 El sol se ponía…

Se dejaba caer en el Atlántico con la serena entrega del que nada debe. Del que nada espera porque ya todo lo tiene.

El día consumía despacio sus últimos instantes…

El momento, por fin, había llegado…

Y todos conteníamos emocionados la respiración…

Bueno. Todos menos yo, que ni pillaba el ritmo ni me encontraba el pulso…

Pero, -gracias al cielo-, cuando veía en la mirada de Alva, extrañamente, el temor por lo nerviosa que yo estaba… O sea, cuando estaba a punto de perder del todo la conciencia, comenzó a sonar la música…

Dire Straits atacaba el hermoso tema “Brothers in Arms”, y dos bellezones aparecieron por el camino que venía directamente de la playa. Como dos príncipes salidos directamente de Las Mil y una Noches…

No había más que mirar a los rostros de todos los que se hallaban allí, para saber que aquello no era una boda a la que se había acudido por compromiso. No. Todos los que estábamos allí lo estábamos porque queríamos estar. No es ninguna tontería, aunque lo parezca, lo que estoy diciendo. TODOS QUERÍAMOS ESTAR allí, y verlos, y sentirlos, y compartir la emoción y la felicidad que ellos exudaban por todos los poros de su piel, e incluso por los cientos de delicados abalorios de sus muy originales y bellos trajes… Javi en blanco impoluto, -como no podía ser de otra forma, jeje-. Y Mario en un teja precioso.

Verlos entrar andando desde la playa, tan guapos, sonrientes y felices, como si andaran sobre una nube, -como si nada terrenal pudiera mancillar su divina felicidad-, fue un regalo de los dioses para los sentidos. Todos estábamos sobrecogidos.

Fue, por cierto, la primera sacudida de emoción que arruinó la poca templanza que para entonces tenía. Y me robó ya un poco de voz.

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Junto a ellos, los padrinos.

Sonia, la elegante y guapísima hermana de Mario.

Y Alberto, el “mítico” y apuesto hermano de Javi.

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Y luego…

Tatatachán, tachán… Momento linterna tailandesa.

Uno de los momentos más originales y bellos de la ceremonia. Aunque… 

Vivimos algunos segundos… Quizá minutos de tensión. No sé. Me puse tan histérica, que casi salgo volando yo, antes que la condenada lámpara…

 

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El caso es que prendió perfectamente…

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Estaba a punto…

Ardía bien…

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Pero…

No terminaba de subir…

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Y aunque no hay foto, el caso es que por fin, -porque al parecer Javi se percató de que quedaba un pequeño pliegue, que hábilmente deshizo-, la lámpara por fin remontó el vuelo, en una analogía perfecta de cómo se elevaban al cielo nuestras más sinceras plegarias de felicidad para los novios… Y todos proferimos el tan socorrido y tierno “ooohhh”, y prorrumpimos en aplausos…

Ahí es donde entraba yo… Y por lo que ya he contado, sabéis que las piernas me temblaban tanto, que menos mal que al final opté por ser fiel a mí misma y no ponerme tacones, porque de lo contrario, ¡seguro que me mato!!!

Sin apenas voz comencé a leer…

“La vida es casi siempre, y fundamentalmente…, un cruce de caminos…”

Y no me di cuenta de que -al parecer- no se me oía bien… Y de repente unas manos me sujetaron con delicadeza pero con autoridad por los brazos y me llevaron -yo caminando hacia atrás con cara cómica de ¿qué está pasando?, lo sé porque comenzasteis a reíros todos…-, hasta colocarme frente al micrófono.

Pero ahí no acabó mi brillante comienzo… Puesto que a pesar de que había hablado con Paco, el amable encargado del sonido, y me había explicado paciente y lentamente que había que darle al botoncito del micro, en ese momento -como estaba claro que pasaría…- lo olvidé!!!    :(   Y fue él mismo el que tuvo que salir de su puesto y encender el micrófono, rápido y diligente -apenas vi pasar una sombra un segundo delante de mí- para sacarme del aprieto. Aprieto en el que ni tan siquiera me había dado cuenta de que andaba metida, porque yo seguía con mi perorata… Bueno…, el caso es que al fin parece que se me escuchaba…

Hablé del agradecimiento de Mario y Javier a sus madres… Entrañable momento en que les habían entregado unas flores…

Y a continuación fue Ivana, la simpática y risueña amiga de Mario, la que habló de los comienzos de su amistad con éste, y de lo largo y hermoso de su relación… Y tan emocionada (y guapa) estaba, que al final no pudo reprimir el llanto… Llanto que por empatía me contagió a mí!!! La quería matar!!!! Jajaja… No, en serio. Estuvo brillante Ivana. Sincera, tierna y cercana. (Un beso, preciosa.)

Y después le tocó el turno a Ángel, que leería en nombre de la amistad que le une a Javi…, si estaba!!!

Jajaja… Fue un momento kafkiano del todo. Los novios, cada uno a un lado del micro, el micro vacío, y Ángel… ¿?

De repente todos empezamos a preguntarnos dónde estaba Ángel, si alguien lo había visto…

Una vez más, Javi hizo gala de su don natural para resolver situaciones “pelín” peliagudas, y con destreza, gracia y templanza, se acercó hasta el micro, y con una voz clara y hermosa, dijo:

– Ángel, por favor, acuda al micrófono…

Todos rompimos en risas de nuevo, e inmediatamente, -todo se resolvió en apenas un minuto-, justo en ese instante, Ángel hizo su aparición de entre el hermoso jardín que nos rodeaba, y después de pedir graciosas disculpas, hizo un alegato, ocurrente y entrañable, sobre la trayectoria de su amistad con Javi.

Estuvo ingenioso y divertido, y se hizo patente su dominio de las palabras -y de los nervios- en cualquier situación, momento y terreno.

Y desde aquí, por cierto, le doy las gracias por no emocionarse hasta el llanto y llevarme a mí a él. Con sus palabras livianas y divertidas me obsequió unos minutos preciosos con los que recuperarme, porque a renglón seguido, iba de nuevo yo. (Besazo también, guapo!)

Y a continuación comenzó la ceremonia…

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Hay que ver qué guapos!!! Y qué entrañables las miradas entre Javi y Mario.

Como ya sabéis más o menos cómo fue todo…, hablaré de dos grandes momentos que aún no he comentado…, adrede, guardándolos con celo para este divino instante…

Momento Google.

Google, para quien aún no lo sepa (imposible si estuvo allí, pero bueno…), es el monísimo West Highland White Terrier, -también conocido como Westy-, de Javi.

Y a Mario y a Javi les hacía ilusión que Google llevara los anillos. De modo que ahí estaba Carol, impresionantemente guapa, para “acompañar” a Google y que éste no pudiera despistarse en un terreno que no controlaba y rodeado de tantísima gente.

No obstante, nada más Google distinguió a Javi entre el gentío, anduvo alegre hasta él, -siempre de la correa que llevaba Carol, porque al final renunciaron a la idea de dejarlo suelto- y Javi se acuclilló para soltar del cuello del apuesto Westy (que la verdad, casi me sorprendió que no le hubieran hecho un traje a juego con el de los novios…  :), el collar con bolsillo incorporado donde se supone que iban los anillos.

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Porque a todo esto, no sé si al final los anillos iban ahí de verdad, o los tenía a buen recaudo el novio… No importa. Lo verdaderamente importante es que Google -y Carol- estuvieron impresionantes en su paseo por el pasillo bajo el bello olivo engalanado de tul blanco, y los anillos estuvieron a punto.

Y seguidito a éste, llega el segundo momentazo de la ceremonia:

Momento anillos.

Fue para mí muy emocionante ver como mi querido Javi, -después de tantísimos años de amistad compartida y sincera, tantos momentos juntos compartiendo lo bueno y lo malo de nuestras vidas- contestaba alto y fuerte a la pregunta de si quería compartir su vida junto a Mario mientras, con un poco de dificultades -después de todo sí debía andar algo nervioso…., aunque no se le notara por fuera…-, colocaba la alianza en la mano del apuesto Mario.

E igualmente emotivo resultó cuando Mario, con la voz un poco más rota -tanto que yo tuve que repetir por el micro su respuesta, que entonces el volvió a repetir mucho más alto al darse cuenta de que no debía habérsele escuchado- le ponía a Javi el anillo en su dedo.

Sí. Fue un hermosísimo y conmovedor instante…, ¡que nos llevó al final de la ceremonia!!!!

Dios!!! Tantos nervios de tantos días, y de repente todo había acabado.

 

Bueno. Falta el momento beso. Del que por cierto no tengo fotos. Lo sorry!!!  :(  

(Alva, que andaba en las sombras, pero tan nervioso como yo, no estaba para hacer muchas fotos. Sólo las que veis aquí, menos las que he sacado de internet y que llevan el nombre de la página, y las que Majo Gimeno tan amablemente me ha dejado, y que en cada una de ellas, lo pone… El resto, son nuestras…  :)

Pero puedo deciros que fue un Beso de Verdad.

Uno de esos besos que te hacen sentir que tienes el mundo en tus manos…

Un beso emocionado, explosivo. Idéntico a los miles que se habrían dado antes de ese momento, y exacto a los cientos de miles que se darán después. Un beso enamorado. Y yo sólo puedo desearles que no se les acaben nunca los besos… Que siempre sientan la necesidad, el deseo, las ganas, de darse un beso más…

A continuación tuve la inmensa suerte -ya que era la que más cerca estaba de ellos- de ser la primera en felicitarlos con un emotivo y cariñoso abrazo. En algo me tenía que beneficiar por todos los nervios que había pasado, y que en ese mismo instante, -debo confesar-, se fundieron con la arena…, se esfumaron por el aire…, y me relajé por completo…

Mientras una nube de mujeres guapísimas y elegantes hombres de todas las edades, se cernía sobre los recién casados, yo me hice a un lado, todo lo discretamente que pude, y empecé a buscar entre la gente, desesperada y ansiosa, la sonrisa satisfecha de Alva, que viniera a confirmarme que, desde su punto de vista, todo había ido bien.

Casi en ese mismo instante, un montón de guapas, correctísimas y simpáticas, y algún que otro mozo de las mismas características, pero sobre todo chicas, inundaron la zona Beach del Hotel Varadero, y comenzó uno de los catering, -que a decir de todo el mundo-, fue uno de los más completos, riquísimos, bien servidos y exquisitos, que nunca hubiéramos disfrutado…

Y antes de que hasta mí llegara Alva, he de reconocer que llegaron otras muchas personas, muchas, más de las que jamás se me ocurrió que llegarían, a felicitarme…

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Felicitarme… ¡¡¡¿a mí?!!!

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Pues sí. Así fue. Y tengo que confesar que jamás se me habría ocurrido pensar que eso sucedería…, pero pasó Y aunque un poco abrumada, muy sorprendida y algo cohibida al principio, fue para mí un placer y un orgullo -pero no por mí, sino por los novios- saber que tantas personas se tomaban la molestia de venir a decirme cuánto les había gustado la ceremonia. De nuevo, en la última y cuarta parte de “Crónica de una boda encantada: Pinceladas”, aprovecharé para los agradecimientos personales… :)

Pero quería destacar este momento, porque fue de dicha infinita para mí.

No sólo no había cagado la ceremonia de mi queridísimo amigo Javi, y mi queridísimo amigo Mario, sino que parecía, a juzgar por todo lo que escuché, que la gente había quedado gratamente sorprendida y satisfecha.

Gracias!!!

Y entonces, por fin, llegó Alva… Y me tiré a sus brazos para fundirme en ellos, con una necesidad urgente. Apasionada… Necesitaba que me abrazara… Necesitaba sentir su complicidad, su cariño, la confirmación de que él estaba orgulloso de mí… Oh! Con que placer me vi en sus ojos que me devoraban con esa sonrisa que tan bien conozco y que venía a gritarme: ¿Lo ves? Te lo dije… Todo ha ido bien. No tenías por qué preocuparte… Te quiero.

Y con esa inmensa felicidad nos fundimos con todos los invitados en una fiesta de sublimación de los sentidos…, sobre todo el del gusto… Y disfrutamos de todas las pequeñas cosas, ¡decenas de apetitosos platos!, que pasaban una y otra vez frente a nosotros, ofrecidos siempre con una correctísima y bella sonrisa detrás. Desde un jamón serrano -que cortaba constantemente allí mismo un erudito en la materia-, y que como se suele decir “quitaba el sentío” de rico que estaba, hasta las famosas ortiguillas de mar que un buen amigo nos había recomendado que no dejáramos de probar en Cádiz…  :)

Y corrieron generosas toda clases de bebidas, frías y servidas en copas heladas. Desde la humilde y recurrente coca-cola, con la que yo casi acabo -jajaja, ahí me falla el glamour!!! Jajaja-, pasando por casi todo lo que te imagines, hasta un jerez de la tierra, escanciado con arte y servido con gracia por una bella joven ataviada al uso, que -lo siento- yo no probé, (me refiero al vino, claro… :), pero según comentaron algunos invitados, estaba riquísimo.

Sonaba la música, imagino, pero sinceramente no recuerdo qué… Y todos hablábamos, nos abrazábamos, comíamos, bebíamos, reíamos… Así no sé durante cuánto tiempo, pero sí puedo asegurar que se nos hizo del todo de noche…

Sin que nos diéramos cuenta el hermosísimo jardín se plagó de cientos de discretas luces, lámparas colgantes de los árboles, velas en quinqués preciosos, antorchas de fuego… Confiriendo más si cabe, al lugar, un halo de magia y ensueño que cuadraba perfectamente con el ánimo y el tono del alma de la celebración…

Y así, de forma natural, cuando ya estábamos bien llenos y satisfechos, -nosotros y nuestros estómagos-, recibimos la amable y encarecida indicación de que “ya” podíamos pasar… a la cena!!!!!!!!!!!!!

Pero… ¿Ahora hay que cenar????!!!!

Jajaja…

Bueno… Pues allí que fuimos…

El sitio destinado a la cena, en otra sorprendente zona del jardín del Varadero, era como de noche de leyenda…

Las mesas, todas redondas, menos la de los novios, -bajo un bello parasol de tela y borlas colgantes en la que cenaron ellos solos-, estaban distribuidas en torno a una preciosa fuente, circular también, adornada con flores flotantes y veleros que presidía en su centro una imponente y enorme cabeza de piedra, de algún dios indio, o azteca… No sé. Impresionante.

Sobre el césped, rodeados nuevamente de luces indirectas llegadas de farolillos, veleros, antorchas y originales lámparas, en un ambiente elegante, tranquilo, un poco mágico, -todo glamour, como no podía ser de otra forma, viniendo de los seductores, excelsos, y encantadores anfitriones de la fiesta-, comenzamos a degustar la deliciosa cena…

A pesar de lo esmerada y riquísima y apetitosa que era la comida, tengo que decir que entre tanto regalo para los sentidos…, la comida en sí, (ya lo dije antes, bogavante relleno y tiernísimo solomillo, ambos delicada y primorosamente guarnecidos), fue lo de menos.

Lo fascinante de la cena fue una suma de todo lo que nos rodeaba, ingeríamos, veíamos, escuchábamos (una original selección de versiones de famosísimas canciones), olíamos, sentíamos y disfrutamos… Un regalo para los sentidos.

Nadie gritó vivan los novios, ni -gracias a Dios!!!- estos se cortaron la liga, ni la corbata, ni ninguna otra cosa… Jajaja!!! Nada de bromas de mal gusto. Nada de estridencias ni escándalos… Que podía haberlos habido, no digo yo que no… Pero todo estuvo en consonancia con la plácida noche y las sonrisas risueñas de los recién casados… El talante, hasta que llegó la fiesta discotequera un rato después, fue de lo más elegante y refinado…

Felicitación a parte merece la mesa de las alegres y encantadoras primas (tía encantadora y demás familiares) de Javi, que amenizó el final de la cena haciendo los coros -bastante bien interpretados hay que señalar- a alguna de las canciones que sonaba, y que puso un punto divertido e incluso cinematográfico a la cena… ¿Quién no recuerda la escena del restaurante con toda la peña cantando el ‘I Say a Little Prayer’ en “La boda de mi mejor amigo”????   :)

De repente nos sirvieron el postre y la tarta… Todo riquísimo una vez más.

Los novios se pasaron entonces por las mesas a preguntarnos cómo estábamos y así pudimos agradecerles tanto placer…

Nuestra cena especialmente -la de Alva y la mía- fue más estupenda aún si cabe, porque tuvimos el honor de compartir mesa con dos parejas maravillosas y la niñita -que estuvo educada y correctamente dormidita en su cómodo carrito de bebés toda la noche- de una de ellas, y que fueron un grato descubrimiento y un auténtico placer. Ya sabéis, más, en “Pinceladas”…  :)

Fue en ese momento, -cuando Mario y Javier se acercaron hasta nosotros-, cuando nos entregaron un regalo como agradecimiento por haber ido. Y es que no tuve la sensación de estar recibiendo el típico “regalito” que se hace siempre en las bodas… No. De veras tuve la impresión de que los novios, de verdad agradecidos y felices, nos hacían “un regalo”… Fue, como todo, muy especial.

Y claro… Como no podía ser de otra forma, también fue especial el regalo… (Jajaja…)

Si todos los invitados nos habíamos quedado boquiabiertos ante lo original y por otra parte divertido y entrañable del momento “lámpara tailandesa” del comienzo de la ceremonia…, poco podíamos imaginar entonces, que cada uno tendría la increíble posibilidad de lanzar a volar al cielo sus propios deseos… ¡¡¡Pero ese fue precisamente el obsequio que Javier y Mario nos hicieron!!!

¡¡¡Una lámpara tailandesa para lanzar al cielo!!!

.

¿Qué me decís? ¿Mola o no mola? ¿Son o no especiales y originales estos chicos?

En el sobre, grande, -para que quepa la lámpara, claro- se podía leer, porque ellos mismos habían escrito de su puño y letra: “Piensa un deseo”. La fecha, y sus firmas…  :)

De modo que…, acabando la cena, volvimos a la zona donde se había celebrado la ceremonia, que estaba ya recogida, acondicionada y convertida en la zona de fiesta-baile-discoteca, lista para ser el liberador y divertido lugar donde rematar un día perfecto!!!

Las luces de colores que se movían y cambiaban, como en una discoteca, pero al revitalizador aire libre, y la música, hábilmente seleccionada y lanzada a la templada noche…, nos esperaba…

 

Pero antes llegó el momento…

Lámparas al cielo.

Y es que fueron muchos los invitados que no pudieron resistirse al impulso de encender y lanzar a la suave noche gaditana, sus lámparas tailandesas, inundando el cielo de hermosas luces y mágicos -y privados- deseos…

Fue un momento impresionante… De verdad.

Resumía la esencia de un día maravilloso.

Era emocionante ver cómo las lámparas subían prendidas, alto, muy alto…, hasta confundirse con las luces de las estrellas… Fascinante. Mágico.

Y aún nos quedaba por delante una fiesta increíble, en la que los novios se quitaron sus originales y preciosas chaquetas largas o casacas, y se quedaron con unas favorecedoras especie de camisas largas, sin mangas, con las que estaban terriblemente atractivos… ;)

Lo primero que escuché fue “Color esperanza” de Diego Torres… ¡No podía creerlo!!!!   :)  Y a continuación -pensé en aquel instante- como no podía ser de otra forma estando por ahí Javier Sanchis Roger…, jeje, inundó el aire Michael Jackson…

Recuerdo que me paré un momento. Conscientemente detuve mis pasos y me paré un instante aspirando el aire de la noche… Quería anclar ese momento a mis recuerdos. Quería perpetuarlo para no olvidarlo nunca. Lo feliz, lo cómoda, lo emocionada que me sentía… Observé durante unos segundos las lámparas uniéndose al firmamento sobre mi cabeza, y la querida música de nuestro querido Michael pegándose a mi piel, mientras Alva me estrechaba entre sus brazos, y la presencia latente y dichosa de Javi y Mario nos rodeaba… Sí. Cerré los ojos y me dejé querer. Sí. Como una niña caprichosa y consentida, me dejé mimar por la vida. La vida, que ese fin de semana, tan generosa fue conmigo…

Y luego…, -barra libre de todo lo que desearas tomar…-, Alva y yo nos fundimos con el alma de la fiesta…

Una fiesta impresionante donde todo el mundo bailó y disfrutó todo lo que quiso… Fue un verdadero placer ver a los familiares menos jóvenes, tanto de la familia de Mario como de Javi, entregarse a ese noble arte que es dejarse invadir por la música y moverse al ritmo mientras uno se lo pasa bomba!!! Qué gusto!!!

(Ya sé que esta foto no es de la fiesta, -que no tengo fotos… :( -, ¿pero a que están guapos?)

La pista se mantuvo llena todo el tiempo, -con la buena selección de canciones era imposible estarse quieto…- albergando a un tiempo a varias generaciones en una comunión total, donde todos éramos uno con la música y con el espíritu de felicidad y alegría que flotaba a nuestro alrededor…

Mario y Javier estaban… ¡tan guapos! De veras lamento no tener fotos de ese momento, pero, ¿quién se preocupaba entonces de fotografiar? Todos estábamos muy ocupados en disfrutar!!! Pero os aseguro que se les veía, en la forma de moverse entre sus invitados, en el plácido gesto de la cara, en cómo bailaban, que estaban tan satisfechos y felices como sólo unos recién casados disfrutando de su día, pueden estar…

Fue un placer estar allí…, y compartir esos momentos con ellos.

Alva y yo nos retiramos como un poco antes de las cinco de la madrugada, y la fiesta aún seguía…, de hecho aún quedaba por sacar el “resopón”, que según creo constaba de pastelitos y “un caldito”. Me dejó intrigada y me hizo mucha gracia lo del “caldito”… Pero nosotros teníamos que levantarnos pronto para regresar a casa, en el que fue un viaje maravilloso… Nos sentíamos plenos, felices, alegres, ilusionados, ¡radiantes!… La sonrisa, señal inequívoca de satisfacción, no se nos borró de la cara en todo el día…

Una vez más, chicos, mil gracias por un fin de semana ¡perfecto!

 

Besos -de verdad- “encantados”  :)

 

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Javier y Mario sólo me dieron dos directrices respecto a lo que querían para su ceremonia.

Una, que antes de empezar el acto en sí, después de que ellos les entregaran a sus madres -Concha y Catalina- unas flores, y luego echarán a volar la lámpara tailandesa, hablara un poco sobre la familia, y especialmente sobre las madres.

Luego leerían Ivana -por parte de Mario- y Ángel -por parte de Javier-, en nombre de la amistad.

Después empezaba la ceremonia propiamente dicha. Y eso incluía la otra petición que los novios me hicieron, y fue que incluyera los artículos del Código Civil que en la boda oficial en el Ayuntamiento, estos prometen.

Sólo eso. En todo lo demás me dejaron libertad. Demostraron su confianza en mí, cosa que aunque me tuvo durante muchos días loca de miedo por la responsabilidad, me dio alas para escribir lo que quise. He de confesar que lo pasé terriblemente mal a la vez que disfruté tremendamente.

Éste fue el primer texto. Cortito, no llega a folio y medio.

 

La vida es casi siempre, y fundamentalmente… Un cruce de caminos.

Antes de que como personas independientes comencemos a andar en solitario nuestro propio sendero, nacemos en el seno de una familia que nos protege y -a la vez- nos define, y que marcará para siempre con la fuerza y la esencia de sus valores, el rumbo de nuestros pasos.

Ahí están nuestros padres para atendernos, enseñarnos, querernos, velar nuestros sueños y dirigir los que, una vez abandonemos el nido, serán nuestros futuros vuelos.

Y, esencialmente están nuestras madres, esas mujeres valientes y capaces, -siempre humildes y nunca ausentes-, en cuyo interior se forja nuestro ser, y que después de ponernos en el mundo ofreciéndonos un regalo que sólo ellas pueden hacernos, -la vida-, siguen siempre a nuestro lado, cuidándonos y queriéndonos como sólo una madre sabe hacer. Sufriendo siempre por amor, y siempre por amor luchando. Y va representado en esa flor, todo el amor y agradecimiento de sus hijos a Concha y Catalina.

Una vez salimos del nido familiar y comenzamos a dar nuestros primeros pasos en solitario…, ¿qué sería de nuestra vida, -como personas independientes, como seres humanos libres, pero solos-, si no interaccionáramos con otros seres maravillosos? Si no se cruzaran con otros…, nuestros caminos.

Javier y Mario, Mario y Javier, exploraban el mundo con la esperanza en la mirada, la sonrisa en los labios y el deseo de amar bien instalado en sus ganas de vivir, cuando, -caprichoso y bendito- el destino, quiso que sus pasos se encontraran.

Intuyeron desde un primer instante que la soledad se había acabado. Y hoy saben que uno caminará siempre de la mano del otro, y que a partir de aquí van a recorrer juntos, por fin y por amor, un único camino.

 

Tras esto, como he dicho antes, leyeron -brillantemente- Ivana y Ángel, y empezó la ceremonia… Así…

 

Hola a todos…

Me llamo Beatriz. Quiero mucho a Javier y a Mario, y he sido obsequiada con el placer de hacer de intermediaria entre vosotros y los novios.

Hoy estamos todos aquí, porque dos personas que se aman han decidido compartir su vida, y la felicidad que eso les provoca, con todos nosotros. Y aunque quizá suene un poco cursi, creo que no hay motivo más hermoso para reunirse que celebrar el amor y compartir la felicidad. Y en este instante, ¡todos formamos parte de ese momento! Este momento, que se convertirá en el recuerdo de uno de los días más felices de su historia juntos y que espero que no olviden nunca mientras vivan.

Y ahora si me permitís, me voy a dirigir a ellos, que son de verdad, y estoy segura de que coincidiréis conmigo, los verdaderos protagonistas de esta reunión.

Mario, Javier… Os miro y de un sólo plumazo despejáis todas mis incertidumbres, convertís en esperanza todos mis temores. Al observaros de cerca, no me cabe la más mínima duda: El Amor -con mayúsculas- existe.

El amor es la mano que mece el mundo. La mágica mantequilla que hace que la tostada del duro lunes, sepa a rico sábado por la mañana. El amor es el motor que nos empuja a seguir. Es lo que da cuerda a nuestra vida. Lo que nos provoca las sonrisas más hermosas y sinceras. Lo que renueva nuestra fe en el ser humano. Nunca somos tan positivos y confiados, ni nos sentimos tan útiles y capaces como cuando estamos enamorados.

Mmm… Esa es una sensación que debería poder embotellarse para aspirar más tarde…, cuando se nos acaban las fuerzas, las ilusiones o las ganas. Porque nada cura el alma con más eficacia, más rapidez y contundencia que el amor. Que el tener cerca, muy cerca -contra más cerca mejor- a la persona amada.

Y que os amáis no es un ningún secreto. Lo gritan por vosotros vuestros gestos, vuestros actos, vuestra mirada…

Pero hoy estamos aquí para celebrar algo más… La consecuencia natural de amarse: Andar un único camino, formar una pareja.

De lo que estoy hablando, en una palabra, es…, de la convivencia.

Porque una cosa es amar mucho, y otra compartirlo todo. Y todo, o casi, es lo que dos personas que se aman pasan a compartir cuando deciden unir sus vidas y convivir.

Convivir es una palabra hermosa. Una empresa apasionante. Pero a veces también, -por momentos-, es una tarea compleja. Claro, que nadie dijo nunca que las cosas maravillosas de la vida, fueran gratis.

Yo, humildemente, sólo puedo hablar de ello a través de mi experiencia…, algunos años de convivencia… Casi 23. No sé si eso me otorga o no algún derecho para poder hablar de ello, pero desde el respeto, voy a tratar de hacerlo.

Y voy a ser breve. No temáis. (…jeje)

Requisito fundamental para la convivencia: Amarse. Sin eso, es cierto, no vamos a ninguna parte. Amarse de verdad, es tener mucho ganado. Eso, -es obvio-, vosotros lo tenéis. Empezamos bien, chicos. Uno a cero a vuestro favor.

La generosidad. La generosidad, Javier, Mario, es casi tan imprescindible como el amor, porque hoy uno y mañana el otro tendréis que ceder generosos en discusiones tontas, momentos de duda, situaciones absurdas. Es cierto que la convivencia es muy bonita, sin embargo, también es así, caprichosa y está llena de pequeños escollos.

Pero sé de vuestra generosidad. La conozco perfectamente… Vamos de lujo. Dos a cero.

La fidelidad. Pero no me malinterpretéis… No hablo tanto de la fidelidad al otro, -que también-, como a uno mismo. Engañar es de pusilánimes, de miedosos. De cobardes. Tratad de ser siempre valerosos y valientes, y no traicionéis nunca el amor que hoy os tenéis, ni en su defecto, llegado el caso, el recuerdo de ese amor. Ser fiel a un sentimiento, por encima de los problemas que puedan surgir, es un desafío que siempre merece la pena.

Sé también de vuestro compromiso. Con vosotros mismos y con el otro. Sois personas cabales, resueltas y valientes. Esto pues, pone la balanza…, en tres a cero.

El respeto. Éste es uno de mis requisitos favoritos. Respetad al otro, Mario, Javier, tanto como queráis ser respetados. Porque además, el respeto es un valor esquivo. Requiere de un trabajo y un esfuerzo diario… Pero estad atentos, el respeto, una vez lo pierdes…, es difícil de recuperar. Y la falta de respeto es un camino que nunca lleva a buen puerto. Pensad que siempre, ¡siempre!, existe una forma correcta, educada y respetuosa de deciros las cosas, incluso las más difíciles y dolorosas. Es verdad que por desgracia no siempre podemos elegir qué decir, pero no olvidéis nunca que lo que podemos elegir siempre es cómo decirlo.

Me consta que sois dos jóvenes bien educados y respetuosos. De hecho, sois el yerno ideal de cualquier suegra… Y eso pone las cosas en cuatro a cero.

Para acabar, no puedo por menos que advertiros que una relación que se pretende sea larga, no siempre será un camino de rosas. Las cosas no siempre serán fáciles…, y aquí llega el último de los requisitos… La perseverancia, chicos. Perseverad en vuestro amor, cuidadlo y alimentadlo cada día. No os acomodéis, no deis nada por hecho. Llegado el momento luchad con uñas y dientes por aquello que creéis que merece la pena. Las armas de las que dispondréis serán la paciencia, la tolerancia con las pequeñas cosas, la comprensión, la humildad, la entereza, la calma…

Recordad que en la mayoría de casos, sin esfuerzo no hay recompensa, y vuestro amor no será una excepción. Si queréis amaros para siempre, tenéis que estar dispuestos a arremangaros y poned todo vuestro empeño en ello. Y no temáis las crisis, ya sabéis que los orientales interpretan la palabra crisis como sinónimo de oportunidad… Aprovechad cada crisis, pues, para salir reforzados de cada una de ellas, y amaros más y mejor. Merece la pena.

Y como sé que sois fuertes y tenaces, y que no dais nada por perdido…, acaba el marcador…, con un prometedor cinco a cero.

Así es, todas las apuestas, Javier, Mario, están a vuestro favor y os dan por ganadores. No hay mejor forma de empezar…

Y no olvidéis nunca que el amor, para que sea perfecto, tiene que hacernos mejores personas. Debe sacar lo mejor de nosotros mismos y potenciarlo hasta las estrellas y más allá. El tímido irá ganando poco a poco seguridad en sí mismo. Y el que duda de cómo saldrán las cosas, irá sintiéndose cada vez más confiado en el futuro.

Eso tiene el amor, y sólo eso debe importarnos. Porque al fin, sólo lo que hemos amado nos salvará. El amor siempre nos salva, de la tristeza, de la soledad, incluso de la muerte, porque aquel que ha amado puede jurar que ha vivido.

Y basta miraros a los ojos para saber que sois personas de ley, buenos hijos, buenos hermanos, buenos amigos de vuestros amigos… Buenos amantes. Y a partir de hoy, estoy segura, porque os conozco y creo en vosotros, seréis ya, y para siempre, buenos cónyuges.

Y hablando de cónyuges… Voy a leeros a continuación, sólo para recordaros, los derechos y obligaciones de los cónyuges según el Código Civil ante el que ayer prometisteis… Y que son los siguientes:

Según el artículo número 66 debéis recordar que:

Los cónyuges son iguales en cuanto a derechos y deberes.

Según el artículo número 67, es importante que recordéis que:

Los cónyuges deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia que acaban de formar.

Y por último, según el artículo número 68, no podéis olvidar que:

Los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. Deben, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo.

Bueno, esto es lo que dice la Ley, que es una forma bastante impersonal y aséptica de deciros que tenéis que amaros mucho.

Y ahora, por favor, quisiéramos escuchar de vuestros propios labios, aquello que queréis comunicaros, y de lo que nosotros seremos mudos y emocionados testigos… Vuestros votos:

.

Mario: (Votos de Mario.)

Javier: (Votos de Javier.)

.

Entiendo, después de escucharos, que estáis seguros del hermoso camino que estáis prestos a empezar, pero aún así, todos quisiéramos escuchar cómo lo ratificáis con vuestras voces.

Momento GOOGLE.

Por eso, y porque me hace mucha ilusión preguntarlo, y estoy segura de que a todos vuestros familiares y amigos, escucharlo…

Javier: ¿Quieres que, a partir de hoy, tu camino sea uno con el de Mario, y aceptas el compromiso de trabajar cada día por ser feliz y por hacer feliz a Mario, a través del respeto y el amor?

– Sí quiero.

Mario: ¿Quieres tú también, a partir de hoy, que tu camino sea uno con el de Javier, y acepas el compromiso de trabajar cada día por ser feliz y por hacer feliz a Javier, a través del respeto y el amor?

– Sí quiero.

Bien, pues. No me queda sino daros las gracias a todos. Y a vosotros deciros que por el amor que os tengo, en nombre de ese amor, y con todo el amor de todos los que ahora están aquí con vosotros, quiero desearos un feliz caminar juntos para siempre, y os declaro… ¡feliz pareja!

Por favor!!! Podéis besaros!!!

BESO.

¡Enhorabuena! Podéis empezar a caminar…, vuestra nueva vida juntos.

 

Fin…  :)

 

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Siempre nos contaron, cuando éramos niños, que en las felices bodas que ponían punto final a los cuentos de hadas, el príncipe y la princesa comían perdices y eran felices eternamente.

Yo, -conforme empecé a crecer-, curiosa, esperaba siempre que continuara la historia. Quería saber si el príncipe soportaría que la princesa fuera, tal vez, una maniática de la limpieza, y que cantara constantemente, sin parar, con la voz engolada y “pastelona”, hasta en las situaciones más absurdas. Y me preguntaba qué pensaría la princesa de que quizá el príncipe saliera todos los sábados de cacería con sus amigotes, dejándola sola en palacio, y volviera sucio, sudoroso y oliendo a lo que sea que fuera con que se emborracharan entonces los príncipes.

Si, siempre me intrigó esa parte que nadie escribía…

El sábado día 17 presencié una boda de cuento entre dos príncipes, y lo mejor, es que sé perfectamente cómo continua la historia después de ese fueron felices y comieron bogavante relleno y tierno solomillo -exquisito por cierto, como todo en esta boda-…, porque los conozco. Porque los quiero mucho. Porque estuve allí para mirarles a los ojos mientras se prometían intentar con todas sus fuerzas amarse para “siempre”.

Valencia, -Bétera más concretamente-, dista de Cádiz, -Zahara de los Atunes, exactamente,- 834 kilómetros, y ni uno fue en balde. Este fin de semana ha merecido la pena cada metro que recorrimos hasta llegar a nuestro destino…

El Hotel Varadero.

 El Hotel Varadero es un lugar de ensueño, -cuidado hasta el límite en sus detalles más pequeños,- dirigido por dos guapas y simpáticas hermanas -gaditanas, imagino-, Elena y María José, que han sabido hacer de un hotel pequeñito, el fin perfecto de cualquier viaje.

Las habitaciones no tienen número… La nuestra se llamaba Sol. La de los novios Luna. La de un poco más allá Nube. La otra Eclipse, y así hasta diez habitaciones, distinta, original y exquisita cada una de ellas…

Pero a pesar de que el hotel, -sus habitaciones, su restaurante, su recepción-, todo es maravilloso, como de cuento, lo mejor está en el exterior… Ese jardín de ensueño, con mil detalles espectaculares, -vibrantes de sensibilidad-, que rodea y convierte el sitio en el más hermoso de los lugares… Cada rincón te provoca serenidad y a la vez te carga de energía; te inspira paz, te evoca paraísos de leyenda; te vuelve sensitivo, romántico, místico. Tiene el poder de intensificar los sentidos. Los enaltece. Los sublima.

A pesar de caer tan lejos de mi querida Valencia natal, no puedo sino reconocer que es un sitio maravilloso para casarse, para celebrar el amor, o para pasar, sencillamente, unos días fabulosos. 

De hecho, estoy segura, casi al cien por ciento, de que todos los familiares y amigos, -tanto de Mario como de Javier, que estuvimos compartiendo con ellos aquel día increíble-, estarán de acuerdo conmigo. Está boda es de diez. (O como decía Coco en Facebook… “se puede poner más de un 10?”)

Han pasado ya unos días y sigo con una cómoda sensación de felicidad impregnándome la piel… Como si flotara en una nube… Pelín nostálgica de todo lo que vivimos…

Echo la vista atrás y recuerdo la noche en que Javi y Mario vinieron a casa a cenar con Alva y conmigo, y de repente me propusieron “oficiar” la ceremonia de su boda…

¡¡¡No os podéis imaginar!!! Me levanté de la mesa de un salto y corriendo me metí en casa… -estábamos cenando en la terraza- y no quería salir!!!

La verdad es que no sé por qué reaccioné así. La verdad es que no sabía cómo reaccionar… Sencillamente no podía creer lo que me estaba pasando. ¿Hablaban en serio? ¿Era una broma? ¿De verdad pretendían que yo “los casara”?

En fin, os ahorraré la descripción de mis pensamientos, temores, dudas, momentos de histeria, desconfianza en mí misma, pavor en estado puro y todas las vueltas que le di a mi cabecita durante los casi dos meses siguientes…

Rápidamente pensé que aquello iba a ser como el sexo en una pareja. ¡…!

A ver. Me explico.

Siempre he pensado que el sexo, si va bien en una pareja, representa digamos, el 10 por ciento de la relación. Lo que funciona y no da problemas, no da que hablar, se disfruta y ya está. Es una cosa más de las muchas que conforman el universo de una pareja. Pero si el sexo va mal…, si por algo no funciona, puede llegar a convertirse en el 90 por ciento de la relación.

No sé si he conseguido explicarme… Me refiero a que si el sexo va bien, lo disfrutamos y punto, no “le echamos cuentas”. Pero si va mal, pasa a ser terriblemente importante, se convierte en un verdadero problema, puede ser un desastre y dar incluso al traste con la pareja…

Así pensé que sería mi intervención. Si todo salía bien, mi papel no iba a representar apenas nada… Tenía que ser una intervención discreta, en su punto. Los protagonistas eran ellos. Pero si lo hacía mal, si metía la pata y no hacía una ceremonia, cuanto menos digna, podía arruinarles un día que por lo demás iba a ser perfecto.

¡Me quería morir!

Así me sentía. Completamente aterrorizada. Presionada. Por mí misma, nunca por Javier o Mario que siempre se mostraron pacientes e increíblemente confiados en mí. Mil gracias, chicos!!!

Además, circunstancias ajenas a la boda que ocurrieron en agosto: La pérdida repentina y terriblemente dolorosa de Dama, una de mis queridísimas perras, y la ausencia de Alva a la vez, durante casi todo el mes de agosto, me dejaron sumida en un estado anímico muy poco propicio…

Tuve que sacar fuerzas de flaqueza, y armarme de todo el amor que siento por Javi y Mario, para ponerme manos a la boda…  

Gracias al cielo, hablar de amor no me cuesta, es algo que respiro día a día a mi alrededor. Creo en el amor. Vivo gracias a él.

Durante las dos últimas semanas leí, leí y releí toda la ceremonia, aprendiéndomela de memoria -como en mis mejores tiempos de estudiante o cuando hacía teatro- para no tener que leer en ese mágico momento y poder salir sin papeles… Y lo logré! Me la sabía perfectamente!!! Pero…, ya visteis lo que ocurrió…  :(    Una maldita mezcla de emoción e histeria dio al traste con mis planes, y no sólo tuve que salir con los papeles en la mano, sino que no pude sino leer, y aun en ocasiones, hasta leer me costó, porque ni la voz me salía…

Sólo quería contribuir, -en mi modesta medida-, en el -por otra parte- papel de responsabilidad que me habían dado…, a que todo saliera tan perfecto como Javier y Mario se merecen. Y en serio que eso me abrumaba.

Alva, siempre a mi lado, -como desde hace casi 23 años-, me repitió una y mil veces que todo iba a salir bien, que no tenía nada que temer, que confiaba ciegamente en mí… (¡Mi chico!)

Que la boda iba a ser algo fantástico…

Y desde luego en eso no se equivocó… La boda, -todo el fin de semana de hecho-, fue tan maravillosa como sólo Mario y Javi merecían que fuera todo.

Sólo puedo decir que me siento honrada de haber, no sólo estado allí, sino en la medida en que pude, haber formado parte de un acontecimiento tan emocionante, entrañable, divertido… Perfecto!!! 

Pedir disculpas, ya de paso, por los nervios que no me abandonaron hasta que finalizó la ceremonia… Porque entonces sí me relajé, y disfruté de todo como una loca… Perdón por las lágrimas que en más de una ocasión, y cuando no debían, acudieron a traicionarme. Y perdón, sobre todo, por alguna palabra malsonante que se me escapó… “Desde luego os habéis empeñado en joderme la ceremonia!!!”, o algo así que dije en un momento en que tenía que seguir adelante con el acto, y la congoja por las palabras de Javi en sus votos, y la emoción desbordada de Mario, dieron al traste con mi temple y no pude sino echarme a llorar… ¡¡¡Y tenía que seguir hablando!!! ¿Cómo?!!! Gracias al cielo como respuesta a mi frase, sólo escuché risas entre todos vosotros, y eso me animó. Aún así, en serio, quisiera pedir disculpas a quien se pudiera sentir ofendido por mi reacción… :(

Por cierto. Hubo alguna persona que felicitándome por la parte que me correspondió en la ceremonia, me dijo que le encantaría tener por escrito algunas de las cosas que había dicho sobre el respeto, el amor, la generosidad… Dejo aquí, por ello, en la próxima entrada -titulada “Crónica de una boda encantada. El texto”-, el texto completo de la ceremonia, tal y como lo concebí y fui leyéndolo. Faltan, eso sí, los comentarios que fui añadiendo en ese momento de forma improvisada, por los nervios o para aligerar un poco la seriedad de mis palabras…

Fue un placer para mí acabar celebración tan emocionante y emotiva sin haber metido demasiado la pata, y comprobar que la mayoría de vosotros quedasteis más o menos satisfechos con la parte que a mí me correspondió. ¡Vamos! Que nadie se quedó dormido ni salió corriendo…  :)

En la última parte de esta “Crónica de una boda encantada. Pinceladas”, van los agradecimientos de una forma más detenida y personal.

Y es que es mucho lo que, después de ese fin de semana, tengo que agradecer a muchas personas… Y una vez más, a la vida…  :)

Besos “encantados”.

 

 

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Tu boda!!!

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¡Dios!

Estoy tan contenta… ¡¡¡Que casi floto…!!!

Y además, si no lo comparto… Si no lo cuento… ¡Exploto!

El amor llega a nuestras vidas de tan distintas formas…

No me importa insistir en que soy una mujer afortunada. Muy afortunada. (En realidad, hago hincapié en ello porque me da un poco de pudor serlo tanto y no estar agradeciéndolo todo el día… ¡Gracias!)

Hace…, como veinte años, el amor llegó a mí vestido -impoluto- de blanco. Alumno de Alva, adolescente responsable, maduro para su edad…, encontré en aquel jovencito de dieciséis o diecisiete años, un alma gemela nueve años menor que yo, que iba a enseñarme, -sin que nunca llegáramos a amarnos al uso-, ¡tanto sobre el amor!

Pronto establecimos contacto y supimos, de alguna forma, que al hallarnos, habíamos llegado a un lugar importante. Yo a él. Él a mí.

Nos encontramos en la música… Tan grande, tan importante para ambos. Y en el baile… ¡Cuántas veces cerramos los ojos, acompasamos nuestros cuerpos y nos dejamos llevar por la misma cadencia de un ritmo que nos unía más si cabe! Sergio Dalma (en su momento), Michael Jackson y Barbra Streisand fueron construyendo nuestro camino juntos…

A lo largo de estos últimos veinte años Javi y yo hemos volado muchas, ¡muchas veces juntos!

Desde su tierna adolescencia hemos compartido lo más profundo de nuestras esencias… Yo he vivido con él los impulsos de su corazón, sus relaciones personales, sus logros y éxitos laborales, sus risas (tan bonitas) y sus llantos. Sus amores y sus desencuentros. Y me siento inmensamente feliz -y honrada- de haber podido estar ahí… Y él ha caminado a mi lado, escuchándome, sorprendiéndome, regalándose, participando también de mis sueños y mis desvelos…

Creo que desde muy pronto nos amamos.

Recuerdo aquellas cenas más o menos multitudinarias, en que la peña acababa disolviéndose en la noche, y quedábamos él y yo a solas en el balcón del piso de La Eliana… Allí contábamos estrellas, nos participábamos sueños, dibujábamos futuros con alas de colores…

No sé por qué, pero siempre, ¡siempre!, creí en él.

Que claro…, no es difícil. Era una apuesta ganada.

Javi es persona noble de nobles intenciones. Corazón grande. Sensibilidad encendida. Férrea voluntad. Magia en la sonrisa.

Sí, decididamente, amarlo siempre resultó muy sencillo.

Fue creciendo mi adolescente querido… Londres intentó interponerse en nuestro camino pero ya lo dice la canción… “La distancia es como el viento, apaga los fuegos pequeños, pero aviva los grandes.” Y nuestro amor, puro y sentido, era, evidentemente, un fuego grande.

Luego, -convertido ya en un hombre-, se afincó definitivamente en Madrid, y de nuevo supimos ganarle la partida a la distancia, que nunca, ¡nunca!, perdimos ni el contacto ni el cariño. Cartas de papel primero, internet después, y teléfono siempre, -amén de esas benditas visitas relámpago- nos ayudaron siempre a seguir queriéndonos con y a pesar del paso del tiempo y los largos recorridos.

Sufriendo cuando el otro sufría y felices de la felicidad del otro, hemos aprendido a seguir amándonos contra viento y marea, hasta llegar a hoy. A esta noche. Veinte años después.

Y aquí estamos, Javi.

¡Y te casas!

Y Mario es un hombre maravilloso…, ¡que te sienta tan bien!

Esta noche hemos cenado los cuatro juntos y me he complacido de nuevo en tu vuelo, Javi…, tan bello, tan alto… Con tus hermosas alas extendidas como una mezcla perfecta de noble águila y ave fénix de leyenda…

Vale. Tarjetón de boda.

Mmm… No me gustan demasiado las bodas… Pero hay bodas que me encantan. Y de entre las que me encantan, están las bodas que no me perdería nunca… Esas bodas a las que vas porque si no pudieras ir, te ahogaría la pena.

Tu boda es una de esas bodas que por nada me perdería. Quiero verte (¡tan guapo!) comunicar a todos los que os queremos, que estáis enamorados y que queréis apostar por vuestra vida juntos. Eso vais a hacer. Eso es una boda de verdad. ¡O como quiera que se quiera llamar! Y será emocionante. Una de esas bodas donde poder llorar a gusto, de puritita felicidad…

Pero hoy he recibido un regalo más grande, si cabe, que el hecho de ser invitada a esa boda… Me habéis pedido que sea…, ¡¡¡vuestra maestra de ceremonias!!!

Si apenas puedo creerlo…

Dios!!! Desde entonces, -y ya han pasado unas horas-, me tiembla todo el cuerpo… En serio!!! Bueno, lo habéis visto. La emoción me tiene todavía bloqueada…

No. No puedo creerlo…

Pero… Sí! Sí quiero!!!! Jajaja!!! (¿Qué respuesta hay, más apropiada, tratándose de una boda?) Pondré mi alma, mi voluntad y todas mis ganas, -en lo que a mí, humildemente, se refiere- para que ese día sea uno de los más bellos de vuestra vida.

Y gracias. Gracias. Gracias. (Gracias también por el otro regalo, mi amor. Nunca os lo agradeceremos lo bastante… ¡Mil gracias!)

Pues sí. Allí estaremos. Puntuales en nuestra cita con el sol hundiéndose a nuestra espalda entre las aguas infinitas del océano Atlántico.

Y desde allí, Javi, te veré una vez más desplegar las alas y surcar el cielo. Y esta vez…, no lo harás solo.

Desde la arena, emocionada y en silencio, sonreiré al verte… Como nunca. Como siempre.

Te quiero.

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