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Posts Tagged ‘ceremonia’

 

 El sol se ponía…

Se dejaba caer en el Atlántico con la serena entrega del que nada debe. Del que nada espera porque ya todo lo tiene.

El día consumía despacio sus últimos instantes…

El momento, por fin, había llegado…

Y todos conteníamos emocionados la respiración…

Bueno. Todos menos yo, que ni pillaba el ritmo ni me encontraba el pulso…

Pero, -gracias al cielo-, cuando veía en la mirada de Alva, extrañamente, el temor por lo nerviosa que yo estaba… O sea, cuando estaba a punto de perder del todo la conciencia, comenzó a sonar la música…

Dire Straits atacaba el hermoso tema “Brothers in Arms”, y dos bellezones aparecieron por el camino que venía directamente de la playa. Como dos príncipes salidos directamente de Las Mil y una Noches…

No había más que mirar a los rostros de todos los que se hallaban allí, para saber que aquello no era una boda a la que se había acudido por compromiso. No. Todos los que estábamos allí lo estábamos porque queríamos estar. No es ninguna tontería, aunque lo parezca, lo que estoy diciendo. TODOS QUERÍAMOS ESTAR allí, y verlos, y sentirlos, y compartir la emoción y la felicidad que ellos exudaban por todos los poros de su piel, e incluso por los cientos de delicados abalorios de sus muy originales y bellos trajes… Javi en blanco impoluto, -como no podía ser de otra forma, jeje-. Y Mario en un teja precioso.

Verlos entrar andando desde la playa, tan guapos, sonrientes y felices, como si andaran sobre una nube, -como si nada terrenal pudiera mancillar su divina felicidad-, fue un regalo de los dioses para los sentidos. Todos estábamos sobrecogidos.

Fue, por cierto, la primera sacudida de emoción que arruinó la poca templanza que para entonces tenía. Y me robó ya un poco de voz.

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Junto a ellos, los padrinos.

Sonia, la elegante y guapísima hermana de Mario.

Y Alberto, el “mítico” y apuesto hermano de Javi.

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Y luego…

Tatatachán, tachán… Momento linterna tailandesa.

Uno de los momentos más originales y bellos de la ceremonia. Aunque… 

Vivimos algunos segundos… Quizá minutos de tensión. No sé. Me puse tan histérica, que casi salgo volando yo, antes que la condenada lámpara…

 

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El caso es que prendió perfectamente…

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Estaba a punto…

Ardía bien…

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Pero…

No terminaba de subir…

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Y aunque no hay foto, el caso es que por fin, -porque al parecer Javi se percató de que quedaba un pequeño pliegue, que hábilmente deshizo-, la lámpara por fin remontó el vuelo, en una analogía perfecta de cómo se elevaban al cielo nuestras más sinceras plegarias de felicidad para los novios… Y todos proferimos el tan socorrido y tierno “ooohhh”, y prorrumpimos en aplausos…

Ahí es donde entraba yo… Y por lo que ya he contado, sabéis que las piernas me temblaban tanto, que menos mal que al final opté por ser fiel a mí misma y no ponerme tacones, porque de lo contrario, ¡seguro que me mato!!!

Sin apenas voz comencé a leer…

“La vida es casi siempre, y fundamentalmente…, un cruce de caminos…”

Y no me di cuenta de que -al parecer- no se me oía bien… Y de repente unas manos me sujetaron con delicadeza pero con autoridad por los brazos y me llevaron -yo caminando hacia atrás con cara cómica de ¿qué está pasando?, lo sé porque comenzasteis a reíros todos…-, hasta colocarme frente al micrófono.

Pero ahí no acabó mi brillante comienzo… Puesto que a pesar de que había hablado con Paco, el amable encargado del sonido, y me había explicado paciente y lentamente que había que darle al botoncito del micro, en ese momento -como estaba claro que pasaría…- lo olvidé!!!    :(   Y fue él mismo el que tuvo que salir de su puesto y encender el micrófono, rápido y diligente -apenas vi pasar una sombra un segundo delante de mí- para sacarme del aprieto. Aprieto en el que ni tan siquiera me había dado cuenta de que andaba metida, porque yo seguía con mi perorata… Bueno…, el caso es que al fin parece que se me escuchaba…

Hablé del agradecimiento de Mario y Javier a sus madres… Entrañable momento en que les habían entregado unas flores…

Y a continuación fue Ivana, la simpática y risueña amiga de Mario, la que habló de los comienzos de su amistad con éste, y de lo largo y hermoso de su relación… Y tan emocionada (y guapa) estaba, que al final no pudo reprimir el llanto… Llanto que por empatía me contagió a mí!!! La quería matar!!!! Jajaja… No, en serio. Estuvo brillante Ivana. Sincera, tierna y cercana. (Un beso, preciosa.)

Y después le tocó el turno a Ángel, que leería en nombre de la amistad que le une a Javi…, si estaba!!!

Jajaja… Fue un momento kafkiano del todo. Los novios, cada uno a un lado del micro, el micro vacío, y Ángel… ¿?

De repente todos empezamos a preguntarnos dónde estaba Ángel, si alguien lo había visto…

Una vez más, Javi hizo gala de su don natural para resolver situaciones “pelín” peliagudas, y con destreza, gracia y templanza, se acercó hasta el micro, y con una voz clara y hermosa, dijo:

– Ángel, por favor, acuda al micrófono…

Todos rompimos en risas de nuevo, e inmediatamente, -todo se resolvió en apenas un minuto-, justo en ese instante, Ángel hizo su aparición de entre el hermoso jardín que nos rodeaba, y después de pedir graciosas disculpas, hizo un alegato, ocurrente y entrañable, sobre la trayectoria de su amistad con Javi.

Estuvo ingenioso y divertido, y se hizo patente su dominio de las palabras -y de los nervios- en cualquier situación, momento y terreno.

Y desde aquí, por cierto, le doy las gracias por no emocionarse hasta el llanto y llevarme a mí a él. Con sus palabras livianas y divertidas me obsequió unos minutos preciosos con los que recuperarme, porque a renglón seguido, iba de nuevo yo. (Besazo también, guapo!)

Y a continuación comenzó la ceremonia…

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Hay que ver qué guapos!!! Y qué entrañables las miradas entre Javi y Mario.

Como ya sabéis más o menos cómo fue todo…, hablaré de dos grandes momentos que aún no he comentado…, adrede, guardándolos con celo para este divino instante…

Momento Google.

Google, para quien aún no lo sepa (imposible si estuvo allí, pero bueno…), es el monísimo West Highland White Terrier, -también conocido como Westy-, de Javi.

Y a Mario y a Javi les hacía ilusión que Google llevara los anillos. De modo que ahí estaba Carol, impresionantemente guapa, para “acompañar” a Google y que éste no pudiera despistarse en un terreno que no controlaba y rodeado de tantísima gente.

No obstante, nada más Google distinguió a Javi entre el gentío, anduvo alegre hasta él, -siempre de la correa que llevaba Carol, porque al final renunciaron a la idea de dejarlo suelto- y Javi se acuclilló para soltar del cuello del apuesto Westy (que la verdad, casi me sorprendió que no le hubieran hecho un traje a juego con el de los novios…  :), el collar con bolsillo incorporado donde se supone que iban los anillos.

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Porque a todo esto, no sé si al final los anillos iban ahí de verdad, o los tenía a buen recaudo el novio… No importa. Lo verdaderamente importante es que Google -y Carol- estuvieron impresionantes en su paseo por el pasillo bajo el bello olivo engalanado de tul blanco, y los anillos estuvieron a punto.

Y seguidito a éste, llega el segundo momentazo de la ceremonia:

Momento anillos.

Fue para mí muy emocionante ver como mi querido Javi, -después de tantísimos años de amistad compartida y sincera, tantos momentos juntos compartiendo lo bueno y lo malo de nuestras vidas- contestaba alto y fuerte a la pregunta de si quería compartir su vida junto a Mario mientras, con un poco de dificultades -después de todo sí debía andar algo nervioso…., aunque no se le notara por fuera…-, colocaba la alianza en la mano del apuesto Mario.

E igualmente emotivo resultó cuando Mario, con la voz un poco más rota -tanto que yo tuve que repetir por el micro su respuesta, que entonces el volvió a repetir mucho más alto al darse cuenta de que no debía habérsele escuchado- le ponía a Javi el anillo en su dedo.

Sí. Fue un hermosísimo y conmovedor instante…, ¡que nos llevó al final de la ceremonia!!!!

Dios!!! Tantos nervios de tantos días, y de repente todo había acabado.

 

Bueno. Falta el momento beso. Del que por cierto no tengo fotos. Lo sorry!!!  :(  

(Alva, que andaba en las sombras, pero tan nervioso como yo, no estaba para hacer muchas fotos. Sólo las que veis aquí, menos las que he sacado de internet y que llevan el nombre de la página, y las que Majo Gimeno tan amablemente me ha dejado, y que en cada una de ellas, lo pone… El resto, son nuestras…  :)

Pero puedo deciros que fue un Beso de Verdad.

Uno de esos besos que te hacen sentir que tienes el mundo en tus manos…

Un beso emocionado, explosivo. Idéntico a los miles que se habrían dado antes de ese momento, y exacto a los cientos de miles que se darán después. Un beso enamorado. Y yo sólo puedo desearles que no se les acaben nunca los besos… Que siempre sientan la necesidad, el deseo, las ganas, de darse un beso más…

A continuación tuve la inmensa suerte -ya que era la que más cerca estaba de ellos- de ser la primera en felicitarlos con un emotivo y cariñoso abrazo. En algo me tenía que beneficiar por todos los nervios que había pasado, y que en ese mismo instante, -debo confesar-, se fundieron con la arena…, se esfumaron por el aire…, y me relajé por completo…

Mientras una nube de mujeres guapísimas y elegantes hombres de todas las edades, se cernía sobre los recién casados, yo me hice a un lado, todo lo discretamente que pude, y empecé a buscar entre la gente, desesperada y ansiosa, la sonrisa satisfecha de Alva, que viniera a confirmarme que, desde su punto de vista, todo había ido bien.

Casi en ese mismo instante, un montón de guapas, correctísimas y simpáticas, y algún que otro mozo de las mismas características, pero sobre todo chicas, inundaron la zona Beach del Hotel Varadero, y comenzó uno de los catering, -que a decir de todo el mundo-, fue uno de los más completos, riquísimos, bien servidos y exquisitos, que nunca hubiéramos disfrutado…

Y antes de que hasta mí llegara Alva, he de reconocer que llegaron otras muchas personas, muchas, más de las que jamás se me ocurrió que llegarían, a felicitarme…

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Felicitarme… ¡¡¡¿a mí?!!!

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Pues sí. Así fue. Y tengo que confesar que jamás se me habría ocurrido pensar que eso sucedería…, pero pasó Y aunque un poco abrumada, muy sorprendida y algo cohibida al principio, fue para mí un placer y un orgullo -pero no por mí, sino por los novios- saber que tantas personas se tomaban la molestia de venir a decirme cuánto les había gustado la ceremonia. De nuevo, en la última y cuarta parte de “Crónica de una boda encantada: Pinceladas”, aprovecharé para los agradecimientos personales… :)

Pero quería destacar este momento, porque fue de dicha infinita para mí.

No sólo no había cagado la ceremonia de mi queridísimo amigo Javi, y mi queridísimo amigo Mario, sino que parecía, a juzgar por todo lo que escuché, que la gente había quedado gratamente sorprendida y satisfecha.

Gracias!!!

Y entonces, por fin, llegó Alva… Y me tiré a sus brazos para fundirme en ellos, con una necesidad urgente. Apasionada… Necesitaba que me abrazara… Necesitaba sentir su complicidad, su cariño, la confirmación de que él estaba orgulloso de mí… Oh! Con que placer me vi en sus ojos que me devoraban con esa sonrisa que tan bien conozco y que venía a gritarme: ¿Lo ves? Te lo dije… Todo ha ido bien. No tenías por qué preocuparte… Te quiero.

Y con esa inmensa felicidad nos fundimos con todos los invitados en una fiesta de sublimación de los sentidos…, sobre todo el del gusto… Y disfrutamos de todas las pequeñas cosas, ¡decenas de apetitosos platos!, que pasaban una y otra vez frente a nosotros, ofrecidos siempre con una correctísima y bella sonrisa detrás. Desde un jamón serrano -que cortaba constantemente allí mismo un erudito en la materia-, y que como se suele decir “quitaba el sentío” de rico que estaba, hasta las famosas ortiguillas de mar que un buen amigo nos había recomendado que no dejáramos de probar en Cádiz…  :)

Y corrieron generosas toda clases de bebidas, frías y servidas en copas heladas. Desde la humilde y recurrente coca-cola, con la que yo casi acabo -jajaja, ahí me falla el glamour!!! Jajaja-, pasando por casi todo lo que te imagines, hasta un jerez de la tierra, escanciado con arte y servido con gracia por una bella joven ataviada al uso, que -lo siento- yo no probé, (me refiero al vino, claro… :), pero según comentaron algunos invitados, estaba riquísimo.

Sonaba la música, imagino, pero sinceramente no recuerdo qué… Y todos hablábamos, nos abrazábamos, comíamos, bebíamos, reíamos… Así no sé durante cuánto tiempo, pero sí puedo asegurar que se nos hizo del todo de noche…

Sin que nos diéramos cuenta el hermosísimo jardín se plagó de cientos de discretas luces, lámparas colgantes de los árboles, velas en quinqués preciosos, antorchas de fuego… Confiriendo más si cabe, al lugar, un halo de magia y ensueño que cuadraba perfectamente con el ánimo y el tono del alma de la celebración…

Y así, de forma natural, cuando ya estábamos bien llenos y satisfechos, -nosotros y nuestros estómagos-, recibimos la amable y encarecida indicación de que “ya” podíamos pasar… a la cena!!!!!!!!!!!!!

Pero… ¿Ahora hay que cenar????!!!!

Jajaja…

Bueno… Pues allí que fuimos…

El sitio destinado a la cena, en otra sorprendente zona del jardín del Varadero, era como de noche de leyenda…

Las mesas, todas redondas, menos la de los novios, -bajo un bello parasol de tela y borlas colgantes en la que cenaron ellos solos-, estaban distribuidas en torno a una preciosa fuente, circular también, adornada con flores flotantes y veleros que presidía en su centro una imponente y enorme cabeza de piedra, de algún dios indio, o azteca… No sé. Impresionante.

Sobre el césped, rodeados nuevamente de luces indirectas llegadas de farolillos, veleros, antorchas y originales lámparas, en un ambiente elegante, tranquilo, un poco mágico, -todo glamour, como no podía ser de otra forma, viniendo de los seductores, excelsos, y encantadores anfitriones de la fiesta-, comenzamos a degustar la deliciosa cena…

A pesar de lo esmerada y riquísima y apetitosa que era la comida, tengo que decir que entre tanto regalo para los sentidos…, la comida en sí, (ya lo dije antes, bogavante relleno y tiernísimo solomillo, ambos delicada y primorosamente guarnecidos), fue lo de menos.

Lo fascinante de la cena fue una suma de todo lo que nos rodeaba, ingeríamos, veíamos, escuchábamos (una original selección de versiones de famosísimas canciones), olíamos, sentíamos y disfrutamos… Un regalo para los sentidos.

Nadie gritó vivan los novios, ni -gracias a Dios!!!- estos se cortaron la liga, ni la corbata, ni ninguna otra cosa… Jajaja!!! Nada de bromas de mal gusto. Nada de estridencias ni escándalos… Que podía haberlos habido, no digo yo que no… Pero todo estuvo en consonancia con la plácida noche y las sonrisas risueñas de los recién casados… El talante, hasta que llegó la fiesta discotequera un rato después, fue de lo más elegante y refinado…

Felicitación a parte merece la mesa de las alegres y encantadoras primas (tía encantadora y demás familiares) de Javi, que amenizó el final de la cena haciendo los coros -bastante bien interpretados hay que señalar- a alguna de las canciones que sonaba, y que puso un punto divertido e incluso cinematográfico a la cena… ¿Quién no recuerda la escena del restaurante con toda la peña cantando el ‘I Say a Little Prayer’ en “La boda de mi mejor amigo”????   :)

De repente nos sirvieron el postre y la tarta… Todo riquísimo una vez más.

Los novios se pasaron entonces por las mesas a preguntarnos cómo estábamos y así pudimos agradecerles tanto placer…

Nuestra cena especialmente -la de Alva y la mía- fue más estupenda aún si cabe, porque tuvimos el honor de compartir mesa con dos parejas maravillosas y la niñita -que estuvo educada y correctamente dormidita en su cómodo carrito de bebés toda la noche- de una de ellas, y que fueron un grato descubrimiento y un auténtico placer. Ya sabéis, más, en “Pinceladas”…  :)

Fue en ese momento, -cuando Mario y Javier se acercaron hasta nosotros-, cuando nos entregaron un regalo como agradecimiento por haber ido. Y es que no tuve la sensación de estar recibiendo el típico “regalito” que se hace siempre en las bodas… No. De veras tuve la impresión de que los novios, de verdad agradecidos y felices, nos hacían “un regalo”… Fue, como todo, muy especial.

Y claro… Como no podía ser de otra forma, también fue especial el regalo… (Jajaja…)

Si todos los invitados nos habíamos quedado boquiabiertos ante lo original y por otra parte divertido y entrañable del momento “lámpara tailandesa” del comienzo de la ceremonia…, poco podíamos imaginar entonces, que cada uno tendría la increíble posibilidad de lanzar a volar al cielo sus propios deseos… ¡¡¡Pero ese fue precisamente el obsequio que Javier y Mario nos hicieron!!!

¡¡¡Una lámpara tailandesa para lanzar al cielo!!!

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¿Qué me decís? ¿Mola o no mola? ¿Son o no especiales y originales estos chicos?

En el sobre, grande, -para que quepa la lámpara, claro- se podía leer, porque ellos mismos habían escrito de su puño y letra: “Piensa un deseo”. La fecha, y sus firmas…  :)

De modo que…, acabando la cena, volvimos a la zona donde se había celebrado la ceremonia, que estaba ya recogida, acondicionada y convertida en la zona de fiesta-baile-discoteca, lista para ser el liberador y divertido lugar donde rematar un día perfecto!!!

Las luces de colores que se movían y cambiaban, como en una discoteca, pero al revitalizador aire libre, y la música, hábilmente seleccionada y lanzada a la templada noche…, nos esperaba…

 

Pero antes llegó el momento…

Lámparas al cielo.

Y es que fueron muchos los invitados que no pudieron resistirse al impulso de encender y lanzar a la suave noche gaditana, sus lámparas tailandesas, inundando el cielo de hermosas luces y mágicos -y privados- deseos…

Fue un momento impresionante… De verdad.

Resumía la esencia de un día maravilloso.

Era emocionante ver cómo las lámparas subían prendidas, alto, muy alto…, hasta confundirse con las luces de las estrellas… Fascinante. Mágico.

Y aún nos quedaba por delante una fiesta increíble, en la que los novios se quitaron sus originales y preciosas chaquetas largas o casacas, y se quedaron con unas favorecedoras especie de camisas largas, sin mangas, con las que estaban terriblemente atractivos… ;)

Lo primero que escuché fue “Color esperanza” de Diego Torres… ¡No podía creerlo!!!!   :)  Y a continuación -pensé en aquel instante- como no podía ser de otra forma estando por ahí Javier Sanchis Roger…, jeje, inundó el aire Michael Jackson…

Recuerdo que me paré un momento. Conscientemente detuve mis pasos y me paré un instante aspirando el aire de la noche… Quería anclar ese momento a mis recuerdos. Quería perpetuarlo para no olvidarlo nunca. Lo feliz, lo cómoda, lo emocionada que me sentía… Observé durante unos segundos las lámparas uniéndose al firmamento sobre mi cabeza, y la querida música de nuestro querido Michael pegándose a mi piel, mientras Alva me estrechaba entre sus brazos, y la presencia latente y dichosa de Javi y Mario nos rodeaba… Sí. Cerré los ojos y me dejé querer. Sí. Como una niña caprichosa y consentida, me dejé mimar por la vida. La vida, que ese fin de semana, tan generosa fue conmigo…

Y luego…, -barra libre de todo lo que desearas tomar…-, Alva y yo nos fundimos con el alma de la fiesta…

Una fiesta impresionante donde todo el mundo bailó y disfrutó todo lo que quiso… Fue un verdadero placer ver a los familiares menos jóvenes, tanto de la familia de Mario como de Javi, entregarse a ese noble arte que es dejarse invadir por la música y moverse al ritmo mientras uno se lo pasa bomba!!! Qué gusto!!!

(Ya sé que esta foto no es de la fiesta, -que no tengo fotos… :( -, ¿pero a que están guapos?)

La pista se mantuvo llena todo el tiempo, -con la buena selección de canciones era imposible estarse quieto…- albergando a un tiempo a varias generaciones en una comunión total, donde todos éramos uno con la música y con el espíritu de felicidad y alegría que flotaba a nuestro alrededor…

Mario y Javier estaban… ¡tan guapos! De veras lamento no tener fotos de ese momento, pero, ¿quién se preocupaba entonces de fotografiar? Todos estábamos muy ocupados en disfrutar!!! Pero os aseguro que se les veía, en la forma de moverse entre sus invitados, en el plácido gesto de la cara, en cómo bailaban, que estaban tan satisfechos y felices como sólo unos recién casados disfrutando de su día, pueden estar…

Fue un placer estar allí…, y compartir esos momentos con ellos.

Alva y yo nos retiramos como un poco antes de las cinco de la madrugada, y la fiesta aún seguía…, de hecho aún quedaba por sacar el “resopón”, que según creo constaba de pastelitos y “un caldito”. Me dejó intrigada y me hizo mucha gracia lo del “caldito”… Pero nosotros teníamos que levantarnos pronto para regresar a casa, en el que fue un viaje maravilloso… Nos sentíamos plenos, felices, alegres, ilusionados, ¡radiantes!… La sonrisa, señal inequívoca de satisfacción, no se nos borró de la cara en todo el día…

Una vez más, chicos, mil gracias por un fin de semana ¡perfecto!

 

Besos -de verdad- “encantados”  :)

 

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Javier y Mario sólo me dieron dos directrices respecto a lo que querían para su ceremonia.

Una, que antes de empezar el acto en sí, después de que ellos les entregaran a sus madres -Concha y Catalina- unas flores, y luego echarán a volar la lámpara tailandesa, hablara un poco sobre la familia, y especialmente sobre las madres.

Luego leerían Ivana -por parte de Mario- y Ángel -por parte de Javier-, en nombre de la amistad.

Después empezaba la ceremonia propiamente dicha. Y eso incluía la otra petición que los novios me hicieron, y fue que incluyera los artículos del Código Civil que en la boda oficial en el Ayuntamiento, estos prometen.

Sólo eso. En todo lo demás me dejaron libertad. Demostraron su confianza en mí, cosa que aunque me tuvo durante muchos días loca de miedo por la responsabilidad, me dio alas para escribir lo que quise. He de confesar que lo pasé terriblemente mal a la vez que disfruté tremendamente.

Éste fue el primer texto. Cortito, no llega a folio y medio.

 

La vida es casi siempre, y fundamentalmente… Un cruce de caminos.

Antes de que como personas independientes comencemos a andar en solitario nuestro propio sendero, nacemos en el seno de una familia que nos protege y -a la vez- nos define, y que marcará para siempre con la fuerza y la esencia de sus valores, el rumbo de nuestros pasos.

Ahí están nuestros padres para atendernos, enseñarnos, querernos, velar nuestros sueños y dirigir los que, una vez abandonemos el nido, serán nuestros futuros vuelos.

Y, esencialmente están nuestras madres, esas mujeres valientes y capaces, -siempre humildes y nunca ausentes-, en cuyo interior se forja nuestro ser, y que después de ponernos en el mundo ofreciéndonos un regalo que sólo ellas pueden hacernos, -la vida-, siguen siempre a nuestro lado, cuidándonos y queriéndonos como sólo una madre sabe hacer. Sufriendo siempre por amor, y siempre por amor luchando. Y va representado en esa flor, todo el amor y agradecimiento de sus hijos a Concha y Catalina.

Una vez salimos del nido familiar y comenzamos a dar nuestros primeros pasos en solitario…, ¿qué sería de nuestra vida, -como personas independientes, como seres humanos libres, pero solos-, si no interaccionáramos con otros seres maravillosos? Si no se cruzaran con otros…, nuestros caminos.

Javier y Mario, Mario y Javier, exploraban el mundo con la esperanza en la mirada, la sonrisa en los labios y el deseo de amar bien instalado en sus ganas de vivir, cuando, -caprichoso y bendito- el destino, quiso que sus pasos se encontraran.

Intuyeron desde un primer instante que la soledad se había acabado. Y hoy saben que uno caminará siempre de la mano del otro, y que a partir de aquí van a recorrer juntos, por fin y por amor, un único camino.

 

Tras esto, como he dicho antes, leyeron -brillantemente- Ivana y Ángel, y empezó la ceremonia… Así…

 

Hola a todos…

Me llamo Beatriz. Quiero mucho a Javier y a Mario, y he sido obsequiada con el placer de hacer de intermediaria entre vosotros y los novios.

Hoy estamos todos aquí, porque dos personas que se aman han decidido compartir su vida, y la felicidad que eso les provoca, con todos nosotros. Y aunque quizá suene un poco cursi, creo que no hay motivo más hermoso para reunirse que celebrar el amor y compartir la felicidad. Y en este instante, ¡todos formamos parte de ese momento! Este momento, que se convertirá en el recuerdo de uno de los días más felices de su historia juntos y que espero que no olviden nunca mientras vivan.

Y ahora si me permitís, me voy a dirigir a ellos, que son de verdad, y estoy segura de que coincidiréis conmigo, los verdaderos protagonistas de esta reunión.

Mario, Javier… Os miro y de un sólo plumazo despejáis todas mis incertidumbres, convertís en esperanza todos mis temores. Al observaros de cerca, no me cabe la más mínima duda: El Amor -con mayúsculas- existe.

El amor es la mano que mece el mundo. La mágica mantequilla que hace que la tostada del duro lunes, sepa a rico sábado por la mañana. El amor es el motor que nos empuja a seguir. Es lo que da cuerda a nuestra vida. Lo que nos provoca las sonrisas más hermosas y sinceras. Lo que renueva nuestra fe en el ser humano. Nunca somos tan positivos y confiados, ni nos sentimos tan útiles y capaces como cuando estamos enamorados.

Mmm… Esa es una sensación que debería poder embotellarse para aspirar más tarde…, cuando se nos acaban las fuerzas, las ilusiones o las ganas. Porque nada cura el alma con más eficacia, más rapidez y contundencia que el amor. Que el tener cerca, muy cerca -contra más cerca mejor- a la persona amada.

Y que os amáis no es un ningún secreto. Lo gritan por vosotros vuestros gestos, vuestros actos, vuestra mirada…

Pero hoy estamos aquí para celebrar algo más… La consecuencia natural de amarse: Andar un único camino, formar una pareja.

De lo que estoy hablando, en una palabra, es…, de la convivencia.

Porque una cosa es amar mucho, y otra compartirlo todo. Y todo, o casi, es lo que dos personas que se aman pasan a compartir cuando deciden unir sus vidas y convivir.

Convivir es una palabra hermosa. Una empresa apasionante. Pero a veces también, -por momentos-, es una tarea compleja. Claro, que nadie dijo nunca que las cosas maravillosas de la vida, fueran gratis.

Yo, humildemente, sólo puedo hablar de ello a través de mi experiencia…, algunos años de convivencia… Casi 23. No sé si eso me otorga o no algún derecho para poder hablar de ello, pero desde el respeto, voy a tratar de hacerlo.

Y voy a ser breve. No temáis. (…jeje)

Requisito fundamental para la convivencia: Amarse. Sin eso, es cierto, no vamos a ninguna parte. Amarse de verdad, es tener mucho ganado. Eso, -es obvio-, vosotros lo tenéis. Empezamos bien, chicos. Uno a cero a vuestro favor.

La generosidad. La generosidad, Javier, Mario, es casi tan imprescindible como el amor, porque hoy uno y mañana el otro tendréis que ceder generosos en discusiones tontas, momentos de duda, situaciones absurdas. Es cierto que la convivencia es muy bonita, sin embargo, también es así, caprichosa y está llena de pequeños escollos.

Pero sé de vuestra generosidad. La conozco perfectamente… Vamos de lujo. Dos a cero.

La fidelidad. Pero no me malinterpretéis… No hablo tanto de la fidelidad al otro, -que también-, como a uno mismo. Engañar es de pusilánimes, de miedosos. De cobardes. Tratad de ser siempre valerosos y valientes, y no traicionéis nunca el amor que hoy os tenéis, ni en su defecto, llegado el caso, el recuerdo de ese amor. Ser fiel a un sentimiento, por encima de los problemas que puedan surgir, es un desafío que siempre merece la pena.

Sé también de vuestro compromiso. Con vosotros mismos y con el otro. Sois personas cabales, resueltas y valientes. Esto pues, pone la balanza…, en tres a cero.

El respeto. Éste es uno de mis requisitos favoritos. Respetad al otro, Mario, Javier, tanto como queráis ser respetados. Porque además, el respeto es un valor esquivo. Requiere de un trabajo y un esfuerzo diario… Pero estad atentos, el respeto, una vez lo pierdes…, es difícil de recuperar. Y la falta de respeto es un camino que nunca lleva a buen puerto. Pensad que siempre, ¡siempre!, existe una forma correcta, educada y respetuosa de deciros las cosas, incluso las más difíciles y dolorosas. Es verdad que por desgracia no siempre podemos elegir qué decir, pero no olvidéis nunca que lo que podemos elegir siempre es cómo decirlo.

Me consta que sois dos jóvenes bien educados y respetuosos. De hecho, sois el yerno ideal de cualquier suegra… Y eso pone las cosas en cuatro a cero.

Para acabar, no puedo por menos que advertiros que una relación que se pretende sea larga, no siempre será un camino de rosas. Las cosas no siempre serán fáciles…, y aquí llega el último de los requisitos… La perseverancia, chicos. Perseverad en vuestro amor, cuidadlo y alimentadlo cada día. No os acomodéis, no deis nada por hecho. Llegado el momento luchad con uñas y dientes por aquello que creéis que merece la pena. Las armas de las que dispondréis serán la paciencia, la tolerancia con las pequeñas cosas, la comprensión, la humildad, la entereza, la calma…

Recordad que en la mayoría de casos, sin esfuerzo no hay recompensa, y vuestro amor no será una excepción. Si queréis amaros para siempre, tenéis que estar dispuestos a arremangaros y poned todo vuestro empeño en ello. Y no temáis las crisis, ya sabéis que los orientales interpretan la palabra crisis como sinónimo de oportunidad… Aprovechad cada crisis, pues, para salir reforzados de cada una de ellas, y amaros más y mejor. Merece la pena.

Y como sé que sois fuertes y tenaces, y que no dais nada por perdido…, acaba el marcador…, con un prometedor cinco a cero.

Así es, todas las apuestas, Javier, Mario, están a vuestro favor y os dan por ganadores. No hay mejor forma de empezar…

Y no olvidéis nunca que el amor, para que sea perfecto, tiene que hacernos mejores personas. Debe sacar lo mejor de nosotros mismos y potenciarlo hasta las estrellas y más allá. El tímido irá ganando poco a poco seguridad en sí mismo. Y el que duda de cómo saldrán las cosas, irá sintiéndose cada vez más confiado en el futuro.

Eso tiene el amor, y sólo eso debe importarnos. Porque al fin, sólo lo que hemos amado nos salvará. El amor siempre nos salva, de la tristeza, de la soledad, incluso de la muerte, porque aquel que ha amado puede jurar que ha vivido.

Y basta miraros a los ojos para saber que sois personas de ley, buenos hijos, buenos hermanos, buenos amigos de vuestros amigos… Buenos amantes. Y a partir de hoy, estoy segura, porque os conozco y creo en vosotros, seréis ya, y para siempre, buenos cónyuges.

Y hablando de cónyuges… Voy a leeros a continuación, sólo para recordaros, los derechos y obligaciones de los cónyuges según el Código Civil ante el que ayer prometisteis… Y que son los siguientes:

Según el artículo número 66 debéis recordar que:

Los cónyuges son iguales en cuanto a derechos y deberes.

Según el artículo número 67, es importante que recordéis que:

Los cónyuges deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia que acaban de formar.

Y por último, según el artículo número 68, no podéis olvidar que:

Los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. Deben, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo.

Bueno, esto es lo que dice la Ley, que es una forma bastante impersonal y aséptica de deciros que tenéis que amaros mucho.

Y ahora, por favor, quisiéramos escuchar de vuestros propios labios, aquello que queréis comunicaros, y de lo que nosotros seremos mudos y emocionados testigos… Vuestros votos:

.

Mario: (Votos de Mario.)

Javier: (Votos de Javier.)

.

Entiendo, después de escucharos, que estáis seguros del hermoso camino que estáis prestos a empezar, pero aún así, todos quisiéramos escuchar cómo lo ratificáis con vuestras voces.

Momento GOOGLE.

Por eso, y porque me hace mucha ilusión preguntarlo, y estoy segura de que a todos vuestros familiares y amigos, escucharlo…

Javier: ¿Quieres que, a partir de hoy, tu camino sea uno con el de Mario, y aceptas el compromiso de trabajar cada día por ser feliz y por hacer feliz a Mario, a través del respeto y el amor?

– Sí quiero.

Mario: ¿Quieres tú también, a partir de hoy, que tu camino sea uno con el de Javier, y acepas el compromiso de trabajar cada día por ser feliz y por hacer feliz a Javier, a través del respeto y el amor?

– Sí quiero.

Bien, pues. No me queda sino daros las gracias a todos. Y a vosotros deciros que por el amor que os tengo, en nombre de ese amor, y con todo el amor de todos los que ahora están aquí con vosotros, quiero desearos un feliz caminar juntos para siempre, y os declaro… ¡feliz pareja!

Por favor!!! Podéis besaros!!!

BESO.

¡Enhorabuena! Podéis empezar a caminar…, vuestra nueva vida juntos.

 

Fin…  :)

 

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...

 

 

 

 

Siempre nos contaron, cuando éramos niños, que en las felices bodas que ponían punto final a los cuentos de hadas, el príncipe y la princesa comían perdices y eran felices eternamente.

Yo, -conforme empecé a crecer-, curiosa, esperaba siempre que continuara la historia. Quería saber si el príncipe soportaría que la princesa fuera, tal vez, una maniática de la limpieza, y que cantara constantemente, sin parar, con la voz engolada y “pastelona”, hasta en las situaciones más absurdas. Y me preguntaba qué pensaría la princesa de que quizá el príncipe saliera todos los sábados de cacería con sus amigotes, dejándola sola en palacio, y volviera sucio, sudoroso y oliendo a lo que sea que fuera con que se emborracharan entonces los príncipes.

Si, siempre me intrigó esa parte que nadie escribía…

El sábado día 17 presencié una boda de cuento entre dos príncipes, y lo mejor, es que sé perfectamente cómo continua la historia después de ese fueron felices y comieron bogavante relleno y tierno solomillo -exquisito por cierto, como todo en esta boda-…, porque los conozco. Porque los quiero mucho. Porque estuve allí para mirarles a los ojos mientras se prometían intentar con todas sus fuerzas amarse para “siempre”.

Valencia, -Bétera más concretamente-, dista de Cádiz, -Zahara de los Atunes, exactamente,- 834 kilómetros, y ni uno fue en balde. Este fin de semana ha merecido la pena cada metro que recorrimos hasta llegar a nuestro destino…

El Hotel Varadero.

 El Hotel Varadero es un lugar de ensueño, -cuidado hasta el límite en sus detalles más pequeños,- dirigido por dos guapas y simpáticas hermanas -gaditanas, imagino-, Elena y María José, que han sabido hacer de un hotel pequeñito, el fin perfecto de cualquier viaje.

Las habitaciones no tienen número… La nuestra se llamaba Sol. La de los novios Luna. La de un poco más allá Nube. La otra Eclipse, y así hasta diez habitaciones, distinta, original y exquisita cada una de ellas…

Pero a pesar de que el hotel, -sus habitaciones, su restaurante, su recepción-, todo es maravilloso, como de cuento, lo mejor está en el exterior… Ese jardín de ensueño, con mil detalles espectaculares, -vibrantes de sensibilidad-, que rodea y convierte el sitio en el más hermoso de los lugares… Cada rincón te provoca serenidad y a la vez te carga de energía; te inspira paz, te evoca paraísos de leyenda; te vuelve sensitivo, romántico, místico. Tiene el poder de intensificar los sentidos. Los enaltece. Los sublima.

A pesar de caer tan lejos de mi querida Valencia natal, no puedo sino reconocer que es un sitio maravilloso para casarse, para celebrar el amor, o para pasar, sencillamente, unos días fabulosos. 

De hecho, estoy segura, casi al cien por ciento, de que todos los familiares y amigos, -tanto de Mario como de Javier, que estuvimos compartiendo con ellos aquel día increíble-, estarán de acuerdo conmigo. Está boda es de diez. (O como decía Coco en Facebook… “se puede poner más de un 10?”)

Han pasado ya unos días y sigo con una cómoda sensación de felicidad impregnándome la piel… Como si flotara en una nube… Pelín nostálgica de todo lo que vivimos…

Echo la vista atrás y recuerdo la noche en que Javi y Mario vinieron a casa a cenar con Alva y conmigo, y de repente me propusieron “oficiar” la ceremonia de su boda…

¡¡¡No os podéis imaginar!!! Me levanté de la mesa de un salto y corriendo me metí en casa… -estábamos cenando en la terraza- y no quería salir!!!

La verdad es que no sé por qué reaccioné así. La verdad es que no sabía cómo reaccionar… Sencillamente no podía creer lo que me estaba pasando. ¿Hablaban en serio? ¿Era una broma? ¿De verdad pretendían que yo “los casara”?

En fin, os ahorraré la descripción de mis pensamientos, temores, dudas, momentos de histeria, desconfianza en mí misma, pavor en estado puro y todas las vueltas que le di a mi cabecita durante los casi dos meses siguientes…

Rápidamente pensé que aquello iba a ser como el sexo en una pareja. ¡…!

A ver. Me explico.

Siempre he pensado que el sexo, si va bien en una pareja, representa digamos, el 10 por ciento de la relación. Lo que funciona y no da problemas, no da que hablar, se disfruta y ya está. Es una cosa más de las muchas que conforman el universo de una pareja. Pero si el sexo va mal…, si por algo no funciona, puede llegar a convertirse en el 90 por ciento de la relación.

No sé si he conseguido explicarme… Me refiero a que si el sexo va bien, lo disfrutamos y punto, no “le echamos cuentas”. Pero si va mal, pasa a ser terriblemente importante, se convierte en un verdadero problema, puede ser un desastre y dar incluso al traste con la pareja…

Así pensé que sería mi intervención. Si todo salía bien, mi papel no iba a representar apenas nada… Tenía que ser una intervención discreta, en su punto. Los protagonistas eran ellos. Pero si lo hacía mal, si metía la pata y no hacía una ceremonia, cuanto menos digna, podía arruinarles un día que por lo demás iba a ser perfecto.

¡Me quería morir!

Así me sentía. Completamente aterrorizada. Presionada. Por mí misma, nunca por Javier o Mario que siempre se mostraron pacientes e increíblemente confiados en mí. Mil gracias, chicos!!!

Además, circunstancias ajenas a la boda que ocurrieron en agosto: La pérdida repentina y terriblemente dolorosa de Dama, una de mis queridísimas perras, y la ausencia de Alva a la vez, durante casi todo el mes de agosto, me dejaron sumida en un estado anímico muy poco propicio…

Tuve que sacar fuerzas de flaqueza, y armarme de todo el amor que siento por Javi y Mario, para ponerme manos a la boda…  

Gracias al cielo, hablar de amor no me cuesta, es algo que respiro día a día a mi alrededor. Creo en el amor. Vivo gracias a él.

Durante las dos últimas semanas leí, leí y releí toda la ceremonia, aprendiéndomela de memoria -como en mis mejores tiempos de estudiante o cuando hacía teatro- para no tener que leer en ese mágico momento y poder salir sin papeles… Y lo logré! Me la sabía perfectamente!!! Pero…, ya visteis lo que ocurrió…  :(    Una maldita mezcla de emoción e histeria dio al traste con mis planes, y no sólo tuve que salir con los papeles en la mano, sino que no pude sino leer, y aun en ocasiones, hasta leer me costó, porque ni la voz me salía…

Sólo quería contribuir, -en mi modesta medida-, en el -por otra parte- papel de responsabilidad que me habían dado…, a que todo saliera tan perfecto como Javier y Mario se merecen. Y en serio que eso me abrumaba.

Alva, siempre a mi lado, -como desde hace casi 23 años-, me repitió una y mil veces que todo iba a salir bien, que no tenía nada que temer, que confiaba ciegamente en mí… (¡Mi chico!)

Que la boda iba a ser algo fantástico…

Y desde luego en eso no se equivocó… La boda, -todo el fin de semana de hecho-, fue tan maravillosa como sólo Mario y Javi merecían que fuera todo.

Sólo puedo decir que me siento honrada de haber, no sólo estado allí, sino en la medida en que pude, haber formado parte de un acontecimiento tan emocionante, entrañable, divertido… Perfecto!!! 

Pedir disculpas, ya de paso, por los nervios que no me abandonaron hasta que finalizó la ceremonia… Porque entonces sí me relajé, y disfruté de todo como una loca… Perdón por las lágrimas que en más de una ocasión, y cuando no debían, acudieron a traicionarme. Y perdón, sobre todo, por alguna palabra malsonante que se me escapó… “Desde luego os habéis empeñado en joderme la ceremonia!!!”, o algo así que dije en un momento en que tenía que seguir adelante con el acto, y la congoja por las palabras de Javi en sus votos, y la emoción desbordada de Mario, dieron al traste con mi temple y no pude sino echarme a llorar… ¡¡¡Y tenía que seguir hablando!!! ¿Cómo?!!! Gracias al cielo como respuesta a mi frase, sólo escuché risas entre todos vosotros, y eso me animó. Aún así, en serio, quisiera pedir disculpas a quien se pudiera sentir ofendido por mi reacción… :(

Por cierto. Hubo alguna persona que felicitándome por la parte que me correspondió en la ceremonia, me dijo que le encantaría tener por escrito algunas de las cosas que había dicho sobre el respeto, el amor, la generosidad… Dejo aquí, por ello, en la próxima entrada -titulada “Crónica de una boda encantada. El texto”-, el texto completo de la ceremonia, tal y como lo concebí y fui leyéndolo. Faltan, eso sí, los comentarios que fui añadiendo en ese momento de forma improvisada, por los nervios o para aligerar un poco la seriedad de mis palabras…

Fue un placer para mí acabar celebración tan emocionante y emotiva sin haber metido demasiado la pata, y comprobar que la mayoría de vosotros quedasteis más o menos satisfechos con la parte que a mí me correspondió. ¡Vamos! Que nadie se quedó dormido ni salió corriendo…  :)

En la última parte de esta “Crónica de una boda encantada. Pinceladas”, van los agradecimientos de una forma más detenida y personal.

Y es que es mucho lo que, después de ese fin de semana, tengo que agradecer a muchas personas… Y una vez más, a la vida…  :)

Besos “encantados”.

 

 

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