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Posts Tagged ‘ganas’

Ayer fue jueves 22 de marzo, -obviamente la publico hoy, pero la escribí hace días-. Día de goteros.

El tercer gotero.

Hoy estoy “mueta”.

La verdad es que no sé cómo estoy aquí sentada…

Se me cierran los ojos. ¡Solos!

Pero estoy tan contenta que podría explotar ahora mismo, y llenaros la pantalla de serrín… Jajaja… Y me cuesta mucho dejar pasar la oportunidad de gozar lo que voy a gozar escribiendo…, por un quítame que no pueda ver lo que escribo porque se me cierran los ojos y se me cae la cabeza encima del teclado… Jajaja…

La analítica previa al gotero, otra vez: PERFECTA!!!

Al doctor Carañana, mi oncólogo, que es un hombre eficiente y muy correcto pero nada…, lisonjero o adulador, por decirlo de alguna forma, se le notaba ayer más cómodo, distendido y contento…

Cuando entramos a la consulta, levantó la vista del ordenador, me miró, y exclamó: ¡Qué guapa estás! Jajaja… Es como si se sorprendiera!!! Jajaja… ¡Pues qué me iba a decir! Claro, que esto le dio alas a Alva… Ves como no sólo lo digo yo, ves que como se te muy bien, ves como… Bla, bla, bla… Jajaja… ¡Tan lindo!

Y toda la consulta fue como… ¡Una fiesta! Adoro esa sensación de que situaciones “normales” se conviertan en una celebración de…, de… VIDA!!!!

El doctor Carañana, que es un hombre atractivo, pero ayer nos pareció a Alva y a mí, que estaba aún más guapo, y su encantadora enfermera… ¡Merde! Que ahora no recuerdo si es Julia o Luisa… Cómo lo siento… Pero he conocido y sigo conociendo tanto personal sanitario nuevo, y de todos trato de quedarme con el nombre para poder dirigirme a ellos por él…, que estoy un poco confusa. Además Julia se llama una de mis compañeras de “gotero” una señora encantadora, ¡más linda!… Y creo que ayer llamé Julia a la enfermera, que por cierto no me dijo nada, pero creo que es Luisa… o_O

En fin, que el doctor Carañana y Luisa (?) estuvieron magníficos, y siento que nos quedamos los cuatro con una sensación…, muy agradable ellos, y MARAVILLOSA nosotros… Les agradezco tanto ese trato tan humano, tan cordial, tan distendido y en confianza… Nos da mucha seguridad. Estoy convencida, de que “eso” me ayuda a sanar también…

Alva y yo levitamos en esos casos… En serio que tengo esa sensación… ¡Es genial! Fuimos a tomar algo a una terracita mientras preparaban los tratamientos, y fue un lujo de ratito… Qué cara de tonta felicidad teníamos!!! Qué gustazo… Qué afortunados… Qué asco!!! Jajajaja….

Y luego, ya en la sala de goteros…

Dios!!! Cómo querría transmitiros lo que es para mí… Lo que siento. Cómo me siento… Cuando estoy allí.

Imagino que no todo el mundo me entiende, porque por desgracia no todo el mundo se lo toma -puede tomárselo- así… Yo lo entiendo. Y lo respeto. Pero lo lamento tanto… Quisiera poder contagiarles mi alegría…

Yo entro en la sala, y nada más estar dentro… ¡Ya me siento mejor!

No veo enfermeras… Veo ángeles que se mueven en torno a nosotros, -los que estamos allí para curarnos- con “bolsitas de Vida” que nos ponen con toda su profesionalidad y amor… Es un sitio mágico.

A mí se me pone la sonrisa y ya no se me quita en todo el rato.

Algunas personas me miran raro, como si estuviera un poco “p’allá”… Jajaja… Pero a mí no me importa, ¡en serio! Al rato veo como esas mismas personas, acaban sonriéndome cuando nuestras miradas se cruzan… Es muy reconfortante…

Alva fuera, -y siguiendo la costumbre que yo instaurara cuando sus goteros-, me escribe y luego, cuando entra a verme, como cada media hora o tres cuartos, que me trae zumito de naranja recién exprimido, me entra “las cartitas” y cuando se va, yo sufro un ataque de risas y llanto a la vez, que acaba por mosquear a todo el que anda cerca, pero… ¿qué más da?

¿Cómo no disfrutar a pleno pulmón del placer de que alguien te haga reír y llorar, -de risa, de emoción, de amor- mientras por la vena te entra algo que está ahí sólo para luchar por tu vida? De verdad, ¿no os parece digno de celebrarse con todas las risas y lágrimas del mundo?!!!!

Pero aún pasó algo más especial… Casi se podría decir que tuve un momento… ¿“místico”? Uf! No sé cómo llamarlo…

A ratos me pongo la música a todo volumen con los auriculares… Y creo alcanzar la gloria… ¡Dios! La música me vuelve loca… De hecho, en una de las ocasiones que entró Alva, me tuvo que tocar una pierna, porque estaba yo recostada, los ojos cerrados, vocalizando “I was born to love you” de Queen, a susurro en grito, y tocando un solo de guitarra, mientras movía rítmicamente la cabeza como si aún tuviera mi melena hevilona… Jajaja!!!

– Pero no estaba cantando en voz alta, ¿no? –le pregunté aterrorizada.

No. No. Parece que no… Pero claro, un poquito sí tiene que llamar la atención. Pues mira, para el que se alegra de verme así, me alegro por él. Para el que se sorprende y no termina de comprender, para que tenga algo con lo que distraerse. E incluso para el que me critique la actitud, pues…, mientras piensa en eso, más rápido que se le pasa el tiempo de gotero. ¿No? Yo no falto a nadie, ni molesto. Es otra forma de vivirlo. Y de todo tiene que haber. Creo que yo doy una nota de color distinta… :) Y sinceramente, creo que no le viene mal a la situación…

Bien. Pues desde Queen, a Michael Jackson, pasando por la Streisand o Whitney Houston, Deacon Blue o Prince, ahí estoy yo gozando como una loca, parándome de vez en cuando a contemplar cómo el bendito líquido destila gotita a gotita hasta el fondo de mi alma, pasando por mi cuerpo… :)

Es una sensación casi frenética. Arrolladora. En ese momento de comunión entre la música y yo, nada más existe. Es como cuando bailaba de jovencita. Solas la música y yo. Como en una burbuja aislada de todo… Del entorno, del cáncer, del aire que respiramos, del suelo que pisamos, del bien, del mal… Del ayer, el mañana…

Es una sensación…, casi irreal. Es como si me saliera un poquito fuera de mí, y pudiera verlo todo con otra perspectiva. Estoy allí y en todas partes. Desde fuera y arriba. Más objetiva, más lejana…, y a la vez, completamente desde dentro. Desde mi esencia. Desde lo que de verdad soy si quitamos muchas cosas que son meros adornos…

Y en esas estaba… Tan absurdamente feliz… Cuando acabó mi carpeta de música y entró una canción que Alva tiene en el Mp4… Es Amaury Vassili, cantante lírico jovencito, que representó la pasada edición en el concurso musical de Eurovisión, a Francia, con una canción que se titula “Sognu”, cantada en corso. Yo no entiendo mucho de “lírico”… Y no me importa, no quiero ganar ningún concurso. Lo bien cierto es que…, esta canción no me pone los pelos de punta porque…, ¡¡¡ya no me queda ni un sólo pelo en todo el cuerpo que ponerme de punta…, jajajaja!!!, menos en la cara y la cabeza… Pero…, fue…, escalofriante…

Si tenéis un minuto que perder, escuchadla. Pero yo os recomendaría humildemente que lo hicierais con auriculares, a todo volumen, y con los ojos cerrados. El vídeo no es que esté mal, pero creo que “entra” mejor con los ojos cerrados…

 

Dejaos penetrar por la música… Dejad que os colme por dentro hasta que se os salga por la piel… Dejad que acaricie vuestros recuerdos, que se dé una vuelta por vuestro presente, que haga un boceto sobre vuestro más inmediato futuro… Paladeadla… Retenedla… Acomodadla en el centro de vuestra esencia e intentad sentirla desde ahí… Que fluya por vuestra sangre… Que os pasee a su ritmo. Que os bañe, que os excite, que os confunda, que os relaje…

(No es heavy, mi preciosa Sonia… Pero tengo curiosidad por saber qué te parece… :)

Yo no sé exactamente qué ocurrió… Imagino que fue la conjunción de muchas cosas… La alegría que llevaba por las buenas noticias que nos había dado Carañana. La paz y el buen rollo que siempre me da la sala de quimioterapia. La esperanza de vida que voy hallando día a día. Todo el amor que cada día recibo…, sí, ¡el vuestro! :)  Las maravillosas cartitas de Alva. La sonrisa de Julia. Todo el subidón que llevaba acumulado ya con tanta música que había ido calentándome el alma…

Y de repente llegó esta canción…, y fue…, como si de alguna forma entrara en trance. Las lágrimas se me caían en gruesos regueros mejilla abajo…, silenciosamente… Entonces sí me quedé muy quieta… Me sentía invadida por una sensación indescriptible, pero de la que fui obstinadamente consciente…

Pude verme desde fuera y desde dentro a la vez… La Beatriz que soy. Con todos mis defectos y virtudes. La que me gusta, la que no soporto. La sabia, la imbécil. La madura, la que sigue siendo sólo una niña. La que puede ganarlo todo, la que lo pierde. La que siempre quiere echar para adelante, la que no puede evitar dar un paso atrás. La que ama intensamente, la que se niega a aprender a odiar. La cobarde, la valiente. La que siempre lo quiere todo, la que es feliz con lo que hay. La que vive con los pies en la tierra, la que no puede dejar de soñar. La hija. La hermana. La amiga. La amante.

Una persona más. Una persona normal. Una persona fascinante. Como todas y cada una de las vidas que me rodean. Ya sabéis, un maravilloso puntito, universo entre universos…

Fueron tres minutos… Tres escasos y larguísimos minutos en los que me sentí… Terriblemente grande y especialmente pequeña. Perennemente viva. O no. Y como dice el poema: “¡Y entonces comprendí por qué se llora! ¡Y entonces comprendí por qué se mata!” Y en un arrebato comprendí también por qué se muere… Aunque lo más importante es que entendí, -por encima de todo-, por qué se vive… Y me sentí más viva que nunca…

Aunque no podría explicarlo ni que lo intentara durante cientos y cientos de palabras… Pero fue un momento sublime que todavía no me ha abandonado del todo.

Quería, aunque os resulte extraño, aunque no haya conseguido apenas esbozarlo…, compartirlo con vosotros…

Porque todos deberíamos poder sentirnos así… Por encima de lo que somos. O de lo que creemos que somos. O de lo que pensamos que creen los demás que somos… Sólo nosotros, desnudos ante nosotros mismos. Sin maquillaje. Sin perfume. Sin… ¡pelo! Jajaja…

Con lo mejor que tenemos. Con lo peor. Pero con la capacidad de sentir…, ¡intacta! Con la facultad de amar en todo lo alto…, como único estandarte.

Amar. Sentir. Emocionarse. Vibrar… VIVIR.

Mantener despierta la cualidad de sorprenderse. De conmoverse. De trastornarse… Turbarse con una mano que nos recorre, como distraídamente, -¡tan, cómoda!- la espalda, la cintura, la cadera… Anhelar más. Más calor. Estremecerse. Excitarse. Agitarse y temblar.

Intuirse… Reconocerse… Saberse Viva.

¡Viva! A pesar de la mucha muerte…

Porque como dice Matthieu Ricard, un excepcional budista occidental -gracias Primi y Maika-:

“Vivir las experiencias que nos ofrece la vida,

Es obligatorio.

Sufrirlas o gozarlas,

Es opcional.”

Y ésa ha sido una de las consignas de mi vida…, intentar siempre disfrutar…, y hacer disfrutar a los demás. Creo que eso me ha salvado muchas veces. Pero…, no creáis, no tiene mérito. Yo venía con esa prestación de fábrica…

Es cierto que a veces la vida aprieta y por momentos tienes ganas de tirar la toalla. De mirar hacia otra parte. De abandonar la carrera. De relajarte hasta perder el rumbo. De enfadarte, decepcionarte. Claudicar.

Y en esos momentos siempre ocurre algo fascinante… Alguien aparece, como de la nada, a recordarte que eres fuerte, digna, capaz. O tú misma, de repente, te encuentras con algo que te devuelve a ti… Algo que escribiste. Algo que pensaste. Algo que viste. Algo que sentiste, y que quedó registrado en tu alma…, y viene a rescatarte de ti, recolocándote de nuevo en el mundo…

Así me siento muchas veces. Salvada por cuanto me rodea. Y así me quiero. Sí. Aunque suene mal. Aunque sea políticamente incorrecto confesarlo…

Pero hoy…

Hoy me siento nueva…

Con un cuerpo terriblemente cansado. Pero nueva. A mitad de un camino largo, tedioso y a veces cruel. Pero nueva. En manos de un destino que no controlo y que tiene en realidad el poder. Pero nueva.

Nueva. Libre. Entera. Capaz. ¡Incluso hermosa!!!! Jajaja…

Nueva para empezar desde cero.

Libre para seguir siendo yo.

Entera para poder con todo.

Capaz para no cejar en el intento…, cada vez.

Y hermosa. Por seguir teniendo la capacidad de ver la belleza en todo lo que me rodea… Incluso…, y eso era lo más difícil…, en mí.

Sí. Estoy aprendiendo mucho gracias al cáncer. Mucho. MUCHO.

Hace tiempo que no me quería tanto. Ni tan bien. En realidad, creo que nunca me había mirado de forma tan objetiva, y aceptado lo que veo con tanta serenidad.

Serenidad. Para mí, eso, es un gran paso.

Sin olvidar que eso me hace ver más y mejor a mi alrededor…

Ayer, sin ir más lejos… Vi, a la vera del camino, mientras Montse me llevaba al médico, para una revisión ocular por el azúcar -gracias, mi amor-, las primeras amapolas de la primavera…

Y menos mal que iba con Montse, y pude reaccionar igual que si fuera sola, y expresar todo lo que eso me hizo sentir… Qué placer poder emocionarse con algo tan pequeño. Tan trivial. Viva lo pequeñito. Lo humilde. La belleza de lo efímero. De lo perdido…. El síndrome Stendhal al poder!!!

Estar. Y sentirse Viva… ¡Bendito!!! No hay nada igual.

Porque amar lo más insignificante…, lo que es casi nada… Me lleva a amar también lo más grande… Todo.

¡¡¡Lo quiero todo!!!

Y se me desatan todas las apetencias!!! Las más sencillas y las más complejas. Las dulces, las saladas. Las legales. Las prohibidas.

Y quiero más de todo, ¡y en grandes cantidades! Quiero perversas tormentas y plácidos atardeceres. Quiero luna y sol y estrellas, ¡todo a la vez! Jajaja…. Quiero noches oscuras y amaneceres que pinten de ámbar el cielo. Quiero sonrisas que me saturen la boca y lágrimas que me pillen por sorpresa. Quiero rojo vino en copas hermosas y mucho té de aloe en tazas humeantes. Quiero paz. Y quiero lucha. Gritos de alegría, palabras de amor, susurros al oído… Quiero no poder parar de escribir. Y bailar. Y salir a andar. Y nadar este verano. Quiero cenas eternas y desayunos con mermelada de fresa.

Quiero poder tomar el sol hasta que mis pechos parezcan dos panes redondos recién horneados… Quiero no tener que pensar en la muerte. Quiero telegramas con buenas noticias. Y que la vida tenga banda sonora. Tu propia banda sonora. Y que puedas oírla sin aparatito alguno allá por donde vayas… Y bailar!!!! Y que nadie se sorprenda si me ve bailar, porque soy sólo una más…

¡Quiero besar! ¡Que me besen! Deleitarme, rendida en cada beso, y ver besos allá donde mire… Y que me abraces… ¡Abrazar! Abrazos lentos, cálidos. Muy estrechos. Muy largos. ¡Y quiero sexo! Gozar. Sentir que todo mi cuerpo está vivo. Excitarme. Agotarme. Disfrutar. Que me toquen. Tocar. ¡Que todo el mundo se toque! Que disfrute. Que sonría estúpidamente por las mañanas cuando va al trabajo. Quiero, también, que todo el mundo pueda ir por las mañanas a trabajar…

Quiero que se acaben las guerras y se mueran los que las engendran. Quiero telediarios sin malas noticias. Cárceles convertidas en invernaderos. Invernaderos reconvertidos en hospitales de flores heridas. Quiero niños felices. Adultos felices. Ancianos felices. Quiero, por lo menos, que todos lo intenten. Quiero borrar del diccionario un montón de palabras que sobran, y dar pábulo a palabras preciosas que están por inventar… Y quiero beberme el zumo de naranjas prohibidas… Sobre todo esas dulces gotas que corren cuello abajo cuando muerdes la vida de un solo bocado.  ;)  Y no quiero nunca perder ese apetito por cada naranja que me encuentre en el camino…

Y quiero caminos. Y perderme. Y encontrarte. Y volver a empezar.

Quiero un poco más de vida antes de la mucha muerte…

Quiero lo que ya tengo. ¡Ganas! Inagotables ganas de vivir.

Y que tú también las tengas. Eso quiero.

No es tanto, ¿no?

Pues, hale! A vivir!

MIL GRACIAS A TODOS.

Con amor.

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Dueña de nada

...

 

El silencio copula con la carencia…

y nace tu falta.

Tu ausencia me confunde

e interrumpe el dolor mi sueño silente.

Ya sé de qué soy dueña…

Escucha. Lo sé.

 

Soy dueña de nada.

 

         Son las seis y media. El día está a punto de inventarse. Me encuentra en la terraza, con un café con leche caliente entre las manos y ganas de vivir. No fuerzas. Pero sí ganas. No muchas. Pero muy tozudas.

El cielo va, poco a poco, imperceptible pero indefectiblemente, mutando su color. Cambia al ritmo de la aguja minutera de un reloj cansado. Invisible al ojo. Lenta pero eficaz. Distante. Indolente.

Y ocurre… ¡en un momento! Con esa fluidez imparable fuera del todo de nuestro reducido alcance. Al margen de nuestro control. 

Y es que en realidad no controlamos nada. Ni de lo que nos rodea. Ni de lo que nos navega. Ni tan siquiera de lo que nos atraviesa…

No controlamos nada porque nada nos pertenece. Empezando por el tiempo que transcurre ajeno a nuestro ritmo, pasando por el sueño cadencioso de quien duerme a nuestro lado, y acabando por nuestros propios sentimientos. Instintos. Deseos.

La sensación de control es una Quimera. Una necesidad imperiosa de sentirse a salvo. De ostentar cuanto menos un, aunque sea, ínfimo poder sobre algo. Buscamos, en el poder, la seguridad. Y es absurdo. Porque la seguridad es otra Quimera.

Dueños de nada.

Eso somos. Ni de lo que nos regalan, ni de lo que robamos, ni siquiera de aquello que, fiel y obstinadamente, pagamos. Como si pagar nos hiciera más dueños…

Pero, que se lo pregunten a quien por un giro impredecible de las cosas, -negocios, fracaso, caprichos de la naturaleza, mala cabeza o fortuna quebrada-, pierde casa, familia y fe. O a quien la muerte, -o la vida misma-, arrebata aquél a quien más amaba. A quien -en una guerra, en un conflicto, en un suspiro-, extravía el hogar y con él las cuatro paredes que lo protegían. Y la dignidad -cosa dura de perder donde las haya-. O la intimidad de tu propio cuerpo, que cualquiera más fuerte que tú puede robarte…, hasta el extremo de que no quieras volver, en lo que te resta de vida, a escucharte gemir por nadie.

Y no invento. Ni invento ni exagero.

Ahora mismo, en este exacto momento en que empieza mi día, -e intento con todas mis fuerzas prometérmelas felices-, a alguien acaban de sacarle de su casa a empujones, o le han reventado con un misil, o una bomba, o un papel sellado esa misma casa. Y alguien llora la pérdida de su amada, porque falleció o porque, quizá con todo el dolor de su alma, se fue a amar a otro. O a otra. Y sí. En este mismo instante una mujer está siendo violentada. Forzada contra su voluntad. Violada. Y algún hombre también.

Y créeme si te digo que ellos se levantaron viendo el mismo sol que yo. ¡El mismo! Y con las mismas ilusiones. Y con la misma sensación de poder o control sobre las cosas. Con el mismo derecho, sobre todo.

Y ya ves. Dueños de nada.

Ni de lo que tenemos. Ni de lo que soñamos. Ni de lo que pedimos. Ni de lo que damos. Ni de lo que alguien nos dice. O nos promete. Ni si quiera somos dueños de lo que decimos. O prometemos. O escribimos. Mucho menos de lo que amamos.

Por no ser no somos dueños ni de lo que creemos. Porque lo que creemos también muere. Muta. Se reinventa.

Como el día. Mientras yo me vaciaba aquí, en estas letras, completamente ajeno a mí, se ha hecho ley. Ya es un hecho. Demos por inaugurado un nuevo día.

Me enfrento a este día con el firme propósito de fluir con él, de estar de su lado, de remar en la misma dirección. Tratando de agarrar con manos y uñas, con esperanza y ansia, cada instante. De no perderme ni el trino de un pájaro, que ahora son la banda sonora que me acompaña…

Quiero vivir cada momento como si fuera a morir hoy. Que podría ser. ¿Por qué no? No deberíamos olvidar tan a menudo que todos vivimos en trance de morir.

Quiero vivir como cuando era inocente y aún creía que cualquier cosa era posible con sólo desearlo con todas mis fuerzas. Y que todo el mundo era bueno. Que merecía una oportunidad…

Quiero vivir con las ganas en el cielo y los pies bien enraizados en la tierra. Como si todo fuera posible y nada pecado. Como si vivir fuera ley, un derecho. Un regalo.

Quiero vivir recordando que hay quien no puede, a quien no le dejan. Incluso quien no sabe. Y quiero vivir también por él. Para él. Con la rabia con que él lo haría si pudiera.

Quiero vivir olvidando todo lo que aprendí. Aquello que hoy sé y sin lo que, seguro, sería menos sabia. Menos vieja también. Menos triste y gastada. Quiero volver a ser más ignorante. Más tonta. Más libre. Más feliz. Aunque sea durante un minuto… Para dar descanso a mis cansadas ganas…

Quiero, y hoy, voy a vivir… Como si mi sueño no tuviera noticia de tu ausencia. Como si aún nadie hubiera inventado la palabra dolor, carencia, falta… Como si fuera dueña de todo…, sabiendo que soy dueña de nada.

 

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