Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘luchar’

cuadro de Alex Alemany (aunque no recuerdo la página de dónde lo cogí, lo siento)

 

 

 

 Ayer fue -otra vez- el primer día de mi vida…

….

Me quedo recapacitando sobre esa frase.

Soy consciente de que a lo largo del último año, he utilizado varias veces esa expresión… El primer día de mi vida.

(Por cierto, la imagen es un cuadro del pintor valenciano Alex Alemany. Lamento no recordar la página de donde la cogí…, pero es fácil encontrarlo en la red. Me encanta.)

El primer día de mi vida.

Sí. Quizá he sido reiterativa. Pero es que -de verdad-, conforme hemos ido quemando etapas en el transcurso de la enfermedad…, son muchas las veces que he tenido la sensación, -exacta-, de que mi vida volvía a comenzar de nuevo. Como si fuera un poco “borrón y cuenta nueva”. Como si estuviéramos torciendo un pelín el hilo de la historia y cambiándola… Bueno, lo de pelín no es del todo exacto… Yo podría estar muerta ahora, y estoy viva. Para muchas personas eso será un pelín, pero para mí resulta un poco más decisivo… Estar o no estar. Casi como Hamlet… :) Jajaja…

Bien. Pues ayer fue otra vez el primer día de mi vida…, porque acudimos a la primera revisión después de finalizar todo el tratamiento.

Volver a la cafetería donde siempre desayunábamos los días de quimio, a la consulta de Oncología, incluso los alrededores del Hospital… Nos removió muchas cosas a Alva y a mí. Y aunque no lo creáis…, todas fueron buenas. Parecíamos dos tontos con la sonrisa puesta desde primera hora de la mañana… Todo nos daba buen rollo. Todo nos transmitía mensajes de esperanza…, de vida. Y como siempre nos envolvía esa sensación de infinita gratitud…

Gracias. Gracias. Gracias.

Gracias por esta nueva oportunidad.

La visita con el doctor Carañana, mi magnífico oncólogo, y su enfermera, la maravillosa Luisa, fue, una vez más, una fiesta de alegrías, risas y cariño. ¡Dios, no se puede ser más afortunada!!!

Todo está bien. Bueno, las transaminasas un poco altas. Pero poco. Y eso se debe principalmente al sobrepeso y al tratamiento de quimio, que las sube. Pero cuando adelgace y vaya pasando el tiempo, se normalizarán, porque además ésa está siendo la tendencia ahora mismo.

Lo que pasa es que como este cáncer hace metástasis en el hígado, no lo pueden descuidar. Aunque Carañana está convencido de que no tiene nada que ver con el cáncer directamente. No obstante, para curarse en salud, las controlará de cerca, y para septiembre me ha mandado otra ecografía abdominal.

Por lo demás, el pecho bien. Los marcadores tumorales bien. La mamografía bien -aunque claro…, de eso ya tuvimos un susto-. La analítica bien.

Todo bien.

Alva y yo no cabíamos en nosotros mismos… Bien :)

de autor desconocido

de autor desconocido

Y por fin pude darle un abrazo a Carañana, -que es un médico maravilloso, pero poco dado a gestos cariñosos-, que… ¡Dios!!!!!! Cómo me sentó!!!! Jajaja!!! Cómo lo disfruté!!!! En la gloria estuve durante unos inacabables segundos… Pensé que sería breve por cómo es Carañana, pero gracias al cielo entró al trapo y nos dimos un abrazo largo y cálido…, de los que a mí me gustan. A ver, no estuvimos diez minutos abrazándonos!!! Jajaja… Pero pude sentir que estaba contento, y aunque un poco sorprendido, e incluso un pelín “no del todo cómodo”, correspondió el abrazo y me hizo sentir todo el calor, la confianza y el cariño que siempre he sentido, estando como paciente en sus manos. MIL GRACIAS, DOCTOR CARAÑANA.

En cuanto a Luisa… El abrazo fue más largo y más efusivo, pero es que Luisa es un encanto… Siempre me llama “princesa”… :)  Me mira con cariño y entusiasmo, y siempre me habla de que ya ha pasado todo y de lo bien que lo he llevado… La adoro!!!

Fue MARAVILLOSO. Me hacen sentir como si estuviera en “casa” :)  No se les puede pedir más.

Salí dando botes de la consulta. No es una metáfora. Dando saltos de verdad. Como un muelle… :)  Bailoteando. Sin poder dejar de reír, ni soltar a Álvaro… Abrazándonos. Besándonos. ¡Tan felices!

Subidóoooooooooooon!!!!

Y encima, la próxima visita la tenemos para septiembre… Concretamente, el 12 de septiembre. Mmm… Cumpleaños de Alva. Dice que le haré el regalo perfecto…, todo buenas noticias… Eso espero… :)

No voy a aburriros más con los pormenores… Los problemas que aún tengo, los efectos secundarios que arrastro…, el dolor. Sólo decir que según Carañana todo entra dentro de “lo normal”, y con eso me basta. Si todo es normal, todo está bien.

Carañana insiste en que todo lo que se ha hecho y se está haciendo es “preventivo”. A Alva se le llena la cara de sonrisas cada vez que oye esa palabra… Preventivo. Claro, es que significa muchas cosas buenas. Hemos tenido mucha suerte…

De modo que intentaré dejar el miedo a un lado, del todo -todo lo que pueda- y trataré de vivir MI NUEVA VIDA todo lo intensa y felizmente que pueda… ¡Eso sí! Dando las gracias todos y cada uno de los días en que me reincorpore al mundo.

Hay que ser consciente de las cosas… No olvidar.

Como decía en mi anterior blog…

“Si no eres consciente de que está pasando…, no está pasando”

Y yo no quiero que me pase eso…

Las cosas no pueden pasar por ti como de puntillas. Hay que ser consciente de lo que te ocurre y obrar en consecuencia… Parece una perogrullada, pero no lo es

Hay que ser consciente…, hasta de las cosas pequeñitas que tienes la suerte de que te sucedan…

Que un desconocido te sonría por la calle. Cómo el sol entra por tu ventana y cae graciosamente sobre tu mundo. Iluminando tu vida. Que mamá te traiga un pan de semillas que no le has pedido, porque lo vio y pensó en ti. Que un amigo quiera tomarse un te contigo. Que tu sobri te haga reír con un chiste que tú le contaste cuando era pequeño. La ilusión por merendar con Alva cuando llega a casa por las tardes. Un mail desde Méjico. Uno de los mil SMS de Helen. Una increíble “coincidencia” en sobrenatural sintonía con Australia… :)   Recibir noticias espectaculares sobre la salud de un amigo, desde el gélido invierno leonés… Un vídeo de música heavy en un comentario en tu blog. En realidad…, todos los mensajes de cariño en el blog, de mi “dear teacher” Carmen, de Rafa “y todos sus amigos”, de “Afortunada” y “Miniafortunada”, de Rubén, de la sonrisa de Yoli, de Helen, de Marco, de Javi y Mario, de Javier, de Garci, de Sorprendido, de Lupinete, de Carlos, de Sonia, de Soy yo… (“Sorry” si me olvido de alguien…) La sensación de bienestar pletórico al mandar un nuevo relato a un concurso. La música que te da la vida….

de autor desconocido

de autor desconocido

Y si hay que ser consciente de las pequeñas, porque sería una pena no concederles el valor y la dimensión que tienen…, no te quiero decir las grandes…

Como que una amiga te invite un par de días a un spa en un hotel precioso… (Mil gracias, Solve!!! No sabes cómo lo pasé… Bueno, sí lo sabes…, jajaja!) Que tus papás, pese a los años, aún estén sanos y sigan cuidando de ti… Tener una familia (la de Alva, que es mi familia…) en la que te sientes completamente querida, como si en realidad fuera su sangre la que corre por tus venas… Vivir y compartir cada día con el amor de tu vida…

Muchas más cosas y…

Y pasar un cáncer.

Sí. Pasar un cáncer no puede ser algo que “sencillamente pase”… Tiene que hacerte reflexionar… Tiene que darte una perspectiva real de tu mundo…, y ayudarte a comprender… A vivir mejor.

No sé si estoy haciendo las cosas bien. Me gustaría pensar que sí. Con esa intención las hago al menos, pero…, uno no termina nunca de conocerse… Y menos de “saberse”…

Sigo luchando. Lo hago cada día… No siempre es fácil. Pero es la única forma de hacer las cosas, que conozco. Y me equivoco, cada día también. Seguro. Y me entristezco… Me avergüenzo… Me agoto… Pero al día siguiente vuelvo a levantarme con la sonrisa en la boca. El corazón de par en par. Las ganas a flor de piel. Sí. Sigo luchando.

Después de todo… Sólo necesito tiempo. ¡El resto ya lo pongo yo! Y la vida, por el momento, parece seguir dispuesta a ofrecerme un poco más de tiempo… Sólo puedo pagarle con un día más de lucha. Un día más.

Ahí estamos!!! A “muete”!!! Como si no hubiera un mañana!!!

No olvides vivir siempre como si hoy fuera… ¡el primer día de tu vida!

O el último…!

Mmmm….

de "biomanantial.com"

de “biomanantial.com”

Y aunque Alva y yo no celebramos el día de hoy, -porque la misma noche que nos conocimos ya hablamos de que ambos no creíamos en estas fiestas orquestadas…-, quiero desearle lo mejor y una noche fantástica a todos aquellos que libremente estén celebrando el amor hoy… Después de todo, cualquier momento es bueno para exaltar y consagrar el amor… Y que vivan los corazones rojos, y los rosas. Y los bombones. Y los ramos de flores. Las tarjetas cursis. Las canciones lentas. ¡Sade, por Dios!!! Las cenas románticas… Y el sexo, claro!!! Jajaja…

Y…, ¿por qué no? Cualquier cosa que nos haga felices…, vale  :)

Nosotros… ¡¡¡Nosotros lo celebraremos mañana!!! Jajaja…

Todo mi cariño, mi infinita gratitud por seguir ahí, y…

Como no podría ser de otra forma…

Con amor

 

Read Full Post »

 

 

 

 

 

Intento comprender.

No.

No me refiero a “por qué a mí”. Esa siempre me ha parecido una pregunta absurda. Ridícula. Estúpida.

En todo caso, ¿y por qué no a mí?

Pero no. No me refiero a por qué un cáncer entró de repente en mi vida. Ni por qué estoy teniendo que vivir todo lo que estoy viviendo.

No.

De verdad que no me refiero a eso.

Lo que intento comprender es…

¡¡¡No lo sé!!!

Pero intento comprender algo. ¡Algo, maldita sea!

Imagino que es la necesidad de creer que todo tiene algún sentido. Que las cosas no pasan porque sí.

Que no será absurdo. Que no será tiempo perdido. Que no será tan denigrante…, si logro encontrarle a todo esto un sentido. Todo lo llevamos mejor cuando conseguimos explicarnos las cosas. Cuando podemos interpretarlas. Entenderlas. Controlarlas de alguna forma.

El sol hace aguas por el oeste, y la noche comienza a rellenar los huecos que ha dejado el día.

A estas horas, y después de haber pasado toda la jornada encerrada en casa, -cual aplicado vampiro huyendo del sol-, suelo, si encuentro las fuerzas, salir a respirar un rato a la terraza…

Recojo mi cansancio extremo, mi dolor de piernas, de pecho. De cabeza, según el día. Y todos juntos nos arrastramos hasta colocarnos bajo un hermoso cielo que ya luce alguna estrella, que exhibe un Venus arrogantemente cercano. Apabullantemente hermoso.

Mis irritantes llagas en la boca y las violentas ulceras en mi vagina y alrededores, se vienen conmigo porque al parecer me han cogido querencia, y no logro dar un paso sin ellas. Qué monas.

Me llevo también conmigo todos mis miedos… Por sacarlos de casa más que nada, y que ésta se ventile un poco. Quisiera abandonar por el camino la frustración, la tristeza y la desesperante sensación de desidia e indolencia que, últimamente, viven completamente pegadas a mi piel.

Pero sé que es en vano. No van a abandonarme así como así. De modo que ahí estamos todos y todas. Hechos una heterogénea pelota de mierda concentrada, que es lo que siento que ahora es mi vida.

Porque… ¿Para qué vamos a engañarnos? Esto es una mierda.

Pero no una mierda mona. Una mierdecita chachi. Cuqui. No. Es una mierda como la copa de un pino. Pero un pino alto. Frondoso. Impresionante. Como un pino con vocación de baobab.

Que sí. Que sí. Que hay que intentar llevarlo bien. Que hay que ponerle buena cara al mal tiempo. Que hay que estar agradecida por seguir viviendo, ¡¡¡que por supuesto que lo estoy!!! Que hay que ponerle ganas. Alegría. Sal. Un poquito de azúcar. Ilusión. Esperanza. Cominos, menta e incluso una pizca de pimienta de Paprika… Pero…

No nos engañemos. Eso no cambia las cosas.

Se mire por donde se mire… Es una mierda.

Y eso que yo soy experta en desdibujar el dolor. ¡De verdad que lo soy!

Se me da como a nadie encontrar el rayito de sol en las noches cerradas. El punto dulce en un plato amargo. La amapola sonrosada entre zarzas y ortigas. Pero… ¡joder! Yo también me canso. Y me asusto. Me desgasto.

Estas últimas semanas han sido terribles.

Nunca. ¡Nunca! Me había sentido tan mal, física y anímicamente, en toda mi vida.

Un absceso maldito retrasó el cuarto gotero, ¡¡¡tres semanas!!! Todo un ciclo. Llevo más de cinco semanas con un antibiótico de 875…, más la infección. Más toda la quimio anterior…

Varias veces al día pensaba que iba a morirme… De repente. De verdad. Ahí. Muy quieta. Tirada en el sofá.

Como un alma en pena. Muerta de sueño y sin poder dormir. Con un dolor incomprensible atenazando cada centímetro de mi piel… Sobre todo en el pecho y la axila derechos. Arrastrándome hasta el baño, -porque al desplazamiento incierto y lento de mi cuerpo por casa no se le podía llamar andar…-, para deshacerme en diarreas. Y las llagas. La erupción en la piel. Los cambios radicales de temperatura. La poca hambre, o la ansiedad voraz por llevarme a la boca cualquier cosa, que de repente sabía a cualquier cosa menos a lo que era… La acidez. La angustia constante… La obsesiva protección del brazo para que no le pase nada, pues aún así me picó un mosquito y aquello comenzó a hincharse alarmantemente… Y me aterrorizan las nefastas consecuencias que sé que eso puede acarrear.

Y a la vez, claro, luchando por no parecer demasiado enferma, para no preocupar más de lo que ya lo están, a las personas que me aman y me cuidan…

¿Es o no una buena mierda?

Y eso, hablando sólo de lo físico… No digo nada de la mente. El talante. El ánimo.

He vivido aterrorizada durante días. Y aterrorizada de que se me notara… No sabiendo, de verdad, cómo iba a salir de éstas… Si iba a salir.

Creo que mi cuerpo recibió un golpe muy fuerte, que durante días afectó seriamente a mi cabeza. O a mi alma. No sé.

Mi físico, -lo que soy de materia-, se llevó por delante mi esencia. Quien de verdad soy. Y durante días estuve perdida.

Lo peor es que por momentos perdía la perspectiva. Sí, eso tan importante que no podemos perder, para no dejar de pensar que esto es momentáneo y pasará. ¡Qué fuerte! Me sobrecojo sólo de recordarlo.

Uah! Qué jodida he estado. Mal de verdad.

Y qué bonito el tiempo verbal en pasado, ¿eh? “He estado…” Reciente aún. Pero pasado al fin y al cabo.

El jueves de la semana pasada llegó aquello que durante tantos días -21 concretamente- habíamos esperado Alva y yo, y por fin, Carañana y Arlandis, fantástico oncólogo y maravillosa cirujana, dieron el visto bueno, y me pusieron el tan ansiado cuarto gotero…

Los efectos físicos, -los tan temidos daños colaterales- se multiplicaron e intensificaron… Jueves, viernes, sábado, domingo y parte del lunes…, para olvidar. De verdad. ¡Dios, qué mal!!!!

Pero… Poco a poco, muy poquito a poco, físicamente comienzo a levantar cabeza. Lentamente. Esto es muy lento. Además de que aún sigo con el antibiótico. Carañana no quiere arriesgarse, “como prevención”, dijo. Jo! Como acojona que tu médico se comporte tan precavido… Aunque se lo agradeces, claro, está tratando con tu vida… Pero intimida mogollón…

En fin. Así he vivido últimamente.

Y claro. Sin visitar blogs queridos: Javier,  Rafa, Sonia, Javi, Martita, Goizalde, “Noches”… Responder comentarios ni e-mails. SMS ni llamadas telefónicas. Sin fuerzas.

Se impone una disculpa. Un “lo siento” sincero y cariñoso a todos esos mensajes de ánimo…

Gracias. Mil gracias.

Y disculpas, mil y una disculpas.

……

Estaba preguntándome… Me pregunto si está bien…

Si está bien hacer público el dolor.

Y eso sin olvidar que soy una privilegiada. Lo soy sin duda. Lo sé. Por eso, entre otras cosas, odio tanto quejarme y poner de manifiesto mi dolor. Porque puedo aseguraros que mi situación, es una situación privilegiada. Es increíble todo lo que uno llega a conocer una vez se adentra en el mundo de la enfermedad ajena.

Me parece ridículo quejarme. No tengo derecho. Hay por ahí personas maravillosas viviendo verdaderos suplicios físicos… Cosas que uno no quisiera llegar a conocer nunca, ni por terceros.

El dolor es políticamente incorrecto.

Hablar sobre el dolor es incómodo.

A nadie le gusta ni leer, ni -créeme- escribir sobre el dolor.

Las miserias de uno no deberían airearse porque molestan…

Y yo tampoco concebí este espacio para incomodar a nadie.

Pero también me parece falso e injusto no contar la verdad tal y como es. Me da vergüenza que alguien con cáncer pueda leerlo y piense: “Esta tía, ¿de qué va? Que todo no es fiesta, y yujuuuuu, y la vida es maravillosa… Que esto es serio. Y es chungo….”

Pues sí. Es serio. Claro. Y chungo. De hecho puede llegar a ser muy chungo… Y difícil.

Y viviéndolo…, uno se da cuenta de que no termina de conocerse nunca. Es más, en estas situaciones uno siempre acaba recibiendo malas noticias sobre uno mismo… Y, sinceramente, con todo lo que uno ya tiene encima, ¡¡¡es lo único que le falta!!! Jajaja!!!

Pero… Es lo que hay.

De modo que hoy, sacando fuerzas de no sé muy bien dónde, he decidido sentarme a escribir porque sigo dándole vueltas…

Intentando comprender…

Bueno, por eso, y porque mi cuñada, Mari (Afortunada), como medida de presión -aunque yo prefiero verlo como un incentivo, jeje-, me prometió, si escribía pronto otra entrada en el blog, un foulard naranja de verano, para poder guardar el de invierno que me ha acompañado todos y cada uno de los días que he salido de casa hasta ahora, y que, francamente, empieza ya a ser insoportable por el calor… ;)

Intento comprender.

Comprender…

Comprender…

¿Y sabes?

¡¡¡Quizá lo que pasa es que no hay nada que comprender!!!!

No hay misterios eternos ni secretos inalcanzables… No hay más de lo que parece que hay…

Las cosas, sencillamente… ¡Pasan!

El melancólico otoño termina siempre convirtiéndose en un frío invierno… Pero tras el invierno nos alcanza siempre la incombustible primavera!!!

Y esa canción que tanto nos gusta…, se termina. Siempre se termina. Como decía el Cuervo: “Nunca llueve eternamente.” Y ninguna canción dura siempre, añado yo. Pero siempre puedes volver a escucharla.

Y los almendros se quedan tristemente desnudos, pero tarde o temprano vuelven a florecer. Y siempre parece que lucen más bellos que nunca.

La gente se muere. Sí. Toda. Incluso la que amamos con locura. La que por nada del mundo quisiéramos perder. Pero constantemente nacen niños inocentes a la vida. Niños que se convertirán en adultos, que amarán, serán amados, y acabarán volviendo loco a alguien porque también, -llegado su momento- morirán…

Es escalofriante de lo simple que es.

A ver… ¿Qué hay que entender?

Nada.

Porque además, no depende de que lo comprendas o no…, pasará igualmente.

Sólo existe algo que de verdad marca la diferencia. Algo que hace que las cosas sean maravillosas y distintas, aunque sean las de siempre…

Que las vivamos intensamente. De verdad. Que las sintamos. Que disfrutemos. Que nos duela lo que tiene que doler. Y nos haga feliz…, ¡cualquier cosa…!

Apreciar la vida es lo que hace de nuestra existencia algo vital… Lo que da sentido a lo que somos… A lo que nos pasa. A aquello que intentamos entender aunque su verdadero significado se nos escape de las manos, como nubes de agua de recuerdos…

No. No creo que haya nada mágico que entender…

Sólo hay que… Vivir. Ahí está la única magia.

Caminar por la vida estableciendo lazos que tengan sentido… Que te hagan mejor persona. Sembrando alegrías para que luego nadie tenga que decirnos eso de “de esos barros vienen estos lodos…” Dibujando sonrisas, porque puestos a dibujar…, qué mejor que impregnar el aire de risas… Gozando profundamente todo lo que hagas… Aunque te equivoques. De hecho, ¡por Dios! ¡¡¡Equivócate!!! Y vuelve a equivocarte hasta que te sangren las rodillas de tanto tropezar y levantarte, y volverte a caer, y volverte a levantar… Ama mucho. Hazlo intensamente. Hasta que te duela la piel… Que nada te sacie la piel… Y déjate amar.

Hay que ser muy tozudo para recorrer el camino…

De hecho, -pensándolo bien-, sí que hay algo que he alcanzado a comprender mientras escribía todo este rato…

Hay que vivir empecinado en vivir empecinadamente…

Sin tregua. Sin respiro. Sin concesiones.

Sin miedo. Sin paraguas. Sin red.

Aquí estoy. Y me sangran las rodillas. Pero estoy de nuevo de pie.

Mis pasos son aún inciertos. Pequeños. Vacilantes. Pasitos de bebé.

Hago con todas mis rémoras, mi dolor y la pesada carga de mi mochila -donde llevo la heterogénea pelota de mierda de la que te hablaba al principio- un apretado montón al que prendo fuego con una de las velas que siempre está encendida alumbrando mis sombras, y quemo todo lo que hoy me pesa demasiado para seguir cargándolo…

Durante toda la noche arderá en la hoguera de mis desdichas todo lo que me duele, y mañana… Mañana será otro día. Un día nuevo. Un día con el que empezar de nuevo como si fuera el primero. El sol saldrá inundándolo todo de Vida, y a mis pies quedará sólo un insignificante montoncito de cenizas… Cenizas de las que como el Ave Fénix, renacerán mis ganas…

De hecho…, ya andan renaciendo… :)

Yo es que soy de ganas revoltosas… Jajaja…

Porque esto es una mierda. Es cierto. Nada de lo que yo pueda decir podrá cambiarlo… Pero, una vez pasada la tormenta. Una vez pasado ya lo peor…, de momento, y hasta la próxima crisis… Yo puedo perdonarme mis debilidades y regalarme una bonita segunda oportunidad… ¿Por qué no? ¡¡¡Se la regalaría a cualquiera!!! ¿Por qué no voy a regalármela a mí?

No sé cuánto. Ni cómo. Ni de qué forma… Pero sé que quiero Vivir.

Eso, de momento, es suficiente.

Y prometo seguir intentando vivir empecinada en vivir empecinadamente.

 

Con  amor.

Intenso. Rabioso. Y excesivo amor.

 

 

Gracias a Álvaro. A mis padres. A Montse y a Armand, y a Pilar. A Mari, Marta, Rubén, Paco, Carlos, la Tata, Mariano, Consuelo, Celestino, María (Mariquilla), Sara, Laura, Nina y Pau. A Rafa (THC) y Ferdinand, Sr. Kawabuchi, Lai, etc. A Javier (Relatos tóxicos). A Helen (mi Helen). A mi querido Marco “por qué no?”.Viva Méjico!!! A Sonia (Guitarrixxxta). A Javi y Mario. A Solveiga y Efraín. A Carmen (my darling teacher). A Manuel, Lucía y Lola. A Garci y Nur. A Goizalde. A Sorprendido. A “Noches”… Y a todos los que nunca entrarán aquí y como son muchos y es absurdo que los nombre, no lo hago, pero que siempre están a mi lado. Y a todos los que alguna vez hayáis entrado, hayáis leído, y aunque no hayáis dicho nada, habéis pensado con cariño en mí…

A todos: GRACIAS.

Quisiera que existiera una palabra más descriptiva y contundente para poder expresaros lo que siento…, pero de momento, y hasta que inventemos algo nuevo… GRACIAS.

 

Otra vez con amor.

Y otra vez intenso, rabioso, y excesivo.

 

Read Full Post »

Sí, es cáncer

 

 

 

 

 Primero, espero que todos los que leáis esto, hayáis pasado unos felices días. Cuanto menos, tranquilos… Ojalá, cada uno, pudiera haberlos pasado tal y como de verdad deseara hacerlo… Rodeado de los seres que ama.

 Eso ya sería mucho.

Porque ya sabemos que éstas son fechas en las que uno echa más de menos que nunca, a quien no tiene cerca. O a quien ya no está… Y eso es lo más triste.

Hace días que no escribo…

No sabía cómo. No sabía qué.

En cambio, han pasado muchas cosas… Algunas buenas… Mi cumpleaños, por ejemplo -aunque me parece que ya hace un siglo!-. Un par de entrañables reuniones con amigos y familia, que me han hecho muy feliz… Que Alva haya estado de vacaciones…, a mi lado. Compartir estos días con mi súpersobri Armand…

Pero han pasado también algunas no tan buenas.

Y lo siento, pero estas últimas… No es que hayan eclipsado las buenas… No es eso. Pero sí me han tenido amordazada. Se me han llevado las ganas de escribir. Me han secuestrado la voluntad de expresarme.

Y me duele… Me duele porque es mucho y muy bueno lo que me hubiese gustado compartir… A mí, a pesar de todo, aún me encantan estas fechas… Creo que la Navidad es una sensación, un estado mental… Y me hubiese gustado, mucho, escribir sobre ello y sobre todo lo contrario. Sobre el frío. Sobre el calor…  Pero me quedé sin capacidad para hacerlo.

Aún hoy, que -parece- estoy dispuesta a escribir…, todavía no sé muy bien qué decir y cómo hacerlo.

Mi intención era dejar las cosas así… No decir nada. No volver a escribir durante, -imagino que puede ser- una larga temporada… Pero algo más fuerte que yo me impide hacerlo…

Me encuentro, en cambio, en una situación delicada, pues tampoco tengo ganas de contar mucho…

No.

En realidad no quisiera tener que contar nada de lo que me está pasando…

Pero, ¿qué hago? ¿Miento entonces?

No es mi estilo. No suelo recurrir a la mentira “casi” nunca. Porque mentir me hace daño físicamente. ¡Lo digo en serio! Me salen hasta ronchas!!!

Pero este blog es muy importante para mí.

Intentaré explicar por qué:

Yo llevo escribiendo toda la vida.

Amo escribir.

No es ningún secreto que quisiera ganarme la vida escribiendo.

No. No me refiero a ser rica y famosa… Es más…, he de confesar que eso no me apetece nada. Más bien me aterroriza siquiera pensarlo. Lo que me gustaría de verdad es poder vivir -modestamente- de ello. Ése sería mi sueño.

Pero siempre me he encontrado con un gran problema. La vergüenza. El pudor. La inseguridad.

Los que me conocen de toda la vida saben que siempre he sido muy celosa de lo que escribo. No compartía más que una mínima parte, y con un número muy reducido de personas… Las más de las veces, dos. Concretamente dos.

Es una gran paradoja que alguien que quiere vivir de escribir, sea tan rematadamente inconsecuente -e imbécil-, de no querer compartir lo que escribe… Y sí, queridos. Ésa soy yo. (O era… :)

Por eso el blog ha sido tan importante para mí. Decidirme a poner en común lo que escribo, no sólo con la gente a la que pueda apreciar, sino con cualquiera que incluso por casualidad entre, ha sido un paso crucial para mí.

Algo que me ha costado mucho esfuerzo. Mucho valor. He tenido que vencer complejos, algunos prejuicios y muchos fantasmas… Cada vez.

Lo que ocurre es que aquí, siempre acabo -de alguna de las formas- hablando de mí misma. De lo que me atañe… De lo que me pasa… De lo que me duele… De lo que sueño… Yo. Otra. Todas. Ninguna.

Y ahora… En el futuro más inmediato, Todas las que soy, -me temo-, vamos a estar un poco monotemáticas…, y sobre algo, además, sobre lo que quizá no quiera hablar.

En esta tesitura me encuentro en estos momentos.

No es fácil. No es grato. No sé cómo seguir escribiendo en estos mismos instantes…

Pero sé que el blog es muy importante para mí.

Además, Alva piensa que me vendría bien escribir, justo ahora.

Y probablemente tenga razón.

Pero no creo que quiera compartir de forma tan pública, todo lo que ahora pasa por mi cabeza. Todo lo que ahora mismo bulle en mi mente… Todo lo que me atenaza el ánimo.

Es ciertamente complejo. De verdad.

Tampoco quiero que parezca que estoy jugando a las adivinanzas. A los misterios. Y desde luego, por encima de nada, que pueda parecer que me hago la interesante. Porque juro por todos los dioses, -aquéllos en los que no creo, e incluso aquéllos en los que un día creí- que nada hay más lejano a mi intención.

De modo que… ¿Cómo se dicen las cosas?

Diciéndolas.

Haciendo uso de Las Palabras.

Y vaya. Se me presupone cierta habilidad en ese terreno.

Así que…

Sí. Es cáncer.

Las primeras indagaciones se hicieron un par de semanas antes de las Navidades. Antes incluso de mi cumpleaños.

Luego, llegó la primera señal de alarma seria, el día 26 de diciembre, con la biopsia, que he de confesar que fue ciertamente dolorosa y desagradable -a pesar de la encomiable amabilidad de la doctora y la enfermera-. Pero pasó rápida. Media horita larga.

Y por fin, el día 5 de enero. Sí, antes incluso que los Reyes, llegaron las noticias…

Sí, es un tumor. Malo. Hay que quitarlo ya.

Hoy lunes he ido a las pruebas habituales antes de una operación. Analítica. Placa de tórax. Electro.

El jueves tengo cita con el anestesista.

Ingresaré la tarde del domingo 15, y entraré al quirófano el lunes 16 por la mañana.

Bien. Pues ya está dicho.

Tampoco me ha costado tanto.

¿Cómo me siento?

¿Estoy asustada?

¿Tengo miedo?

Confusa. Un poco. Imagino que lo normal. Respectivamente.

Es…, como el vértigo. Atenazante. Un poco asfixiante. Vertiginoso.

Me he pasado todas las Navidades sin tocar apenas el ordenador.

Primero por prescripción médica. La biopsia fue tan dura que me prohibieron mover el brazo derecho, -incluyendo específicamente hacer uso del ordenador-, los días posteriores a los pinchazos. ¡Ah! No he dicho que es mi pecho derecho el llamado a filas…

Y luego…, no he encontrado fuerzas. Creo que tampoco tenía muchas ganas. Además con Alva en casa, tampoco he tenido tiempo.

Aunque pudiera parecer imposible, Alva ha redoblado su cuidado habitual hacia mí. Sus atenciones. Sus mimos. No me ha dejado ni a sol ni a sombra. Ha incrementado también su número usual de bromas y “chanzas”, y creo que me he reído más en estas Navidades, de lo que me he reído los últimos seis meses. Y eso que yo me río mucho todos los días…

Reírse es bueno. Eso está bien. Seguro que le resulta beneficioso a mi cuerpo. Además de a mi alma, claro.

¿Si he llorado también?

Sí, claro.

Tres veces.

La primera, cuando salimos de la biopsia. Era una mezcla de dolor físico, mucho, mucho miedo y algo de mala espina. En el coche, de vuelta a casa. Alva me dejó llorar sin dejar de acariciarme y colmarme de palabras de amor. Y todo mientras conducía… Es un hacha mi chico!!! :)

La segunda, cuando llamaron del hospital, al día siguiente, para darnos hora para Cirugía. La mala espina se incrementó a niveles alarmantes. Tuve la certeza de que las cosas no iban a ir bien. Y me entró un miedo atroz, sólo comparable a la rabia, la impotencia… ¡Me cago en todo…!!!

Eran lágrimas de furia. No se deslizaban sobre las mejillas, más bien saltaban al precipicio desde el párpado inferior, como si les fuera la vida en ello. Con una actitud suicida… Desesperada. Duró poco. Lo que tardé en calmarme, mientras Alva, una vez más a mi lado, (DOY GRACIAS AL CIELO DE QUE TODO HAYA OCURRIDO MIENTRAS ÉL ESTABA DE VACACIONES A MI LADO….), me decía que era normal, que llorara, que me desahogara, que estaba bien…

Y la tercera nada más salir de hablar con el cirujano, cuando acababan de darnos la noticia que confirmaba todos mis temores.

Fue nada más subir al coche, y antes de ponernos en camino hacia casa. La mezcla de sentimientos era impresionante…

Miedo, claro. Sorpresa por una parte, y por otra sensación de que se confirmaba algo que tanto había temido. Confusión. Mucha confusión.

Pero sobre todo… Tenía un terror horroroso al momento de llegar a casa y tener que contárselo a mis padres. Es lo que más temía. Lo que más me preocupaba…

Sólo imaginar la cara de mis padres, -mientras se lo contábamos-, se me anegaba el alma de pena y se me derramaban los ojos… Por nada del mundo quería tener que contarles lo que no tenía otro remedio que contarles.

Durante el camino fui reponiéndome. Respirando. Tranquilizándome. Entre Alva y yo hicimos una exposición concisa y lo más suave posible del tema. Sin mentir, pero sin detenernos en los detalles más preocupantes…

Resultó bien. Imagino que reconfortados por nuestra actitud -para esos momentos ya- animada y fuerte (al menos en apariencia), se sintieron medianamente tranquilos. Eso, entre otras cosas, pretendíamos transmitirles: Tranquilidad.

Y…

Esto es lo que hay.

No quería hablar de ello. Pero sé que si no lo hago, no me atreveré a escribir nada en el blog, porque cualquier cosa que pudiera apetecerme escribir (y lo cierto es que no sé si me va a apetecer o no hacerlo…), me parecería que estoy mintiendo si no cuento algo que -verdaderamente- es tan importante para mí.

Bien. Pues ya está.

Así están las cosas.

Quiero pedir también desde aquí, disculpas a las personas a las que he dejado de responder e-mails, comentarios, pasear por sus blogs… Confío en que ahora entenderéis por qué estaba tan silenciosa…

Pero he pensado en vosotros y vosotras, y echado de menos ese contacto tan grato y reconfortante…

Una cosita. ¡Por favor! No quiero compasión… Odio la compasión. Además, a efectos prácticos, la compasión no me servirá de nada.

En cambio, si puedo… ¿Puedo pedir algo…?

Si algún pensamiento vas a tener con respecto a mí, que sea de fuerza, de energía, de alegría, de valor. El calor de la llama de una vela. El color naranja. Canciones alegres. Pensamientos positivos. ¡Por favor!

Necesito que me digan que voy a ser fuerte. Que probablemente vaya a ser duro, pero que todo pasará y que va a salir bien.

Lo que ahora necesito es cariño y energía positiva. “Buena vibra” en grandes cantidades…  :)

Y luchar, claro. Y eso prometo hacerlo. ¡¡¡Vamos que si lo prometo!!! Por la Virgen del Abrigo de Pana Verde que juro hacerlo…

No sé lo que tardaré en volver a escribir. ¡La verdad es que no tengo ni idea!!! Lo mismo no tengo ganas de volver a decir nada, que publico algo cada dos horas… Jajaja… No lo sé, la verdad.

Es todo muy complejo.

Sé que tengo que estar positiva. Fuerte. Esperanzada. Llena de energía. Y la verdad es que eso estoy haciendo. Aunque uno nunca sabe… No termina nunca uno de conocerse…

De momento me he puesto a arreglar las plantas, a limpiar la casa…, las cortinas… Sé, -porque mi amiga Solve (¡un beso, mi amor!) ya pasó por aquí y sé que la recuperación es lenta-, que no podré hacer muchas cosas con el brazo derecho durante un buen tiempo… El pobre Alva va a ir de cráneo, mi chico, e intento dejar listas para una temporadita, las cosas más duras que se me van ocurriendo…

Mientras escucho, ¡alucina!… ¡¡¡Los Pitufos!!! Jajaja… Ya. Ya sé que hubiese quedado mejor decir que estoy escuchando a mi amado Beethoven, por ejemplo… Que ya llegarán esos momentos también… Pero ahora lo que necesito es energía, marcha, alegría… Y voy plumero en mano bailando por casa mientras canto como una loca… “¡Vamos Pitufos, vamos de pitufomarchaaaaa!!!!”

Pues nada más…

Ha llegado la hora de remangarse hasta los codos y poner toda la carne en el asador…

Eso fue ayer.

Hoy ha salido un maravilloso día gris y he pasado toda la mañana, hasta el mediodía, leyendo confortablemente en la cama… Ha sido genial. (Me he acabado “La mujer de papel”, que Alva me regaló el día 1 de enero, en nuestra tradición de comenzar el año regalándonos -antes de levantarnos si quiera de la cama-, un libro… :) Hacía mucho, mucho tiempo que no me tomaba una mañana de solaz leyendo en la cama, calentita, mientras veo por la ventana el cielo adquirir distintos tonos de gris… Matices imposibles planeando sobre la Calderona…

Anoche hablé con Alva sobre esta entrada…, sobre si colgarla o no…

Es todo tan complejo…

Su consejo fue diáfano y contundente. Por él, si es que quiero hacerlo, claro que debería “subirla”.

Pero, ¿por qué dudas si hacerlo o no? – me preguntó.

No sé… –contesté-, es complicado. Por una parte es como reconocerlo en voz alta. Supone asumir muchas cosas… Y…, además, no quiero poner tristes a las personas que pudieran llegar a leerme. No quiero transmitir tristeza. Llevo muy mal ser la protagonista de según qué historias…

Y ahí es donde se mosqueó un poco.

No puedes dejar de contar algo por lo que los demás vayan a sentir –me aconsejó firmemente-. Debes dejar a la gente seguir su camino, sentir lo que tenga que sentir… Todos crecemos por las cosas que nos pasan, tenemos derecho a que nos pasen cosas, y tú no puedes controlar eso. No debes.

Y ya. Ya sé que tiene razón.

No puedo controlarlo todo. Quisiera poder evitar todo el sufrimiento que en mis manos estuviera pero…, no puedo. No puedo cambiar la realidad.

De modo que…

Aquí está.

Dicho. Y publicada

Ahora justo se asoma un tímido haz de sol, como un rayito de esperanza cerniéndose sobre el mundo. Mi mundo.

Y con él yo elevo una plegaria al cielo, para hacer con ella un cúmulo de mis mejores deseos para todos este año, del que apenas llevamos consumidos 11 días, y que, seguro, va a ser un año intenso en el que -como me dijo mi querido amigo Marco- tenemos que hacer que sucedan cosas!!! Sí!!! Me parece una consigna genial, Marco!!! ¡¡¡Vamos a hacer que sucedan cosas!!! Cosas maravillosas… Gracias.  :)

Yo intentaré con todas mis fuerzas hacer bien lo que me toca… :)

Vivamos, pues, y disfrutemos cada momento.

Un beso. Y un abracito cálido, largo y sentido, para todos.

Con amor.

 

 

Read Full Post »

La capacidad de Ver

 

 

 

 

 

No quisiera nunca olvidar que veo.

No puedo.

Olvidar que veo sería olvidarte. Olvidarle. Olvidarme.

Olvidar que veo sería perder. Perder y perderme.

Sería negar que existen las estrellas. Ellas, y todos los deseos que me concedieron. No. Sería aún peor. Sería rechazar que durante un tiempo, yo creí firmemente que ver una estrella fugaz me concedía un deseo.

Sería como matar esa ilusión. Desterrarla para siempre de mi historia. Asesinarla.

No. No puedo. No puedo olvidar que veo.

Olvidar que veo sería morirte. Matarle. Morirme.

Olvidar que veo sería fallar. Fallar y fallarme.

Sería aceptar que nada importa demasiado. Que da igual ocho que ochenta, que es lo mismo pasear en noche cerrada que con luna llena. Sería venderse al enemigo, ése que intenta -para mejor manipularte- que llegues a creer que no importa en lo que crees.

Pero, no te engañes. Ver, y no querer dejar de ver, requiere ganas. Capacidad de lucha. Valor y voluntad a partes iguales. Y cojones. U ovarios. Depende.

Lo cierto es que hay que ser valiente. Para ver. Valiente para Verlo todo, y querer seguir viendo.

Para no vender barata la piel por un cruel latigazo. Para mantener la ilusión tras un nuevo desengaño. Para no rechazar la verdad aunque te rocíen de mentiras. Para aceptar que a veces todo es feo, pero que lo hermoso sigue ahí, a la vuelta de la próxima esquina.

Para no dejar tirada la única verdad. Que soy un ser afortunado. Pero no porque la vida me trate bien -que lo hace-, sino porque todos y cada uno de nosotros, -¡tú también!- venimos al mundo con una habilidad que nada ni nadie puede arrebatarnos: La capacidad de Ver.

Y no me refiero a mirar por encima. Ni siquiera a observar detenidamente. Es mucho más sencillo e instintivo. Me refiero a Ver.

Porque cuando Veo, ya no puedo volver la vista atrás. Ni fingir que no he visto. Ni dejar de Ver.

No. No puedo permitirme el lujo de olvidar que veo.

Que veo la música.

Que escucho las flores.

Que huelo el silencio.

Que saboreo tu voz.

Que toco tu recuerdo.

No. No puedo olvidarlo.

Porque quizá entonces deje de saborear la música.

De tocar las flores.

De escuchar el silencio.

De ver tu voz.

De oler tu recuerdo.

Y yo sólo soy yo. Distinta. Mejor. Única. -Como todos-. Porque veo. Y porque lo sé.

Y sobre todo porque cada mañana me levanto y me enfrento al mundo con una idea que me abre los ojos y me instala en la esperanza. Una idea -humilde y, empero, grandiosa- bien enganchada a mis entrañas:

No quisiera nunca -¡nunca, por favor!- olvidar que veo.

 

Read Full Post »

...

 

 

 

 

 

 

 

Decididamente el sol se abrió paso, y hoy –por ayer, aunque también por hoy, y por mañana, y por el otro…- es un DÍA MARAVILLOSO, soleado.

Aunque bien sabe quien bien me conoce, que no me hubiese importado que a la salida del hospital, -donde al final hemos estado poco más de cinco horas-, nos hubiera recibido una impresionante tormenta… Con cántaros de agua, truenos, relámpagos, ¡y hasta centellas!

¿Qué hicimos? Me pregunto a veces…

¿Cómo?, para que, cada vez que volvemos al hospital y nos impregna su olor viciado, nos rodean sus paredes anodinas y fatalistas, y todo cuanto ves, oyes y sientes, recuerda a enfermedad y dolor…, nosotros no podamos sino sonreír. De alguna forma nos sentimos felices, tranquilos, a gusto. A salvo.

Reencontrarnos con algunos rincones y rostros de aquella época es un placer que nos devuelve a la realidad más maravillosa. ¡Estamos vivos!

Aunque no puedo sino enviar un recuerdo emocionado a nuestras dos ángeles de batas blancas, Tina y Encarna, y nuestra queridísima doctora Albert, a las que ya no vemos -porque están en otros quehaceres-, pero que adoramos y jamás olvidaremos.

Las personas que, cuando estás asustado, fuera de tu ambiente, en un entorno que te parece incluso hostil, que amenaza tu felicidad y tu vida, se cruzan en tu camino, y ponen todo su esfuerzo, su voluntad y su cariño en hacerte sentir cómodo…, tranquilo, querido… Se merecen una estatua al valor. Al amor. Si existiera el cielo, estoy convencida de que ellas entrarían de cabeza y tendrían asegurado el mejor de los sitios…  :)  Pero como no creo que exista, espero que lo hallen aquí en la tierra…

Ya lo comenté anoche… Creo que fue la conjunción (casi estelar, jeje…) de la suerte que tuvimos, lo afortunados que fuimos, y todo lo que pusimos de nosotros mismos…, de esperanza, de trabajo, de coraje, de amor…

Hoy, diez años después, aún me sobrecoge a veces la emoción…

Soy una persona afortunada… Mi cerebro, él solo, tiende a olvidar lo malo y recordar sólo bueno. ¡En serio! ¡Lo hace solo! Y lo hace con casi todo…

Recuerdo de aquella época…, muchas cosas… Casi todas buenas.

(Y claro también que pasamos malos ratos… Sufrimos. Lloramos. Os lo podéis imaginar… Pero no creo que leer eso ayude a nadie… De modo que hablaré de lo bueno. Que fue MUY bueno, y es lo que acaba, al fin y al cabo, generando DÍAS MARAVILLOSOS…)

Recuerdo por ejemplo la entereza y la determinación de Álvaro cuando recibió la noticia. ¡Tan valiente! Y recuerdo la mía también…, mientras estuve a su lado. En cambio, recuerdo perfectamente cómo me derrumbé cuando él desapareció…

Tuve muy claro, desde un principio, que no podía verme llorar. No podía verme asustada, triste ni preocupada. ¡Y lo cumplí durante meses! Sin embargo, sé que es la época que más he llorado en mi vida…, litros y litros de lágrimas… En el periódico…, (por cierto, un recuerdo emocionado también a mis jefes de entonces, María Consuelo, David y Salvador, y a todos y todas mis compañero/as, que se portaron conmigo de una forma excepcional… Tod@s, pero sobre todo Lola Bétera, Leo, Lola Diego, Lola Harvard, Paqui, Julia, Pablo, Puri y sobre todo Pilar.) En casa, cuando él no estaba. Cuando Montse me sacaba por ahí a despejarme un poco… (mil gracias también, mi amor, por todo tu apoyo…).

No lo parecía, pero… ¡Claro que estaba asustada! ¡Claro que tenía miedo! De hecho, no creo que se pudiera tener más… Pero el protagonista era Álvaro. Él era el que tenía que ser cuidado, amado, protegido, animado, querido, mimado…

Así que decidí coger todo mi miedo y ponerlo a trabajar…

Esa actitud me ayudó mucho…

Llené la casa de notitas y cartelitos ”infundidores” de ánimo, de coraje, de esperanza… Muñequitos y peluches amorosos con frases cariñosas. Libros. Música. Sorpresas…

Me hice la dueña del mando de la tele… ¡No sabéis la de películas que hicieron en aquella época de personas que morían de cáncer!!! Noticias tristes, desesperanzadoras… Y ahí estaba yo, rápida como la más rápida a este lado del Mississippi, con el mando a distancia presta a que a Álvaro no le llegara ninguna noticia que pudiera ensombrecer mínimamente su ánimo.

Me hice cargo de la alimentación también -hasta entonces “el cocinillas” había sido Alva-, y el pobre no ha comido más tomates de ensalada -¡cientos de vitaminas!- y ajo crudo -el mejor antibiótico natural- en toda su vida!!! Jeje. Qué bueno mi chico. Soportó, siempre con una sonrisa, lo pesada y cargante que me pude llegar a poner… Que fue mucho…

Leí en algún sitio -busqué información de todo lo que pude sobre el tema-, que las células cancerígenas se alimentaban del colesterol malo… Y no sé si era verdad o no, pero como de cualquier forma el colesterol malo, como su nombre bien indica es malo de por sí, me propuse bajarle el colesterol malo hasta límites alarmantes, para por si acaso… :)

Cociné para él carnes que odiaba y toda clase de pescados -que detestaba-… Nunca he vuelto a cocinar tanto en toda mi vida. Salsas sanas para enmascarar el sabor, cremas y batidos para disimular las texturas… ¡¡¡Todo lo que se me ocurría y algo más!!! Y todo se lo comió mi chico, dócilmente…

Y el agua… ¡Jajaja…, el agua!!! Me convertí en su aguadora particular. Su insufrible aguadora…

La doctora Albert nos dijo que la quimio -por lo menos aquella en concreto-, se eliminaba por el riñón, y que era muy fuerte, que había que beber mucha agua porque de lo contrario podíamos acabar perjudicando el riñón… ¿Qué has dicho? ¡Pobrecito!!! Allí estaba yo, vasito de agua en mano, a la vuelta del cole, de la esquina, cuando salía del baño, cuando hacia más de media hora que no había bebido, antes de acostarse, nada más levantarse… Siempre con una sonrisa junto al vaso de agua, una cancioncilla tonta o uno de los muchos chistes que iba recopilando para soltar en momentos como aquellos… Porque reconozco que me puse muy cansina… Pero yo amaba también sus riñones, y no iba a permitir que por curar una cosa se fastidiara otra… Y… bebió tanto… Se portó…, ¡tan bien!

Pasé miedo… Es verdad. Mucho. Pero…, ¡estaba tan ocupada! ¡Tenía tantas cosas que hacer!!!

Siempre he estado convencida de que el amor cura. ¡Siempre! Mucho antes de que Álvaro enfermera. E incluso mucho antes de conocer a Álvaro.

Durante aquellos meses, yo me organicé el trabajo (yendo a trabajar a horas intempestivas, gracias a que los jefes que tenía en ese momento, tan generosos, me dieron todas las facilidades que pudieron…) para poder estar con Álvaro durante las sesiones de quimio. Durante las más de cinco horas que duraban los goteros… Allí, en aquella sala de medicinas tóxicas, de alquimia de vida, es donde estaban Tina y Encarna, los ángeles de bata blanca que se encargaban de administrar pura vida en vena. Qué habilidosas. Qué profesionales. Qué tiernas. Qué increíbles personas!!!!

Le escribía cartas-cuento a Álvaro para que las leyera mientras estaba allí, medio tumbado, enchufado a las bombas, donde le explicaba con una mezcla de amor, bromas y palabras técnicas “entendibles”, qué es lo que hacían los líquidos que estaban destilándole gota a gota. Le instigaba a sentir como cada gota que entraba lo sanaba… Lo iba sanando poco a poco.

Jajaja… Recuerdo que me inventé también una batalla medieval en la que los aguerridos soldados de la Quimioterapia arrasaban por allí donde pasaban para acabar con los soldados del Mal, y que claro, también había bajas no deseadas…. Los tan temidos daños colaterales. Le hacía visualizar la batalla y forzar a que las bajas de Células Buenas, -que pasaban por allí y no tenían nada que ver con aquella guerra,- fueran las menos posibles…, y que ayudara mentalmente al ejército de la Quimio a combatir y vencer a las Células Cancerígenas del Ejército del Mal…

No sé. Ahora lo pienso, y quizá puedan parecer chorradas… Pero, yo veía a Álvaro sonreír, desde un rincón…, y emocionarse incluso… Y eso, cuanto menos, no podía hacerle ningún daño…

Le subía a él y a otros pacientes de la sala, zumos de naranja recién exprimidos de la cafetería del hospital, y les contaba historias sobre que las vitaminas de la naranja, recién exprimida -venga, a sorbitos, toda para dentro…-, contrarrestaban los duros efectos de la quimio… Por supuesto antes les consultaba a Tina y Encarna, que me daban el visto bueno, y sonreían con aquel aire siempre resuelto y tan cariñoso.

Y hasta les canté y les bailé!!!! Lo juro!!! Tenían puesto un hilo musical, muy flojito, de fondo… Jajaja.

Los tratamientos de quimioterapia, en el mejor de los casos, duran meses, y llegas a conocer a algunos otros pacientes con los que vas coincidiendo, y obviamente te enteras de historias de dolor increíbles…

Mujeres a las que sus maridos no querían ver calvas, sin el pañuelo o una peluca… ¿Os lo podéis imaginar?!!!! Si no es suficientemente duro saber que puedes estar al borde de la muerte, abatida por la quimioterapia, cansada, dolorida, terriblemente asustada… Tener que bregar con que la persona que más te tiene que querer y cuidar, no quiere si quiera verte calva… ¡Menuda pandilla de hijos de puta!!! Y disculpadme, pero lo cierto es que me da igual. Lloré abrazada a alguna de aquellas chicas y mujeres (recuerdo en concreto dos, una jovencita y una mayor…), y en aquel momento, si hubiese tenido delante al marido de turno, os juro que hubiese hecho algo más que llorar…

Había días duros…, porque sí, porque la vida es así. O porque te enterabas de que alguien que habías conocido no vendría ya nunca más. O porque entraba alguien muy jovencito…, o sencillamente porque sí…

Esos días eran en los que aparecía la Beatriz bufón. Sin complejos. Con un par.

Normalmente no están los acompañantes sentados todo el rato dentro, podría llegar a ser molesto para los enfermos… Pero a ratos, y dependiendo de la cantidad de personas que hubiera, sí podías estar… Y siempre se me ha dado bien hacer el tonto… Arrancar una sonrisa… Y cuando lo hacía, Alva sonreía por partida doble, por lo que le hacía sonreír a él y por ver a otros sonreír…

Fueron unos meses estupendos!!!!

¡Ah! Y luego la gracia de salir del hospital… Jajaja!!!!  El tratamiento de Alva era fotosensible, o como se diga… El caso es que no le podía dar la luz del sol. Y para salir…, jajaja!!!, yo iba  a por el coche y lo recogía en la puerta como si fuera un personaje importante, un príncipe de cuento por ejemplo, y fingíamos divertidos protocolos tontos… O si el coche no estaba muy lejos y Alva prefería que no nos separáramos, salíamos del hospital corriendo de sombra en sombra como si fuéramos espías que perseguíamos a alguien sin que nos pudiera ver…

A veces la gente nos miraba… No nos importaba. La verdad es que nunca nos ha importado. Y nos reíamos un montón… No importaba el motivo. Todo valía para arrancarle una sonrisa al momento y que no pareciera tan duro. O tan peligroso. Una enfermedad.

Por cierto… Después de aquello a Alva le ha quedado una querencia al sol increíble… Creo que, como aquel verano no pudo exponerse nada al sol, luego ha querido vengarse… Ya sabéis el secreto de su siempre estupendo y saludable tono bronceado… :)

No sé…

Disculpad. Creo que se me ha ido un poco la cabeza, y he estado escribiendo, sin orden ni concierto, sobre algunas de las cosas de aquella época que recuerdo… Y ciento y una más… La verdad. Tantas…

Sobre todo recuerdo lo valiente y buen paciente que fue Alva. Eso es lo más importante. Lo que nunca podré olvidar. Lo fuerte que fue. Lo positivo. Lo alegre. Lo generoso. Lo fácil que lo hizo todo… Lo orgullosa que me sentí de él…

Este año, ahora justo, hace diez años de todo aquello. Desde entonces han pasado muchas cosas buenas, y algunas, como es normal, malas. Alguna en concreto, muy, muy mala. De hecho, no sabíamos Alva y yo lo que aún nos quedaba, después de aquel año de 2001, todavía por luchar… Y por sufrir. Aunque en ese caso los papeles cambiaron, y fue por mí. Alva tuvo que convertirse entonces en el paciente y fuerte ángel de mi guarda… Gracias.

Pero todo está bien…, ¿no? Bien está lo que bien acaba, suelen decir. Y esto no ha acabado, obviamente… ¿Quién sabe lo que todavía nos queda por vivir y por experimentar?

Yo personalmente espero que sea mucho todavía… Y nuevo. Y fascinante. Y que me siga haciendo sentir rabiosamente viva…

Y quizá no cure en verdad el amor, como yo creo…, pero definitivamente…, ¡¡¡cómo ayuda!!!

Ya lo dijo aquél -que no sé quién era, y además me da igual-… Cuando haya un hueco en tu vida…, llénalo de amor.

Nosotros lo hicimos. Es lo que hicimos. Y junto al hada de la fortuna hemos llegado hasta aquí hoy, para mirarnos a los ojos con ternura, llenarnos la boca de risas, el alma de esperanza… Para luchar por un día más… Sólo por uno más. Y que ese día llegue y poder decir otra vez… Una vez más…

Hoy -y mañana, y pasado, y el otro…- está siendo, definitivamente,…

UN DÍA MARAVILLOSO.

.

.

.

Por cierto. Sobre la foto.

Es de un verano que volvíamos de conocer Salamanca, la tierra natal de Alva, y al volver por Madrid nos perdimos en la M-30, o 40, no recuerdo… Jajaja! Cuando conseguimos ¡por fin! salir de “aquella trampa del infierno”, mientras yo conducía, Alva hizo esta foto.

No me gusta subir fotos personales… Pero creo que ésta, aunque no tenga que ver con el tema, ilustra perfectamente el texto, y resume a la perfección, también, otro DÍA MARAVILLOSO… :)

Read Full Post »