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de autor desconocido

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…..

Ahora que escribo, son las doce y diez minutos del nuevo 6 de noviembre de 2013.

Antes de sentarme al ordenador salgo a la terraza y Orión me mira desafiante desde su oscuridad intangible… La noche está preciosa. Y yo me siento muy pequeña.

No sé… Quizá no sea desafiante. Quizá sólo me mira con una extraña mezcla de orgullo y compasión.

Sí. Definitivamente me siento muy pequeñita.

Hace meses que, a pesar de mi metro setenta y uno, no me siento más allá de la suela de mis zapatos…

………..

Totalmente desprovista de fe.

Así he consumido mis últimos tiempos.

No hablo de fe religiosa. Ojalá no fuera más que una crisis religiosa.

No, no. Para nada.

Me refiero a desprovista de fe en el ser humano.

En mí.

En mi propia vida.

En mi historia.

En algunas de las personas más importantes de mi historia.

………..

Sé que es absurdo redundar en lo obvio.

Es innecesario por tanto que hable de que llevo meses sin escribir.

Y que si no escribo, es porque no tengo nada bueno que contar. (Esto ya lo he explicado demasiadas veces.)

Y es inútil que enumere a cuántas personas -queridas personas- he dejado a un lado. Sé que parece que las he olvidado. Que han quedado a un lado del camino. Abandonadas. Pero nada más lejos de la realidad.

Juro que no he olvidado a nadie…

de "imagenesparaelpin.net"

de “imagenesparaelpin.net”

Te echo de menos Felipe. En serio. No sabes las ganas que tengo de saber de ti. De tu Montse. De tu día a día. De tu fértil voz.

Y a ti, Javier. Añoro leerte. Lo añoro cada vez que la luz de tu faro ilumina mis penumbras. (Y ya sabes lo puntuales y pertinaces que son los faros.) Añoro tus sabias y siempre reconfortantes palabras. Tus pequeñas realidades. Tus inconmensurables ficciones…

Te extraño Marco. Sé que no debe parecerlo… Pero te extraño. Te quiero demasiado como para no extrañarte cada día que no enciendo el ordenador y sé que estás ahí. A un sólo tiro de click.

Y a ti, Sonia. Me pregunto qué será de tus niños. De tus clases de inglés. De tu chico maravilloso y tus conciertos estruendosos. Echo de menos tus didácticos vídeos de heavy-querido.

Y a ti mi querida teacher Carmen, que vernos este verano una mañana -aunque tan agradable- no hace que no te piense ¡tantas veces! Siempre deseándote en silencio todo lo mejor.

Y a ti, apreciadísimo Rafa, que ni siquiera sé si has vuelto. Pero que tanto si lo has hecho como si no…, extraño en sobremanera el placer de entrar en “tu casa”, cada mañana antes de ponerme a escribir (cuando aún escribía), y disfrutar de tu sensibilidad, tu arte y tu magia.

Y a ti Javi. ¡Dios, tengo tan buenos recuerdos de la última vez que nos vimos a la orilla de la playa!!! Por cierto, que sepas que la bellísima orquídea que enviasteis desde Madrid -y que llegó mientras estaba en el quirófano-, no ha dejado de obsequiarnos hermosísimas flores. Y con cada una, os quiero más a los dos ;)

Y a ti Lucía, que no siempre escribes pero que -creo- siempre lees. Gracias. Gracias, preciosa. Leerte siempre es una alegría. Y un honor. Aunque abrazarnos este sábado será mucho mejor aún… ;)

Y a Yoli. La sonrisa más bonita que nunca he visto. Mi querida compi de quimio… Te echo tanto de menos, querida amiga… Ojalá sepa algo de ti MUY PRONTO… :)

Y a Goizalde y sus estupendísimas recetas, además de sus siempre amables y cariñosas palabras.

Y a Horten por sus visitas, sus palabras y sus buenas intenciones. Y a Iraulza por su prolífico blog lleno de estupendos relatos, y sus silenciosos “likes”. A los que ahora mismo no recuerdo. Y a los que no decís nada pero sé que estáis ahí en cada “entrada”, y para los que respetaré el anonimato sin nombraros…

A todos, mi cariño y miles de GRACIAS.

Y por último para dos mujeres especialmente especiales para mí.

Helen.

Mi pequeña Helen. Que aunque para mí siempre será “mi niña”, -una de “mis niñas” de cuando el mundo aún era nuevo y nuestra única voluntad era bailar hasta caer desfallecidas entre risas y flores- hoy en realidad es ya una mujer. Una Gran Mujer que cada día me sorprende más con su coraje, su fuerza, su verdad y su entereza. GRACIAS por estar siempre ahí. GRACIAS por quererme como soy. Por no dejar de demostrármelo (a veces también hace falta…) Por honrarme con tu amistad. Por contar conmigo. Por cada palabra. Incluso por cada silencio. Quererte es fácil. No recordarte con amor, -en cada nota, incluso en cada silencio de composición…-, imposible.

Y Mari Carmen.

Mi “Afortunada” Mari.

No me cansaré de decirlo: Una de las mejores personas que he conocido nunca, sino la mejor de todas, y que tengo la fortuna de contar entre mi familia. Cada día te admiro más. Y no te quiero más…, porque estoy segura de que no se puede querer más a alguien…, sin tirarle los tejos… ¡¡¡jajajaja!!! Y lo siento, querida mía, pero aún me gusta demasiado tu hermano… TE QUIERO. Gracias por estar. SIEMPRE. Por ser como eres. Por no dejar de ser NUNCA, como eres. Es un honor inmenso para mí saberte en mi vida. Y aquí, en mi blog. GRACIAS.

de "imagenes-amor.net"

de “imagenes-amor.net”

Bien.

Como siempre que vuelvo después de mucho tiempo sin estar, no puedo evitar estas palabras hacia las personas que soléis estar ahí, al otro lado, y que tan importantes sois para mí.

No tenía intención de que la entrada fuera así…, pero, ¡mira! Así ha salido. Y así la voy a dejar.

Como si fuera un GRAN ABRAZO para todos…

Ya es la una y once minutos… Llevo una horita escribiendo lo que hasta ahora he escrito… Y ahora voy con lo que en realidad yo tenía la intención de contar…

Mañana tenemos visita con el oncólogo.

No es una revisión rutinaria, que ésta fue el 12 de septiembre, cumpleaños de Alva también, por cierto -y ni eso esta vez consiguió que volviera por aquí-, y en la que en principio, todo salió bien…

No. Ésta no es una revisión rutinaria.

Como los dolores, intensos dolores, no cejaban -ni cejan-, mi queridísimo doctor Carañana, me tomó en serio (¡gracias al cielo por su excelsa profesionalidad!) y se puso manos a la obra… Averiguar de dónde y por qué.

Para lo cual, lo primero es descartar lo peor.

Lo peor.

Por eso me han hecho una serie de radiografías, ocho o nueve conté, del tirón… Uf.

Y un nuevo rastreo óseo.

Nadie lo nombró, pero todos sabemos dónde hace metástasis este cáncer.

“Para descartar”, dijo Carañana. Sólo eso. No dijo nada más.

Tan lindo.

Pero, bueno, ya se sabe, a buen entendedor…

Y mañana vamos a que nos den los resultados…

¿Acojonada?

No.

Lo siguiente.

Aunque estas semanas de espera he intentado controlar… Bueno, creo que no se nos ha dado mal del todo (siempre con el apoyo de Alva, claro…) A ratos. Lo normal, imagino.

sin referencia oficial

sin referencia oficial

Han sido duros meses estos últimos meses…

Es así. No quiero engañar a nadie.

A veces me levantaba como perdida. Ausente. Sin ganas de dar un paso, lavarme los dientes o usar un cepillo.

Deseando que el día se acabara, Y a la vez que la noche no llegara nunca…

Sigo sintiendo la ausencia. Aún no he aprendido que sea tan fácil dejar de querer…

No puedo, en demasiados momentos, evitar sentirme muy sola…

Pero, eeeeeeh!!!!!

También han pasado cosas maravillosas!!!!!

A ver.

– He dejado de fumar.

Si!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Llevo exactamente dos meses y 22 días.

¡Eh!!! Un diez para mí :)

No es para menos. Yo aún no me lo creo.

– Alva y yo nos hemos unido a un grupo de personas muy especiales, y nos han iniciado en Reiki. Fascinante… Estoy SUPERCONTENTA… Me está sentando de maravilla.

– Llevo casi tres semanas andando por las mañanas. Tempranito. Y hoy, bueno, ayer martes, he conseguido llegar…, ¡¡¡¡a la hora!!!! Por fin una hora seguida caminando!!! ¡Dios! Qué bien me siento…

Ya estoy en el camino… ;)  Nunca mejor dicho.

……

Ahora me siento especialmente bien…

Son muchas las cosas que no están a salvo. Ni en su sitio. Demasiadas las que no suenan bien. Las que duelen. Las que asustan. Las que me pierden. Las que, queriendo, no logran encontrarme porque parece que nada está donde debiera.

Tengo miedo.

Y dudas.

Y mucha pupa donde antes sólo hubo “Paz y Alegría”.

Pero…

Bueno. No he perdido las ganas de vivir.

Ni las intenciones. Las esperanzas. Los…

Bueeeeeeno, vaaaaaaale, bieeeeeeeen… A veces sí. A ratos.

Pero ya no. No ahora.

Hoy me siento mejor…

Ahora me siento mejor.

Ahora…, a las dos menos cuarto de la joven madrugada del miércoles 6 de noviembre… Me siento bien.

Aún tengo miedo. ¿Cómo no tenerlo? ¡Quiero vivir!!!

Pero…, como me decía Alva esta noche… Mientras hay vida hay esperanza, y hay que luchar…

de autor desconocido

de autor desconocido

Y ahí estamos. ¡¡¡Dando por saco!!! Ups! Jajaja… Lo siento, pero me gusta cómo suena.

Suena como una bofetada al cáncer. A la enfermedad. Al dolor. A lo que asusta.

Un “aquí estamos qué pasa” a las adversidades.

Un  “ah!, se siente…” en todos los morros al miedo.

Somos mortales, ¡claro! Pero aún estamos vivos!!!

Y…, ¡¡¡Dios!!! Son tantas las cosas maravillosas que detrás de los “quizases” y “talveces”  nos aguardan…

Hay tanta vida para respirar. Para tocar. Para abrazar. Para besar. Para… Sí, para sudar y retozar bajo sábanas de raso…, también.

Tengo tanta música aún por escuchar. Tantas comidas por probar. Tantas pelis por ver y tantos libros por leer. Tanto por escribir!!!

Y hay tanto, cada nuevo día, por ver… Cada nuevo amanecer. Cada flor nueva. Cada flor marchita. Cada nube. Cada estrella. Cada atardecer, y todas y cada una de las tormentas.

Me cosquillea la piel de tanto por vivir como siento que me queda… Y, ¡Dios! cómo me gustan esas cosquillas…

Tengo las manos rebosantes de caricias por dar aún. Y los labios repletos de sonrisas por dibujar. Y la voz llena de canciones que lanzar al cielo en voz en grito. Y en mis piernas tantos lugares fascinantes por recorrer. Y palabras en las puntas de mis dedos muertas de ganas por saltar al papel. Y calor en mi piel… Y mi pelo… ¡Dios! Mi pelo tiene tantas ganas de crecer!!!!

Jajajaja…

¡Te deseo Vida, amig@!

¡Montañas y montañas de Vida!

Os cuento.

Con Amor

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Sólo… Gracias

 

 

 

Vaya…

Según le prometí a Javier, aquí tenía que ir la continuación del comentario…, pero ahora…

Ahora es la una de la madrugada del joven domingo 15 de enero.

Hoy ingreso. En unas horas ingresaré. Mañana ya no dormiré en casa. En esta casa que tanto adoro… Si la vierais…, está preciosa… Con todas las luces de colores. Los distintos puntos de luz ambiente. La lámpara de colores que me dejaron los Reyes en casa de Montse -mil gracias, mi amor-. Las muchas velitas que siempre tengo puestas… Y la chimenea encendida…

Uuuffff… Me parece que empiezo divagando.

A ver, Bea. Céntrate.

Hoy ha sido un día maravilloso. Vaya, como toda la semana. El teléfono ha sonado una y otra vez para desearme suerte. Para preocuparse por mí. Para enviarme energía y cariño en grandes cantidades.

Y el blog… Bueno, podéis ver los comentarios. Estoy que me salgo de felicidad.

Es un honor sentirse tan querida. De verdad.

Y hoy ha sido un día maravilloso también, porque escribiendo la respuesta al comentario de Javier, he dejado correr la mano, y he llegado a escribir cosas increíbles… A descubrir cosas increíbles sobre mí. Buenas. Y malas. Pero todas muy importantes… No sabes cómo me ha ayudado escribirte, Javier. Aunque al final haya decidido no publicarlo. Quizá algún día lo haga…

Porque ahora que tras una cena estupenda y una divertida película, velada increíble con Alva muy a mi lado, me siento al ordenador dispuesta a publicar lo que escribí esta mañana…, pero resulta que me ha cambiado el ánimo.

Algo característico de estos días es que pasas por un montón de estados distintos de ánimo… Lo mismo estoy loca de contento, que asustada, que confiada, que feliz, que distraídamente triste…

Y ahora estoy…

No lo sé bien. La verdad.

Y aunque me sentía obligada a subir el texto que resultó de mi respuesta al maravilloso comentario de Javier… De repente he recordado también lo que me decía rlfox en su comentario, eso de que tengo que sentirme libre y hacer lo que verdaderamente quiera… Y de pronto me he dicho: Pues no. Pensé que sí, pero ahora resulta que no me apetece publicarlo. La Beatriz de siempre lo haría, aún sin querer hacerlo, porque lo había dicho… Intento ser fiel a todo lo que, sin prometer, prometo… Pero la Beatriz de hoy, la de ahora, se va a tomar la libertad de hacer lo que le apetezca de verdad…

Y no me apetece publicarlo…

Pero me apetece escribir…

Primero para dar las gracias. Sobre todo para dar las gracias. Por todas las montañas de amor que estoy recibiendo. Tanto, que he de confesar que a veces, por momentos, he llegado incluso a sentirme desbordada de amor…

Sí!!!! Eso es fantástico!!!!

Dar las gracias a todos los que habéis leído la entrada anterior y habéis dejado un comentario. Sobre todo a los que os ha costado hacerlo, porque no tenéis costumbre o porque os resultaba difícil o incómodo. No sabéis cómo valoro y agradezco vuestras palabras, vuestro gesto… Me ha infundido mucho ánimo. Me ha proporcionado momentos increíbles. Me habéis hecho muy feliz. Y es algo que tengo ahí para leerlo siempre. Para recordarlo siempre, si flaqueo, si me entra el pánico, si me siento perdida, si se me olvida qué cosas son las esenciales… Teneos ahí a todos para poder leeros siempre que lo necesite es… SENCILLAMENTE MARAVILLOSO!!!!! :)

Gracias también a los muchos que habéis leído y no habéis dicho nada. Cada uno es libre de seguir los dictados de su corazón. O de hacer lo que buenamente pueda…

Gracias a quien después de haberlo leído o enterarse por terceros, ha levantado el teléfono y me ha llamado, o ha dejado un SMS en el móvil.

Gracias a todos los que estáis brindándole tanto amor a Alva, para que él me lo transmita. Muchas gracias a todos, también por cuidarlo. Necesito que sigáis haciéndolo. Necesito que tenga todo el apoyo y el cariño del mundo. Se lo merece, y también a él le hace mucha falta. Lo sé. Y lo sé porque yo también estuve en el otro lado, donde ahora está él, y sé lo duro, lo difícil que es… Mil gracias.

Gracias en definitiva a la vida por lo generosa que está siendo, una vez más, conmigo.

Estoy muy agradecida. Y feliz. Creedme, es como para estarlo.

Pero…, también tengo miedo.

Me entra el miedo al pensar que mañana no estaré aquí a estas horas. En mi adorada casita, en mi bello castillo…

Y también me asusta un poco el lunes por la mañana. No la operación. No. Porque mira, una vez ya te duermen…, ¿no? Pues que hagan lo que quieran, lo que tengan que hacer… Pero el desplazamiento de un hospital a otro, sola en la ambulancia -sin Alva, me refiero, porque ya nos han dicho que nadie puede acompañarme-, y lo que pasará allí…, que tienen que ponerme el contraste… Y la verdad es que la explicación de cómo será eso, me ha producido un poco de aversión… Miedo.

Pero bueno. Pasará. Cerraré fuerte los ojos y pensaré en todo lo que me habéis dicho, en lo que me habéis escrito… En las velitas que habéis encendido. En los pensamientos naranjas que estáis teniendo para mí… En serio que pienso concentrarme en todo eso… Y seguro que se me hace todo más llevadero…

Y luego volveré al hospital, y ya comenzará la operación… Y entonces ya no pienso preocuparme de nada más…

Sólo tengo que concentrarme en ser buena paciente, en tener un buen post-operatorio, en hacer todo lo que me digan, en intentar llevar bien el dolor, en seguir confiando en la Vida…

Intenté sobre todo, en la otra entrada, no ponerme sensible. Ni sensible ni sensiblera. No quiero lágrimas. Ni compasión, eso ya lo dije.

No busco ni pretendo ninguna reacción al escribir esto que ahora estoy escribiendo… Es sólo, para mí, un ejercicio de sinceridad. De liberación. De compromiso también. De Amor.

Bueno, pues… Nos vemos en unos días…

Podré leer…, pero no sé cuándo podré volver a escribir. Espero que sea pronto…

De hecho, ya tengo ganas de escribir la próxima entrada, y contaos lo fácil y sencillo que ha sido todo. Y lo bien que ha ido. :)

Gracias a todos. De verdad. Familia. Amigos de piel y Amigos de red. Espero que sepáis lo importantes…, no que sois ahora para mí, sino lo importante que habéis sido y sois siempre.

 

Con amor.

 

 

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Sí, es cáncer

 

 

 

 

 Primero, espero que todos los que leáis esto, hayáis pasado unos felices días. Cuanto menos, tranquilos… Ojalá, cada uno, pudiera haberlos pasado tal y como de verdad deseara hacerlo… Rodeado de los seres que ama.

 Eso ya sería mucho.

Porque ya sabemos que éstas son fechas en las que uno echa más de menos que nunca, a quien no tiene cerca. O a quien ya no está… Y eso es lo más triste.

Hace días que no escribo…

No sabía cómo. No sabía qué.

En cambio, han pasado muchas cosas… Algunas buenas… Mi cumpleaños, por ejemplo -aunque me parece que ya hace un siglo!-. Un par de entrañables reuniones con amigos y familia, que me han hecho muy feliz… Que Alva haya estado de vacaciones…, a mi lado. Compartir estos días con mi súpersobri Armand…

Pero han pasado también algunas no tan buenas.

Y lo siento, pero estas últimas… No es que hayan eclipsado las buenas… No es eso. Pero sí me han tenido amordazada. Se me han llevado las ganas de escribir. Me han secuestrado la voluntad de expresarme.

Y me duele… Me duele porque es mucho y muy bueno lo que me hubiese gustado compartir… A mí, a pesar de todo, aún me encantan estas fechas… Creo que la Navidad es una sensación, un estado mental… Y me hubiese gustado, mucho, escribir sobre ello y sobre todo lo contrario. Sobre el frío. Sobre el calor…  Pero me quedé sin capacidad para hacerlo.

Aún hoy, que -parece- estoy dispuesta a escribir…, todavía no sé muy bien qué decir y cómo hacerlo.

Mi intención era dejar las cosas así… No decir nada. No volver a escribir durante, -imagino que puede ser- una larga temporada… Pero algo más fuerte que yo me impide hacerlo…

Me encuentro, en cambio, en una situación delicada, pues tampoco tengo ganas de contar mucho…

No.

En realidad no quisiera tener que contar nada de lo que me está pasando…

Pero, ¿qué hago? ¿Miento entonces?

No es mi estilo. No suelo recurrir a la mentira “casi” nunca. Porque mentir me hace daño físicamente. ¡Lo digo en serio! Me salen hasta ronchas!!!

Pero este blog es muy importante para mí.

Intentaré explicar por qué:

Yo llevo escribiendo toda la vida.

Amo escribir.

No es ningún secreto que quisiera ganarme la vida escribiendo.

No. No me refiero a ser rica y famosa… Es más…, he de confesar que eso no me apetece nada. Más bien me aterroriza siquiera pensarlo. Lo que me gustaría de verdad es poder vivir -modestamente- de ello. Ése sería mi sueño.

Pero siempre me he encontrado con un gran problema. La vergüenza. El pudor. La inseguridad.

Los que me conocen de toda la vida saben que siempre he sido muy celosa de lo que escribo. No compartía más que una mínima parte, y con un número muy reducido de personas… Las más de las veces, dos. Concretamente dos.

Es una gran paradoja que alguien que quiere vivir de escribir, sea tan rematadamente inconsecuente -e imbécil-, de no querer compartir lo que escribe… Y sí, queridos. Ésa soy yo. (O era… :)

Por eso el blog ha sido tan importante para mí. Decidirme a poner en común lo que escribo, no sólo con la gente a la que pueda apreciar, sino con cualquiera que incluso por casualidad entre, ha sido un paso crucial para mí.

Algo que me ha costado mucho esfuerzo. Mucho valor. He tenido que vencer complejos, algunos prejuicios y muchos fantasmas… Cada vez.

Lo que ocurre es que aquí, siempre acabo -de alguna de las formas- hablando de mí misma. De lo que me atañe… De lo que me pasa… De lo que me duele… De lo que sueño… Yo. Otra. Todas. Ninguna.

Y ahora… En el futuro más inmediato, Todas las que soy, -me temo-, vamos a estar un poco monotemáticas…, y sobre algo, además, sobre lo que quizá no quiera hablar.

En esta tesitura me encuentro en estos momentos.

No es fácil. No es grato. No sé cómo seguir escribiendo en estos mismos instantes…

Pero sé que el blog es muy importante para mí.

Además, Alva piensa que me vendría bien escribir, justo ahora.

Y probablemente tenga razón.

Pero no creo que quiera compartir de forma tan pública, todo lo que ahora pasa por mi cabeza. Todo lo que ahora mismo bulle en mi mente… Todo lo que me atenaza el ánimo.

Es ciertamente complejo. De verdad.

Tampoco quiero que parezca que estoy jugando a las adivinanzas. A los misterios. Y desde luego, por encima de nada, que pueda parecer que me hago la interesante. Porque juro por todos los dioses, -aquéllos en los que no creo, e incluso aquéllos en los que un día creí- que nada hay más lejano a mi intención.

De modo que… ¿Cómo se dicen las cosas?

Diciéndolas.

Haciendo uso de Las Palabras.

Y vaya. Se me presupone cierta habilidad en ese terreno.

Así que…

Sí. Es cáncer.

Las primeras indagaciones se hicieron un par de semanas antes de las Navidades. Antes incluso de mi cumpleaños.

Luego, llegó la primera señal de alarma seria, el día 26 de diciembre, con la biopsia, que he de confesar que fue ciertamente dolorosa y desagradable -a pesar de la encomiable amabilidad de la doctora y la enfermera-. Pero pasó rápida. Media horita larga.

Y por fin, el día 5 de enero. Sí, antes incluso que los Reyes, llegaron las noticias…

Sí, es un tumor. Malo. Hay que quitarlo ya.

Hoy lunes he ido a las pruebas habituales antes de una operación. Analítica. Placa de tórax. Electro.

El jueves tengo cita con el anestesista.

Ingresaré la tarde del domingo 15, y entraré al quirófano el lunes 16 por la mañana.

Bien. Pues ya está dicho.

Tampoco me ha costado tanto.

¿Cómo me siento?

¿Estoy asustada?

¿Tengo miedo?

Confusa. Un poco. Imagino que lo normal. Respectivamente.

Es…, como el vértigo. Atenazante. Un poco asfixiante. Vertiginoso.

Me he pasado todas las Navidades sin tocar apenas el ordenador.

Primero por prescripción médica. La biopsia fue tan dura que me prohibieron mover el brazo derecho, -incluyendo específicamente hacer uso del ordenador-, los días posteriores a los pinchazos. ¡Ah! No he dicho que es mi pecho derecho el llamado a filas…

Y luego…, no he encontrado fuerzas. Creo que tampoco tenía muchas ganas. Además con Alva en casa, tampoco he tenido tiempo.

Aunque pudiera parecer imposible, Alva ha redoblado su cuidado habitual hacia mí. Sus atenciones. Sus mimos. No me ha dejado ni a sol ni a sombra. Ha incrementado también su número usual de bromas y “chanzas”, y creo que me he reído más en estas Navidades, de lo que me he reído los últimos seis meses. Y eso que yo me río mucho todos los días…

Reírse es bueno. Eso está bien. Seguro que le resulta beneficioso a mi cuerpo. Además de a mi alma, claro.

¿Si he llorado también?

Sí, claro.

Tres veces.

La primera, cuando salimos de la biopsia. Era una mezcla de dolor físico, mucho, mucho miedo y algo de mala espina. En el coche, de vuelta a casa. Alva me dejó llorar sin dejar de acariciarme y colmarme de palabras de amor. Y todo mientras conducía… Es un hacha mi chico!!! :)

La segunda, cuando llamaron del hospital, al día siguiente, para darnos hora para Cirugía. La mala espina se incrementó a niveles alarmantes. Tuve la certeza de que las cosas no iban a ir bien. Y me entró un miedo atroz, sólo comparable a la rabia, la impotencia… ¡Me cago en todo…!!!

Eran lágrimas de furia. No se deslizaban sobre las mejillas, más bien saltaban al precipicio desde el párpado inferior, como si les fuera la vida en ello. Con una actitud suicida… Desesperada. Duró poco. Lo que tardé en calmarme, mientras Alva, una vez más a mi lado, (DOY GRACIAS AL CIELO DE QUE TODO HAYA OCURRIDO MIENTRAS ÉL ESTABA DE VACACIONES A MI LADO….), me decía que era normal, que llorara, que me desahogara, que estaba bien…

Y la tercera nada más salir de hablar con el cirujano, cuando acababan de darnos la noticia que confirmaba todos mis temores.

Fue nada más subir al coche, y antes de ponernos en camino hacia casa. La mezcla de sentimientos era impresionante…

Miedo, claro. Sorpresa por una parte, y por otra sensación de que se confirmaba algo que tanto había temido. Confusión. Mucha confusión.

Pero sobre todo… Tenía un terror horroroso al momento de llegar a casa y tener que contárselo a mis padres. Es lo que más temía. Lo que más me preocupaba…

Sólo imaginar la cara de mis padres, -mientras se lo contábamos-, se me anegaba el alma de pena y se me derramaban los ojos… Por nada del mundo quería tener que contarles lo que no tenía otro remedio que contarles.

Durante el camino fui reponiéndome. Respirando. Tranquilizándome. Entre Alva y yo hicimos una exposición concisa y lo más suave posible del tema. Sin mentir, pero sin detenernos en los detalles más preocupantes…

Resultó bien. Imagino que reconfortados por nuestra actitud -para esos momentos ya- animada y fuerte (al menos en apariencia), se sintieron medianamente tranquilos. Eso, entre otras cosas, pretendíamos transmitirles: Tranquilidad.

Y…

Esto es lo que hay.

No quería hablar de ello. Pero sé que si no lo hago, no me atreveré a escribir nada en el blog, porque cualquier cosa que pudiera apetecerme escribir (y lo cierto es que no sé si me va a apetecer o no hacerlo…), me parecería que estoy mintiendo si no cuento algo que -verdaderamente- es tan importante para mí.

Bien. Pues ya está.

Así están las cosas.

Quiero pedir también desde aquí, disculpas a las personas a las que he dejado de responder e-mails, comentarios, pasear por sus blogs… Confío en que ahora entenderéis por qué estaba tan silenciosa…

Pero he pensado en vosotros y vosotras, y echado de menos ese contacto tan grato y reconfortante…

Una cosita. ¡Por favor! No quiero compasión… Odio la compasión. Además, a efectos prácticos, la compasión no me servirá de nada.

En cambio, si puedo… ¿Puedo pedir algo…?

Si algún pensamiento vas a tener con respecto a mí, que sea de fuerza, de energía, de alegría, de valor. El calor de la llama de una vela. El color naranja. Canciones alegres. Pensamientos positivos. ¡Por favor!

Necesito que me digan que voy a ser fuerte. Que probablemente vaya a ser duro, pero que todo pasará y que va a salir bien.

Lo que ahora necesito es cariño y energía positiva. “Buena vibra” en grandes cantidades…  :)

Y luchar, claro. Y eso prometo hacerlo. ¡¡¡Vamos que si lo prometo!!! Por la Virgen del Abrigo de Pana Verde que juro hacerlo…

No sé lo que tardaré en volver a escribir. ¡La verdad es que no tengo ni idea!!! Lo mismo no tengo ganas de volver a decir nada, que publico algo cada dos horas… Jajaja… No lo sé, la verdad.

Es todo muy complejo.

Sé que tengo que estar positiva. Fuerte. Esperanzada. Llena de energía. Y la verdad es que eso estoy haciendo. Aunque uno nunca sabe… No termina nunca uno de conocerse…

De momento me he puesto a arreglar las plantas, a limpiar la casa…, las cortinas… Sé, -porque mi amiga Solve (¡un beso, mi amor!) ya pasó por aquí y sé que la recuperación es lenta-, que no podré hacer muchas cosas con el brazo derecho durante un buen tiempo… El pobre Alva va a ir de cráneo, mi chico, e intento dejar listas para una temporadita, las cosas más duras que se me van ocurriendo…

Mientras escucho, ¡alucina!… ¡¡¡Los Pitufos!!! Jajaja… Ya. Ya sé que hubiese quedado mejor decir que estoy escuchando a mi amado Beethoven, por ejemplo… Que ya llegarán esos momentos también… Pero ahora lo que necesito es energía, marcha, alegría… Y voy plumero en mano bailando por casa mientras canto como una loca… “¡Vamos Pitufos, vamos de pitufomarchaaaaa!!!!”

Pues nada más…

Ha llegado la hora de remangarse hasta los codos y poner toda la carne en el asador…

Eso fue ayer.

Hoy ha salido un maravilloso día gris y he pasado toda la mañana, hasta el mediodía, leyendo confortablemente en la cama… Ha sido genial. (Me he acabado “La mujer de papel”, que Alva me regaló el día 1 de enero, en nuestra tradición de comenzar el año regalándonos -antes de levantarnos si quiera de la cama-, un libro… :) Hacía mucho, mucho tiempo que no me tomaba una mañana de solaz leyendo en la cama, calentita, mientras veo por la ventana el cielo adquirir distintos tonos de gris… Matices imposibles planeando sobre la Calderona…

Anoche hablé con Alva sobre esta entrada…, sobre si colgarla o no…

Es todo tan complejo…

Su consejo fue diáfano y contundente. Por él, si es que quiero hacerlo, claro que debería “subirla”.

Pero, ¿por qué dudas si hacerlo o no? – me preguntó.

No sé… –contesté-, es complicado. Por una parte es como reconocerlo en voz alta. Supone asumir muchas cosas… Y…, además, no quiero poner tristes a las personas que pudieran llegar a leerme. No quiero transmitir tristeza. Llevo muy mal ser la protagonista de según qué historias…

Y ahí es donde se mosqueó un poco.

No puedes dejar de contar algo por lo que los demás vayan a sentir –me aconsejó firmemente-. Debes dejar a la gente seguir su camino, sentir lo que tenga que sentir… Todos crecemos por las cosas que nos pasan, tenemos derecho a que nos pasen cosas, y tú no puedes controlar eso. No debes.

Y ya. Ya sé que tiene razón.

No puedo controlarlo todo. Quisiera poder evitar todo el sufrimiento que en mis manos estuviera pero…, no puedo. No puedo cambiar la realidad.

De modo que…

Aquí está.

Dicho. Y publicada

Ahora justo se asoma un tímido haz de sol, como un rayito de esperanza cerniéndose sobre el mundo. Mi mundo.

Y con él yo elevo una plegaria al cielo, para hacer con ella un cúmulo de mis mejores deseos para todos este año, del que apenas llevamos consumidos 11 días, y que, seguro, va a ser un año intenso en el que -como me dijo mi querido amigo Marco- tenemos que hacer que sucedan cosas!!! Sí!!! Me parece una consigna genial, Marco!!! ¡¡¡Vamos a hacer que sucedan cosas!!! Cosas maravillosas… Gracias.  :)

Yo intentaré con todas mis fuerzas hacer bien lo que me toca… :)

Vivamos, pues, y disfrutemos cada momento.

Un beso. Y un abracito cálido, largo y sentido, para todos.

Con amor.

 

 

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Dos océanos infinitos y tres mares pequeñitos, -de esos “como de la familia”, como enormes lagos de ir por casa…-, se han conjurado en silencio y hacen aguas dentro de mí.

Su distinta temperatura, densidad, salinidad, número de piratas, y sus muy diversas corrientes submarinas, se entremezclan y sacuden en mi interior, como si yo fuera una de esas famosas bebidas que hay que agitar -en lugar de mezclar- antes de beber. Combinado “Marejada azul”, podría llamarlo. -Llamarme.- Y ya puestos, estoy tan mareada como si me hubiera bebido de un solo trago a mí misma.

Me siento confundida, sobrepasada y perdida. Como un vaso a punto de desbordarse con la última gota de una catarata imposible.

Lo normal es que ahora me mantuviera calladita. -Como reminiscencia de la depre, cuando me siento así, tiendo a quedarme callada. Incluso inmovilizada físicamente. Quieta. Muy quieta.-

De hecho, llevo callada varios días. Pero ya no quiero callar más.

El miedo. La desesperanza. La tristeza y el desánimo. Todos han quedado en mí y están jugando un titánico partido a dobles, esforzándose lo indecible por ganar por goleada. (Repárese en lo malitas que están las cosas y lo poco que sabe el fatídico cuarteto del tema -y lo que le importa, además- cuando jugando al noble deporte de caballeros, rey de Wimbledon, pretende arrasar marcando goles.)

Y yo soy el campo. ¡Hale! A ver quién da más. No hago más que recibir patadas y raquetazos, porque soy también -y a la vez- balón de reglamento y fosforítica pelotita de tenis.

Mmm…

Estoy a punto de dejar los 45 atrás, -de hecho estoy ya en tiempo de descuento- y no consigo terminar de crecer.

Pensé que al ir madurando me volvería más hierática. Más comedida. Incluso fría, parca y distante con aquello que hasta ahora siempre me había “podido”. Pero, ¡qué va! Siguen afectándome las mismas cosas. Doliéndome los mismos gestos. Desesperándome las mismas injusticias.

No hay caso. Parece que no aprendo. Que no creceré por más años que cumpla.

Hay decisiones del pasado que lejos de tomar yo, me tomaron, porque en esos momentos no podía hacer otra cosa -aunque hubiese querido, y lo cierto es que entonces no me importaba si vivía o moría-, y que hoy me pesan como una losa que no sé si podré soportar…

No lo diré. No me atrevo a desnudar mi alma hasta ese extremo. Hay cosas con las que una, al parecer, tiene que vivir para siempre. Y además, hacerlo sola.

Y hay decisiones del presente, que sin depender de lo que yo quiera, volverán a caer sobre mí… Y se llevarán -o no- parte de mi vida por delante. Y he de confesar que vivir pendiente de un hilo…, nunca se me ha dado demasiado bien.

No. Tampoco lo diré. No sabría cómo. No sabría exactamente qué. Pero espero que me ayude, -por lo menos-, escribir que no puedo escribirlo. Después de todo… Sé que nada importa demasiado. Y cuando ya no estemos… Bueno, el universo seguirá -indefinidamente- expandiéndose.

       Y está lo que veo alejarse -con el alma atenazada-, sin poder evitar la distancia que nos va ganando. Y que me duele tanto!!! Y me repito una y mil veces que uno ha de aprender a vivir con aquello que no puede cambiar. Porque por fin he comprendido que no todo depende de nosotros.

De lo que queremos.

¡Aun de lo que amamos!

Y por encima de todo… Ser consciente de que el mundo se desmorona a mi alrededor como un castillo de hadas cimentado sobre algodón de azúcar, no me concede la mágica facultad de poder enmendarlo. No puedo pensar, sentir ni actuar por los demás. No soy responsable de lo que escapa a mi control. ¡Debo aprender eso de una maldita vez! Así que tendré que verlo desplomarse a mi alrededor, desintegrarse y hundirse, silente, en la tierra para siempre.

Y como me conozco, sé que me exigiré a mí misma, -además-, hacerlo con una sonrisa. Yo soy así de chula. De arrogante. De temeraria.

(De imbécil.)

¡Maldita sea! A estas alturas ya debería ser más lista!!!

Pero, pienso… Bueno…, al fin y al cabo… No soy tan bicho verde, ¿no?

Aquél que esté libre de fantasmas que tire la primera piedra. Y el que no albergue temores, y compagine oscuridades y brillanteces, aversiones y afectos. El que no reparta su tiempo entre fracasos y triunfos, su esencia entre virtudes y defectos, y tiña sus gestas -equilibradamente- de lágrimas y risas… Bueno. ¡Caramba! Lo felicito.

Yo sí. Debe de ser que yo soy salvajemente terrena. ¡Todo me pasa! Y lo que no…, quizá lo provoque con mi desafiante actitud ante la vida. (No trato de justificarme. Solo de explicarme a mí misma.)

Vivir es el objetivo. Lo único real. Por lo que estamos aquí. Lo que hacemos aun cuando no hacemos nada. El fin. El comienzo. Y entre los dos…, el camino.

Pues…, después de todo…, va a ser que sí. Algo sí he aprendido…

Sé que una vida es un puntito insignificante que de tan pequeño, -al mirar en su conjunto el universo-, casi ni se ve. No importa. No suma. No cuenta.

Y a la vez, en ese mismo insignificante puntito, -¡tan pequeño!- sé que cabe un universo…

Caben sueños tan magníficos que desbordarían al agujero negro más negro de todos los agujeros.

Y caben también sentimientos sagrados -sin dios ni religión a que servir- que viajarían, incansables, infinitos túneles de gusano de una galaxia a otra, sin apenas pestañear.

Caben risas que rivalizarían con las nebulosas más hermosas y lágrimas que dejarían atrás las lluvias de meteoritos más copiosas y virulentas.

Caben ideas tan brillantes como la estrella más cegadora, y miedos tan abismales y desconocidos como los desdibujados confines del último rincón perdido del cosmos.

Y ese universo. -Tu universo. Mi universo.- Pequeño pero inmenso, está en constante contacto, fricción y roce con otros cientos de universos.

Y, a pesar de ser tan nimios…, se conocen, se entrelazan. Interactúan. Se profesan devoción, amistad, amor. Se juntan, se separan. Se olvidan, se recuerdan. Se denuestan, se enamoran. Se hacen daño cuando no quisieran, y se quieren cuando ni siquiera se gustan. Y se gustan, se desean, se devoran, porque no saben no hacerlo. Se confunden, se perdonan. Tienen hijos, deudas, mentiras hermosas y verdades a medias. Conviven y asesinan. A veces con las manos. Las que más, con las palabras. Nacen, aman. Odian. Mueren. Mutan constantemente. Se reinventan. Y en ocasiones…, si les das su espacio…, hasta resucitan.

Bendito universo de universos, nuestras vidas.

Nada soy. Nada tengo. Nada de mí quedará. Sólo los besos que di. El amor que compartí. Las almas puras que con mis dedos tuve la fortuna de rozar y que a su vez me rozaron convirtiéndome en mí misma… “…Y que se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia…” (Roy, en la escena final de Blade Runner.)

Así están las cosas.

Todas las aguas de esos océanos inconmensurables y eso mares chiquititos siguen en descontrolada tormenta agitándose dentro de mí. Desequilibrándome. Desafiantes y altaneras. Benditas. Eternas. “Marejada azul”

Y el partido de tenis, -con “ionescas” porterías en cada esquina-, sigue encarnizado zurrándome duro por todas partes… Ni le caben más tiritas a la peluda pelotita, ni el balón parece dispuesto a soportar una patada más.

Pero yo sí. ¡Yo voy a seguir!!! Porque sé que soy una mierda de puntito insignificante en el firmamento que desde el suelo boquiabierta contemplo. Pero a la vez sé…, que dentro, me cabe un mundo. No. ¡Más! Un universo.

Y cuando yo desfallezco. Otra viene y toma el mando. Y todas nos hundimos. Y ninguna se rinde.

Así que yo. -Otra. Ninguna. Todas.- Voy a seguir.

Y como ya dije, -porque me conozco bien y ya comienzan a sobrar las palabras…,- voy a hacerlo con una maldita sonrisa en la cara.

:)

Porque para un puntito insignificante un día es toda una vida. Y yo soy uno de esos insignificantes puntitos, consciente -eso sí!- de que vivo rodeada de universos colindantes maravillosos. Que bien valen una sonrisa.

Adelante pues, querida.

¿Quién dijo miedo? 

Y gracias, sobre todo, a mis maravillosos universos colindantes…

 

 

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...

 

 

 

 

Siempre nos contaron, cuando éramos niños, que en las felices bodas que ponían punto final a los cuentos de hadas, el príncipe y la princesa comían perdices y eran felices eternamente.

Yo, -conforme empecé a crecer-, curiosa, esperaba siempre que continuara la historia. Quería saber si el príncipe soportaría que la princesa fuera, tal vez, una maniática de la limpieza, y que cantara constantemente, sin parar, con la voz engolada y “pastelona”, hasta en las situaciones más absurdas. Y me preguntaba qué pensaría la princesa de que quizá el príncipe saliera todos los sábados de cacería con sus amigotes, dejándola sola en palacio, y volviera sucio, sudoroso y oliendo a lo que sea que fuera con que se emborracharan entonces los príncipes.

Si, siempre me intrigó esa parte que nadie escribía…

El sábado día 17 presencié una boda de cuento entre dos príncipes, y lo mejor, es que sé perfectamente cómo continua la historia después de ese fueron felices y comieron bogavante relleno y tierno solomillo -exquisito por cierto, como todo en esta boda-…, porque los conozco. Porque los quiero mucho. Porque estuve allí para mirarles a los ojos mientras se prometían intentar con todas sus fuerzas amarse para “siempre”.

Valencia, -Bétera más concretamente-, dista de Cádiz, -Zahara de los Atunes, exactamente,- 834 kilómetros, y ni uno fue en balde. Este fin de semana ha merecido la pena cada metro que recorrimos hasta llegar a nuestro destino…

El Hotel Varadero.

 El Hotel Varadero es un lugar de ensueño, -cuidado hasta el límite en sus detalles más pequeños,- dirigido por dos guapas y simpáticas hermanas -gaditanas, imagino-, Elena y María José, que han sabido hacer de un hotel pequeñito, el fin perfecto de cualquier viaje.

Las habitaciones no tienen número… La nuestra se llamaba Sol. La de los novios Luna. La de un poco más allá Nube. La otra Eclipse, y así hasta diez habitaciones, distinta, original y exquisita cada una de ellas…

Pero a pesar de que el hotel, -sus habitaciones, su restaurante, su recepción-, todo es maravilloso, como de cuento, lo mejor está en el exterior… Ese jardín de ensueño, con mil detalles espectaculares, -vibrantes de sensibilidad-, que rodea y convierte el sitio en el más hermoso de los lugares… Cada rincón te provoca serenidad y a la vez te carga de energía; te inspira paz, te evoca paraísos de leyenda; te vuelve sensitivo, romántico, místico. Tiene el poder de intensificar los sentidos. Los enaltece. Los sublima.

A pesar de caer tan lejos de mi querida Valencia natal, no puedo sino reconocer que es un sitio maravilloso para casarse, para celebrar el amor, o para pasar, sencillamente, unos días fabulosos. 

De hecho, estoy segura, casi al cien por ciento, de que todos los familiares y amigos, -tanto de Mario como de Javier, que estuvimos compartiendo con ellos aquel día increíble-, estarán de acuerdo conmigo. Está boda es de diez. (O como decía Coco en Facebook… “se puede poner más de un 10?”)

Han pasado ya unos días y sigo con una cómoda sensación de felicidad impregnándome la piel… Como si flotara en una nube… Pelín nostálgica de todo lo que vivimos…

Echo la vista atrás y recuerdo la noche en que Javi y Mario vinieron a casa a cenar con Alva y conmigo, y de repente me propusieron “oficiar” la ceremonia de su boda…

¡¡¡No os podéis imaginar!!! Me levanté de la mesa de un salto y corriendo me metí en casa… -estábamos cenando en la terraza- y no quería salir!!!

La verdad es que no sé por qué reaccioné así. La verdad es que no sabía cómo reaccionar… Sencillamente no podía creer lo que me estaba pasando. ¿Hablaban en serio? ¿Era una broma? ¿De verdad pretendían que yo “los casara”?

En fin, os ahorraré la descripción de mis pensamientos, temores, dudas, momentos de histeria, desconfianza en mí misma, pavor en estado puro y todas las vueltas que le di a mi cabecita durante los casi dos meses siguientes…

Rápidamente pensé que aquello iba a ser como el sexo en una pareja. ¡…!

A ver. Me explico.

Siempre he pensado que el sexo, si va bien en una pareja, representa digamos, el 10 por ciento de la relación. Lo que funciona y no da problemas, no da que hablar, se disfruta y ya está. Es una cosa más de las muchas que conforman el universo de una pareja. Pero si el sexo va mal…, si por algo no funciona, puede llegar a convertirse en el 90 por ciento de la relación.

No sé si he conseguido explicarme… Me refiero a que si el sexo va bien, lo disfrutamos y punto, no “le echamos cuentas”. Pero si va mal, pasa a ser terriblemente importante, se convierte en un verdadero problema, puede ser un desastre y dar incluso al traste con la pareja…

Así pensé que sería mi intervención. Si todo salía bien, mi papel no iba a representar apenas nada… Tenía que ser una intervención discreta, en su punto. Los protagonistas eran ellos. Pero si lo hacía mal, si metía la pata y no hacía una ceremonia, cuanto menos digna, podía arruinarles un día que por lo demás iba a ser perfecto.

¡Me quería morir!

Así me sentía. Completamente aterrorizada. Presionada. Por mí misma, nunca por Javier o Mario que siempre se mostraron pacientes e increíblemente confiados en mí. Mil gracias, chicos!!!

Además, circunstancias ajenas a la boda que ocurrieron en agosto: La pérdida repentina y terriblemente dolorosa de Dama, una de mis queridísimas perras, y la ausencia de Alva a la vez, durante casi todo el mes de agosto, me dejaron sumida en un estado anímico muy poco propicio…

Tuve que sacar fuerzas de flaqueza, y armarme de todo el amor que siento por Javi y Mario, para ponerme manos a la boda…  

Gracias al cielo, hablar de amor no me cuesta, es algo que respiro día a día a mi alrededor. Creo en el amor. Vivo gracias a él.

Durante las dos últimas semanas leí, leí y releí toda la ceremonia, aprendiéndomela de memoria -como en mis mejores tiempos de estudiante o cuando hacía teatro- para no tener que leer en ese mágico momento y poder salir sin papeles… Y lo logré! Me la sabía perfectamente!!! Pero…, ya visteis lo que ocurrió…  :(    Una maldita mezcla de emoción e histeria dio al traste con mis planes, y no sólo tuve que salir con los papeles en la mano, sino que no pude sino leer, y aun en ocasiones, hasta leer me costó, porque ni la voz me salía…

Sólo quería contribuir, -en mi modesta medida-, en el -por otra parte- papel de responsabilidad que me habían dado…, a que todo saliera tan perfecto como Javier y Mario se merecen. Y en serio que eso me abrumaba.

Alva, siempre a mi lado, -como desde hace casi 23 años-, me repitió una y mil veces que todo iba a salir bien, que no tenía nada que temer, que confiaba ciegamente en mí… (¡Mi chico!)

Que la boda iba a ser algo fantástico…

Y desde luego en eso no se equivocó… La boda, -todo el fin de semana de hecho-, fue tan maravillosa como sólo Mario y Javi merecían que fuera todo.

Sólo puedo decir que me siento honrada de haber, no sólo estado allí, sino en la medida en que pude, haber formado parte de un acontecimiento tan emocionante, entrañable, divertido… Perfecto!!! 

Pedir disculpas, ya de paso, por los nervios que no me abandonaron hasta que finalizó la ceremonia… Porque entonces sí me relajé, y disfruté de todo como una loca… Perdón por las lágrimas que en más de una ocasión, y cuando no debían, acudieron a traicionarme. Y perdón, sobre todo, por alguna palabra malsonante que se me escapó… “Desde luego os habéis empeñado en joderme la ceremonia!!!”, o algo así que dije en un momento en que tenía que seguir adelante con el acto, y la congoja por las palabras de Javi en sus votos, y la emoción desbordada de Mario, dieron al traste con mi temple y no pude sino echarme a llorar… ¡¡¡Y tenía que seguir hablando!!! ¿Cómo?!!! Gracias al cielo como respuesta a mi frase, sólo escuché risas entre todos vosotros, y eso me animó. Aún así, en serio, quisiera pedir disculpas a quien se pudiera sentir ofendido por mi reacción… :(

Por cierto. Hubo alguna persona que felicitándome por la parte que me correspondió en la ceremonia, me dijo que le encantaría tener por escrito algunas de las cosas que había dicho sobre el respeto, el amor, la generosidad… Dejo aquí, por ello, en la próxima entrada -titulada “Crónica de una boda encantada. El texto”-, el texto completo de la ceremonia, tal y como lo concebí y fui leyéndolo. Faltan, eso sí, los comentarios que fui añadiendo en ese momento de forma improvisada, por los nervios o para aligerar un poco la seriedad de mis palabras…

Fue un placer para mí acabar celebración tan emocionante y emotiva sin haber metido demasiado la pata, y comprobar que la mayoría de vosotros quedasteis más o menos satisfechos con la parte que a mí me correspondió. ¡Vamos! Que nadie se quedó dormido ni salió corriendo…  :)

En la última parte de esta “Crónica de una boda encantada. Pinceladas”, van los agradecimientos de una forma más detenida y personal.

Y es que es mucho lo que, después de ese fin de semana, tengo que agradecer a muchas personas… Y una vez más, a la vida…  :)

Besos “encantados”.

 

 

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Queridas Palabras:

 

Desde el silencio os escribo…

Os suplico.

Os invoco.

Con pasión. Con esperanza. Con…

 

Palabras…

Vosotras que sois yo misma. Las que odio. Las que pierdo. Las que amo. Con las que me reencuentro.

Palabras sencillas, complejas. Viejas y nuevas. Tantas. ¡Y tantas veces usadas! Que a veces pienso que hasta mi piel…, está de palabras trenzada…

¿Qué sería de mí sin vosotras las Palabras?

Palabras mías. Sólo mías. Como creadas para mí, para mi cobijo, para mi sosiego. Para mi solaz y tu desespero.

Palabras de amor. De guerra. De rabia. De perdón.

Palabras para jugar. Para ganar. Incluso para perder. Para acabar con casi todo y para volver a empezar.

Palabras de verdad. De ánimo. De consuelo. De ley.

Palabras al rescate. En fuga. Parecidas. De mentiras.

Palabras curiosas. Aburridas. Malsonantes. Cadenciosas.

Palabras escritas a fuego para no olvidar. Sobre hielo para ser olvidadas. Disueltas en agua. Negadas. Distraídas. Oxidadas.

Palabras valientes en las que apostar la vida. Osadas. Bizarras. O cobardes. Ruines y pusilánimes como, -a tiempo-, lo es una huida.

Palabras pequeñas. Nimias. Inapreciables. Chiquititas como chispas crepitantes que escapan de la madera ardiendo. Imposibles como el hueco de una aguja. Insignificantes o inútiles como una disculpa a destiempo.

O grandes. Inmensas. Descomunales. Palabras inconmensurables como un viaje sin retorno. Como el insondable vacío tras la indefectible muerte. Como la amarga nostalgia de aquello que nunca se vivió. Que ya jamás podrá vivirse.

Palabras ruines. Groseras. Insolentes. Incorrectas. Hijas del malintencionado cinismo y la estoica sinrazón.

Palabras dulces como un beso largo y lento. Melaza. Y miel. Y te quiero.

O saladas…, como un beso lento y largo. Mar. Arena. Y espuma. Y te deseo.

A vosotras.

A vosotras, mis queridas Palabras.

Esta carta está dirigida a vosotras. A todas. Las que domino. Las que adoro. Las que temo. Incluso las que aún ignoro.

A vosotras que tan esquivas venís mostrándoos de un tiempo a esta parte. A vosotras que sois todo cuanto soy. Aún más.

A vosotras que andáis escondiéndoos como si temierais encontraros con el filo de mi pluma, o la punta de mis dedos.

¿Por qué, queridas Palabras? ¡¿Por qué?!

¿No hemos combatido juntas en cien mil batallas? ¿No recorrimos, inseparables, senderos de gloria y desdén? ¿No bordeamos unidas los límites de la locura? ¿No hicimos el amor por escrito y piel con piel?

Entonces pues, ¿por qué?

Os escribo para confesaros que, sin Vosotras, me siento indefensa, vulnerable, atrapada. Disminuida.

Sin el hilo conductor que os enlaza… Sin el rayo de cálida luz que os guía… Sin la cadena de plata bruñida que os engarza… Yo, estoy perdida.

Y os busco… ¡Juro que os he buscado a conciencia!

Y sin ella también.

Lo he hecho al alba. Cuando el día aún no era día y la noche, perezosa, andaba apenas despidiéndose. En ese interludio mágico de una promesa inventada. A lo largo y ancho de la insaciable mañana. A la hora de comer. Durante la plácida quietud vespertina. Al anochecer, cuando todo huele a ocaso. Cuando las estrellas comienzan a adornar el cielo, y ya puestos, por contagio, cualquier milagro es posible… Y a la hora bruja…, conjurando ángeles caídos y damas oscuras… Dispuesta, en un arrebato de desesperación, a vender por vuestro favor mi alma…

Mi alma…, que a duras penas puede entenderse sin palabras. Ni entenderse ni explicarse. Que sin vosotras…, es sólo un simulacro de alma.

Mi alma… Que siente, ¡sí! Que vive, que late, que se llena, rebosa y a veces casi estalla…, pero que en cambio se intuye incompleta si no es capaz de expresarlo con palabras…

Vosotras… Palabras.

Mi paz. Mi única religión. Mi fe.

La luz de mi faro. Mi destino. Mi camino. La guía de mis pasos.

Lo que nadie jamás podrá arrebatarme. Mi fuerza. Mi coraje. Mi patria.

El salvoconducto a mi cordura.

Mi voz. Mis Palabras.

Las mías. Todas. Las de Otra. Ninguna.

A vosotras me encomiendo. Y haciéndolo, ¿veis? Os hallo…

¡Os tengo! Soy vuestra…

Estoy aquí. He vuelto.

Yo, y conmigo… Mis palabras.

 

Palabra. De mujer. Resucitada.

 

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