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Javier y Mario sólo me dieron dos directrices respecto a lo que querían para su ceremonia.

Una, que antes de empezar el acto en sí, después de que ellos les entregaran a sus madres -Concha y Catalina- unas flores, y luego echarán a volar la lámpara tailandesa, hablara un poco sobre la familia, y especialmente sobre las madres.

Luego leerían Ivana -por parte de Mario- y Ángel -por parte de Javier-, en nombre de la amistad.

Después empezaba la ceremonia propiamente dicha. Y eso incluía la otra petición que los novios me hicieron, y fue que incluyera los artículos del Código Civil que en la boda oficial en el Ayuntamiento, estos prometen.

Sólo eso. En todo lo demás me dejaron libertad. Demostraron su confianza en mí, cosa que aunque me tuvo durante muchos días loca de miedo por la responsabilidad, me dio alas para escribir lo que quise. He de confesar que lo pasé terriblemente mal a la vez que disfruté tremendamente.

Éste fue el primer texto. Cortito, no llega a folio y medio.

 

La vida es casi siempre, y fundamentalmente… Un cruce de caminos.

Antes de que como personas independientes comencemos a andar en solitario nuestro propio sendero, nacemos en el seno de una familia que nos protege y -a la vez- nos define, y que marcará para siempre con la fuerza y la esencia de sus valores, el rumbo de nuestros pasos.

Ahí están nuestros padres para atendernos, enseñarnos, querernos, velar nuestros sueños y dirigir los que, una vez abandonemos el nido, serán nuestros futuros vuelos.

Y, esencialmente están nuestras madres, esas mujeres valientes y capaces, -siempre humildes y nunca ausentes-, en cuyo interior se forja nuestro ser, y que después de ponernos en el mundo ofreciéndonos un regalo que sólo ellas pueden hacernos, -la vida-, siguen siempre a nuestro lado, cuidándonos y queriéndonos como sólo una madre sabe hacer. Sufriendo siempre por amor, y siempre por amor luchando. Y va representado en esa flor, todo el amor y agradecimiento de sus hijos a Concha y Catalina.

Una vez salimos del nido familiar y comenzamos a dar nuestros primeros pasos en solitario…, ¿qué sería de nuestra vida, -como personas independientes, como seres humanos libres, pero solos-, si no interaccionáramos con otros seres maravillosos? Si no se cruzaran con otros…, nuestros caminos.

Javier y Mario, Mario y Javier, exploraban el mundo con la esperanza en la mirada, la sonrisa en los labios y el deseo de amar bien instalado en sus ganas de vivir, cuando, -caprichoso y bendito- el destino, quiso que sus pasos se encontraran.

Intuyeron desde un primer instante que la soledad se había acabado. Y hoy saben que uno caminará siempre de la mano del otro, y que a partir de aquí van a recorrer juntos, por fin y por amor, un único camino.

 

Tras esto, como he dicho antes, leyeron -brillantemente- Ivana y Ángel, y empezó la ceremonia… Así…

 

Hola a todos…

Me llamo Beatriz. Quiero mucho a Javier y a Mario, y he sido obsequiada con el placer de hacer de intermediaria entre vosotros y los novios.

Hoy estamos todos aquí, porque dos personas que se aman han decidido compartir su vida, y la felicidad que eso les provoca, con todos nosotros. Y aunque quizá suene un poco cursi, creo que no hay motivo más hermoso para reunirse que celebrar el amor y compartir la felicidad. Y en este instante, ¡todos formamos parte de ese momento! Este momento, que se convertirá en el recuerdo de uno de los días más felices de su historia juntos y que espero que no olviden nunca mientras vivan.

Y ahora si me permitís, me voy a dirigir a ellos, que son de verdad, y estoy segura de que coincidiréis conmigo, los verdaderos protagonistas de esta reunión.

Mario, Javier… Os miro y de un sólo plumazo despejáis todas mis incertidumbres, convertís en esperanza todos mis temores. Al observaros de cerca, no me cabe la más mínima duda: El Amor -con mayúsculas- existe.

El amor es la mano que mece el mundo. La mágica mantequilla que hace que la tostada del duro lunes, sepa a rico sábado por la mañana. El amor es el motor que nos empuja a seguir. Es lo que da cuerda a nuestra vida. Lo que nos provoca las sonrisas más hermosas y sinceras. Lo que renueva nuestra fe en el ser humano. Nunca somos tan positivos y confiados, ni nos sentimos tan útiles y capaces como cuando estamos enamorados.

Mmm… Esa es una sensación que debería poder embotellarse para aspirar más tarde…, cuando se nos acaban las fuerzas, las ilusiones o las ganas. Porque nada cura el alma con más eficacia, más rapidez y contundencia que el amor. Que el tener cerca, muy cerca -contra más cerca mejor- a la persona amada.

Y que os amáis no es un ningún secreto. Lo gritan por vosotros vuestros gestos, vuestros actos, vuestra mirada…

Pero hoy estamos aquí para celebrar algo más… La consecuencia natural de amarse: Andar un único camino, formar una pareja.

De lo que estoy hablando, en una palabra, es…, de la convivencia.

Porque una cosa es amar mucho, y otra compartirlo todo. Y todo, o casi, es lo que dos personas que se aman pasan a compartir cuando deciden unir sus vidas y convivir.

Convivir es una palabra hermosa. Una empresa apasionante. Pero a veces también, -por momentos-, es una tarea compleja. Claro, que nadie dijo nunca que las cosas maravillosas de la vida, fueran gratis.

Yo, humildemente, sólo puedo hablar de ello a través de mi experiencia…, algunos años de convivencia… Casi 23. No sé si eso me otorga o no algún derecho para poder hablar de ello, pero desde el respeto, voy a tratar de hacerlo.

Y voy a ser breve. No temáis. (…jeje)

Requisito fundamental para la convivencia: Amarse. Sin eso, es cierto, no vamos a ninguna parte. Amarse de verdad, es tener mucho ganado. Eso, -es obvio-, vosotros lo tenéis. Empezamos bien, chicos. Uno a cero a vuestro favor.

La generosidad. La generosidad, Javier, Mario, es casi tan imprescindible como el amor, porque hoy uno y mañana el otro tendréis que ceder generosos en discusiones tontas, momentos de duda, situaciones absurdas. Es cierto que la convivencia es muy bonita, sin embargo, también es así, caprichosa y está llena de pequeños escollos.

Pero sé de vuestra generosidad. La conozco perfectamente… Vamos de lujo. Dos a cero.

La fidelidad. Pero no me malinterpretéis… No hablo tanto de la fidelidad al otro, -que también-, como a uno mismo. Engañar es de pusilánimes, de miedosos. De cobardes. Tratad de ser siempre valerosos y valientes, y no traicionéis nunca el amor que hoy os tenéis, ni en su defecto, llegado el caso, el recuerdo de ese amor. Ser fiel a un sentimiento, por encima de los problemas que puedan surgir, es un desafío que siempre merece la pena.

Sé también de vuestro compromiso. Con vosotros mismos y con el otro. Sois personas cabales, resueltas y valientes. Esto pues, pone la balanza…, en tres a cero.

El respeto. Éste es uno de mis requisitos favoritos. Respetad al otro, Mario, Javier, tanto como queráis ser respetados. Porque además, el respeto es un valor esquivo. Requiere de un trabajo y un esfuerzo diario… Pero estad atentos, el respeto, una vez lo pierdes…, es difícil de recuperar. Y la falta de respeto es un camino que nunca lleva a buen puerto. Pensad que siempre, ¡siempre!, existe una forma correcta, educada y respetuosa de deciros las cosas, incluso las más difíciles y dolorosas. Es verdad que por desgracia no siempre podemos elegir qué decir, pero no olvidéis nunca que lo que podemos elegir siempre es cómo decirlo.

Me consta que sois dos jóvenes bien educados y respetuosos. De hecho, sois el yerno ideal de cualquier suegra… Y eso pone las cosas en cuatro a cero.

Para acabar, no puedo por menos que advertiros que una relación que se pretende sea larga, no siempre será un camino de rosas. Las cosas no siempre serán fáciles…, y aquí llega el último de los requisitos… La perseverancia, chicos. Perseverad en vuestro amor, cuidadlo y alimentadlo cada día. No os acomodéis, no deis nada por hecho. Llegado el momento luchad con uñas y dientes por aquello que creéis que merece la pena. Las armas de las que dispondréis serán la paciencia, la tolerancia con las pequeñas cosas, la comprensión, la humildad, la entereza, la calma…

Recordad que en la mayoría de casos, sin esfuerzo no hay recompensa, y vuestro amor no será una excepción. Si queréis amaros para siempre, tenéis que estar dispuestos a arremangaros y poned todo vuestro empeño en ello. Y no temáis las crisis, ya sabéis que los orientales interpretan la palabra crisis como sinónimo de oportunidad… Aprovechad cada crisis, pues, para salir reforzados de cada una de ellas, y amaros más y mejor. Merece la pena.

Y como sé que sois fuertes y tenaces, y que no dais nada por perdido…, acaba el marcador…, con un prometedor cinco a cero.

Así es, todas las apuestas, Javier, Mario, están a vuestro favor y os dan por ganadores. No hay mejor forma de empezar…

Y no olvidéis nunca que el amor, para que sea perfecto, tiene que hacernos mejores personas. Debe sacar lo mejor de nosotros mismos y potenciarlo hasta las estrellas y más allá. El tímido irá ganando poco a poco seguridad en sí mismo. Y el que duda de cómo saldrán las cosas, irá sintiéndose cada vez más confiado en el futuro.

Eso tiene el amor, y sólo eso debe importarnos. Porque al fin, sólo lo que hemos amado nos salvará. El amor siempre nos salva, de la tristeza, de la soledad, incluso de la muerte, porque aquel que ha amado puede jurar que ha vivido.

Y basta miraros a los ojos para saber que sois personas de ley, buenos hijos, buenos hermanos, buenos amigos de vuestros amigos… Buenos amantes. Y a partir de hoy, estoy segura, porque os conozco y creo en vosotros, seréis ya, y para siempre, buenos cónyuges.

Y hablando de cónyuges… Voy a leeros a continuación, sólo para recordaros, los derechos y obligaciones de los cónyuges según el Código Civil ante el que ayer prometisteis… Y que son los siguientes:

Según el artículo número 66 debéis recordar que:

Los cónyuges son iguales en cuanto a derechos y deberes.

Según el artículo número 67, es importante que recordéis que:

Los cónyuges deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia que acaban de formar.

Y por último, según el artículo número 68, no podéis olvidar que:

Los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente. Deben, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo.

Bueno, esto es lo que dice la Ley, que es una forma bastante impersonal y aséptica de deciros que tenéis que amaros mucho.

Y ahora, por favor, quisiéramos escuchar de vuestros propios labios, aquello que queréis comunicaros, y de lo que nosotros seremos mudos y emocionados testigos… Vuestros votos:

.

Mario: (Votos de Mario.)

Javier: (Votos de Javier.)

.

Entiendo, después de escucharos, que estáis seguros del hermoso camino que estáis prestos a empezar, pero aún así, todos quisiéramos escuchar cómo lo ratificáis con vuestras voces.

Momento GOOGLE.

Por eso, y porque me hace mucha ilusión preguntarlo, y estoy segura de que a todos vuestros familiares y amigos, escucharlo…

Javier: ¿Quieres que, a partir de hoy, tu camino sea uno con el de Mario, y aceptas el compromiso de trabajar cada día por ser feliz y por hacer feliz a Mario, a través del respeto y el amor?

– Sí quiero.

Mario: ¿Quieres tú también, a partir de hoy, que tu camino sea uno con el de Javier, y acepas el compromiso de trabajar cada día por ser feliz y por hacer feliz a Javier, a través del respeto y el amor?

– Sí quiero.

Bien, pues. No me queda sino daros las gracias a todos. Y a vosotros deciros que por el amor que os tengo, en nombre de ese amor, y con todo el amor de todos los que ahora están aquí con vosotros, quiero desearos un feliz caminar juntos para siempre, y os declaro… ¡feliz pareja!

Por favor!!! Podéis besaros!!!

BESO.

¡Enhorabuena! Podéis empezar a caminar…, vuestra nueva vida juntos.

 

Fin…  :)

 

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Siempre nos contaron, cuando éramos niños, que en las felices bodas que ponían punto final a los cuentos de hadas, el príncipe y la princesa comían perdices y eran felices eternamente.

Yo, -conforme empecé a crecer-, curiosa, esperaba siempre que continuara la historia. Quería saber si el príncipe soportaría que la princesa fuera, tal vez, una maniática de la limpieza, y que cantara constantemente, sin parar, con la voz engolada y “pastelona”, hasta en las situaciones más absurdas. Y me preguntaba qué pensaría la princesa de que quizá el príncipe saliera todos los sábados de cacería con sus amigotes, dejándola sola en palacio, y volviera sucio, sudoroso y oliendo a lo que sea que fuera con que se emborracharan entonces los príncipes.

Si, siempre me intrigó esa parte que nadie escribía…

El sábado día 17 presencié una boda de cuento entre dos príncipes, y lo mejor, es que sé perfectamente cómo continua la historia después de ese fueron felices y comieron bogavante relleno y tierno solomillo -exquisito por cierto, como todo en esta boda-…, porque los conozco. Porque los quiero mucho. Porque estuve allí para mirarles a los ojos mientras se prometían intentar con todas sus fuerzas amarse para “siempre”.

Valencia, -Bétera más concretamente-, dista de Cádiz, -Zahara de los Atunes, exactamente,- 834 kilómetros, y ni uno fue en balde. Este fin de semana ha merecido la pena cada metro que recorrimos hasta llegar a nuestro destino…

El Hotel Varadero.

 El Hotel Varadero es un lugar de ensueño, -cuidado hasta el límite en sus detalles más pequeños,- dirigido por dos guapas y simpáticas hermanas -gaditanas, imagino-, Elena y María José, que han sabido hacer de un hotel pequeñito, el fin perfecto de cualquier viaje.

Las habitaciones no tienen número… La nuestra se llamaba Sol. La de los novios Luna. La de un poco más allá Nube. La otra Eclipse, y así hasta diez habitaciones, distinta, original y exquisita cada una de ellas…

Pero a pesar de que el hotel, -sus habitaciones, su restaurante, su recepción-, todo es maravilloso, como de cuento, lo mejor está en el exterior… Ese jardín de ensueño, con mil detalles espectaculares, -vibrantes de sensibilidad-, que rodea y convierte el sitio en el más hermoso de los lugares… Cada rincón te provoca serenidad y a la vez te carga de energía; te inspira paz, te evoca paraísos de leyenda; te vuelve sensitivo, romántico, místico. Tiene el poder de intensificar los sentidos. Los enaltece. Los sublima.

A pesar de caer tan lejos de mi querida Valencia natal, no puedo sino reconocer que es un sitio maravilloso para casarse, para celebrar el amor, o para pasar, sencillamente, unos días fabulosos. 

De hecho, estoy segura, casi al cien por ciento, de que todos los familiares y amigos, -tanto de Mario como de Javier, que estuvimos compartiendo con ellos aquel día increíble-, estarán de acuerdo conmigo. Está boda es de diez. (O como decía Coco en Facebook… “se puede poner más de un 10?”)

Han pasado ya unos días y sigo con una cómoda sensación de felicidad impregnándome la piel… Como si flotara en una nube… Pelín nostálgica de todo lo que vivimos…

Echo la vista atrás y recuerdo la noche en que Javi y Mario vinieron a casa a cenar con Alva y conmigo, y de repente me propusieron “oficiar” la ceremonia de su boda…

¡¡¡No os podéis imaginar!!! Me levanté de la mesa de un salto y corriendo me metí en casa… -estábamos cenando en la terraza- y no quería salir!!!

La verdad es que no sé por qué reaccioné así. La verdad es que no sabía cómo reaccionar… Sencillamente no podía creer lo que me estaba pasando. ¿Hablaban en serio? ¿Era una broma? ¿De verdad pretendían que yo “los casara”?

En fin, os ahorraré la descripción de mis pensamientos, temores, dudas, momentos de histeria, desconfianza en mí misma, pavor en estado puro y todas las vueltas que le di a mi cabecita durante los casi dos meses siguientes…

Rápidamente pensé que aquello iba a ser como el sexo en una pareja. ¡…!

A ver. Me explico.

Siempre he pensado que el sexo, si va bien en una pareja, representa digamos, el 10 por ciento de la relación. Lo que funciona y no da problemas, no da que hablar, se disfruta y ya está. Es una cosa más de las muchas que conforman el universo de una pareja. Pero si el sexo va mal…, si por algo no funciona, puede llegar a convertirse en el 90 por ciento de la relación.

No sé si he conseguido explicarme… Me refiero a que si el sexo va bien, lo disfrutamos y punto, no “le echamos cuentas”. Pero si va mal, pasa a ser terriblemente importante, se convierte en un verdadero problema, puede ser un desastre y dar incluso al traste con la pareja…

Así pensé que sería mi intervención. Si todo salía bien, mi papel no iba a representar apenas nada… Tenía que ser una intervención discreta, en su punto. Los protagonistas eran ellos. Pero si lo hacía mal, si metía la pata y no hacía una ceremonia, cuanto menos digna, podía arruinarles un día que por lo demás iba a ser perfecto.

¡Me quería morir!

Así me sentía. Completamente aterrorizada. Presionada. Por mí misma, nunca por Javier o Mario que siempre se mostraron pacientes e increíblemente confiados en mí. Mil gracias, chicos!!!

Además, circunstancias ajenas a la boda que ocurrieron en agosto: La pérdida repentina y terriblemente dolorosa de Dama, una de mis queridísimas perras, y la ausencia de Alva a la vez, durante casi todo el mes de agosto, me dejaron sumida en un estado anímico muy poco propicio…

Tuve que sacar fuerzas de flaqueza, y armarme de todo el amor que siento por Javi y Mario, para ponerme manos a la boda…  

Gracias al cielo, hablar de amor no me cuesta, es algo que respiro día a día a mi alrededor. Creo en el amor. Vivo gracias a él.

Durante las dos últimas semanas leí, leí y releí toda la ceremonia, aprendiéndomela de memoria -como en mis mejores tiempos de estudiante o cuando hacía teatro- para no tener que leer en ese mágico momento y poder salir sin papeles… Y lo logré! Me la sabía perfectamente!!! Pero…, ya visteis lo que ocurrió…  :(    Una maldita mezcla de emoción e histeria dio al traste con mis planes, y no sólo tuve que salir con los papeles en la mano, sino que no pude sino leer, y aun en ocasiones, hasta leer me costó, porque ni la voz me salía…

Sólo quería contribuir, -en mi modesta medida-, en el -por otra parte- papel de responsabilidad que me habían dado…, a que todo saliera tan perfecto como Javier y Mario se merecen. Y en serio que eso me abrumaba.

Alva, siempre a mi lado, -como desde hace casi 23 años-, me repitió una y mil veces que todo iba a salir bien, que no tenía nada que temer, que confiaba ciegamente en mí… (¡Mi chico!)

Que la boda iba a ser algo fantástico…

Y desde luego en eso no se equivocó… La boda, -todo el fin de semana de hecho-, fue tan maravillosa como sólo Mario y Javi merecían que fuera todo.

Sólo puedo decir que me siento honrada de haber, no sólo estado allí, sino en la medida en que pude, haber formado parte de un acontecimiento tan emocionante, entrañable, divertido… Perfecto!!! 

Pedir disculpas, ya de paso, por los nervios que no me abandonaron hasta que finalizó la ceremonia… Porque entonces sí me relajé, y disfruté de todo como una loca… Perdón por las lágrimas que en más de una ocasión, y cuando no debían, acudieron a traicionarme. Y perdón, sobre todo, por alguna palabra malsonante que se me escapó… “Desde luego os habéis empeñado en joderme la ceremonia!!!”, o algo así que dije en un momento en que tenía que seguir adelante con el acto, y la congoja por las palabras de Javi en sus votos, y la emoción desbordada de Mario, dieron al traste con mi temple y no pude sino echarme a llorar… ¡¡¡Y tenía que seguir hablando!!! ¿Cómo?!!! Gracias al cielo como respuesta a mi frase, sólo escuché risas entre todos vosotros, y eso me animó. Aún así, en serio, quisiera pedir disculpas a quien se pudiera sentir ofendido por mi reacción… :(

Por cierto. Hubo alguna persona que felicitándome por la parte que me correspondió en la ceremonia, me dijo que le encantaría tener por escrito algunas de las cosas que había dicho sobre el respeto, el amor, la generosidad… Dejo aquí, por ello, en la próxima entrada -titulada “Crónica de una boda encantada. El texto”-, el texto completo de la ceremonia, tal y como lo concebí y fui leyéndolo. Faltan, eso sí, los comentarios que fui añadiendo en ese momento de forma improvisada, por los nervios o para aligerar un poco la seriedad de mis palabras…

Fue un placer para mí acabar celebración tan emocionante y emotiva sin haber metido demasiado la pata, y comprobar que la mayoría de vosotros quedasteis más o menos satisfechos con la parte que a mí me correspondió. ¡Vamos! Que nadie se quedó dormido ni salió corriendo…  :)

En la última parte de esta “Crónica de una boda encantada. Pinceladas”, van los agradecimientos de una forma más detenida y personal.

Y es que es mucho lo que, después de ese fin de semana, tengo que agradecer a muchas personas… Y una vez más, a la vida…  :)

Besos “encantados”.

 

 

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