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Siempre nos contaron, cuando éramos niños, que en las felices bodas que ponían punto final a los cuentos de hadas, el príncipe y la princesa comían perdices y eran felices eternamente.

Yo, -conforme empecé a crecer-, curiosa, esperaba siempre que continuara la historia. Quería saber si el príncipe soportaría que la princesa fuera, tal vez, una maniática de la limpieza, y que cantara constantemente, sin parar, con la voz engolada y “pastelona”, hasta en las situaciones más absurdas. Y me preguntaba qué pensaría la princesa de que quizá el príncipe saliera todos los sábados de cacería con sus amigotes, dejándola sola en palacio, y volviera sucio, sudoroso y oliendo a lo que sea que fuera con que se emborracharan entonces los príncipes.

Si, siempre me intrigó esa parte que nadie escribía…

El sábado día 17 presencié una boda de cuento entre dos príncipes, y lo mejor, es que sé perfectamente cómo continua la historia después de ese fueron felices y comieron bogavante relleno y tierno solomillo -exquisito por cierto, como todo en esta boda-…, porque los conozco. Porque los quiero mucho. Porque estuve allí para mirarles a los ojos mientras se prometían intentar con todas sus fuerzas amarse para “siempre”.

Valencia, -Bétera más concretamente-, dista de Cádiz, -Zahara de los Atunes, exactamente,- 834 kilómetros, y ni uno fue en balde. Este fin de semana ha merecido la pena cada metro que recorrimos hasta llegar a nuestro destino…

El Hotel Varadero.

 El Hotel Varadero es un lugar de ensueño, -cuidado hasta el límite en sus detalles más pequeños,- dirigido por dos guapas y simpáticas hermanas -gaditanas, imagino-, Elena y María José, que han sabido hacer de un hotel pequeñito, el fin perfecto de cualquier viaje.

Las habitaciones no tienen número… La nuestra se llamaba Sol. La de los novios Luna. La de un poco más allá Nube. La otra Eclipse, y así hasta diez habitaciones, distinta, original y exquisita cada una de ellas…

Pero a pesar de que el hotel, -sus habitaciones, su restaurante, su recepción-, todo es maravilloso, como de cuento, lo mejor está en el exterior… Ese jardín de ensueño, con mil detalles espectaculares, -vibrantes de sensibilidad-, que rodea y convierte el sitio en el más hermoso de los lugares… Cada rincón te provoca serenidad y a la vez te carga de energía; te inspira paz, te evoca paraísos de leyenda; te vuelve sensitivo, romántico, místico. Tiene el poder de intensificar los sentidos. Los enaltece. Los sublima.

A pesar de caer tan lejos de mi querida Valencia natal, no puedo sino reconocer que es un sitio maravilloso para casarse, para celebrar el amor, o para pasar, sencillamente, unos días fabulosos. 

De hecho, estoy segura, casi al cien por ciento, de que todos los familiares y amigos, -tanto de Mario como de Javier, que estuvimos compartiendo con ellos aquel día increíble-, estarán de acuerdo conmigo. Está boda es de diez. (O como decía Coco en Facebook… “se puede poner más de un 10?”)

Han pasado ya unos días y sigo con una cómoda sensación de felicidad impregnándome la piel… Como si flotara en una nube… Pelín nostálgica de todo lo que vivimos…

Echo la vista atrás y recuerdo la noche en que Javi y Mario vinieron a casa a cenar con Alva y conmigo, y de repente me propusieron “oficiar” la ceremonia de su boda…

¡¡¡No os podéis imaginar!!! Me levanté de la mesa de un salto y corriendo me metí en casa… -estábamos cenando en la terraza- y no quería salir!!!

La verdad es que no sé por qué reaccioné así. La verdad es que no sabía cómo reaccionar… Sencillamente no podía creer lo que me estaba pasando. ¿Hablaban en serio? ¿Era una broma? ¿De verdad pretendían que yo “los casara”?

En fin, os ahorraré la descripción de mis pensamientos, temores, dudas, momentos de histeria, desconfianza en mí misma, pavor en estado puro y todas las vueltas que le di a mi cabecita durante los casi dos meses siguientes…

Rápidamente pensé que aquello iba a ser como el sexo en una pareja. ¡…!

A ver. Me explico.

Siempre he pensado que el sexo, si va bien en una pareja, representa digamos, el 10 por ciento de la relación. Lo que funciona y no da problemas, no da que hablar, se disfruta y ya está. Es una cosa más de las muchas que conforman el universo de una pareja. Pero si el sexo va mal…, si por algo no funciona, puede llegar a convertirse en el 90 por ciento de la relación.

No sé si he conseguido explicarme… Me refiero a que si el sexo va bien, lo disfrutamos y punto, no “le echamos cuentas”. Pero si va mal, pasa a ser terriblemente importante, se convierte en un verdadero problema, puede ser un desastre y dar incluso al traste con la pareja…

Así pensé que sería mi intervención. Si todo salía bien, mi papel no iba a representar apenas nada… Tenía que ser una intervención discreta, en su punto. Los protagonistas eran ellos. Pero si lo hacía mal, si metía la pata y no hacía una ceremonia, cuanto menos digna, podía arruinarles un día que por lo demás iba a ser perfecto.

¡Me quería morir!

Así me sentía. Completamente aterrorizada. Presionada. Por mí misma, nunca por Javier o Mario que siempre se mostraron pacientes e increíblemente confiados en mí. Mil gracias, chicos!!!

Además, circunstancias ajenas a la boda que ocurrieron en agosto: La pérdida repentina y terriblemente dolorosa de Dama, una de mis queridísimas perras, y la ausencia de Alva a la vez, durante casi todo el mes de agosto, me dejaron sumida en un estado anímico muy poco propicio…

Tuve que sacar fuerzas de flaqueza, y armarme de todo el amor que siento por Javi y Mario, para ponerme manos a la boda…  

Gracias al cielo, hablar de amor no me cuesta, es algo que respiro día a día a mi alrededor. Creo en el amor. Vivo gracias a él.

Durante las dos últimas semanas leí, leí y releí toda la ceremonia, aprendiéndomela de memoria -como en mis mejores tiempos de estudiante o cuando hacía teatro- para no tener que leer en ese mágico momento y poder salir sin papeles… Y lo logré! Me la sabía perfectamente!!! Pero…, ya visteis lo que ocurrió…  :(    Una maldita mezcla de emoción e histeria dio al traste con mis planes, y no sólo tuve que salir con los papeles en la mano, sino que no pude sino leer, y aun en ocasiones, hasta leer me costó, porque ni la voz me salía…

Sólo quería contribuir, -en mi modesta medida-, en el -por otra parte- papel de responsabilidad que me habían dado…, a que todo saliera tan perfecto como Javier y Mario se merecen. Y en serio que eso me abrumaba.

Alva, siempre a mi lado, -como desde hace casi 23 años-, me repitió una y mil veces que todo iba a salir bien, que no tenía nada que temer, que confiaba ciegamente en mí… (¡Mi chico!)

Que la boda iba a ser algo fantástico…

Y desde luego en eso no se equivocó… La boda, -todo el fin de semana de hecho-, fue tan maravillosa como sólo Mario y Javi merecían que fuera todo.

Sólo puedo decir que me siento honrada de haber, no sólo estado allí, sino en la medida en que pude, haber formado parte de un acontecimiento tan emocionante, entrañable, divertido… Perfecto!!! 

Pedir disculpas, ya de paso, por los nervios que no me abandonaron hasta que finalizó la ceremonia… Porque entonces sí me relajé, y disfruté de todo como una loca… Perdón por las lágrimas que en más de una ocasión, y cuando no debían, acudieron a traicionarme. Y perdón, sobre todo, por alguna palabra malsonante que se me escapó… “Desde luego os habéis empeñado en joderme la ceremonia!!!”, o algo así que dije en un momento en que tenía que seguir adelante con el acto, y la congoja por las palabras de Javi en sus votos, y la emoción desbordada de Mario, dieron al traste con mi temple y no pude sino echarme a llorar… ¡¡¡Y tenía que seguir hablando!!! ¿Cómo?!!! Gracias al cielo como respuesta a mi frase, sólo escuché risas entre todos vosotros, y eso me animó. Aún así, en serio, quisiera pedir disculpas a quien se pudiera sentir ofendido por mi reacción… :(

Por cierto. Hubo alguna persona que felicitándome por la parte que me correspondió en la ceremonia, me dijo que le encantaría tener por escrito algunas de las cosas que había dicho sobre el respeto, el amor, la generosidad… Dejo aquí, por ello, en la próxima entrada -titulada “Crónica de una boda encantada. El texto”-, el texto completo de la ceremonia, tal y como lo concebí y fui leyéndolo. Faltan, eso sí, los comentarios que fui añadiendo en ese momento de forma improvisada, por los nervios o para aligerar un poco la seriedad de mis palabras…

Fue un placer para mí acabar celebración tan emocionante y emotiva sin haber metido demasiado la pata, y comprobar que la mayoría de vosotros quedasteis más o menos satisfechos con la parte que a mí me correspondió. ¡Vamos! Que nadie se quedó dormido ni salió corriendo…  :)

En la última parte de esta “Crónica de una boda encantada. Pinceladas”, van los agradecimientos de una forma más detenida y personal.

Y es que es mucho lo que, después de ese fin de semana, tengo que agradecer a muchas personas… Y una vez más, a la vida…  :)

Besos “encantados”.

 

 

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