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Soy una hipócrita de mierda.

Bueno, no sé si es eso exactamente. Pero ahora mismo estoy haciendo el esfuerzo de escribir esto para demostrarme a mí misma que no lo soy tanto.

Hace ya muchos años que intento regirme, respecto a las palabras, por esa ley no escrita que dice que “si no tienes nada bueno que decir, mejor cierra la boquita”.

Ha sido fácil mientras lo que tenía que contar era bueno… Y no es que ahora haya nada malo que contar…, pero las noticias sobre cómo tendré que cuidar mi brazo derecho a partir de ahora…, y para toda la vida. Y toda la información -mucha-, que ayer nos dio del doctor Carañana, mi oncólogo… Y el dolor…, que sigue siendo atenazante y no cede, no me da tregua… Y el cansancio… Imagino que todo el cansancio de este mes y pico tan intenso…, me tienen con el ánimo un poco…

Pues eso…, que “si no tienes nada bueno que decir, mejor cierra la boquita”…

Y eso estaba dispuesta a hacer… A cerrar la boquita. A dejar quietecitos los dedos…

Y por eso digo que soy una hipócrita. No me importa escribir -aunque me cueste un esfuerzo físico, como alguna de las anteriores entradas- si lo que tengo que compartir es “bueno”. Si creo que al hacerlo voy a transmitiros algo de alegría. O algo de tranquilidad. Si cuanto menos no voy a desalentaros o preocuparos…

Cuando no es así… Ya no quiero tanto escribir…

Pero entonces he pensado en Mari.

Mari. La hermana de Álvaro. Mi supercuñada. Es la que firma en los comentarios como “Afortunada”. Y eso es una paradoja, porque los afortunados somos los que tenemos la suerte de que nos salpique con un poco de su vida…

Podría hablar durante horas sobre Mari sin que os aburrierais… Pero diré sólo que es un ser maravilloso. Uno de esos que si hubiera muchos más, haría del mundo un sitio verdaderamente digno y maravilloso donde Vivir.

Pero no sólo me he puesto manos a la obra porque pensar en ella me anima la vida…, sino porque he recordado lo que me aconsejó cuando todo esto empezó… Que escribiera…, que escribiera mucho. Lo bueno y lo malo.

Y básicamente por ti, Mari, estoy ahora aquí, haciendo este esfuerzo titánico. Por ti, y para demostrarme a mí misma que no soy tan hipócrita como me siento…

Y que no sólo puedo escribir cuando lo que tengo que contar son cosas buenas…

Y sé que no sólo Mari se enfadaría conmigo si supiera que pensaba no escribir, porque al hacerlo, hoy, no puedo ser la chica maravillosa y alegre de siempre… Muchas más personas que -al contrario que yo- sí me quieren como soy de verdad, a las maduras y a las duras, se enfadarían si supieran que una vez más intento ahorrarle a los demás la peor parte de mí… Mis malos momentos. Protegerlos.

Pero no. Hoy no estoy alegre. Ni me siento maravillosa. Ni siento que lo sea la vida…

Y eso además de ser una putada… Es una mierda.

De modo que… Aquí estoy. Presentando batalla. Relegando la peor parte de mí -la que quiere ocultar mi dolor a los demás para no contagiarles de tristeza-, y compartir precisamente eso… Que hoy duele. Que estoy triste. Cansada. Sin ánimos. Sin fuerzas.

Pero…, vamos a ver. No asustarse!!!

Es normal. Sé que es normal. Esto que está pasándome hoy es completamente normal.

Desde primeros de diciembre en el Centro de Burjasot, en que a pesar de que la mamografía dio negativa -un falso negativo, por cierto, que podría haber sido verdaderamente desastroso-, la lesión del grano que había justo donde estaba el tumor, o precisamente por la lesión -no lo sé-, hizo que me mandaran una ecografía para el día 26 diciembre. Y ahí ya se mosquearon e hicieron la biopsia… Y empezó todo.

Ha sido un complicado final de año, y un mes de enero verdaderamente agotador… Agitador. Desestructurante. Mi mente ha tenido que asumir muchas cosas -y en principio ninguna buena, para qué nos vamos a engañar…- en muy poco tiempo…

Y eso que sinceramente creo que Alva y yo lo hemos hecho muy bien -insisto: MUY BIEN- durante todo este tiempo…

Ayer en cambio, ya antes de acudir al oncólogo, me levanté cansada… Un poco triste… Flojita de fuerzas. Por nada en especial. Pienso que se debe al cansancio natural por todo lo que hemos pasado en tan breve espacio de tiempo.

Y por el dolor, ¡joder! Que no cede. Y es agotador. En serio. Es muy cansado. Y desanimador. La verdad. Por momentos me harta!!! Y tengo que tomármelo con calma porque es algo natural. Tengo que tomármelo con paciencia. Esto no tiene más. Y rebelarme contra ello no hará que duela menos. Es un trabajo interno que tengo que hacer -y que estoy haciendo- pero que indudablemente desgasta…

De modo que así estoy… Un poco desgastadita.

El trabajo que queda por delante es arduo. Y largo. Eso lo intuíamos. Ahora lo sabemos.

Ocho sesiones de quimio. Un gotero cada 21 días. Seis meses aproximadamente, si todo va bien. Es decir, si las defensas no me bajan demasiado, y podemos llevar ese ritmo sin retrasar ninguna entrega… Que también puede ocurrir.

Cuando acabe la quimio empezaremos con la radio. Cinco sesiones. Pero de eso no nos explicaron nada. ¿Para qué, con lo que aún falta? Ya se hará a su tiempo.

Y luego, ya que era un tumor “hormonal”, cosa que parece que es mejor que no lo fuera, cinco años de pastillas. Eso no me preocupa. Pastillas a mí!

Me gustó mucho el doctor Carañana, que sin ser ningún zalamero, se mostró cercano y, sobre todo, me dio toda la información. Toda. Bueno, no sé si toda, pero mucha. Mucha.

Aún faltan dos pruebas. Eso fue un jarro de agua fría. Lo confieso. Un par de pruebas para ver si el cáncer está extendido aunque en principio no lo parezca. Una ecografía de abdomen. Y una prueba en el IVO, de huesos.

Uf. Creo aún me tiemblan las piernas…

También fue impactante escuchar que el tumor era un tumor agresivo, de rápido crecimiento… Lo dijo con cara de… “A ver… O sea, que menos mal que lo descubrimos muy pronto porque…” No recuerdo si acabó la frase, pero con el gesto venía a decir que no descubrirlo muy pronto hubiera sido “realmente peligroso”…

Ahí ya me temblaban hasta los recuerdos…

No sé…

La verdad es que es costoso mirarse y no reconocerse…

Se supone que el resumen de todo es que lo hemos pillado a tiempo, y que ahora hay que hacer todo lo que hay que hacer para que no vuelva a reproducirse…, que tiene su tanto por ciento real -aunque con todo lo que vamos a hacer se reduce mucho- de que ocurra…

En fin. Que es mucha información la que tengo que asumir de golpe. Las noticias son buenas, -lo sé-, porque todo tiene su protocolo estudiado y probado, y el cáncer es bastante común. Un carcinoma ductal, creo recordar que dijo, porque Alva le preguntó al doctor cómo se llamaba. Y el doctor Carañana, -muy de estadísticas y muy “de decirlo todo”, cosa que le agradecí expresamente-, se mostraba tranquilo. Cosa que, claro, tranquiliza.

Aunque no reparó en insistir en que el tratamiento va a ser duro, y largo. Probablemente va a ser duro también porque va ser largo…, y claro, eso desgasta. Harta. Desanima.

Me lo recalcó mucho como queriendo decir: Prepárate. No va a ser una época fácil. Pero piensa que hay que pasarlo para terminar de curarte. Pasará.

Me habló también de los efectos secundarios. Los tan temidos daños colaterales. Y me dio una larga hoja con un buen número de ellos. Alva me propuso que no me la leyera yo. ¿Para qué? Es como los efectos secundarios de los prospectos de los medicamentos. Si los leyéramos, nos aterrorizaría tomarnos si quiera una simple aspirina. Y estuve completamente de acuerdo. ¿Para qué los voy a leer? ¿Para que mi cuerpo -angelito él-, y lo que es peor y mucho más poderosa, mi mente, me gaste una mala pasada y empiece a sentir cosas de más…?

No. Se lo agradezco a mi chico. Que lo lea él, que lo sepa para según lo que yo le cuente, él pueda saber si está ocurriendo algo que alerta sobre que algo no va bien, y ya.

Los más comunes nos los explicó.

Perdida de pelo. Eso seguro. La semana que viene habrá que ponerse manos a la obra.

Mareos y vómitos los tres o cuatro días siguientes al gotero. Para eso tienen preparado ya un protocolo de cortisona que sí que puede entrar en conflicto con el azúcar que yo tengo, porque la sube mucho, mucho, y puede ser peligroso… Pero lo controlaremos e iremos viendo qué pasa y cómo va.

Bajada de defensas, pudiendo llegar a ser preocupante…, aunque todo depende de los cuerpos, no todos reaccionan igual. Y que tenemos que controlar a través de la fiebre. Sin obsesionarnos, dijo. No se trata de ponerse el termómetro para saber si tengo fiebre. No. Si me encuentro mal, o caliente…, entonces tomarla. Y dice que sin asustarnos, que décimas tendré. Sólo si la cosa está en 38 grados o más, hay que alertarse. Y entonces sí, corriendo a Urgencias. Dice que sólo a 10 de cada 100 mujeres les ocurre, y sólo en un caso de esos 10, es verdaderamente peligroso, pudiendo llegar, si las cosas se ponen muy mal, incluso a la muerte. (Pues qué bien!!!) Ya digo que el doctor Carañana es amigo de decirlo todo, todo. De dar toda la información. Y eso está bien, en serio que lo digo. Pero claro, a veces también asusta un poquitín escuchar según que cosas… :(

Pues eso.

El jueves que viene, día 9, comenzamos con la primera sesión.

Y si todo va bien, para el 1 de marzo tenemos programada ya la segunda.

Y todo va a ir bien. :)

(Jajajaja, es gracioso ver cómo mi yo más rotundo intenta sacar la cabecita el pobre, por donde puede, dando coletazos de optimismo… Me sorprende a mí misma… :)

Y va a ir bien porque aunque ahora esté un poco cansada. Un poco asustada por las pruebas que aún faltan. Bastante saturada. Harta del dolor -intensísimo, de verdad- de pecho, y sobre todo de la axila y la parte del brazo continúa a la axila por debajo. Un poco desanimada por toda la información que todavía tengo que ir digiriendo… Voy a luchar como una leona!!!! ;)

Sé que esto es un bache. -Cito. Bache-cito. Del que me voy a reponer.

Y voy a poner mi cuerpo entero y toda mi mente al servicio de mi curación.

Alimentación sana y orientada a estar fuerte.

Reishi. Un hongo potentísimo que ya tomó Alva cuando tuvo su quimio, y en el que tanto Mari, como Alva y yo -y medio mundo-, creemos mucho.

Todo el ejercicio físico que pueda… Porque también me avisó de que podía tener dolor de cuerpo y cansancio, mucho cansancio… Tristeza…

Y una mente limpia y positiva.

Y para procurarme esa mente limpia y positiva es por lo que hoy he hecho el esfuerzo de escribir cuando es lo último que quería hacer… Creedme.

Y amor! Amor!!!

Joooo… Necesito todo el amor del mundo. Todos lo necesitamos. Y lo necesitamos siempre. Pero en estos momentos más que nunca…

Alva está siendo… Uf! No sé cómo expresarlo…

Mi báculo. Mi cayado. En quien apoyarme sin ser consciente siquiera de que lo hago. (Pero sí lo soy. Consciente, digo… :) Mi almohada. Mi cojín más confortable y querido. Donde recostarme cómodamente a descansar y recuperar fuerzas y fe… Mi profiláctico (jajaja!!!, seguro que le da un ataque cuando lea que lo he descrito como un super-condón, jajajaja!!!!) más seguro y eficaz contra todo lo que ahora me amenaza… Siento que su amor me envuelve como una de esas burbujas transparentes de algunos juegos de ordenador, que son un escudo potente y eficaz contra todos los ataques exteriores. Incluso los interiores… :) Mi consentidor oficial del Reino. La mirada que me reconforta. La sonrisa que me revitaliza. La voz que me acuna… El amor que me sana.

El que no se libra de mi dolor… Ante quien apenas intento disimular… El que está viviendo solamente, -y todo-, para mí…

Sé cómo se siente. Lo sé muy bien.

Está dándomelo todo.

Es lo que tiene el amor. Es así. Un milagro.

(Sé que si te doy las gracias te vas a enfadar. De forma que sólo te diré eso que ya sabes y que constantemente te digo, y aún así no te cansas de escuchar… Te amo.)

Y Montse… Mi chica… Más amor.

Haciéndome un hueco importante en su ajetreada y ya de por sí compleja vida… Viniendo a verme todos los días…, cuando puede, como puede…, sin comer… Sin pensar en ella… Inflándome a SMS el móvil también, aunque hace un rato que me haya visto… Trayéndome flores… :) Estando ahí para “lo que sea”. Y sé que es así… Ingeniando cosas divertidas para hacerme más llevaderas las difíciles… (De hecho ya está urdiendo no sé qué de cortarme el pelo, pero no raparlo directamente, y hacerme trencitas, con Armand, los dos a la vez…, para que el cambio no sea tan radical, y todo parezca más divertido… :) Recordándome lo fuerte que soy. Lo poderosa. Reforzando esa parte de mí que ella conoce también, y sabe intuir…

Son mi apoyo físico, pues a nadie más he permitido entrar hasta donde están ellos.

Amor recibo de todas partes, en muchas versiones y de muchísimas personas. Y todo es igualmente necesario y eficaz. Pero sólo ellos están físicamente en lo peor. Por amor les ha tocado la peor parte…

Porque ni siquiera mis papis, que están bajo, que me suben la comidita e intentan cuidarme en todo lo que pueden…, les dejo entrar a mi dolor… No quiero que me vean sufrir… No puedo hacerles eso. ¿Para qué, si puede evitarse? También lo hago egoístamente… Necesito “protegerlos” en la medida en que, teniendo otros apoyos físico-psicológicos, puedo ahorrarles el peor dolor de los dolores…, el de un padre por su hijo. Porque verlos sufrir por mí me haría más mal que bien… Sé que sería más perjudicial para mí también, por eso digo que es egoísta.

No sé. Es complejo. No sé si logro explicarme…

Bueno. Pues ya!

¿Que ahora estoy chunga? Sí. Pero que no voy a darme mucha tregua. Que también tengo derecho a desfallecer de vez en cuando. Que estar todo el rato con el ánimo allá arriba es cansado. Agotador. Y que tengo que asumir que va a ser una época dura, en la que tendré días mejores y días peores. Esto es así. Ayer me lo decía Montse: Bea, que no somos superwomans, ni tenemos por qué serlo. Que las cosas también nos gastan y desgastan, y asumirlo y aceptarlo también demuestra sabiduría, ¡¡¡y nosotras, además de estar “estupendas” somos “mu” sabias!!!! Jajajaja!!!

Pues sí. Así es. Tengo que asumirlo. Estoy asumiéndolo. De hecho, miradme… Estoy aquí escribiéndolo… Venciendo mis fantasmas.

Gracias una vez más, y nunca suficientes, por todo el interés, por toda la preocupación, por todo el amor que estoy recibiendo de todos… :)

Quisiera decir que soy fuerte y no me hace falta. Pero eso sería mentira. Creo que nadie es tan fuerte. O quizá sí. No lo sé. Pero yo desde luego no. A mí sí. Sí. A mí sí me hace falta. Me sienta muy bien. Y me ayuda mucho además. Y para esta travesía…, necesito toda la ayuda… :)

Porque están las de arena, y las de cal… Y hoy tocaba cal…

Pero aún así, y como no podría ser de otra forma…

Con amor.

………….

…………

Eso lo escribí el viernes 3, y a pesar del esfuerzo…, luego no tuve fuerzas para “subirlo”.

Desde entonces, las cosas se pusieron peor…

Se ha infectado la herida del pecho. Increíble. Porque TODOS los días me la han curado en el ambulatorio, pero… En fin. Así son las cosas. Se duplicó el dolor, y casi casi el tamaño del pecho…

Gracias al cielo que estaba tomando antibiótico para la tos que no se me iba…

El caso es que ahora estamos esperando a ver cómo se desarrollan las cosas… Todo sea que no pueda empezar la quimio el jueves por culpa de la infección… Ya veremos.

Paciencia. Y paso a paso. Un problema detrás del otro, por favor… ¡Que se me amontonan!!! El postoperatorio. El dolor. La infección. El absceso. La candidiasis, fiel compañera del antibiótico. Y una muela… :O

Si dicen que a perro flaco, todo son pulgas… No te digo a leona rellenita!!! Jajajaja!!!

A ver… Hay que tomárselo con humor. Porque enfadarme no va a hacer que mengüe el dolor, ni desaparezca ninguna de las complicaciones… Todo lo contrario. De modo que vamos a intentar reírnos lo más posible… :)

O, lo que es lo mismo:

-¡Joroba! ¿Qué joroba?

Jajajajaja!!!!

Bien.

Gracias por todo una vez más.

Y hasta más ver…

Con Amor…

Que no falte el Amor!!!!!

Que nos desborde…

Que nos sature…

Que nos rescate…

Que nos sane… :)

 

 

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Sí, es cáncer

 

 

 

 

 Primero, espero que todos los que leáis esto, hayáis pasado unos felices días. Cuanto menos, tranquilos… Ojalá, cada uno, pudiera haberlos pasado tal y como de verdad deseara hacerlo… Rodeado de los seres que ama.

 Eso ya sería mucho.

Porque ya sabemos que éstas son fechas en las que uno echa más de menos que nunca, a quien no tiene cerca. O a quien ya no está… Y eso es lo más triste.

Hace días que no escribo…

No sabía cómo. No sabía qué.

En cambio, han pasado muchas cosas… Algunas buenas… Mi cumpleaños, por ejemplo -aunque me parece que ya hace un siglo!-. Un par de entrañables reuniones con amigos y familia, que me han hecho muy feliz… Que Alva haya estado de vacaciones…, a mi lado. Compartir estos días con mi súpersobri Armand…

Pero han pasado también algunas no tan buenas.

Y lo siento, pero estas últimas… No es que hayan eclipsado las buenas… No es eso. Pero sí me han tenido amordazada. Se me han llevado las ganas de escribir. Me han secuestrado la voluntad de expresarme.

Y me duele… Me duele porque es mucho y muy bueno lo que me hubiese gustado compartir… A mí, a pesar de todo, aún me encantan estas fechas… Creo que la Navidad es una sensación, un estado mental… Y me hubiese gustado, mucho, escribir sobre ello y sobre todo lo contrario. Sobre el frío. Sobre el calor…  Pero me quedé sin capacidad para hacerlo.

Aún hoy, que -parece- estoy dispuesta a escribir…, todavía no sé muy bien qué decir y cómo hacerlo.

Mi intención era dejar las cosas así… No decir nada. No volver a escribir durante, -imagino que puede ser- una larga temporada… Pero algo más fuerte que yo me impide hacerlo…

Me encuentro, en cambio, en una situación delicada, pues tampoco tengo ganas de contar mucho…

No.

En realidad no quisiera tener que contar nada de lo que me está pasando…

Pero, ¿qué hago? ¿Miento entonces?

No es mi estilo. No suelo recurrir a la mentira “casi” nunca. Porque mentir me hace daño físicamente. ¡Lo digo en serio! Me salen hasta ronchas!!!

Pero este blog es muy importante para mí.

Intentaré explicar por qué:

Yo llevo escribiendo toda la vida.

Amo escribir.

No es ningún secreto que quisiera ganarme la vida escribiendo.

No. No me refiero a ser rica y famosa… Es más…, he de confesar que eso no me apetece nada. Más bien me aterroriza siquiera pensarlo. Lo que me gustaría de verdad es poder vivir -modestamente- de ello. Ése sería mi sueño.

Pero siempre me he encontrado con un gran problema. La vergüenza. El pudor. La inseguridad.

Los que me conocen de toda la vida saben que siempre he sido muy celosa de lo que escribo. No compartía más que una mínima parte, y con un número muy reducido de personas… Las más de las veces, dos. Concretamente dos.

Es una gran paradoja que alguien que quiere vivir de escribir, sea tan rematadamente inconsecuente -e imbécil-, de no querer compartir lo que escribe… Y sí, queridos. Ésa soy yo. (O era… :)

Por eso el blog ha sido tan importante para mí. Decidirme a poner en común lo que escribo, no sólo con la gente a la que pueda apreciar, sino con cualquiera que incluso por casualidad entre, ha sido un paso crucial para mí.

Algo que me ha costado mucho esfuerzo. Mucho valor. He tenido que vencer complejos, algunos prejuicios y muchos fantasmas… Cada vez.

Lo que ocurre es que aquí, siempre acabo -de alguna de las formas- hablando de mí misma. De lo que me atañe… De lo que me pasa… De lo que me duele… De lo que sueño… Yo. Otra. Todas. Ninguna.

Y ahora… En el futuro más inmediato, Todas las que soy, -me temo-, vamos a estar un poco monotemáticas…, y sobre algo, además, sobre lo que quizá no quiera hablar.

En esta tesitura me encuentro en estos momentos.

No es fácil. No es grato. No sé cómo seguir escribiendo en estos mismos instantes…

Pero sé que el blog es muy importante para mí.

Además, Alva piensa que me vendría bien escribir, justo ahora.

Y probablemente tenga razón.

Pero no creo que quiera compartir de forma tan pública, todo lo que ahora pasa por mi cabeza. Todo lo que ahora mismo bulle en mi mente… Todo lo que me atenaza el ánimo.

Es ciertamente complejo. De verdad.

Tampoco quiero que parezca que estoy jugando a las adivinanzas. A los misterios. Y desde luego, por encima de nada, que pueda parecer que me hago la interesante. Porque juro por todos los dioses, -aquéllos en los que no creo, e incluso aquéllos en los que un día creí- que nada hay más lejano a mi intención.

De modo que… ¿Cómo se dicen las cosas?

Diciéndolas.

Haciendo uso de Las Palabras.

Y vaya. Se me presupone cierta habilidad en ese terreno.

Así que…

Sí. Es cáncer.

Las primeras indagaciones se hicieron un par de semanas antes de las Navidades. Antes incluso de mi cumpleaños.

Luego, llegó la primera señal de alarma seria, el día 26 de diciembre, con la biopsia, que he de confesar que fue ciertamente dolorosa y desagradable -a pesar de la encomiable amabilidad de la doctora y la enfermera-. Pero pasó rápida. Media horita larga.

Y por fin, el día 5 de enero. Sí, antes incluso que los Reyes, llegaron las noticias…

Sí, es un tumor. Malo. Hay que quitarlo ya.

Hoy lunes he ido a las pruebas habituales antes de una operación. Analítica. Placa de tórax. Electro.

El jueves tengo cita con el anestesista.

Ingresaré la tarde del domingo 15, y entraré al quirófano el lunes 16 por la mañana.

Bien. Pues ya está dicho.

Tampoco me ha costado tanto.

¿Cómo me siento?

¿Estoy asustada?

¿Tengo miedo?

Confusa. Un poco. Imagino que lo normal. Respectivamente.

Es…, como el vértigo. Atenazante. Un poco asfixiante. Vertiginoso.

Me he pasado todas las Navidades sin tocar apenas el ordenador.

Primero por prescripción médica. La biopsia fue tan dura que me prohibieron mover el brazo derecho, -incluyendo específicamente hacer uso del ordenador-, los días posteriores a los pinchazos. ¡Ah! No he dicho que es mi pecho derecho el llamado a filas…

Y luego…, no he encontrado fuerzas. Creo que tampoco tenía muchas ganas. Además con Alva en casa, tampoco he tenido tiempo.

Aunque pudiera parecer imposible, Alva ha redoblado su cuidado habitual hacia mí. Sus atenciones. Sus mimos. No me ha dejado ni a sol ni a sombra. Ha incrementado también su número usual de bromas y “chanzas”, y creo que me he reído más en estas Navidades, de lo que me he reído los últimos seis meses. Y eso que yo me río mucho todos los días…

Reírse es bueno. Eso está bien. Seguro que le resulta beneficioso a mi cuerpo. Además de a mi alma, claro.

¿Si he llorado también?

Sí, claro.

Tres veces.

La primera, cuando salimos de la biopsia. Era una mezcla de dolor físico, mucho, mucho miedo y algo de mala espina. En el coche, de vuelta a casa. Alva me dejó llorar sin dejar de acariciarme y colmarme de palabras de amor. Y todo mientras conducía… Es un hacha mi chico!!! :)

La segunda, cuando llamaron del hospital, al día siguiente, para darnos hora para Cirugía. La mala espina se incrementó a niveles alarmantes. Tuve la certeza de que las cosas no iban a ir bien. Y me entró un miedo atroz, sólo comparable a la rabia, la impotencia… ¡Me cago en todo…!!!

Eran lágrimas de furia. No se deslizaban sobre las mejillas, más bien saltaban al precipicio desde el párpado inferior, como si les fuera la vida en ello. Con una actitud suicida… Desesperada. Duró poco. Lo que tardé en calmarme, mientras Alva, una vez más a mi lado, (DOY GRACIAS AL CIELO DE QUE TODO HAYA OCURRIDO MIENTRAS ÉL ESTABA DE VACACIONES A MI LADO….), me decía que era normal, que llorara, que me desahogara, que estaba bien…

Y la tercera nada más salir de hablar con el cirujano, cuando acababan de darnos la noticia que confirmaba todos mis temores.

Fue nada más subir al coche, y antes de ponernos en camino hacia casa. La mezcla de sentimientos era impresionante…

Miedo, claro. Sorpresa por una parte, y por otra sensación de que se confirmaba algo que tanto había temido. Confusión. Mucha confusión.

Pero sobre todo… Tenía un terror horroroso al momento de llegar a casa y tener que contárselo a mis padres. Es lo que más temía. Lo que más me preocupaba…

Sólo imaginar la cara de mis padres, -mientras se lo contábamos-, se me anegaba el alma de pena y se me derramaban los ojos… Por nada del mundo quería tener que contarles lo que no tenía otro remedio que contarles.

Durante el camino fui reponiéndome. Respirando. Tranquilizándome. Entre Alva y yo hicimos una exposición concisa y lo más suave posible del tema. Sin mentir, pero sin detenernos en los detalles más preocupantes…

Resultó bien. Imagino que reconfortados por nuestra actitud -para esos momentos ya- animada y fuerte (al menos en apariencia), se sintieron medianamente tranquilos. Eso, entre otras cosas, pretendíamos transmitirles: Tranquilidad.

Y…

Esto es lo que hay.

No quería hablar de ello. Pero sé que si no lo hago, no me atreveré a escribir nada en el blog, porque cualquier cosa que pudiera apetecerme escribir (y lo cierto es que no sé si me va a apetecer o no hacerlo…), me parecería que estoy mintiendo si no cuento algo que -verdaderamente- es tan importante para mí.

Bien. Pues ya está.

Así están las cosas.

Quiero pedir también desde aquí, disculpas a las personas a las que he dejado de responder e-mails, comentarios, pasear por sus blogs… Confío en que ahora entenderéis por qué estaba tan silenciosa…

Pero he pensado en vosotros y vosotras, y echado de menos ese contacto tan grato y reconfortante…

Una cosita. ¡Por favor! No quiero compasión… Odio la compasión. Además, a efectos prácticos, la compasión no me servirá de nada.

En cambio, si puedo… ¿Puedo pedir algo…?

Si algún pensamiento vas a tener con respecto a mí, que sea de fuerza, de energía, de alegría, de valor. El calor de la llama de una vela. El color naranja. Canciones alegres. Pensamientos positivos. ¡Por favor!

Necesito que me digan que voy a ser fuerte. Que probablemente vaya a ser duro, pero que todo pasará y que va a salir bien.

Lo que ahora necesito es cariño y energía positiva. “Buena vibra” en grandes cantidades…  :)

Y luchar, claro. Y eso prometo hacerlo. ¡¡¡Vamos que si lo prometo!!! Por la Virgen del Abrigo de Pana Verde que juro hacerlo…

No sé lo que tardaré en volver a escribir. ¡La verdad es que no tengo ni idea!!! Lo mismo no tengo ganas de volver a decir nada, que publico algo cada dos horas… Jajaja… No lo sé, la verdad.

Es todo muy complejo.

Sé que tengo que estar positiva. Fuerte. Esperanzada. Llena de energía. Y la verdad es que eso estoy haciendo. Aunque uno nunca sabe… No termina nunca uno de conocerse…

De momento me he puesto a arreglar las plantas, a limpiar la casa…, las cortinas… Sé, -porque mi amiga Solve (¡un beso, mi amor!) ya pasó por aquí y sé que la recuperación es lenta-, que no podré hacer muchas cosas con el brazo derecho durante un buen tiempo… El pobre Alva va a ir de cráneo, mi chico, e intento dejar listas para una temporadita, las cosas más duras que se me van ocurriendo…

Mientras escucho, ¡alucina!… ¡¡¡Los Pitufos!!! Jajaja… Ya. Ya sé que hubiese quedado mejor decir que estoy escuchando a mi amado Beethoven, por ejemplo… Que ya llegarán esos momentos también… Pero ahora lo que necesito es energía, marcha, alegría… Y voy plumero en mano bailando por casa mientras canto como una loca… “¡Vamos Pitufos, vamos de pitufomarchaaaaa!!!!”

Pues nada más…

Ha llegado la hora de remangarse hasta los codos y poner toda la carne en el asador…

Eso fue ayer.

Hoy ha salido un maravilloso día gris y he pasado toda la mañana, hasta el mediodía, leyendo confortablemente en la cama… Ha sido genial. (Me he acabado “La mujer de papel”, que Alva me regaló el día 1 de enero, en nuestra tradición de comenzar el año regalándonos -antes de levantarnos si quiera de la cama-, un libro… :) Hacía mucho, mucho tiempo que no me tomaba una mañana de solaz leyendo en la cama, calentita, mientras veo por la ventana el cielo adquirir distintos tonos de gris… Matices imposibles planeando sobre la Calderona…

Anoche hablé con Alva sobre esta entrada…, sobre si colgarla o no…

Es todo tan complejo…

Su consejo fue diáfano y contundente. Por él, si es que quiero hacerlo, claro que debería “subirla”.

Pero, ¿por qué dudas si hacerlo o no? – me preguntó.

No sé… –contesté-, es complicado. Por una parte es como reconocerlo en voz alta. Supone asumir muchas cosas… Y…, además, no quiero poner tristes a las personas que pudieran llegar a leerme. No quiero transmitir tristeza. Llevo muy mal ser la protagonista de según qué historias…

Y ahí es donde se mosqueó un poco.

No puedes dejar de contar algo por lo que los demás vayan a sentir –me aconsejó firmemente-. Debes dejar a la gente seguir su camino, sentir lo que tenga que sentir… Todos crecemos por las cosas que nos pasan, tenemos derecho a que nos pasen cosas, y tú no puedes controlar eso. No debes.

Y ya. Ya sé que tiene razón.

No puedo controlarlo todo. Quisiera poder evitar todo el sufrimiento que en mis manos estuviera pero…, no puedo. No puedo cambiar la realidad.

De modo que…

Aquí está.

Dicho. Y publicada

Ahora justo se asoma un tímido haz de sol, como un rayito de esperanza cerniéndose sobre el mundo. Mi mundo.

Y con él yo elevo una plegaria al cielo, para hacer con ella un cúmulo de mis mejores deseos para todos este año, del que apenas llevamos consumidos 11 días, y que, seguro, va a ser un año intenso en el que -como me dijo mi querido amigo Marco- tenemos que hacer que sucedan cosas!!! Sí!!! Me parece una consigna genial, Marco!!! ¡¡¡Vamos a hacer que sucedan cosas!!! Cosas maravillosas… Gracias.  :)

Yo intentaré con todas mis fuerzas hacer bien lo que me toca… :)

Vivamos, pues, y disfrutemos cada momento.

Un beso. Y un abracito cálido, largo y sentido, para todos.

Con amor.

 

 

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Dos océanos infinitos y tres mares pequeñitos, -de esos “como de la familia”, como enormes lagos de ir por casa…-, se han conjurado en silencio y hacen aguas dentro de mí.

Su distinta temperatura, densidad, salinidad, número de piratas, y sus muy diversas corrientes submarinas, se entremezclan y sacuden en mi interior, como si yo fuera una de esas famosas bebidas que hay que agitar -en lugar de mezclar- antes de beber. Combinado “Marejada azul”, podría llamarlo. -Llamarme.- Y ya puestos, estoy tan mareada como si me hubiera bebido de un solo trago a mí misma.

Me siento confundida, sobrepasada y perdida. Como un vaso a punto de desbordarse con la última gota de una catarata imposible.

Lo normal es que ahora me mantuviera calladita. -Como reminiscencia de la depre, cuando me siento así, tiendo a quedarme callada. Incluso inmovilizada físicamente. Quieta. Muy quieta.-

De hecho, llevo callada varios días. Pero ya no quiero callar más.

El miedo. La desesperanza. La tristeza y el desánimo. Todos han quedado en mí y están jugando un titánico partido a dobles, esforzándose lo indecible por ganar por goleada. (Repárese en lo malitas que están las cosas y lo poco que sabe el fatídico cuarteto del tema -y lo que le importa, además- cuando jugando al noble deporte de caballeros, rey de Wimbledon, pretende arrasar marcando goles.)

Y yo soy el campo. ¡Hale! A ver quién da más. No hago más que recibir patadas y raquetazos, porque soy también -y a la vez- balón de reglamento y fosforítica pelotita de tenis.

Mmm…

Estoy a punto de dejar los 45 atrás, -de hecho estoy ya en tiempo de descuento- y no consigo terminar de crecer.

Pensé que al ir madurando me volvería más hierática. Más comedida. Incluso fría, parca y distante con aquello que hasta ahora siempre me había “podido”. Pero, ¡qué va! Siguen afectándome las mismas cosas. Doliéndome los mismos gestos. Desesperándome las mismas injusticias.

No hay caso. Parece que no aprendo. Que no creceré por más años que cumpla.

Hay decisiones del pasado que lejos de tomar yo, me tomaron, porque en esos momentos no podía hacer otra cosa -aunque hubiese querido, y lo cierto es que entonces no me importaba si vivía o moría-, y que hoy me pesan como una losa que no sé si podré soportar…

No lo diré. No me atrevo a desnudar mi alma hasta ese extremo. Hay cosas con las que una, al parecer, tiene que vivir para siempre. Y además, hacerlo sola.

Y hay decisiones del presente, que sin depender de lo que yo quiera, volverán a caer sobre mí… Y se llevarán -o no- parte de mi vida por delante. Y he de confesar que vivir pendiente de un hilo…, nunca se me ha dado demasiado bien.

No. Tampoco lo diré. No sabría cómo. No sabría exactamente qué. Pero espero que me ayude, -por lo menos-, escribir que no puedo escribirlo. Después de todo… Sé que nada importa demasiado. Y cuando ya no estemos… Bueno, el universo seguirá -indefinidamente- expandiéndose.

       Y está lo que veo alejarse -con el alma atenazada-, sin poder evitar la distancia que nos va ganando. Y que me duele tanto!!! Y me repito una y mil veces que uno ha de aprender a vivir con aquello que no puede cambiar. Porque por fin he comprendido que no todo depende de nosotros.

De lo que queremos.

¡Aun de lo que amamos!

Y por encima de todo… Ser consciente de que el mundo se desmorona a mi alrededor como un castillo de hadas cimentado sobre algodón de azúcar, no me concede la mágica facultad de poder enmendarlo. No puedo pensar, sentir ni actuar por los demás. No soy responsable de lo que escapa a mi control. ¡Debo aprender eso de una maldita vez! Así que tendré que verlo desplomarse a mi alrededor, desintegrarse y hundirse, silente, en la tierra para siempre.

Y como me conozco, sé que me exigiré a mí misma, -además-, hacerlo con una sonrisa. Yo soy así de chula. De arrogante. De temeraria.

(De imbécil.)

¡Maldita sea! A estas alturas ya debería ser más lista!!!

Pero, pienso… Bueno…, al fin y al cabo… No soy tan bicho verde, ¿no?

Aquél que esté libre de fantasmas que tire la primera piedra. Y el que no albergue temores, y compagine oscuridades y brillanteces, aversiones y afectos. El que no reparta su tiempo entre fracasos y triunfos, su esencia entre virtudes y defectos, y tiña sus gestas -equilibradamente- de lágrimas y risas… Bueno. ¡Caramba! Lo felicito.

Yo sí. Debe de ser que yo soy salvajemente terrena. ¡Todo me pasa! Y lo que no…, quizá lo provoque con mi desafiante actitud ante la vida. (No trato de justificarme. Solo de explicarme a mí misma.)

Vivir es el objetivo. Lo único real. Por lo que estamos aquí. Lo que hacemos aun cuando no hacemos nada. El fin. El comienzo. Y entre los dos…, el camino.

Pues…, después de todo…, va a ser que sí. Algo sí he aprendido…

Sé que una vida es un puntito insignificante que de tan pequeño, -al mirar en su conjunto el universo-, casi ni se ve. No importa. No suma. No cuenta.

Y a la vez, en ese mismo insignificante puntito, -¡tan pequeño!- sé que cabe un universo…

Caben sueños tan magníficos que desbordarían al agujero negro más negro de todos los agujeros.

Y caben también sentimientos sagrados -sin dios ni religión a que servir- que viajarían, incansables, infinitos túneles de gusano de una galaxia a otra, sin apenas pestañear.

Caben risas que rivalizarían con las nebulosas más hermosas y lágrimas que dejarían atrás las lluvias de meteoritos más copiosas y virulentas.

Caben ideas tan brillantes como la estrella más cegadora, y miedos tan abismales y desconocidos como los desdibujados confines del último rincón perdido del cosmos.

Y ese universo. -Tu universo. Mi universo.- Pequeño pero inmenso, está en constante contacto, fricción y roce con otros cientos de universos.

Y, a pesar de ser tan nimios…, se conocen, se entrelazan. Interactúan. Se profesan devoción, amistad, amor. Se juntan, se separan. Se olvidan, se recuerdan. Se denuestan, se enamoran. Se hacen daño cuando no quisieran, y se quieren cuando ni siquiera se gustan. Y se gustan, se desean, se devoran, porque no saben no hacerlo. Se confunden, se perdonan. Tienen hijos, deudas, mentiras hermosas y verdades a medias. Conviven y asesinan. A veces con las manos. Las que más, con las palabras. Nacen, aman. Odian. Mueren. Mutan constantemente. Se reinventan. Y en ocasiones…, si les das su espacio…, hasta resucitan.

Bendito universo de universos, nuestras vidas.

Nada soy. Nada tengo. Nada de mí quedará. Sólo los besos que di. El amor que compartí. Las almas puras que con mis dedos tuve la fortuna de rozar y que a su vez me rozaron convirtiéndome en mí misma… “…Y que se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia…” (Roy, en la escena final de Blade Runner.)

Así están las cosas.

Todas las aguas de esos océanos inconmensurables y eso mares chiquititos siguen en descontrolada tormenta agitándose dentro de mí. Desequilibrándome. Desafiantes y altaneras. Benditas. Eternas. “Marejada azul”

Y el partido de tenis, -con “ionescas” porterías en cada esquina-, sigue encarnizado zurrándome duro por todas partes… Ni le caben más tiritas a la peluda pelotita, ni el balón parece dispuesto a soportar una patada más.

Pero yo sí. ¡Yo voy a seguir!!! Porque sé que soy una mierda de puntito insignificante en el firmamento que desde el suelo boquiabierta contemplo. Pero a la vez sé…, que dentro, me cabe un mundo. No. ¡Más! Un universo.

Y cuando yo desfallezco. Otra viene y toma el mando. Y todas nos hundimos. Y ninguna se rinde.

Así que yo. -Otra. Ninguna. Todas.- Voy a seguir.

Y como ya dije, -porque me conozco bien y ya comienzan a sobrar las palabras…,- voy a hacerlo con una maldita sonrisa en la cara.

:)

Porque para un puntito insignificante un día es toda una vida. Y yo soy uno de esos insignificantes puntitos, consciente -eso sí!- de que vivo rodeada de universos colindantes maravillosos. Que bien valen una sonrisa.

Adelante pues, querida.

¿Quién dijo miedo? 

Y gracias, sobre todo, a mis maravillosos universos colindantes…

 

 

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Santa (y ángel)

...

 

 

 

 

Santa Beatriz…

Cuenta la historia que fue una joven compasiva y piadosa. Como todas las santas. Pues…, ¿cómo iban si no a canonizarla? Virgen y mártir, hermana de los santos mártires Simplicio y Faustino, rescató los cadáveres de ambos que habían sido arrojados al Tíber, y ella les dio cristiana sepultura. Una traición por codicia hizo que fuera encarcelada y muerta en la misma cárcel. Descansa eternamente -como no podía ser de otra forma- en Santa María la Mayor en Roma.

Dicen también que, Santa Beatriz de Este, -hija del Marqués de Ferrara-, se dirigía a Milán para casarse con el príncipe Galeazzo, cuando recibió la noticia de la muerte de su amado. Tan enamorada estaba, y luego tan triste quedó, que decidió fundar el monasterio de San Antonio de Ferrara, y allí -junto a otras siete doncellas que decidieron acompañarla- murió (virgen de nuevo, parece requisito sine quanon para alcanzar la gloria) allá por 1262 y, claro, también la hicieron santa.

No podemos olvidar tampoco a Beatriz Portinari, dama florentina (1265 ?-1290), que fue idealizada por Dante en su Vida nueva y sobre todo en la Divina comedia. Tras la muerte de Beatriz, -si es que existió- el poeta la convirtió en símbolo de fe, en guía y protectora celestial, según citan diversas fuentes.

Y luego, -cosas del caprichoso destino-, existe una zona residencial llamada Santa Beatriz en el Cercado de Lima, en la ciudad del mismo nombre, capital del querido Perú. En dicha zona -entre otras muchas cosas de interés- se encuentra el hermoso y reformado Parque de la Reserva, que alberga un bello conjunto de fuentes de agua agrupadas en el llamado Circuito Mágico del Agua. (Para que luego digan que no…)

Mmm…

Y luego están las Beatrices del mundo. Las que a pesar de tener un día en que celebrar su onomástica, no son más santas de lo que lo son las piedras o amapolas que descansan al margen del recto sendero. Al pie de cualquier camino.

Ya hablé -algún que otro 29 de julio- de la carencia de mi fe cristiana. En realidad, de mi fe en cualquier religión adoctrinadora y organizada. No voy a repetirme hoy. Ni a extenderme más en el tema.

A mí lo único que verdaderamente me gusta del nombre Beatriz, -además de que lleve zeta (me encantan las palabras con zeta)-, y que rime con emperatriz, matiz, meretriz y feliz…, es lo que significa. Ya sabes…, algo así como “aquella que hace felices a los demás”. Con eso, me va sobrando todo.

Lo dije ya y me reitero con hastiada rabia: Ni soy virgen. Ni santa. Ni nunca lo quise ser.

De hecho: ¡¡¡No quiero serlo!!!

Yo quiero vida.

¡Vida!

Quiero excesos. Y música. Y piel.

¡Y no quiero nunca dejar de quererlo!

No creo en lo de “ir al cielo o al infierno”. En el infierno ya estuve en vida. Y ya le valió madre. Y del cielo lo único que me importa es poder seguir gozando de las estrellas que conforman el firmamento.

El secreto de mi universo cabe en “un verso”. Y si eres valiente, -léeme bien-, te invito a componerlo…

Que me perdonen todas las Beatrizes que antes que yo fueron santas, y las que lo serán después de mí…, incluso aunque no se llamen Beatriz.

Yo sólo soy una mujer. (Y sí, muy, Muy Mujer… :)

No quiero ser más de lo que ya soy. No quiero ser más alta, ni más flaca (bueno, sólo un poco… jajaja), ni más joven (bueno, sólo en algunas ocasiones…), ni tan siquiera más sabia de lo que ya soy.

Me basta con mirar hacia atrás y saber que hice todo lo que pude, que viví todo lo que quise, que disfruté incluso lo prohibido. Y que amé sin medida. Como sólo aman los inocentes. O los culpables. ¿Y qué más da, mientras amen?

Mientras la llama de mi vida sigue brillando…, amo.

Mientras el sol sale y la luna sonríe…, amo.

Mientras mi piel esté tibia y reaccione…, amo.

Mientras Beethoven suena…, amo.

Mientras exista algo que aún no haya leído…, amo.

Y amo mientras escribo porque escribo lo que amo.

Y eso. Precisamente eso. Me devuelve cada día a lo mejor de mí misma.

Y aunque existiera alguna vez una Santa Beatriz… ¿Qué importa? Tampoco vamos a rasgarnos por ello las vestiduras.

Cada quien viva como quiera, pero -sin herir- ¡viva!

Yo prometo intentar no dejar de hacerlo mientras me quede vida. Y te invito -por mi santo- a un rico té, y a que tú tampoco dejes de vivir, ¡nunca!, por más santo que tu nombre diga que eres…

 

 

 

(Por cierto… Hablando de santas… ¡Feliz día a ti también, querida Marta! Te quiero, preciosa supersobri!!!!)

 

 

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Dueña de nada

...

 

El silencio copula con la carencia…

y nace tu falta.

Tu ausencia me confunde

e interrumpe el dolor mi sueño silente.

Ya sé de qué soy dueña…

Escucha. Lo sé.

 

Soy dueña de nada.

 

         Son las seis y media. El día está a punto de inventarse. Me encuentra en la terraza, con un café con leche caliente entre las manos y ganas de vivir. No fuerzas. Pero sí ganas. No muchas. Pero muy tozudas.

El cielo va, poco a poco, imperceptible pero indefectiblemente, mutando su color. Cambia al ritmo de la aguja minutera de un reloj cansado. Invisible al ojo. Lenta pero eficaz. Distante. Indolente.

Y ocurre… ¡en un momento! Con esa fluidez imparable fuera del todo de nuestro reducido alcance. Al margen de nuestro control. 

Y es que en realidad no controlamos nada. Ni de lo que nos rodea. Ni de lo que nos navega. Ni tan siquiera de lo que nos atraviesa…

No controlamos nada porque nada nos pertenece. Empezando por el tiempo que transcurre ajeno a nuestro ritmo, pasando por el sueño cadencioso de quien duerme a nuestro lado, y acabando por nuestros propios sentimientos. Instintos. Deseos.

La sensación de control es una Quimera. Una necesidad imperiosa de sentirse a salvo. De ostentar cuanto menos un, aunque sea, ínfimo poder sobre algo. Buscamos, en el poder, la seguridad. Y es absurdo. Porque la seguridad es otra Quimera.

Dueños de nada.

Eso somos. Ni de lo que nos regalan, ni de lo que robamos, ni siquiera de aquello que, fiel y obstinadamente, pagamos. Como si pagar nos hiciera más dueños…

Pero, que se lo pregunten a quien por un giro impredecible de las cosas, -negocios, fracaso, caprichos de la naturaleza, mala cabeza o fortuna quebrada-, pierde casa, familia y fe. O a quien la muerte, -o la vida misma-, arrebata aquél a quien más amaba. A quien -en una guerra, en un conflicto, en un suspiro-, extravía el hogar y con él las cuatro paredes que lo protegían. Y la dignidad -cosa dura de perder donde las haya-. O la intimidad de tu propio cuerpo, que cualquiera más fuerte que tú puede robarte…, hasta el extremo de que no quieras volver, en lo que te resta de vida, a escucharte gemir por nadie.

Y no invento. Ni invento ni exagero.

Ahora mismo, en este exacto momento en que empieza mi día, -e intento con todas mis fuerzas prometérmelas felices-, a alguien acaban de sacarle de su casa a empujones, o le han reventado con un misil, o una bomba, o un papel sellado esa misma casa. Y alguien llora la pérdida de su amada, porque falleció o porque, quizá con todo el dolor de su alma, se fue a amar a otro. O a otra. Y sí. En este mismo instante una mujer está siendo violentada. Forzada contra su voluntad. Violada. Y algún hombre también.

Y créeme si te digo que ellos se levantaron viendo el mismo sol que yo. ¡El mismo! Y con las mismas ilusiones. Y con la misma sensación de poder o control sobre las cosas. Con el mismo derecho, sobre todo.

Y ya ves. Dueños de nada.

Ni de lo que tenemos. Ni de lo que soñamos. Ni de lo que pedimos. Ni de lo que damos. Ni de lo que alguien nos dice. O nos promete. Ni si quiera somos dueños de lo que decimos. O prometemos. O escribimos. Mucho menos de lo que amamos.

Por no ser no somos dueños ni de lo que creemos. Porque lo que creemos también muere. Muta. Se reinventa.

Como el día. Mientras yo me vaciaba aquí, en estas letras, completamente ajeno a mí, se ha hecho ley. Ya es un hecho. Demos por inaugurado un nuevo día.

Me enfrento a este día con el firme propósito de fluir con él, de estar de su lado, de remar en la misma dirección. Tratando de agarrar con manos y uñas, con esperanza y ansia, cada instante. De no perderme ni el trino de un pájaro, que ahora son la banda sonora que me acompaña…

Quiero vivir cada momento como si fuera a morir hoy. Que podría ser. ¿Por qué no? No deberíamos olvidar tan a menudo que todos vivimos en trance de morir.

Quiero vivir como cuando era inocente y aún creía que cualquier cosa era posible con sólo desearlo con todas mis fuerzas. Y que todo el mundo era bueno. Que merecía una oportunidad…

Quiero vivir con las ganas en el cielo y los pies bien enraizados en la tierra. Como si todo fuera posible y nada pecado. Como si vivir fuera ley, un derecho. Un regalo.

Quiero vivir recordando que hay quien no puede, a quien no le dejan. Incluso quien no sabe. Y quiero vivir también por él. Para él. Con la rabia con que él lo haría si pudiera.

Quiero vivir olvidando todo lo que aprendí. Aquello que hoy sé y sin lo que, seguro, sería menos sabia. Menos vieja también. Menos triste y gastada. Quiero volver a ser más ignorante. Más tonta. Más libre. Más feliz. Aunque sea durante un minuto… Para dar descanso a mis cansadas ganas…

Quiero, y hoy, voy a vivir… Como si mi sueño no tuviera noticia de tu ausencia. Como si aún nadie hubiera inventado la palabra dolor, carencia, falta… Como si fuera dueña de todo…, sabiendo que soy dueña de nada.

 

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Fiel a mí misma…

FIEL A MÍ MISMA…
 
Tan fácil de decir…
Tan difícil de llevar a cabo…
 
Pienso seguir trabajando…
Sé que volveré a llorar…
Que me arrepentiré del camino empezado…
Que miraré atrás y sufriré…
Volverán las dudas y los miedos…
Tropezaré…, tropiezo todos los días…
No encontraré apoyo fuera de mí
pues éste es un viaje que emprendí sola…
Pero he aceptado que es lo único que puedo hacer…
Podrán acusarme de egoísta, de inconsciente
mas nunca de traicionar mi razón…
Cuando uno ha visto lo que ha de hacer
no puede pretender mirar hacia otro lado…
Yo estoy en el camino…
Mi camino…
Si no puedo ser fiel a mí misma…
¿A quién podría ser fiel?
Y si he de pedir perdón por ello
no me importa hacerlo…
Perdón!!!
Pero lucho cada día por no traicionarme a mí misma…
Por ser fiel a lo que pienso, a lo que siento…
A lo que soy…
 

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